Quien haya intentando alguna vez escribir probablemente me comprenderá cuando digo que me aterra hacerlo. No quiero ser mal interpretado: me encanta escribir pero me aterra hacerlo sobre cosas especiales, sobre cosas profundas o cosas hermosas pues acabo descubriendo que mis recursos como escritor son demasiado limitados, toscos, deformadores y de ese modo acabo haciendo un burdo monigote de lo que me gustaría haber contado. Es tan difícil pasar las ideas al papel y convertirlas en un escrito real. Es por eso que he demorado varios días con cientos de ideas dando vueltas en mi cabeza, con el corazón lleno de emociones y los dedos ansiosos de tocar el teclado. He demorado pues he querido hacer algo bueno, justo, acordé a lo que estoy queriendo escribir y aunque es probable que fracase en el intento, también llega el momento en el cual escribir se convierte en un deber impostergable. Heme aquí a las seis de la mañana.
La semana pasada estuve en la reunión en el Summit de Global Voices, ya en otras ocasiones he escrito sobre ellos en mi blog y lo mucho que me gusta y emociona sentirme parte de una comunidad tan variopinta pero con el objetivo en común de hacer escuchar al mundo. Alguna vez escribí sobre mi experiencia como parte de la organización, pero la verdad es que yo no tenía ni idea de lo grande que es Global Voices y nunca me sentí más parte de esa comunidad como lo hago ahora.
Pero vayamos por partes. El Summit se realizó en Kenia y con ello hubo experiencias únicas y nuevas que relataré en otro post más adelante. Un país muy lejos de mi cálido Panamá que me sorprendió con un frío que acabo por resfriarme. Luego vino el reto del idioma (al cual probablemente dedicaré otro post en otro momento) y finalmente el reto de conocer a tantas personas nuevas en corto tiempo. Era agotador por donde se mirase.
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6 personas, 6 nacionalidades diferentes y ¡tanto en común! |
Pero nada podría haberme preparado para lo que iba a ocurrir. Conocer a personas de todas partes del mundo y sin embargo tener tantas cosas en común es algo que no puede ocurrir muchas veces en la vida. Conocer a personas por cinco minutos, conocer su nombre y lugar de procedencia y luego enfrascarse en conversaciones sobre Žižek, sobre política o inclusive algún tema más profundo era algo extraño al mismo tiempo que encantador.
¡Eran tantas personas interesantes aglutinadas en un mismo lugar! Hubo casos en los cuales conocí a una persona, tuvimos una conversación profunda e intensa de esas que desearías tener cada dos o tres días, no obstante nunca volvimos a conversar pues habían tantas cosas que hacer, tantas personas por conocer, tantas cosas nuevas que escuchar y aprender.
Con otros la amistad se extendió un poco más, conversamos, reímos, nos preocupamos y al final puedo decir que mi corazón quedó regado en varias parte del mundo pues a pesar del corto tiempo uno siente que hizo amigos, hermanos, que pertenece a una familia.
Algo impactante fue conocer a personas que realmente se juegan la vida haciendo el trabajo de darle voz a los no escuchados. Darse cuenta lo mucho que se esta haciendo, darse cuenta como el twitter y el Facebook no es para ellos simplemente una forma más de pasar el rato sino un recurso para cambiar su mundo no puede menos que hacerme sentir minúsculo y retado.
Hay muchas cosas más de las que podría hablar, y seguramente hablaré en algún momento, pero creo que la experiencia prima de todo el Summit, del viaje, de las conferencias etc, es encontrarse con las personas detrás de las letras, con las caras detrás de los escritos, es estrechar la mano de quien probablemente ha traducido alguno de tus post solo porque al igual que tú quería que el mundo supiera. Hay muchas palabras para describir el Summit de Global Voices pero creo que me quedó con la que utilizó mi amiga Andrea: Inspirador.
Si las intenciones de los organizadores era emocionarnos, comprometernos, incentivarnos y llevarnos a escribir más: Misión cumplida, ahora entiendo la frase GV4EVER.
Seguramente continuara...