Mostrando entradas con la etiqueta Viajes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Viajes. Mostrar todas las entradas

viernes, octubre 14

Los buses, sus historias, sus lecciones.

"Mejor ser ocasionalmente engañado, que perpetuamente receloso" -
B. C. Forbes

Viajar en autobús tiene sus ventajas. No es el lugar más cómodo, ni la forma más rápida de llegar a algún lado, pero ningún viaje en un automóvil por más lujoso que sea nos brinda la mitad de interacción humana, ningún viaje con los vidrios hasta arriba, la música a todo volumen y el aire acondicionado a tope nos da historias interesantes de las cuales formamos parte por cinco segundos o un par de horas. Ya he escrito en otras ocasiones historias sobre autobuses (Buses Musicales y Otra de Autobuses) pero creo que vale la pena hacerlo una vez más. 

Estaba a unas cuatro paradas de llegar a casa. La cabeza me zumbaba de esa extraña forma que lo hace cuando el sol es demasiado y el cuerpo exige un almuerzo que se ha ido atrasando. Ya saben cómo es eso. En la parada se sube un muchacho al bus, va con un bastón de ciegos y parece no ver nada. Me avergüenza decirlo pero mi primer instinto fue desconfiar. Soy una persona a la que le cuesta decir no para ayudar a alguien, eso me ha hecho llevarme un par de chascos y perder unos cuantos dólares. No obstante el muchacho se veía autentico, empezó a hablar no como quien se ha memorizado un guión con los clásicos clichés "hoy soy yo, mañana eres tú" etc. Tampoco pretendía hacernos creer que representaba a alguna mágica organización que salvaba niños, ancianos, drogadictos, perros, gatos y quien sabe cuántas cosas más. En un lenguaje bastante atropellado, quizá por los nervios, quizá por la falta de educación nos contó su historia: 

Tuvo un accidente de automóvil hace un par de años. Perdió la vista. Uno de sus ojos está dañado irreversiblemente mientras que el otro puede recuperarse con una operación que cuesta diecinueve mil dólares. No tiene esa cantidad de dinero, obviamente, no quiere perder la cita que tiene en el Seguro Social y decidió salir a la calle a pedir, a recoger diecinueve mil dólares. La forma de hablar y mi lado blandengue hicieron que quisiera ayudarlo, tampoco tengo diecinueve mil dólares pero podía darle algo. Aun así pensaba que al pobre muchacho no le iba a ir demasiado bien, las personas nos han enseñado a desconfiar de las personas y en una cultura como la panameña donde nadie quiere ser el Congo y todos quieren ser los más vivos queda muy poco lugar para el beneficio de la duda. 

Sin embargo para mi sorpresa y satisfacción, la gente reaccionó sacando monedas y billetes, el muchacho no veía de modo que tenían que tocarle la mano y entregárselo. Nunca había visto una reacción tan solidaria en el bus. 

Se bajó algunas paradas después. Iba solo. Quizá nunca sepa si llego a los diecinueve mil dólares, es más quizás nunca sepa si en realidad era un muchacho con necesidades o un increíble actor. Como sea me hizo bajarme aquella tarde con una sonrisa y esperanza en la personas que aun saben cuando confiar, que aun pueden sacar algo de sus bolsillos, aunque estoy seguro no les abunda y ayudar a quien pide ayuda. 

En estos tiempos de desconfianza y egoísmo ese tipo de historias te devuelven un poco de esperanza. Ese tipo de historias te hace sentir parte de una comunidad imperfecta pero noble. Ese tipo de historias son imposibles de vivir dentro de un automóvil de lujo con los vidrios arriba, la música a todo volumen y el aire acondicionado a tope. Ese tipo de historias te hacen sentir parte de la humanidad. O en todo caso, parte de Panamá.

miércoles, julio 13

Buscando el valor para quedarse

Yo sufro de una insaciable ganas de viajar. Siempre tengo ganas de conocer lugares nuevos. Es algo que me gusta muchísimo y cuando no lo puedo hacer lo extraño mucho. En parte por que lo he hecho tantas veces y he sentido tanto lo incomodo como lo sumamente gratificante de ir a un lugar nuevo, conocer sus idiosincrasias y aprender cómo sobrevivir allí; pero, en realidad, puede ser que es más fácil mudarme que quedarme en un solo lugar. 

