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jueves, diciembre 8

Moneyball y las preguntas equivocadas.

Quienes creen que el dinero lo hace todo, terminan haciendo todo por dinero.
Voltaire

Muchas veces a la hora de tomar decisiones en nuestra vida nos hacemos la pregunta equivocada. Ya sea una decisión profesional, académica o incluso sentimental hay ciertas preguntas de rigor en nuestra mente las cuales sorteamos de mejor o peor manera: ¿Qué dirán las demás personas? ¿Tendré éxito? ¿Alguien me admirara por lo que hago? pero sobre todo solemos preguntarnos ¿cuánto me van a pagar? 

Hace rato tenía ganas de ver una buena película. Por una extraña combinación de factores quería ver "Moneyball": había leído muy buenas reseñas y me encanta el beisbol. Hace un par de días por fin pude verla. Ahora mismo me arriesgo a decir que es una de las mejores películas que he visto. No suelo evaluar las películas por vestuario, iluminación o convicción de los actores, pues debo reconocer que mis conocimientos en aspectos cinematográficos son nulos escasos, mi escala de películas va desde inútilmente aburrida hasta sublimemente inspiradora. 

Billy Bean es el manager de los Atléticos de Oakland y tienen como filosofía no tomar decisiones basadas en el dinero. A pesar de estar en medio de un juego en el cual los millones danzan yendo y viniendo el decide basar sus expectativas y estrategias en otros aspectos. Utiliza métodos completamente no ortodoxos para crear un equipo ganador. El resultado es emocionante e inclusive un poco descorazonador. 

En una de las mejores escenas de la película Billy Bean es cuestionado sobre sus métodos poco tradicionales. 

-¡Vas a perder! ¡Te van a criticar! ¡te vas a quedar sin trabajo!- le recrimina uno de sus compañeros. 

-Te estás haciendo la pregunta equivocada- responde el manager. -Te estas preguntando ¿voy a ganar? ¿Voy a ganar dinero? ¿Hacerme famoso? esas no son las preguntas adecuadas. Debes preguntarte ¿Creo en eso? y si crees si realmente crees en lo que estás haciendo nada ni nadie, ninguna suma de dinero, te impedirá hacer lo que crees. 

La película es basada en la vida real y esa es una filosofía válida para lo que hacemos. Escoger un trabajo o los estudios, tomar un riesgo, una aventura o inclusive soñar, suelen estar rodeados de las preguntas equivocadas, -en este mundo la pregunta de ¿me va a dar dinero? suele ser la principal- y por eso nos encontramos con policías corruptos, abogados estafadores, presidentes y políticos mediocres, escritores frustrados, doctores incumplidos y una larga lista de etcéteras pues a la hora de tomar decisiones radicales de vida se hicieron la pregunta equivocada. Y no creen en lo que hacen sino que creen en el dinero. 

Ya sé, ya sé, sacar el dinero de la ecuación es algo imposible complicado, no digo que muramos de hambre pero sería bueno que el dinero sea un apoyo para nuestros sueños e ideales y no nuestro sueño e ideal en sí. 

¿Cuáles son las preguntas que te haces tú?

viernes, octubre 14

Los buses, sus historias, sus lecciones.

"Mejor ser ocasionalmente engañado, que perpetuamente receloso" -
B. C. Forbes

Viajar en autobús tiene sus ventajas. No es el lugar más cómodo, ni la forma más rápida de llegar a algún lado, pero ningún viaje en un automóvil por más lujoso que sea nos brinda la mitad de interacción humana, ningún viaje con los vidrios hasta arriba, la música a todo volumen y el aire acondicionado a tope nos da historias interesantes de las cuales formamos parte por cinco segundos o un par de horas. Ya he escrito en otras ocasiones historias sobre autobuses (Buses Musicales y Otra de Autobuses) pero creo que vale la pena hacerlo una vez más. 

Estaba a unas cuatro paradas de llegar a casa. La cabeza me zumbaba de esa extraña forma que lo hace cuando el sol es demasiado y el cuerpo exige un almuerzo que se ha ido atrasando. Ya saben cómo es eso. En la parada se sube un muchacho al bus, va con un bastón de ciegos y parece no ver nada. Me avergüenza decirlo pero mi primer instinto fue desconfiar. Soy una persona a la que le cuesta decir no para ayudar a alguien, eso me ha hecho llevarme un par de chascos y perder unos cuantos dólares. No obstante el muchacho se veía autentico, empezó a hablar no como quien se ha memorizado un guión con los clásicos clichés "hoy soy yo, mañana eres tú" etc. Tampoco pretendía hacernos creer que representaba a alguna mágica organización que salvaba niños, ancianos, drogadictos, perros, gatos y quien sabe cuántas cosas más. En un lenguaje bastante atropellado, quizá por los nervios, quizá por la falta de educación nos contó su historia: 

Tuvo un accidente de automóvil hace un par de años. Perdió la vista. Uno de sus ojos está dañado irreversiblemente mientras que el otro puede recuperarse con una operación que cuesta diecinueve mil dólares. No tiene esa cantidad de dinero, obviamente, no quiere perder la cita que tiene en el Seguro Social y decidió salir a la calle a pedir, a recoger diecinueve mil dólares. La forma de hablar y mi lado blandengue hicieron que quisiera ayudarlo, tampoco tengo diecinueve mil dólares pero podía darle algo. Aun así pensaba que al pobre muchacho no le iba a ir demasiado bien, las personas nos han enseñado a desconfiar de las personas y en una cultura como la panameña donde nadie quiere ser el Congo y todos quieren ser los más vivos queda muy poco lugar para el beneficio de la duda. 

Sin embargo para mi sorpresa y satisfacción, la gente reaccionó sacando monedas y billetes, el muchacho no veía de modo que tenían que tocarle la mano y entregárselo. Nunca había visto una reacción tan solidaria en el bus. 

Se bajó algunas paradas después. Iba solo. Quizá nunca sepa si llego a los diecinueve mil dólares, es más quizás nunca sepa si en realidad era un muchacho con necesidades o un increíble actor. Como sea me hizo bajarme aquella tarde con una sonrisa y esperanza en la personas que aun saben cuando confiar, que aun pueden sacar algo de sus bolsillos, aunque estoy seguro no les abunda y ayudar a quien pide ayuda. 

En estos tiempos de desconfianza y egoísmo ese tipo de historias te devuelven un poco de esperanza. Ese tipo de historias te hace sentir parte de una comunidad imperfecta pero noble. Ese tipo de historias son imposibles de vivir dentro de un automóvil de lujo con los vidrios arriba, la música a todo volumen y el aire acondicionado a tope. Ese tipo de historias te hacen sentir parte de la humanidad. O en todo caso, parte de Panamá.

sábado, julio 2

Tocando Madera: Buena música en Panamá.

La música es el arte más directo, entra por el oído y va al corazón.
Magdalena Martínez


Me encanta encontrar tesoros en lugares inesperados. Ya saben, cinco dólares en el pantalón lavado y planchado, la última galleta del bote que creíamos terminado, un buen libro de una autor desconocido y buena música donde pensabas no había. Quiero escribir sobre lo último. 

El jueves fuimos al concierto “Tocando Madera la gira”. En realidad fui porque me gustan las iniciativas de los panameños que se tiran contra los pronósticos y contra los paradigmas y creen en lo que hacen. No estaba seguro sobre lo que iba a encontrar en el concierto pero decidí ir para no caer en ese constante quejismo de: “No hay nada bueno en Panamá cuando se habla de música” o “Aquí solo los reguetoneros son artistas” 

No me arrepiento ni un segundo de haber ido. Obviamente no me fascinaron todos los cantantes –para gustos los artistas- pero me encontré con algunas joyas en donde menos lo esperaba. Verdaderos canta autores con buenísima letra y excelente voz. 

