
Mas tarde, fui a un albergue para personas sin casa. Con unos amigos preparamos y servimos una cena fantástica de hamburguesas, hot-dogs, pollo, ensalada de papas, pasta, arroz, y postres de todo tipo. En realidad fue un acto muy generoso por parte de mis amigos.
Después, una de mis amigas se sentía frustrada con lo que habíamos hecho. "No los va a ayudar, eso no los va a ayudar salir de la trampa de pobreza y drogas. No pudimos tener conversaciones reales con ellos, fue tan superficial. En serio, no se si quizás estábamos gastando nuestro tiempo, energía, y dinero. Solo somos un grupo de jóvenes idealistas que piensan que sus buenas intenciones pueden ayudar a los demás." Por allí iba lo que ella estaba sintiendo.
Yo la escuche, y no dije nada. Me sentí --no se como decir esto-- mayor. Hace un par de anos, yo era ella, yo hubiera salido de ese evento con la misma frustración y las mismas criticas. Y por una parte yo me siento igual, pero es diferente ahora. Creo que veo estas cosas de otra manera. Es como el hombre sentado en la banca con las palomas, eso no se ve todos los días y me alegro el día.
Yo se que una buena comida no va a solucionar los problemas complicados de esas personas pero, se que estar presente con ellos los regala un poco de dignidad y a nosotros nos debería de llenar de gratitud por todo lo que tenemos. No es el idealizmo que cree que nosotros somos los que podemos resolver los problemas de los demás, pero es el reconocimiento que todos, al igual que nosotros, necesitamos que otros nos acompañen en el camino (aun cuando no somos compañía muy agradable).
Lo curioso es que hace poco tuvimos una fiesta en mi casa y en realidad todo era muy parecido a lo que hicimos ayer en el albergue solo que las personas invitadas eran amigos o amigos de amigos. Tengo que confesar que lo que sentía mi amiga ayer, yo sentía después de esa fiesta. Yo me preguntaba cual era el propósito de tener un evento así, sentía que las conversaciones eran superficiales, y no podía ver que era lo bueno de tener un evento así.
Creo que la respuesta es la misma en los dos casos. La vida esta para compartirla y no importa con quien, el sencillo acto de compartir juntos es valioso. Claro, creo que siempre deberíamos luchar por que nuestros actos y nuestras palabras sean para bien, pero lo bueno no siempre tiene medida exacta.