Pienso en esos viajes y sé que yo no sería la misma persona si nunca hubiera vivido fuera de Panamá. Me permitió conocer lugares y personas muy diferentes a mi, me cambió la manera de ver el mundo y de entender mi propósito en la vida. Me pregunto si es necesario viajar para realmente cambiar profundamente como persona. 

A veces, cuando las personas no conocen otros lugares, pueden llegar a creer que su manera de ver el mundo es la única que existe en el mundo y llegar a temer las personas que no son como ellos. Sin embargo, el viajero puede empezar a pensar lo mismo del que no ha viajado y el prejuicio es igual solo al revés. 

Creo que estoy pensando en esto porque es la primera vez en varios años que no viajo a ningún lugar durante mis vacaciones. Al principio pensé que me iba a sentir muy mal, pero he descubierto que ha sido una experiencia buenísima por varias razones. En realidad toma muchísima valentía quedarse en un solo lugar y buscar ser inspirado a crecer como persona en ese lugar.
  • Te obliga a enfrentar las situaciones difíciles que te pueden rodear.
  • Tienes que buscar como disfrutar al máximo lo que tienes.
  • Te hace descubrir de dónde realmente proviene tu inspiración.
Creo que es posible cambiar y crecer aun si no tienes que pasar por el proceso de vivir en un lugar nuevo pero los cambios van a un paso más lento. Eso sí, tiene que haber algo que sea el catalizador del cambio. Estas vacaciones he visto lo increíble que es tener el tiempo para hacer aquellas cosas que decía que amaba hacer y descubrir que es cierto y que me hacían falta (aun hay otras que creo que irán encontrando su lugar en mi vida aquí). Creo que los catalizadores del cambio pueden ser muchas cosas…
  • Un libro que te abre la mente.
  • Una amistad autentica que cambia tu manera de pensar.
  • Una dificultad superada.
  • Una meta lograda. 
¿Tú qué piensas? ¿Crees que uno necesita un nuevo ambiente para cambiar o puede suceder en el lugar que has vivido siempre?

miércoles, marzo 16

Un fin de semana en Quito...

Mariqui, Hannah, y Ariel

La semana pasada tuve la oportunidad de viajar a Quito, Ecuador en un viaje del trabajo para ir a una conferencia internacional de maestros (que fue muy buena por cierto y tendré que contar algunas de las cosas que me han dejado pensando de la conferencia) pero en este post quiero contar un poco de la experiencia en Quito.

Basílica del Voto Nacional
Sinceramente yo no sabía casi nada de Ecuador antes de ir.  Cuando llegué, me vino a recoger nuestra amiga Mariqui, y me llevó de una vez a lo que puede ser el sitio turístico más conocido de Ecuador "La Mitad del Mundo".  Fue bueno y fue interesante entrar en el pequeño museo que tienen allí que habla sobre todas las distintas culturas representadas en Ecuador, ¡son un montón!  Empezó a llover y de una vez sentí un frío sorprendente, no tenía idea de que tan frío iba a ser. 


Lo que más me gustó fue la parte Colonial de la ciudad, es tan impresionante que en 1978, Quito fue declarado por la UNESCO "Patrimonio Cultural de la Humanidad".  La vista (cuando no está cubierta en niebla) desde la ciudad es hermosa de los volcanes Pichincha, Antizana, Cotopaxi, y Cayambe.  El día antes de regresar subimos al Pichinca en un teleférico.  Fué divertido porque en la subida tuvimos una vista buenísima de la ciudad aunque cuando llegamos arriba ya estaba totalmente envuelto en nubes y ¡hacía frío!