Una de las más agradables sorpresas fue escuchar a Carlos Méndez. Siendo sincero ni sabía que existía. Pero en cuanto se paró en el escenario con una sencillez total y empezó a cantar tuve que tragarme todas las palabras sobre falta de cantantes en Panamá. Cantó con una voz clara y agradable y sobre todo con canciones llenas de sentido y con un mensaje. Para los que como yo nos quejamos de las vulgares y huecas letras de otro género. Obviamente una de las primeras cosas que hice al día siguiente fue buscar en Youtube algunas de sus canciones y para mi agrado y tranquilidad lo de la noche no fue un accidente sino que había encontrado un cantautor en Panamá cuyas letras podía escuchar mientras leía o mientras escribía o simplemente escucharlas para reflexionar. 

Lilo Sanchez fue otro que me impresionó con la precisión de sus letras y la nitidez de su voz. Karla Lamboglia una músico excelente y con buenísimo mensaje también y Rómulo Castro de quien tampoco había escuchado en mi vida pero me impresiono con la profundidad de su contenido. Y algunos otros cuyo nombre se me escapa pero me dejaron un muy buen sabor de boca. 

Ahora mismo, mientras escribo, escuchó el álbum “De Pie” de Carlos Méndez y siento esa emoción de haber descubierto un tesoro en un lugar inesperado. Es una lástima que estos talentos no reciban el mismo apoyo que otros generos. Por mi parte ahora que he descubierto que en Panamá hay buenos músicos y poetas de la canción me queda la obligación moral de buscar sus discos y apoyarlos en cada presentación que pueda. 

El concierto Tocando Madera fue una experiencia “hermosa” y entrecomillo la palabra pues no suelo usarla y quiero subrayar el significado. Es de esas veces que sales con una sonrisa que te acompaña aun varios días después sabiendo que hiciste lo correcto al sacar de tu tiempo y tu dinero para apoyar ese tipo de eventos. 

Les dejo un vídeo de Carlos Méndez espero lo disfruten como yo y ¿Por qué no? descubran un tesoro en un lugar inesperado =)

miércoles, junio 8

Soy un tipo influenciable...

Cada uno muestra lo que es en los amigos que tiene.
Baltasar Gracián

De vez en cuando, cuando se puede, me gusta salir con Hannah a tomar un café. Ella toma un té para ser más exacto. Conversamos sobre el día, sobre la semana y a veces soñamos con nuestra vida en diez o veinte años. Hablamos de libros, tenemos nuestros autores favoritos, solemos escogerlos porque han marcado nuestra vida y nuestra forma de pensar. El otro día mientras el café se enfriaba y comentábamos sobre la “temporada de turistas” noté que otro tema constante en nuestras conversaciones son los amigos. Los del presente y los del pasado, los que vimos hace poco y a los que ya les perdimos la pista. Concluí (un poco sorprendido) que esas personas tuvieron igual o más influencia en mi vida que los libros leídos. 
Y es que es muy fácil andar diciendo por allí que he sido influenciado por C.S. Lewis, Chesterton, Dostovesky, Tolkien o Perez-Reverte. Es más hasta suena genial. Pero admitir que he sido influenciado por personas tan de carne y hueso como yo, llenos de falencias y errores pero que me enseñaron que mi óptica no lo es todo y el ancho mundo que se extiende más alla de lo visto, oído o palpado, no tiene tanto tinte intelectual. Pero es así. 

Me di cuenta que han sido mis amigos quienes me han transmitido el gusto musical en muchos aspectos. Me han presentado nuevos autores y me han llevado por viajes hasta lugares en donde nunca he puesto un pie. Han sido mis amigos quienes me enseñaron a tolerar las diferencias y a disfrutarla, a esperar hasta conocer a una persona para poder determinar quién es. A apreciar que la opinión de otro es valiosa sólo por no ser la mía. 

Recuerdo por a un grupo de mis amigos en el seminario. Prácticamente eran mi familia y me enseñaron tantas cosas que ni haciendo esta entrada más larga de lo que ya es podría terminarlo. Jorge con su psicótico orden y al mismo tiempo infinita paciencia y lealtad. Daniel con sus gustos musicales extravagantes y la disposición de dar la mano si era necesario. Héctor con una paciencia casi inhumana y el carácter más dócil y correcto que he conocido (aun así lo saqué de quicio un par de veces). Joel con sus maneras enrevesadas de ver la vida y sus experiencias tan distintas a las mias. Y varios más de los que guardo genuinos y cariñosos recuerdos. Ninguno de ellos es perfecto, aunque más de uno se lo crea, la idea no es canonizarlos, pero cuando reviso mi vida encuentro que la han influido en gran manera y su presencia marco una diferencia en mi caminar. 

Han sido muchas las personas que me han influido. Ustedes saben quiénes son, seguramente tú también. Lo más probable es que nunca reconozca audiblemente mis influencias menos “intelectuales” pero quería que ustedes lo supieran. Con cada conversación que tenemos, con cada canción recomendada, cada discusión civilizada (o no) algo de ustedes queda en mi para bien o para mal. 

Que aun después de varias decenas de libros, autores renombrados y otras hierbas aromáticas, ustedes siguen siendo mi mayor influencia; se les agradece.

sábado, mayo 7

Sobre la muerte de Osama y el show mediático.

Estoy de acuerdo en que las sociedades decreten abolir la pena de muerte; pero que empiecen por abolirla los asesinos.
Jean Baptiste Alphonse Karr

Llámenme cínico, si quieren,  pero aquello de: "todo muerto es buena gente" nunca había sido tan real. Me he mordido los dedos por varios días para no escribir sobre el asunto pero después de escuchar todo tipo de versiones algunas disparatadas y otras bastante acertadas me decidí a dar mi punto de vista. Total como dice el presidente estamos en un país de total libertad de expresión y quiero sumar mis ideas a las de otros miles de twiteros, blogueros y facebokeros. 

Partamos de un hecho. No voy a defender la política de Bush o de Obama ni ha hacerme el loco ante las crueldades cometidas en la guerra de Afganistán e Iraq. Es cierto, ha sido cruel, ha sido inhumano y si pudiera compararse una cosa con otra quizá hasta peor que lo ocurrido el once de septiembre del fatídico año. Pero no hay punto de comparación pues una masacre no justifica a otra de modo que vamos tablas.

Aun así me he quedado boquiabierto al ver la reacción de muchas personas a los cuales les ha faltado poco para canonizar a Osama y decir que el pobre no merecía morir. Una victima del imperio. ¿Y cuando se muere  Bush? preguntan otros todavía más perdidos. Y es que de pronto Osama merecía una oportunidad de regeneración (para ser regenerado y perdonado es necesario estar arrepentido y no creo haber visto ni una pizca de eso en el señor Bin Laden)Merecía un juicio dicen otros. ¿Cómo se atreven a matarlo sin que un Juez le pegue al  mazito y diga: -Señor Bin Laden es hallado culpable de todos los cargos- y luego ¿qué? 

¿Recuerdan que Osama Bin Laden declaró la guerra a todos los infieles? Por si no lo sabían a menos que seas un árabe ultraortodoxo eres un infiel y la guerra también es contigo o contra ti, de modo que no estamos hablando de un criminal cualquiera, estamos hablando de una victima de la guerra donde todas las muertes son injustificables pero son parte de ella,  de modo que no sé cual es el afán de soltar las campanas al viento.

