Gustave Flaubert
The Fantastic Flying Books of Mr. Morris Lessmore from Moonbot Studios on Vimeo.
"La mejor defensa contra la mala literatura es una experiencia plena de la buena; así como para protegerse de los bribones es mucho más eficaz intimar realmente con personas honestas que desconfiar por principio de todo el mundo." C.S. LewisHay diversas razones para evitar un tema. Una de esas razones podría ser escaso conocimiento en cuanto al tópico, otra podría ser falta de valor para asumir las consecuencias de tener una postura, pereza de escribir al respecto o simplemente creer que es un tema gastado del cual no vale la pena decir nada más pues las posturas están tomadas y los candados asegurados.
Una brutal combinación de todas me ha llevado a aplazar y aplazar este escrito. Pero sí, aunque me avergüenza decirlo yo también leí la saga de Crepúsculo (Twilight), casi completa. Y desde entonces vengo mordiéndome la lengua (y/o los dedos) por comentar lo que pienso sobre ella. No es que me avergüence el haber perdido horas de lectura –no creo que haya horas invertidas en la lectura que sean perdida- pues cuando uno tiene sueño opiáceos de llegar a escribir, todo lo que lee le sirve para aprender lo que se debe y lo que no se debe hacer en el oficio. Sin embargo tampoco es un orgullo anexar esta rara colección a los libros que he leído.
Además que tengo esa manía de llevar la contraria de señalar que no todo es tan blanco y negro como parece, de intentar sacarle algo bueno al asunto. Lamentablemente Twilight no tiene un colmillo que lo salve. Pese a mis intentos de salir como paladín acusando a aquellos que señalan sin leer o conocer, lamentó profundamente haberme visto envuelto en ese tórrido romance entre un mutante chupa sangre y una adolescente absolutamente falta de convicciones que divide su corazón entre un hombre lobo y un vampiro.
Y vamos aclarando algunas cosas: no digo esto por envidia. No envidio a la autora que se ha asegurado la vida, al menos en el sentido monetario, vendiéndole ilusiones a las chicas que ahora sueñan con encontrarse con su vampiro –colmillos incluidos- y tampoco envidió a Edward Cullen (personaje principal de la serie) un hombre con esas características sólo existe en las caricaturas, las películas, o las novelas rosas de monstruos. Yo pese a mis defectos soy un ser real.
Mi escrito nace más bien de la indignación. Del ver a las chicas deformar sus expectativas y sus deseos por una novela que no vale el papel en la cual está impresa, de ver a chicos queriendo parecer vampiros para resultarle atractivo a las chicas, de imaginar como el pobre Dracula ha de revolcarse en su tumba ante la idea de que lo han hecho un chico Emo con tendencias suicidas y de que ahora las mujeres en vez de gritar al verlo salen corriendo a tirarse en sus brazos; a eso se le llama devaluación.
En fin yo leí los libros, conocí a los personajes y sinceramente aun no entiendo como pueden hacer un montón de películas con tan poco material, con tan poca historia. Otros libros mucho mejor llevados como “Una serie de eventos desafortunados” son resumidos todos en una triste película, hay que ver cómo es que andamos de cabeza.
En fin si algo rescatable hay del boom de estos vampiros es que chicas que en su vida han pisado una librería se acercan para hojear el libro y quien sabe hasta comprarlo, ojala que de esa lectura básica y triste pasen a mejores cosas, quién sabe, Víctor Hugo, Dostovesky o inclusive Harry Potter que al lado de esta serie de novelas bien podría ser candidato al nobel de literatura.
En fin, así lo veo yo, quien sabe podría estar equivocado.
de la película pseudo documental y al mismo tiempo el tema que tocaban: estereotipos y racismo.

Tengo varios días escribiendo en mi mente. No había permitido que las ideas iniciaran el largo viaje hasta mis dedos y pensaba extender aun más el tiempo sin embargo ayer (mi computadora tomó una larga ducha para la cual no fue fabricada) hice un pacto, si mi laptop encendía, me pondría hoy en la tarea de escribir sobre lo que anda rondando en mi mente hace días. Y pues aquí estoy, en mi laptop recién lavada (es Toshiba por si quieren saber la marca de las laptops resistentes al agua) intentando plasmar de una vez por todas esas ideas.