Hasta la vuelta, Señor
En la parte Colonial de la ciudad que data de la época de la conquista española alrededor del año 1534 se encuentran todo tipo de Iglesias, museos, y restaurantes.  Me encantó el ambiente.  Al caminar por las calles de piedra, sentías que estabas en un lugar lleno de historia e historias.   Entramos en una tienda de libros usados, probamos el helado de paila, vimos un poco de teatro callejero, y comimos en un restaurante buenísimo llamado "Hasta la vuelta, Señor".


Mariqui, Pepe, Hannah y Ariel

Subimos a la torre principal de la Basílica del Voto Nacional del cual se tiene una fantástica vista de la ciudad y las montañas que la rodean.  Algo curioso de la Basílica son las gárgolas que en vez de ser gárgolas tradicionales son reptiles y animales de las islas Galápagos.  Pasamos por la Catedral Metropolitana que quedaba en la misma plaza de la Presidencia aunque no nos alcanzó el tiempo para entrar allí, pudimos entrar y dimos un pequeño tour.   Entramos a la Iglesia de La Compañía que estaba totalmente cubierta en oro por dentro, sumamente hermoso.  Caminamos por la plaza en la que quedaba la Iglesia de San Francisco y aunque no pude entrar me contaron la leyenda de su construcción que involucraba a un constructor que vendió su alma al Diablo para construir el atrio, pero que al final fue rescatado cuando le pidió ayuda a la virgen.


Helado de paila
En fin, Quito me encantó.  Entre los detalles que más me gustaron de Quito eran la abundancia de flores, todos los museos (que por cierto quedé sin visitar la mayoría por falta de tiempo), y los restaurantes con mucha personalidad.  ¡Cuanto me gustaría volver para explorar un poco más!

viernes, marzo 4

Un carnaval para reflexionar


Hoy empieza el carnaval en Panamá.  Espero que la gente que vaya a viajar durante este tiempo tenga muchísimo cuidado en todos los sentidos.

El carnaval es una fiesta que siempre me ha parecido muy irónica pues se supone que es la última gran fiesta antes de el tiempo de ayuno y abstinencia de la cuaresma.  Pero creo que se pierde un poco ese sentido en la manera que se celebra aquí.

Lo que sé es que en la ceremonia del día de miércoles de ceniza (el día después de martes de carnaval) tiene un tono totalmente diferente. Siempre se comparte el versículo que dice: "Recuerda que polvo eres, y al polvo volverás." Génesis 3:19.  Creo que nos haría bien recordarlo pues, tanto desenfreno y desperdicio de recursos no es una buena señal de que nos hemos acordado de eso.

Después de recordar que somos polvo, y que al polvo volveremos siempre se nos recuerda esto: "El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos y creed en el evangelio." Marcos 1:15.  ¿No ha pasado suficiente tiempo como para arrepentirnos y vivir con la humildad de nuestra condición como polvo?

A mi me gusta el calendario litúrgico porque me gustan las tradiciones cuando nos ayudan a recordar las cosas que tendemos, como humanos, a olvidar tan fácilmente.  No me gusta cuando se toman y se convierten en algo totalmente ajeno a lo que eran en un principio y pierden todo el significado como el carnaval lo ha hecho.

De todas maneras, espero que todos tengan cuidado este fin de semana y tal vez aprovechen para hacer algo totalmente fuera de la rutina de los carnavales y reflexionen un poco.

viernes, noviembre 5

Sobre el patriotismo.

Patriotismo es tu convencimiento de que este país es superior a todos los demás porque tú naciste en él.
-George Bernard Shaw


Para estas fechas en Panamá la gente suele vestirse de patria, literalmente. Los carros portan banderitas, los almacenes se pintan de rojo, azul y blanco y no faltan aquellas personas que hasta su ropa es color patriótica. Los colegios salen a desfilar y hasta algunas instituciones lo hacen. Aunque en muchos casos ni siquiera recuerdan la razón exacta por la cual se desfila o se dan los días feriados.