Y es que es ridículo, si se hiciera la misma bulla por cada niño que murió durante la guerra o por cada persona que muere siendo inocente porque a algún maleante le dio la gana, diría que nos hallamos ante un mundo ultra solidario que se preocupa de la muerte de cualquier persona. Sin embargo la gente muere todos los días sin realmente merecerlo y pasamos de largos, más preocupados por los sombreros que usaron en la boda real o por las veces que el Barcelona va a humillar al Real Madrid. Y de pronto muere uno de los hombres más malvados que con sangre fría planeó matar a miles de personas y cambiar la historia para siempre y todos brincan a defenderlo. Pura farándula. La única diferencia de este señor con cualquier otra victima es que le conocíamos la cara y tenía mayor proyección en los medios. 

Tampoco creo en aquellos que se golpean el pecho y dicen: ¡justicia divina!- ni siquiera es justicia humana, si acaso llega a ajusticiamiento. Tampoco es el fin del terrorismo ni nada por el estilo. Hittler murió hace años y el nazismo aun respira con fuerza. Ni mucho menos apruebo el salir a las calles a celebrar la muerte de una persona. Pero no nos distraigamos del punto. 

Osama era una persona malvada. Con la oportunidad de arrepentirse, sí, pero no lo hizo. Era un ser humano, sí, pero con una tendencia al mal terrible, merecía un juicio, probablemente, pero ya me imagino a los defensores de los derechos humanos pidiendo que lo pusieran en una celda a todo lujo con Jacuzzi, tv por cable y wifi.

Y es que al final no se puede justificar la guerra. No se puede justificar ni una sola muerte, todas son lamentables. Pero creo que peor que matar al señor Bin Laden era cruzarse de brazos y esperar a que estrellara todos los aviones que le placieran. O si no pregúntense, sinceramente, ¿Cómo hubieran reaccionado si la muerte de este señor ocurría el doce de septiembre del 2001?

 Por lo menos no seamos hipocritas.

lunes, abril 25

Déspotas de bolsillo.

"Todo hombre lleva en sí un dictador y un anarquista."
Paul Ambroise Valéry

A veces me gustaría levantarme con buenas noticias. Abrir el periódico y enterarme de la ausencia de muertes durante el fin de semana o la increíble reacción positiva del presidente ante las criticas. De vez en cuando me gustaría solo leer buenas noticias o noticias tontas como aquella de la boda real o los muchos hijos que ha comprado Angelina Jolie. 


Pero vamos, cada mañana despierto en Panamá y me toca leer titulares sin esperanza. Muertos por acá y por allá, aumento de VIH entre niños que apenas están empezando a vivir, y sobre todo y repetitivamente: el señor presidente insistiendo en tomar las decisiones como le da la gana, prometiendo cosas sin pie ni cabeza, agrediendo a los que se le oponen y bueno, menos mal que no leo periódicos amarillistas.


Pero lo que quiero escribir, aunque ustedes no lo crean, es una breve excusa por el mal actuar del señor presidente. No, no estoy diciendo que sea aceptable su actuar, no estoy justificando el nombrar magistrado a quien le da la gana ni mucho menos su constante lengua suelta donde lo mismo dice una cosa o dice la otra pues hay cosas que ni que, tenga o no tenga razón. Sin embargo creo que muy pocas personas harían un mejor papel ocupando la presidencia.

Con eso no quiero decir que serian peores presidentes; serían idénticos. Y es que la manía de enloquecer con el poder no es exclusivo de las altas esferas. La mínima brusca de poder  parece ser suficiente para tornar en dictador al  más humilde. Y lo digo pues lo veo por todos lados, empezando por las escuelas donde los maestros dicen hacer las cosas por son ellos y punto. Ya recuerdo a un profesor de historia, un tal Arroba, solía decir barrabasadas y amenazarnos para luego señalar -Ustedes son el huevo, yo soy la piedra- es decir si nos arriesgábamos a estrellarnos contra él moríamos reventados. 

Me tocó verlo mientras estudiaba Teología cuando un profesor enfurecido, un tal Morales, me señaló que la ofensa cometida en su contra (escribir un breve articulo donde decía que las cosas podían mejorar) -No te lo perdona Dios ni te lo perdona nadie y mejor ni lleves clases conmigo-  le hice caso, de todas formas ya me había enseñado mucho con su reacción y no quería aprender nada más de él.

Me tocó verlo en la universidad de Panamá donde hay profesores, un tal Kenny, que te ponen una A a cambio de veinte dolares. Obviamente no todos los profesores son así, pero los hay, me tocó llevar clases con uno y adivinen que: saqué una C.  He podido verlo inclusive en foros de Internet donde los moderadores borran todo comentario con el cual no estén de acuerdo y expulsan a las personas que osen plantarle cara. Y al final lo justifican con: ¡Yo soy el moderador!

Y así pululando por todas nuestras calles déspotas de bolsillo. Expulsando espuma por la boca ante el mínimo atisbo de poder. Padres déspotas, hijos déspotas, hermanos déspotas, esposos y esposas déspotas, estudiantes, maestros, conductores, taxistas, cajeras, guardias de seguridad y escritores de blogs. Entonces ¿Por qué nos extraña que nuestro presidente sea déspota y autoritario?  ¿ Haríamos algo diferente de estar en su lugar? 

El problema no es exclusivo del presidente, es más bien una cuestión cultural, la oposición se queja y se revuelca ahora porque no son ellos quienes se acomodan y acomodan a los suyos. Y nosotros, sinceramente nosotros, los ciudadanos promedios que desde nuestras casas rabiamos al abrir las noticias que nos amargan aun más el café, también nos quejamos pues no es a un familiar nuestro o a nosotros mismos que nos llega el chance. ¿Quién fue el que dijo? "El oprimido sueña con llegar a ser opresor" creo que fue un brasileño, pero debió conocer la clase política panameña. 

No sera hasta que seamos justos en las pequeñas cosas que veamos justicia en Panamá. No sera hasta que estemos dispuestos a ceder nuestro lugar que veamos un Panamá más solidario. No sera hasta que empecemos a escuchar las voces de los demás y tomarla en cuenta que empezaremos a vivir una verdadera democracia, no esta burda imitación, mientras tanto podemos culpar a Martinelli, a Torrijos o a cualquier otro  que tenga la desgracia de ponerse la banda presidencial. Pero Panamá no esta en las manos de ellos sino en las nuestras. Déspotas de bolsillo pululando por todas las calles, por allí debe estar nuestro futuro presidente. 

El que este libre de pecados que tire la primera piedra. Yo no puedo. 

miércoles, abril 13

El fútbol es el opio de los pueblos.

"Tengo dos problemas para jugar al fútbol. Uno es la pierna izquierda. El otro es la pierna derecha."
Roberto Fontanarrosa

Ha de ser este clima futbolistico que se respira por todos lados lo que me lleva a escribir este post;  Ya saben: clasificación al mundial sub-17, al sub 20, semifinales de la champion league, cuatro clasicos (Real Madrid vs Barcelona) en menos de un mes etc. Es el tema del momento, quien no pueda hablar de ello se vera relegado a alguna esquina a comentar de otras cosas de menor importancia como literatura, economía o los problemas socio-políticos que atraviesa nuestro país. 

En fin, toda esta fiebre absurda, al menos desde mi punto de vista, ha invadido los medios de comunicación y las conversaciones en los pasillos, los buses y hasta las iglesias. Y vamos, no es que sea un viejo cascarrabias, claro que me gusta el fútbol, disfrutó igual que muchos de correr como loco detrás de un balón, disfruto de ver los juegos de la selección -esos más bien los sufro- y no tengo absolutamente nada en contra de que Juan de los palotes quiera apoyar al Madrid o al Barcelona, llorar por esas derrotas si le da la gana, o convulsionar de alegría si son victorias. En fin, que para gusto los colores y los equipos de fútbol.