He estado pensando en cuanto a los sueños, las metas, los ideales, aquellas cosas que desde pequeño señalamos y decimos algún día yo seré… y que luego se convierte en la obsesión de nuestras vidas, muchos cambiamos nuestros sueños y metas según crecemos o según vamos descartando una que otra opción. Algunos soñamos en grande para luego pasar una vida luchando. Otros prefieren ser realistas e ir soñando conforme vayan apareciendo “cosas” en su vida. Algunos más les da por soñar disparatadamente. Y no voy a señalar de correcto o incorrecto ninguna de las formas de soñar, pues no es mi intención ni está dentro de mis capacidades.
Pero quiero señalar un error con el cual me identifico plenamente. Los sueños están allí para ser disfrutados no para ser sufridos. Algunos sueños implican largos periodos de tiempo, otros quedaran a un tris de realizarse, algunos nunca llegarán a cumplirse y otros morirán en la cuna. Sea cual sea el caso, los sueños deben ser disfrutados aun en ese terrible periodo de transición en el cual el mundo entero y el cosmos parece conspirar en nuestra contra.
Quizás debí empezar este escrito señalando que hace algunos días vi UP una película que no tiene desperdicio, seas un soñador o no. Es divertida, entretenida y sobre todo aleccionadora. No quiero adelantar nada de la trama pues aunque Pixar no me paga un centavo por hacerle publicidad, espero quieras verla y vislumbres a lo que me refiero cuando digo que los sueños están para ser disfrutados y no sufridos.
Mi vida está llena de sueños, la gran mayoría de ellos en el largo proceso de llegar a hacerse realidad. Suelo desesperarme pues a veces no veo la forma suelo tentarme con darme por rendido, con intentar otra cosa, con dejar de luchar. Pero he tomado la decisión de disfrutar tanto de mis sueños como del sinuoso camino que me lleva hasta ellos (si he de llegar) he decidido que daré lo mejor de mi (al final es todo lo que puedo hacer) y los sueños se irán cumpliendo por si solos y si no se llegan a cumplir igual disfrutaré el intento, sonreiré porque tengo un sueño y nunca más maldeciré para mis adentros por sentirme tan lejos de lo que más quiero. Voy a disfrutar mi sueño y no a sufrirlos. Al menos haré el intento =)
Ariel
P.D. ¿Este tipo de escrito lleva P.D.? realmente no lo sé, lo que quería aclarar es que quizás este post es un poco más “personal” de lo que acostumbro escribir aquí, ocurre que este post nació como un e-mail pero sufrió una metamorfosis en el camino y terminó convertido en lo que aquí ven. Valga la aclaración.
Cuando vi por primera vez la película "El Club de la pelea" me pareció de lo más genial. Ayer volví a verla, y aunque no me pareció tan extraordinaria, la sigo considerando bastante buena. Como dudo que la película haya cambiado desde la primera vez que la vi, concluyo que han habido drásticos cambios en mi manera de ser y de pensar, pero: ¿por qué me extraño? si lo único que no cambia es que todo cambia. Pero no quiero hablar de cambios, sino que quiero hablar de extremos. Porque al final ese es el mensaje que me deja la película. Un repiqueteo enorme a: "Los extremos son peligrosos" (y que conste que ese ya es un extremo).Un libro no te llena el vientre si tienes hambre, pero sí te dice cómo podrás llenarlo; un libro no te hace inmune a las armas de la violencia, pero hace que tu corazón no sea violento; un libro no te hace rico, pero te hace sentir como si lo fueras, además de darte la libertad que te niegan las riquezas materiales; un libro no te hace famoso, pero te permite reírte de la fatuidad que nimba a algunos famosos; un libro no elimina a las drogas, pero sí elimina la necesidad de ellas; un libro no hace la paz, pero te enseña a vivir en paz; un libro no es dios, pero te deja hablar con Dios.
--Ariel Barría Alvarado