Me gusta el patriotismo sano, la idea de que me siento orgulloso de mi país no porque sea mejor que el tuyo o porque sea el mejor del mundo sino porque simplemente es el mio. No es el mejor del mundo, tiene cientos de problemas, un gobierno que se hace bolas y nos deshace los nervios con cada alocada decisión que toma, una violencia que a pesar de no tener los indices de las naciones vecinas va cada vez en aumento. En fin Panamá es un país imperfecto como cualquier otro pero es mi Panamá. 

Detesto el patriotismo servil y ciego, el que vive comparando las abundancias personales con las miserias ajenas, el que cree en la grandeza que depende de humillar a los vecinos, el que a ojos cerrados declara "el vino es amargo pero es nuestro vino" o simplemente cierra los ojos ante las cosas que están ocurriendo. Los que salen de sus países a conocer otros lugares y en vez de disfrutar de la variedad, de la idiosincrasia, cultura y paisajes de otros lugares viven con la frase de "en mi país..." haciendo comparaciones inútiles y vanas. 

Hace algunos años llevé a unas personas de un país centroamericano a conocer el Canal de Panamá. En realidad después de verlo un par de veces uno no esta tan maravillado con el asunto, pero estoy acostumbrado a que la gente quede más bien sorprendida de lo grande que es, etc. Sin embargo estas personas no dejaron de comparar el canal con algún charco o quebrada e insistieron en burlarse. Yo sonreía a medias pero en el fondo me sentía molesto por el asunto. Sin embargo fue una oportunidad de analizarme y darme cuenta la cantidad de veces que uno viaja con la marcada intención de comprobar que los otros lugares del mundo son peores que el nuestro. Lo más triste es que lo hacemos entre nosotros, entre hermanos latinoamericanos pues tenemos la mala manía de pensar que todo lo que viene de los Estados Unidos o Europa es por descontado mejor. 

Creo que le verdadero patriotismo radica en reconocer el balance que hace a mi país ser mi país. No es su perfección, no son sólo las cosas buenas, son también aquellas cosas que nos molestan e inclusive la que nos avergüenzan. He leído varios artículos que remarcan el hecho de hacer las cosas bien por el país todo el año no sólo en estas fechas que el fervor patriótico nos revuelca. Más aun podríamos ver que debemos hacer las cosas bien por el mundo. Pues más allá de si soy de Noruega o Panamá, de Chile o Guatemala, pertenezco a este mundo y más allá del color de mi piel o mis ingresos percapita debería sentir que cada uno de los seres de este mundo son mi prójimos, mis hermanos y que soy tan responsable de ellos como lo soy de mi propia persona.

Celebremos a Panamá, recordemos nuestra historia, pero labremos también un  futuro en el cual no tengamos que celebrar dentro de algunos años guerras o muertes.

miércoles, octubre 6

El peligro de volver ordinarias las cosas extraordinarias


El avión es solamente una maquina, pero qué invento tan maravilloso, qué magnífico instrumento de análisis: nos descubre la verdadera faz de la Tierra. 
-Antoine de Saint-Exupery

Yo paso por el Canal de Panama todos los días en camino a mi trabajo. Todos los días llego a las esclusas de Pedro Miguel y como allí se atrasan todos los carros por el ferrocarril, yo aprovecho para mirar los buques que pasan por el canal. Siempre intento ver el nombre del buque e intentar discernir de qué país es. ¡Es impresionante!

Hace un par de días mientras estaba casi parada allí me puse a pensar en el hecho de que el Canal de Panamá es considerada con una de las maravillas del mundo moderno ¡y yo lo puedo ver todos los días! ¡Que afortunada soy! Es increíble lo fácil que las cosas impresionantes que están a nuestro alrededor se pueden volver algo ordinario, parte del escenario, aun cosas tan impresionantes como el Canal de Panamá.