Lo que realmente me pone mal y me saca de casillas (después de todo quizá sí sea un viejo cascarrabias) es ver como algunas personas, valiosas personas con talentos y habilidades, con ideas para brindar a la sociedad, con toda la capacidad del mundo para marcar una diferencia viven obsesionados por el asunto. Gritan a los cuatro vientos "Yo soy Culé" y no tienen ni la menor idea de lo que significa la palabrilla, que ni siquiera suena bien,  o llenan sus estados de redes sociales con "Hala Madrid" sin saber, ni querer saber, que significa el famoso "Hala". Consumismo tonto pues, a eso me refiero.

El fútbol es un deporte bueno como cualquier otro siempre y cuando se mantenga en esa categoría de deporte y no se convierta en otra cosa más peligrosa como una obsesión o el centro de una vida. O al menos no perdamos las dimensiones de lo que significa ganar en un juego que no tiene nada que ver con la vida real.
Por ejemplo: Hace unos días la selección de Guatemala clasificó por primera vez a un mundial sub-20 (y de cualquier otra categoría) la fiesta fue como se esperaba y estoy de acuerdo que se celebre, vamos, no es una cosa que sucede todos los días. Sin embargo el enfoque que le dieron los medios y las personas fue desde mi punto de vista un poco absurdo exagerado. Llegaron a decir que aquel pirrico triunfo en una cancha de fútbol era un alivio para la golpeada sociedad de Guatemala. Que era un remanso de paz en medio de todo la violencia, etc. ¿Puede creerlo? sí, yo sé que lo creen. ¿Cómo vamos a decir que ganarle a once muchachos en una cancha de fútbol es brindarle un alivio al país? y es que las cosas en su lugar: como logro deportivo ¡Genial! me quito el sombrero y aplaudo de pie. Pero nada más, es como dijo aquel viejo barbon sobre la religión, aquello de que era el opio de los pueblos, viendo las evidencias podemos aplicarle eso al fútbol. Y Guatemala es solo un ejemplo, hay que ver como al panameño se le olvida el alza de pasaje y todo cada vez que se siente a ver un clásico.

En fin, ustedes no tienen la obligación de estar de acuerdo conmigo. Sin embargo estoy convencido de que si pusiéramos la misma pasión a mejorar Panamá, la misma pasión con que gritamos los goles de equipos que están a miles de kilómetros de distancia y probablemente nunca veamos en persona, si derramáramos las mismas lagrimas por las cosas que van mal y rabiáramos cada vez que vemos una injusticia de la misma forma que lo hacemos cuando el arbitro pita en contra; tendríamos un país diferente o al menos una vida diferente. 

No esta mal ver fútbol, sentir pasión, seguir un equipo, lo malo es usarlo como opio y dejar de hacer lo que TENEMOS que hacer. 

lunes, diciembre 20

20 de Diciembre 1989: Prohibido recordar (sin reflexionar)

Jamas hubo una guerra buena o una paz mala.
Benjamin Franklin

Tendría yo cinco años y muy poca idea de lo que estaba ocurriendo en el mundo. Ese año había entrado a la escuela y me encontraba perceptiblemente decepcionado porque ese templo del saber el cual debía darme las llaves de la lectura y la escritura se había limitado a darme unas cuantas tontas tareas de rellenar frutas con bolitas de papel crespón o hacer círculos infinitamente aburridos. De modo que no es mi culpa si por aquel entonces no entendí nada de lo que estaba ocurriendo, si mi mente, que ya empezaba a mostrar signos del lavado cerebral escolar, no pudo percibir la magnitud de los hechos que se desarrollaban en todo el país. 

La invasión de Estados Unidos a Panamá ocurrió hace veintiún años. Los recuerdos que tengo al respecto son confusos, recuerdo aviones volando bajo, recuerdo tanquetas y soldados desfilar frente a la casa, recuerdo bolsas de comida para soldados las cuales eran divertidísimas pues nunca se sabía que tendrían adentro y recuerdo también la captura del “hombre fuerte de Panamá” un pobre tipo cansado y ojeroso que de fuerte no tenía nada. Recuerdo la indignación de algunos nacionalistas y el júbilo de otros. 

La verdad mucho de lo que he entendido con respecto a la invasión ha sido en retrospectiva. Muy a mi pesar nunca fui un niño genio y los mecanismos de la invasión y las razones por las cuales se llevo a cabo escapaba completamente de mi mente donde todas las personas se dividían en malos y buenos. Hoy sigo sin ser genio pero he podido entender que la invasión a Panamá es uno de esos hechos demasiado complejos como para tomar una postura inamovible. 

Mi parte nacionalista brinca indignada ante la idea de justificar la invasión, pero mi parte práctica y realista debe admitir que la invasión o alguna otra cosa grande debía ocurrir para encarrilar nuestro desenfrenado país. Imposible justificar las miles de muertes, aun no hay una cifra exacta y probablemente nunca la habrá de cuantos civiles murieron, imposibles justificar el abuso de poder y la destrucción para capturar a un hombre. Sin embargo tampoco se pueden justificar las muertes causadas por la dictadura o el abuso de poder por parte de Noriega. 

Y es allí donde uno debe poner un alto y más que intentar decidir si lo que ocurrió fue bueno o malo, si debió o no ser, tomar notas de las lecciones, apuntar, señalar, recordar e intentar que no vuelva a suceder. Que el poder corrompe que debemos pensar y no solamente dejarnos llevar los jingles bonitos durante la campaña o las gorritas que se regalan. Recordar que la democracia que vivimos, a pesar de lo maltrecha y herida que esta, no es producto de la casualidad sino que fue pagada a precio de vida y sangres de miles de panameños, por eso, por ellos debemos recordar el 20 de diciembre, por eso, por ellos la hora de ejercer el voto debe ser a conciencia, por eso por ellos es que está prohibido olvidar. Por eso, por ellos más que una fecha para despotricar contra los Estados Unidos, contra Noriega o contra quien sea es una fecha para recordar con solemnidad e intentar por todos los medios que nunca más vuelva a pasar.

sábado, noviembre 13

De burros, orejas y problemas fronterizos.

En todas las tierras el sol sale al amanecer.
-George Herbert


A la mayoría de latinoamericanos nos gusta hablar con refranes. Casi tenemos uno aplicable para cada situación de la vida. Uno de los primeros que aprendí y que aun encuentro demasiadas ocasiones para utilizar es aquel que reza: El burro hablando de orejas. La idea es que una persona sin autoridad (moral o de cualquier tipo) critique, desacredite o hable mal de otra persona. Es decir, ¿quién es el burro para hablar de orejas?

Sin embargo al parecer estamos en una región de orejones indispuestos a callarse. Lo he visto de diferentes formas, he visto como competimos cual si fuéramos ratas no por ganar dignidad sino por quitarle la dignidad a las otras personas. El asunto no es quien esta mejor sino quien esta menos fregado. 

Nuestros países pequeñitos, apenas perceptibles en un mapa se destrozan a dentelladas por estupideces. No voy a aparentar ser un conocedor del asunto, en realidad no sé bien de que va el rollo con los limites de Costa Rica y Nicaragua. No sé que lado tiene la razón, quien robo a quién o como va a acabar todo el asunto. Lo que sí sé es que al final, cuando se acabe el asunto veremos a los presidentes de ambos países abrazarse, tomar una copa y decir que todo fue un malentendido. Seamos sinceros, una guerra es carisima y ninguno de nuestros países esta para eso. De modo que aquí no ha pasado nada.

Sin embargo lejos del ojo publico, lejos de los grandes discursos inflamatorios de Ortega o las resoluciones absurdas de la OEA nuestros hermanos nicaragüenses y nuestros hermanos ticos se destrozan en insultos, inflaman sus paupérrimas glorias personales y desacreditan  la de sus propios hermanos. Es horrible, grupos en Facebook con nombres como "Yo odio a Nicaragua" o "Yo odio a Costa Rica" con cientos de seguidores que se dedican a insultarse. Inclusive me tocó leer como en algunos lugares se regocijaban por la muerte de un nicaragüense, ladrón o no una muerte es una muerte. 