Eso me hizo pensar en como era vivir en Washington, DC. La verdad es que allí hay muchos edificios y cosas que son iconos en el mundo ahora mismo y personas vienen de todos los países del mundo para ver el Capitolio, los monumentos, y los museos en DC. Pero, la verdad es que cuando uno vive allí muchas personas dejan de sorprenderse cuando pasan por el Capitolio o la Casa Blanca todos los días, era TAN ordinario. Muchas veces yo salía y pensaba -¡que increíble que yo vivo aquí en esta ciudad llena de personas tan poderosas y de lugares tan históricos! Creo que todos los lugares tienen cosas así, vistas, monumentos, calles, montañas, etc. que son realmente asombrosas y que al pasar el tiempo se nos puede perder el asombro. 

Deberíamos cuidarnos de no dejar que nos pase eso. La vida es MUCHO más bonita cuando aun nos dejamos sorprender por las cosas extraordinarias que tenemos o están en el lugar dónde vivimos. Si vives en la ciudad de Vancouver nunca debes de dejar de maravillarte con las tres montañas que rodean la ciudad, si vives en Washington debes recordar lo impresionante que es esa ciudad y lo que se ha vivido allí, y si vives en la ciudad de Panamá, nunca debes de dejar de levantar la vista cuando cruces el Puente de las Américas para ver la hermosa mezcla de ciudad, bosque, y mar. Y si vives en otra ciudad debes abrir los ojos para ver esas cosas extraordinarias que quizás se te han vuelto ordinarias, porque esas son las cosas son las que le dan color a la vida y hay que apreciarlas.

sábado, octubre 2

Si estas allí, disfrutalo


Los viajes sirven para conocer las costumbres de los distintos pueblos y para despojarse del prejuicio de que sólo es la propia patria se puede vivir de la manera a que uno está acostumbrado.  René Descartes

Estuve reflexionando un poco en mi crítica de las personas que se la pasan comparando a Panamá con sus países y creo que debo una explicación.  Mi reacción no viene sin fundamento, la verdad es que he vivido en muchos lugares y he tenido que adaptarme muchas veces a lugares que no siempre he disfrutado al 100%..  Creo que por eso, puedo escribir con un poco de autoridad en el tema de disfrutar los lugares dónde nos encontramos (además esto puede ser como un tipo de auto-regaño por mis pasadas quejas en otros lugares).

Yo pasé mis años universitarios en Canadá y descubrí que muchas veces mis amigos canadienses sufrían de un tipo de bajo-autoestima nacional pues decían que no tenían identidad propia por vivir bajo la sombra de los Estados Unidos.  Entonces, yo me dedicaba a encontrar y comentarles todas las cosas únicas y buenas que eran especiales en Canadá: los postres Nanaimo, el "putíne" de Quebec, la receptividad a lo internacional en ciudades como Montreal, Toronto, y Vancouver, la libertad en el sistema político, la educación bilingue, entre muchas cosas más.  Y aunque yo extrañaba Panamá, por ese ejercicio empezaba a ver y disfrutar lo bonito de Canadá.

Justo cuando sentía que mis amigos canadienses empezaban a ver las cosas de una manera más optimista, me encontraba con algún amigo estadounidense que viviendo en Canadá sentía la gran culpa de ser de los Estados Unidos.  Era difícil sentirse orgulloso de ser estadounidense viviendo en un país tan pacifico y benéfico como Canadá tan recientemente después del 11 de septiembre.  Entonces, cambiaba el tono de mi canción y me encontraba hablando de todas las características buenas de los Estados Unidos, es un país creativo, ingenioso, que a pesar de sus faltas en decisiones internacionales sigue siendo un país lleno de personas muy trabajadoras y generosas, etc. etc.