No sé quien tiene razón, pero sí sé que nada justifica que nos tratemos así. No nosotros, que tenemos la misma sangre corriendo por las venas: india, negra, blanca, asiática, en una amalgama indescifrable. No nosotros países que deberíamos ver como salimos juntos del atolladero. que nos hemos visto, queramos o no envueltos en la misma historia.

Sin embargo aquí se aplica otro refrán: Mal de muchos consuelo de tontos. Creemos, erróneamente, que si mi vecino esta peor que yo es ganancia. Es una tontería presumir  ser uno de los países más seguros en una de las zonas más inseguras del mundo, presumir  tener la economía más sobresaliente en una de las zonas más pobres del mundo, etc, ad nauseum. 

No es un problema tico o nicaragüense. Es también un problema guatemalteco, hondureño, beliceño, salvadoreño y panameño. Pues todos de una u otra forma caemos en esa estúpida manía de hablar de las orejas del vecino sin antes fijarnos en las nuestras. Aquí hay un problema de limites pero no los fronterizos que separan Costa Rica y Nicaragua, hay un problema de limites pues las cosas que nos unen que nos hacen ser iguales no son el color de mi pasaporte o de mi piel sino la dura realidad de ser un ser humano. 


Es triste ¿no?

Hermano contra hermano.
Hombre contra hombre.
En la danza mortífera;
de ser mejor que el otro;
aplastar, ganar, morder;
usar epítetos irrepetibles.
Regresar vacío, hueco;
torpe.
Y pensar que del barro
hemos venido y para allá
vamos todos.
Es triste ¿no?

viernes, noviembre 12

Así son las cosas aquí.

Benevolencia no quiere decir tolerancia de lo ruin, o conformidad con lo inepto, sino voluntad de bien.
-Antonio Machado


Hace algunos años un profesor, quizá una de las personas que más me ha retado y marcado,  me hablaba sobre las razones por las cuales los cambios no ocurrían; decía que los cambios eran en primer lugar una cuestión de actitud, de saber que las cosas pueden funcionar de otra manera. -Por cada soñador que ve una solución a los problemas hay diez conformistas que ven problemas en la solución- de ese modo explicaba él la mediocridad, la dejadez y todas esas características que nos mantienen en el atolladero.


El problema es darse por vencido. Ya sé que muchas veces es muy poco lo que se consigue con una lucha fiera. Al menos de vez en cuando se consigue tranquilidad de conciencia y paz con uno mismo. La fatalidad es decir con conformismo: "así son las cosas aquí" esa frase que abre una dimensión especial para que el mal siga imperando y el potencial se diluya en nada.

Por eso me indigna y me deja un sabor muy amargo en la boca escuchar al presidente de la nación decir que las cosas están fregadas y así se van a quedar. Decir que los corruptos están allí y van a robar de todas maneras. Un hombre que hizo del cambio un eslogan de su campaña, que ilusionó a muchísimos panameños se da cuenta, de pronto, que el cambio es imposible, que las cosas en Panamá son así y así se van a quedar. 

Ya ni siquiera me da tristeza. Mejor pienso en aquellas cosas que sí puedo cambiar. Tal vez las cosas sean así aquí pero eso no significa que deban ser así para siempre. 

miércoles, noviembre 10

Mis apuntes de Geralt de Rivia o El peligro de ser legal pero no bueno.

Las leyes son inútiles para los buenos, porque los hombres de bien no las necesitan; y también para los malos, porque éstos no son mejores con ellas.
-Demonax

Hace unas semanas escribí sobre Geralt de Rivia comenté que estaba leyendo los libros sobre este personaje y que me parecían pesados pero productivos e interesantes. Esta mañana por fin terminé el octavo libro y aparte de esa sensación extraña de tristeza que da siempre que termina un buen libro, siento un poco de alivio de haber terminado. El último libro es bastante complicado, metafórico y tenso, no me gustó el final, sinceramente, pero la verdad el final es como la vida misma.

Geralt es un brujo. Pero no como Harry Potter con una bonita escuela y una varita para hacer encantamientos, es más bien un ser que ha sido alterado geneticamente para combatir  contra los monstruos que en aquel entonces eran tan comunes: dragones, manticoras, etc. En la trama además debe luchar para salvar el mundo pues, como siempre, hay seres malvados que desean aprovecharse del poder para hacer de las suyas. Sin embargo la trama deja esa sensación mediocre de: "se acabo con el malo, pero no se acabo con el mal" o la pregunta de ¿Cuantas maldades hay que hacer para acabar con el mal? 

Pues los héroes, buenos y todo, con un causa justa por la cual luchar, se ven respaldando acciones barbaras y crueles con la premisa de "hay que salvar al mundo". Todos hemos pasado por eso o ¿no recuerdan los primeros bombardeos a Afganistán? todos aplaudimos, todos estuvimos de acuerdo y ahora no sabemos donde meter la cara.

Geralt en uno de sus últimos discursos habla sobre retirarse de su profesión. Habla que su misión había perdido sentido, que no era más necesario:
-La razón de la existencia- el brujo no sonrió- y la razón de la presencia de los brujos se han visto socavadas, pues la lucha entre el bien y el mal tiene lugar ahora en otro campo de batalla y se desarrolla de un modo completamente diferente. El mal ha dejado de ser caótico. Ha dejado de ser una fuerza ciega y desenfrenada, a la que debía enfrentarse un brujo... Hoy en día el mal gobierna basándose en las leyes, porque las leyes están a su servicio. Actúa en consonancia con los tratados de paz que se han firmado, porque, si se piensa, unos tratados que permiten...
Y así un libro que es de fantasía nos lleva a pensar en como lo "legal" también puede ser una forma de hacer el mal. Cosas como estas nuevas leyes que permiten la destrucción de nuestro medio ambiente, nadie va a decir que es ilegal, pues la ley lo avala, pero ¿quién puede decir que no es malo? 

El problema de nuestra sociedad, de nuestro gobierno, de nuestro sistema "democrático" radica en que basamos nuestras decisiones morales en las leyes, sin embargo, las leyes, como bien nos dejo claro Geralt de Rivia puede ser también un nido fértil para hacer el mal. Nuestra premisa principal, nuestro norte no debe ser solamente "ser legales" nuestra misión debe ser: "ser buenos" y eso, eso es muchísimo más difícil. 

domingo, noviembre 7

Esta semana en Contrapunto

Hoy ha sido otro día lluvioso en Panamá. Muchísimos panameños están regresando del interior después de celebrar los días festivos.  Nosotros nos quedamos en casa estos días y fue lo mejor que nos pudo haber pasado.  Necesitábamos el descanso.

Esta semana en Contrapunto estuvimos pensando en lo que pasa en noviembre en Panamá; en la relación entre el Día de los Difuntos y el honor que se le rinda a la patria, recordando la separación de Colombia, el Día de la Bandera, y el patriotismo en general.  Nos preguntamos si el civismo se puede imponer, después de que el presidente dijera que el próximo año todos los estudiantes del país tendrán que desfilar en los días patrios.

También estuvimos pensando en mejores maneras de educar para desarrollar la creatividad,  lo bonito que es la libertad y disfrutamos de la creatividad de Juan Luis Guerra en su canción La Guagua.  Pienso que si todos nos arriesgaríamos un poco más a pensar de una manera más creativa, el mundo sería un mejor lugar.