Cuando llegué a Vancouver pasó algo más; me encontré rodeada de otros estudiantes internacionales que en su mayoría eran Asiáticos.  Y me encontré comparando mi país, no con Canadá donde vivía, sino con Japón, Korea, China, y Tailandia de dónde venían mis compañeros.  Ellos se la pasaban añorando sus países y como ellos eran la mayoría, cuando hacíamos "comida de casa" hacíamos arroz de grano corto, sopa de tofu, kimchi, y tantas otras comidas que seguían siendo nuevas y exóticas para mi.  Muchas veces yo pensaba en lo raro que eran nuestras opiniones de lo que era un "buen arroz" y después de todo no dejé de amar lo Panameño pero sencillamente desarrollé unos nuevos gustos por la cultura y comida Asiática.

Cuando me gradué, regresé a los Estados Unidos por unos años y viví en el Oeste un tiempo y después en el Este dónde me encontré con personas que extrañaban el Norte o el Sur, la costa Pacífica, o la gran ciudad de Nueva York... siempre había algo mejor en otro lugar.  En medio de todo esto tomé una decisión importante:  no importa donde vivo, quiero apreciar ese lugar aunque tenga que trabajar para buscarle el lado bueno.  No creo que se pueda decir realmente que hay un lugar mejor que otra, porque todo los lugares son diferentes y todos pueden llegar a llenar un espacio diferente en nuestros corazones.  

Y a final de cuentas, lo que nos hace amar o extrañar un lugar son las personas que dejamos atrás más que cualquiera otra cosa.  Muchas veces uno descubre lo que tenía cuando lo deja y creo que eso me ha pasado a mi todas las veces que me he ido de un lugar, cosa que me hace querer disfrutar aun más el lugar donde estoy ahora mismo.

lunes, septiembre 20

Otra de Buses.


"Toma las cosas por el lado bueno" Thomas Jefferson

Hace algunas semanas escribí sobre la triste realidad de nuestro transporte público. Sin embargo me tocó aprender hace apenas unos días que inclusive en la peor de las crisis y situaciones se puede sacar algo bueno e interesante y en más de una ocasión vamos a necesitar que alguien nos preste su cosmovisión para ver lo bueno donde solo veíamos lo malo.

Viajaba yo en uno de esos buses semi-destartalados donde el olor a gasolina y el constante traqueteo de su carrocería son parte no negociable del viaje. Por supuesto había uno que otro chico que insistía en demostrarnos sus excelentes gustos musicales y una que otra conversación.

Lo confieso: me gusta escuchar las conversaciones en los buses. Los comentarios políticos a veces desatinados a veces acertados, los problemas que tiene el tipo que va sentado cinco puestos adelante y suda copiosamente mientras le cuenta a su compañero de asiento como es que el carro tiene cinco meses en el taller y aun no saben lo que anda mal. Las bravuconadas de algún chico intentando impresionar a la chica de turno o simplemente las preguntas que le hace un niño, harto de curiosidad, al papá sobre el funcionamiento de los barcos, del puente, del bus, del mundo.

Hace unos días moviéndome de un punto a otro, escuche de casualidad la conversación que un hombre tenía con su vecina quizá, no sé exactamente quién era. Le comentaba sobre su reciente experiencia en los Estados Unidos de Norteamérica, le decía que había estado viajando por diferentes estados algunos más fríos que otros, algunos más calientes que el mismísimo Panamá a pleno medio día, grandes, pequeños, turísticos y no, había tardado más o menos tres años en aquella aventura y hace algunos meses por fin había regresado a Panamá.

-Tú no vas a creer lo que más yo extrañaba allá- dijo el sujeto con esa manía que tenemos los panameños de derrochar pronombres donde sí van y donde no.

-¿Qué?- preguntó la mujer después de una breve pausa en la que pensé que si ella no se lo preguntaba se lo iba a preguntar yo.