Espero que tengan una linda semana y nos vuelvan a visitar.  Ahora, a tomarme un té e intentar escribir 3,334 palabras para NaNoWriMo.

sábado, noviembre 6

Si yo pudiera hablar con el presidente.

Muchas son las cosas que pasan en Panamá y uno se siente impotente. Es en esos momentos cuando a uno le gustaría tener acceso hasta las altas esferas y decir unas cuantas cosas sobre lo que esta sucediendo. O tal vez que el presidente en un rato de ocio, si es que tiene, navegando por Internet se topara con este escrito donde podría decirle lo que que estoy pensando y lo que mucho me temo. 

La Real Academia de la Lengua Española define civismo como:  "Celo por las instituciones e intereses de la patria." al mismo tiempo celo es definido como: "Cuidado, diligencia, esmero que alguien poner por hacer algo." De modo que sentimos celo por aquellas cosas que realmente amamos, nuestra familia, nuestra casa, nuestra pareja, nuestro perro y en más de una ocasión nuestro país. 

El civismo no es algo que puede entrar con imposiciones o a la fuerza. Nadie te puede obligar a amar nada, puedes aparentar que lo amas, puedes fingir sentirte identificado o hasta disimular pasión, pero obligarte a sentirlo; nadie.

En días pasados por razones de las fiestas patrias, el presidente Ricardo Martinelli lanzó una fuerte critica contra los colegios privados que no salían a desfilar. Les llamó "yeyesitos" (fresas, niños bien, etc) y dijo que iba a obligarlos a desfilar. Como estamos acostumbrados a este tipo de gobierno de "simón dice" inmediatamente el sumiso ministerio de educación inició la reglamentación que obligara a todos los estudiantes a desfilar para, según sus propias palabras, "incentivar el civismo entre los estudiantes”.

En primer lugar y sin faltarle el respeto al señor presidente, él es el menos indicado para hablar de yeyesitos. Uno de los hombres más ricos de Panamá, aun antes de ser presidente, por lo cual estoy casi seguro que ninguno de sus hijos piso jamás una escuela publica, de modo que llamar "yeyesitos" a los muchachos que tienen la fortuna de recibir una educación privada, es irónico además de intentar calzarse unos zapatos que, sinceramente, no le quedan. 

Segundo, ¿se imaginan cuanto demoraría un desfile si desfilan todos los colegios? ¿se imaginan el gran deterioro que causaría a la calidad, ya caída, de los desfiles? Sería una locura.

Tercero, El civismo no se enseña con extorsión o con obligaciones. Esos muchachos y colegios que se vean obligados a desfilar no sentirán orgullo, no sentirán  felicidad de desfilar por el país, sentirán presión y chantaje y esos son dos elementos que ha nadie le gustan, con el tiempo asociaran una cosa con la otra; civismo con obligación.

Cuarto, el ministerio de educación tiene cosas más importantes que hacer, ponerse a reglamentar desfiles que ocurren una vez al año es una absoluta perdida de tiempo, deberíamos mejorar la calidad de estudios -y de estudiantes- deberíamos salir de ese sótano de vergüenza con una de las peores educaciones en latino américa, deberíamos ver que hacemos cuando de nuestros estudiantes solamente el 12% esta rindiendo lo que se espera. Esas cosas, creo yo, son mucho más importantes que si se desfila o no.

El civismo no se enseña con imposiciones, se enseña con el ejemplo. Se enseña al respetar los símbolos patrios no sólo en noviembre, también el resto del año, se enseña al cuidar nuestros recursos naturales, no venderlos a la primera minería con tal de obtener unos cuantos billetes, se enseña siendo respetuoso al hablar y dirigirse inclusive a aquellas personas que consideramos "enemigos" 

Señor presidente, usted más que nadie tiene el privilegio y la responsabilidad de enseñar civismo, enseñarnos a amar Panamá, a sentir celo por nuestras instituciones, a sentirnos orgullosos de ser panameños, pero eso es algo que no se consigue con palabrerías o golpes de fuerza. Se consigue si empezamos a lavar los trapos sucios en casa, si en realidad perseguimos la corrupción y no nos consolamos con decir que todos los países son corruptos, si respetamos la democracia y la constitución que son los principales pilares de nuestra nación.  
Los desfiles no enseñan patriotismo ni civismo; solamente reflejan el que ya tenemos. 

miércoles, noviembre 3

3 de noviembre de 1903: Adiós Colombia.

Historia es, desde luego exactamente lo que se escribió, pero ignoramos si es lo que sucedió.
Enrique Jardiel Poncela


Toda historia tiene dos lados, es una verdad conocida y reconocida. Nuestra historia patria no es la excepción. Hace algunos años caminando por las vitrinas de las librerías guatemaltecas, me topé con un título que inmediatamente captó mi atención: Adiós Panamá, 1903: el año que perdimos Panamá. Leer el nombre de tu país en la portada de un libro cuando estas fuera de él te obliga a comprarlo inmediatamente, eso hice. 

El libro fue innovador para mi perspectiva. Por muchos años en la escuela se nos enseñó sobre la gesta heroica que llevo a Panamá a separarse de Colombia a pesar de los intentos de los malvados colombianos por mantenernos atados a su nación, nos contaron que no nos atendían, que se olvidaban de nosotros y solamente aparecían para cobrar los impuestos. Obviamente era más que justificado el separarnos de ese “perversa” hermana nación. 

Sin embargo leer la historia desde la perspectiva de los colombianos es otra cosa. Hablan de intrigas internacionales, de ambición los Estados Unidos por construir un canal interoceánico, de injusticias internacionales y de dolor por un miembro amputado. 

El libro salió para el centenario de la separación y aun había palabras de lamento y queja por la forma en que se dieron los hechos. Y es que estoy absolutamente contento de ser panameño, sin embargo habrá que admitir que nuestra historia es por decir lo mínimo algo borrosa, mucho nos hemos jactado sobre nuestra separación sin disparar ni un solo tiro, sin embargo habrá que admitir que se dispararon millones de dólares y se utilizó la intimidación. 

No es por demeritar los hechos ocurridos el 3 de Noviembre de 1903, año en que nos convertimos en la soberana republica de Panamá. Sin embargo siempre es bueno recordar que la historia tiene dos lados, que no todo es como lo cuentan los libros de texto y que somos medidos con exactamente la misma vara que medimos aun cuando ni siquiera nos percatamos. 

107 años después de aquellos borrosos hechos podemos celebrar, no el hecho de habernos separado de unos crueles seres, pues los colombianos nunca fueron tales, sino la oportunidad que tenemos de ser un país independiente, una nación joven que lentamente sigue forjando su futuro. Ojala que dentro de ciento siete año más el porvenir haya dejado de ser una palabra para los eslóganes de campaña política y sea una realidad y podamos ver hacía nuestra historia con la frente en alto porque hemos justificado nuestra razón de ser un país, nuestra razón de ser Panamá.

viernes, octubre 22

De la vida y mis compañeros de viaje.

El recuerdo del mal pasado es alegre.
-Cicerón 

¿No les ha pasado? que justo cuando termina un periodo en la vida que creíamos desastroso e inútil nos damos cuenta que ha sido un tiempo de provecho, de lecciones, de momentos irrepetibles que nos dejaran grabados para siempre. La mala costumbre que tenemos como seres humanos de siempre estar mirando dos o tres años adelante nos hace perder la magia del ahora, la alegría del aquí. ¿Cuantas buenas amistades desperdiciamos pensando que siempre estarán allí que son prescindibles? hasta que un día faltan y como buenos humanos tardía y estúpidamente reaccionamos y nos damos cuenta que por más oscuro que haya sido ese momento, había algo que disfrutar justo allí, justo entonces. 


Me gustaría decir que he aprendido a amar el desarrollo de mi vida donde este y como este. Sin embargo, sinceramente aun estoy aprendiendo y luchando porque mi aquí y mi ahora sean mi mejor momento. Cuando vuelvo la mirada hacía los días que han pasado, recuerdo momentos y personas que quiza no aproveche de la mejor manera y me sorprendo a mi mismo añorando momentos y lugares que me juré no añorar jamás. Lo interesante es que no se añora por los lugares en si o por los momentos sino por las personas que estuvieron allí, los que te tendieron la mano, los de la palmadita en la espalda o el ¡Animo! protocolario. Y de pronto algo embona, algo cobra sentido.


Esta vida con sus altibajos, preciosa a su dura y cruda manera fue hecha para vivir en comunidad. No somos anacoretas por más que nos gustaría algunas veces y son precisamente esas personas, nuestros compañeros de viaje, los que con mayor tino pueden hacernos disfrutar el aquí, el ahora. Esos hermanos que hemos ido adoptando a lo largo del camino y a quienes, lamentablemente no llegamos a apreciar bien sino en retrospectiva. Es duro quedarse con las gracias, los te quiero, los "has sido de mucha ayuda" o los "ha sido bueno contar contigo" y me declaró culpable de tener una gran cuenta en contra, pendiente, esperanzado de algún día poder pagarla, algunas la he pagado de manera electrónica pero deja un extraño sabor. 


En resumen quiero decir que la vida es buena aun con aquellas cosas desagradables. Y que son las personas que nos acompañaran a lo largo del viaje quienes, si les permitimos, nos darán perspectiva y una mano cuando puedan. En resumen quiero agradecer a mis compañeros de viaje, los de ahora, los de antes, los de los ratos de ocio y los de los momentos duros, los serios y los relajados, los que me retaron y los que me hicieron sentir amado, a los que no pude entender y a los que aun no entiendo, los que me hicieron rabiar y los que me hicieron sentir valioso, los que me ayudaron aun sin darse cuenta y los que me ayudaron con toda la intención. 


Hoy no estaba muy seguro sobre que escribir, pero encontré entres mis notas un pseudo poema que escribí hace un par de años y me hizo pensar en todos mis compañeros de viaje. Si tú eres uno de ellos, Gracias.


(Para los amigos de los días oscuros y los soleados)

Aquellos días sí tuvieron luz pues tú la traías.

Yo, que jamás imagine añorar aquellos días,
me descubro de pronto deseando secretamente que vuelvan.

Y volver a pelear juntos aquellas batallas,
derrotar dragones, rescatar princesas.

Y reír una vez más de las mismas bromas,
tan gastadas pero tan frescas.
Llorar juntos por lluvia
y consolarnos con la idea del sol de mañana.

Fueron días oscuros, el sol salía sólo si quería.
Sin embargo, hubo luz, pues tú la traías.

jueves, octubre 14

Inconformidad y letras.

Las personas debemos el progreso a los insatisfechos.
-Aldous Huxley


Desde que Mario Vargas Llosa ganó el premio Nobel, esta hasta en la sopa. No me molesta el asunto pues en realidad Don Mario llevaba años mereciendo ese premio que tiene más prestigio que credibilidad. Desde que es un ganador del Nobel, he tenido la oportunidad de leer varias entrevistas, repasar discursos y frases poderosas extraídas de sus libros. Leyendo un artículo que escribió Jorge Ramos al respecto, me encontré con un fragmento de su discurso al ganar el premio de novela Rómulo Gallegos en 1967, figúrense desde cuando anda escribiendo el hombre, dijo: “la literatura es fuego, es una forma de insurrección permanente… todo escritor es un descontento” la frase no pudo pasarme desapercibida y se ancló en mi cabeza. 

Una cosa es querer escribir y otra, muy diferente, ser un escritor con cada una de las letras que conforman esa palabra (por allí he conocido un par de escriores y dos o tres escitores) Yo, obviamente, me encuentro en la primera categoría, deseando escribir, buscando la forma e inventando excusas para hacerlo. Sin embargo de tener razón Vargas Llosa tengo algo de escritor; el descontento. 

Soy de esas personas extrañas y mezquinas a las que nada parece satisfacer. Hace algunas semanas con unos amigos durante un juego de mesa alguien sugirió que una buena palabra para describir mi personalidad era exigente, para mi sorpresa una segunda persona lo apoyó y pronto todos estuvieron de acuerdo que definitivamente “exigente” debía ir ligado a mi nombre. La cosa me molestó y me hizo pensar un rato. ¿Exigente yo? 

Creo que a lo que se referían, espero, es a mi constante manía de llevar la contraria, de empujar, de no conformarme con los puntos preestablecidos y de aparentar tener convicciones inamovibles y profundos dogmas. Eso puede interpretarse como exigencia si cuando una persona aparenta estar absolutamente convencida de algo yo salgó con dos o tres argumentos para rebatirlos, los argumentos no siempre son buenos, pero sin excepción son bastante incómodos. Sin embargo a la hora de la hora, soy un ser cobarde, inseguro, dudando de todo y poniendo en tela de juicio lo que para otras personas son profundas convicciones. No siempre me gusta ser así. 

A veces me gustar no ser descontento con el mundo, con el gobierno, con la sociedad o que al menos no me importara tanto, que no me preocupara lo que ocurre en el Tibet o en Chile, no querer, estúpidamente, cambiar el mundo y hacerlo un mejor lugar. No es que sea un completo amargado, disfruto de la vida como es y me encanta estar vivo en el 2010 en Panamá, en el planeta tierra, en este universo. 

No obstante leer que Vargas Llosa habla de los escritores como seres “descontentos” me hace sentir un poco satisfecho, una de esas medias sonrisas –mitad orgullo, mitad vergüenza- asoma por mi rostro. No soy un escritor pero al menos en algo me parezco a ellos; soy un descontento.

viernes, octubre 8

Doscientas entradas después...

Lo peor es cuando has terminado un capítulo y la máquina de escribir no aplaude.
-Orson Welles


Ayer, llegamos a doscientas entradas. Doscientas entradas después podemos ver como hemos envejecido; en algunos casos para bien en otros para mal, doscientas entradas después a veces da un poco de vergüenza mirar los archivos y ver lo que opinamos sobre x asunto o la redacción que utilizamos en aquel párrafo.

Doscientas entradas después contrapunto sigue siendo un dialogo de amigos donde se han escuchado muchas voces: Joel, Mariqui, Isaura, Hannah,  Ariel y algunos más. Doscientas entradas después seguimos intentando hacer de la quinta pata del gato nuestra premisa y del inconformismo nuestra bandera. Doscientas entradas despues aunque no tenemos un eslogan que nos defina bien podría ser: “las cosas podrían ser mejores” y es que ese aire de aparente pesimismo no es más que la carga por la impotencia de poder hacer muy poco para cambiar el rumbo de este mundo.

Doscientas entradas después seguimos intentando saber exactamente que significa tener un blog, seguimos intentando descifrar si realmente podemos hacerlo y por supuesto seguimos soñando con escribir, con plasmar nuestras ideas en la pantalla y hacerlo de una manera atractiva. Doscientas entradas después aun no estamos seguros de haberlo conseguido.

Doscientas entradas después han cambiado nuestras prioridades, nuestras vidas, nuestros pesos y estados civiles. Doscientas entradas después aun nos cuestan encontrar la disciplina para escribir algo todos los días o al menos todas las semanas. Doscientas entradas después aun nos alegran cada comentario, cada palabra de ánimo o de oposición cada voz que se levanta reaccionando a lo que hemos escrito pues al fin y al cabo es lo que queremos lograr.