-No me vas a creer- insistió el tipo haciendo aun más grande el misterio. –Extrañaba los buses- dijo finalmente –extrañaba la cercanía de la gente, extrañaba que la gente me mirara, ¡allá la gente ni te mira! Todos van en su mundo- y empezó a contarle sobre cómo le tocaba viajar por horas en las rapidísimas “High way” sin un alma con quien conversar. Como al subirse a un autobús o al metro nadie se volteaba a verlo y nadie le importaba.

-Aquí la gente te mira- decía- te habla, hasta los vendedores; no me vas a creer pero apenas llegué al aeropuerto le di mis maletas a la familia y me subí en un bus, es que uno no sabe lo que es estar sólo hasta que estas sólo entre un montón de gente-

Siguieron conversando sobre muchísimas cosas que él había aprendido en su viaje. Yo me bajé unas cuantas paradas después y al bajar di un gracias sincero al chofer que me respondió con un “cómo no” sincero también. Me bajé feliz de tener por algunos minutos la cosmovisión de otra persona que veía los buses como una oportunidad de contacto humano, esos mismos buses de los que tanto nos quejamos.

Después de eso veo los buses de una manera diferente. Siguen siendo incómodos, siguen provocándome dolor de cabeza y nauseas cuando llueve y hay que cerrar ventanas, pero también son como una gran sala donde nos sentamos panameños y extranjeros, grandes y chicos, a contar nuestras experiencias, a pasar nuestra vida de un punto a otro y a veces a escuchar conversaciones que nos recuerdan que las cosas no son tan malas como parecen y que aun en la más oscura de las situaciones si miras bien encontraras razones para sonreír.

sábado, marzo 7

Lodo y Goles.

Guazaro es un pueblo que se ubica en la región Noroeste de la provincia de Veraguas. Para llegar hasta allí debí viajar cinco horas en automovil , luego caminar siete horas más con el lodo hasta las rodillas (literalmente) y unas cinco horas más en lancha Me gusta caminar, no me quejo y compartir con las personas que viven tan desintoxicadas de "medios de comunicación" siempre es más que especial.

Nuestro grupo (Todos intoxicados hasta no más) compartió durante ocho día con estas personas. Mientras en "nuestro mundo" lo más vital era que en aquel momento se jugaba la "Copa de Naciones" (una competencia de fútbol entre los países centroamericanos) estábamos rodeado de los paisajes más espectaculares, el cielo por las noches era una visión alucinante, -ningún farol impertinente opacaba el espectáculo celestial- El silencio te permitía pensar con claridad, leer, conversar o simplemente observar la parsimonia con que una vaca se encarga de rumiar la hierba que comió durante la mañana. Era precioso.

Sin embargo fueron muy pocas las ocasiones en que realmente me dedique a ver las estrellas (sí lo hice, me encanta ver estrellas) pues todas las noches encendíamos el pequeño radio onda corta que había llevado de contrabando (un adicto es un adicto) e intentábamos descifrar entre la estática si Panamá había anotado un gol o ya había sido eliminado de la competencia. Nuestras conversaciones entonces giraban en tornos a los resultados, las estadísticas, lo que pasaría si entraba X jugador etc. (Cuan vanales podemos ser)

La ultima noche antes de regresar a nuestros hogares -Esa noche la pasamos en Río Luis, para salir de allí debíamos caminar 7 horas con el lodo hasta las rodillas (literalmente)- escuchamos como por primera vez en la historia Panamá se coronaba campeón de la copa de naciones. Salté, lo recuerdo bien, mi pecho se lleno de alegría, choque las manos con mis amigos y todos estuvimos de acuerdo en lo increíble que resultaba que Panamá hubiera ganado. Esa noche todos dormimos con una sonrisa en los labios: Panamá era campeón. (Y de paso le habíamos ganado a los ticos)