Doscientas entradas después queremos escribir otras doscientas.

lunes, octubre 4

Gracias por la vida

Aquí muere otro día. En el cual he tenido ojos, oídos, manos. Y el inmenso mundo a mi alrededor; Y mañana comenzará otro. ¿Por qué se me permiten dos? G.K.Chesterton

He estado pensando todo el día en que iba a escribir hoy. Tenía varias opciones y algunas me llamaban más que otras. Sin embargo durante la mañana mi computadora se murió (no es grave y en unos días debe estar en circulación de nuevo) y ustedes saben esa sensación de impotencia, de rabia, de perder las cosas que uno ha guardado allí o escrito con el sudor de sus dedos. Pensé entonces escribir sobre eso y quejarme un poco de las computadoras y lo inútiles que son cuando una piecita se descompone. Pensé escribir a una oda a los lapices de grafito que nunca tienen virus ni se les quema el cargador o se les desconfigura el sistema operativo.En fin pensaba escribir una entrada tan egoísta y materialista como lo soy yo aun sin darme cuenta. Una conversación en la tarde cambió mi manera de ver la avería de mi computadora y de paso cambió también este escrito.

Una de las ventajas que tenemos en el lugar donde vivimos (Hannah y yo) es una refrescante piscina. Y aquellos que conocen lo terrible que puede llegar a ser el calor de Panamá sabrán cuan especial resulta tener una de estas  cerca. El punto es que decidimos nadar hoy en la tarde antes de cenar y allá fuimos. Iríamos por la décimo segunda vuelta cuando se acercó hasta la puerta de la piscina un muchacho. Saludó con un escueto buenas tardes y luego se inclinó hasta el piso como orando. Hannah y yo nos miramos y nos preguntamos quien era y qué querría. Se presentó, dijo ser  hermano de un muchacho que he conocido por un tiempo y me dijo que necesitaba hablar conmigo pero que no podía hacerlo delante de mi esposa sino sólo conmigo.Obviamente me sentí un poco nervioso pero salí del agua y le acompañé hasta afuera.
-Estoy drogado- empezó, creo que no pudo escoger peores palabras para empezar, sin embargo no le di importancia al asunto y me decidí a escucharlo esperando que en cualquier momento me pidiera dinero o algo más. 

Sin embargo en vez de eso me contó lo mal que se sentía por haber recaído en las drogas, lo solo que estaba y lo mucho que temía que su familia ya no le quisiera porque había recaído. Al escucharlo, las palabras se me amontonaban en la garganta y no sabía por donde empezar. Me contó que hace apenas unas semanas le habían matado un primo y que temía le buscaran a él también. Mientras hablaba metió su mano derecha en el bolsillo y extrajo tres "carrizos" de cocaína.Tal vez no me crean, pero era la primera vez que veía algo de cocaína frente a mi. Pensé que él quería tomarla en ese instante y le hice la advertencia de no hacerlo allí delante de mi. Él me dijo: -No, voy a tirarla- y sin decir más se levantó y los tiró en una pequeña quebrada que pasaba detrás de nosotros. 

Me habló de sus sueños, sus miedos, sus frustraciones. Tiene veintiún años y esta atado al vicio de las drogas,  tiene veintiún años y piensa que su vida acabo. Le animé a seguir adelante y le envié donde una persona que realmente podía ayudarle. Su nombre y su historia se ha quedado dándome vueltas en la cabeza. Y al comparar sus problemas con los míos me doy cuenta cuan ridículo soy.  

Vivo, bueno lo más probable es que usted también, así que reinicio; Vivimos llorando por pequeños problemitas, somos como niños que lloran por horas porque se rompió su juguete favorito, el cual ni siquiera recordaran tres días después. Se me daño el carro o se quemó mi computadora y mi mundo se viene abajo. No nos damos cuenta de lo mucho que tenemos aun cuando perdimos un poco. 

Mi vida es rica y esta llena de bendiciones. No tengo todo lo que quisiera pero tengo todo lo que necesito y muchísimas cosas más. Yo que pensaba quejarme de mi computadora y termine agradeciendo a Dios por mi vida.

domingo, octubre 3

¿Yo también quiero escribir?


Creo que a todos nos ha pasado alguna vez que lo que más queremos (o creemos querer) se nos vuelve distante, difícil, o hasta desagradable.  Eso para algunos es suficiente motivo para dejar de perseguirlo. Según he observado -abandonar los sueños, por difíciles que sean, puede resultar en una frustración que dura toda la vida.  Uno queda con esa sensación que –pudo haber hecho algo más, si hubiera seguido intentándolo.

Así que, para evitar ese tipo de frustraciones duraderas, yo sigo persiguiendo el sueño efímero, que a veces siento que se me escapa del todo, el de escribir.  Contrapunto siempre ha sido más que nada una larga conversación entre amigos.  En algún momento, aunque no ha perdido se naturaleza de conversación, también se ha convertido en el espacio en que nuestras ideas y sueños de escribir toman forma y esperan llegar a algo más.

En honor a nuestros sueños duraderos (y a la necesidad, a veces, de hacer las cosas por obligación) hemos decidido que vamos a escribir algo todos los días en octubre (en Contrapunto o mi otro blog).  Es un reto mucho más difícil de lo que pareciera. ¡Es increíble como se pueden acabar las ideas y la inspiración en los momentos menos deseados!  Pero, hemos aprendido de personas más sabias que a veces, hay que escribir aunque no lo sintamos.

La verdad es que hoy he sentido esa falta de creatividad (más que nada porque estoy escribiendo pruebas de unidad y planes de lección para la escuela y eso puede resultar en un tipo de escritura muy aburrido) y estoy escribiendo esto porque es algo que nos propusimos, no porque tenga muchas ganas de hacerlo ahora mismo.  Así que, espero poder lograr la meta y no arrepentirme cuando lleguemos a eso del diecisiete de octubre y me encuentre completamente sin inspiración.  Porque en realidad, sí quiero escribir (creo).

sábado, octubre 2

Quiero escribir

"No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo" Oscar Wilde

Una de las ventajas de escribir en este blog, aparte de que es el único lugar donde puedo publicar, es que no tenemos un horario ni un límite de temas, palabras, frecuencia, ni ninguna otra cosa por el estilo. Prácticamente es un blog anárquico, aunque luego de cuatro años hemos podido aprender que siempre vamos a escribir más o menos de algunos asuntos puntuales: Teología, política, libros, películas y una que otra experiencia “extraña”.

Contrapunto nació más bien de una amistad y es por eso que resulta tan “falto de reglas” pues nació con la idea de ser una conversación entre amigos, entre personas que les gusta encontrarles quintas y sextas patas a cuantos mamíferos se crucen por su camino, porque era una forma de comunicarnos sin escribirnos largos correos. De vez en cuando hemos tenido amigos que cruzan y dejan su opinión, su escrito y por supuesto su huella.

Escribir es sin embargo una tarea mucho más exigente que sólo escribir de vez en cuando. Implica mucho más que cruzarse de brazos y esperar a que caiga un buen tema. A veces hay que escribir sin tema, a veces sin ganas y a veces sin ninguna de las dos cosas. De modo que hemos decidido hacer de Octubre un mes especial y experimental (para nosotros).

La meta es escribir algo cada día. Y quien sabe a lo mejor haga de este contrapunto un mejor blog o por lo menos más interesante. No sé si todas mis entradas irán aquí –Tengo otro blog que tengo mucho más descuidado y quizá sea momento de rescatarlo- pero por lo menos la intención esta de escribir más aun con menos ganas.

Gracias de antemano a todos los que se tomaran el tiempo de echarle un ojo (o dos) a todas las locuras que llenaran este espacio, a los que se detengan a comentar o a aquellos que simplemente lleguen por error aquí (buscando mejores cosas) y se queden un rato a leer.
Esta es la segunda entrada de octubre. Espero que al final haya treinta y uno. Ya veremos.