Al día siguiente al salir a caminar aquellas largas siete horas (en realidad se hacen cortas en buena compañía y con buena conversación) el lodo nos hizo olvidarnos a todos que a miles de kilómetros de allí, donde la gente navega en Internet y tiene señal en sus celulares, donde algunos ven televisión por cable y otros escriben blogs, un equipo de hombres había resultado ser el mejor pateando una bola y metiéndola en un arco. Nos olvidamos de cuan importante es el fútbol para la sobre vivencia del ser humano (estoy siendo irónico por si no se nota)

Lo importante para nosotros era no caernos y que el próximo paso nos acercara un poco más a casa. Pensé en lo vano que era aquel "triunfo histórico" y lo poco que valía (si es que acaso vale algo) Pensé que en nuestro mundo "avanzado" las cosas que tienen valor son exactamente aquellas cosas que no lo tienen. ( no sé porque me recuerda una cita bíblica) que vale más observar una hermosa foto del atardecer que el atardecer en vivo
y a todo color. Que preferimos vernos a través de "webcams" que mirarnos a las caras. Que optamos por mirar en Internet las ultimas fotos de las constelaciones, que tomarnos una noche para observarlas en el cielo. De repente hemos perdido el sentido de las cosas o quizás yo este equivocado. Por alguna razón el lodo me hizo pensar en todo aquello, pensar que quizás estamos dedicándole tiempo a cosas que realmente no valen la pena. Dicen que reconocer una adicción es el primer paso para recuperarse de ella...

Ariel

miércoles, agosto 29

Pensando en viajes

En los Estados Unidos hay una tradición del famoso “road trip” en el que una, dos o más personas se suben a un auto --a veces con un destino fijo y a veces sin destino-- para pasar hora tras hora en el carro recorriendo kilómetro tras kilómetro con el sencillo propósito de “ir”. Si he conocido de forma intima algún aspecto de la cultura estadounidense, tendría que decir que la que mejor conozco es la del “road trip”. Sé que es parte de mi porque lo entiendo en mi corazón (aun si no lo puedo explicar razonablemente) ese fuerte impulso de querer “ir”, de conocer el próximo lugar, y ver dónde nos llevará la carretera. El enorme tamaño del país, las largas carreteras, y el espacio abierto, tanto espacio por todas partes que solo clama por ser conocida todos contribuyen a promover este fenómeno.

El amor por el viaje no es algo que se siente únicamente en estas zonas del norte. En realidad, es algo como un vicio que se encuentra entre todas las personas del mundo que han tenido el privilegio de “ir” cuando quieran. Este vicio puede empezar con tomar sólo un viaje a algún lugar diferente e interesante. Los que comparten este “vicio por el viaje” saben lo que digo que al pasar un tiempo en algún lugar sin viajar hace que uno empiece a sentir una inquietud insaciable hasta que uno pueda tomar un viaje a algún lado, sólo por “ir” o solo por conocer algo diferente.

Un amigo me leía una proción de un escrito de Descartes que decía que era posible que al conocer otros lugares uno se vuelve más y más desconocido del lugar de dónde empezó. Lo mismo decía de los libros. Los libros son como un viaje de ideas y todos los que tienen ese “vicio” puede que se encuentre pensando de una manera muy diferente de como pensaban cuando empezaron el “viaje”.

Creo que es cierto en mi vida. He hecho muchos “road trips”, muchos viajes a nuevos lugares y sobre todo muchos viajes de ideas. Lo que he empezado a reconocer es que aunque puedo señalar el punto de inicio no puedo identificarme tanto con ese punto como me identificaba antes de partir de allí. Lo extraño es el placer que tomo en este continuo aislamiento. Es un aislamiento del lugar de inicio pero un constante encuentro y re-encuentro con otros viajeros (y lectores) que se identifican con uno por el hecho de ser viajeros que entienden el impulso de ir, de conocer y tomar el riesgo de ser cambiados.