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lunes, diciembre 20

20 de Diciembre 1989: Prohibido recordar (sin reflexionar)

Jamas hubo una guerra buena o una paz mala.
Benjamin Franklin

Tendría yo cinco años y muy poca idea de lo que estaba ocurriendo en el mundo. Ese año había entrado a la escuela y me encontraba perceptiblemente decepcionado porque ese templo del saber el cual debía darme las llaves de la lectura y la escritura se había limitado a darme unas cuantas tontas tareas de rellenar frutas con bolitas de papel crespón o hacer círculos infinitamente aburridos. De modo que no es mi culpa si por aquel entonces no entendí nada de lo que estaba ocurriendo, si mi mente, que ya empezaba a mostrar signos del lavado cerebral escolar, no pudo percibir la magnitud de los hechos que se desarrollaban en todo el país. 

La invasión de Estados Unidos a Panamá ocurrió hace veintiún años. Los recuerdos que tengo al respecto son confusos, recuerdo aviones volando bajo, recuerdo tanquetas y soldados desfilar frente a la casa, recuerdo bolsas de comida para soldados las cuales eran divertidísimas pues nunca se sabía que tendrían adentro y recuerdo también la captura del “hombre fuerte de Panamá” un pobre tipo cansado y ojeroso que de fuerte no tenía nada. Recuerdo la indignación de algunos nacionalistas y el júbilo de otros. 

La verdad mucho de lo que he entendido con respecto a la invasión ha sido en retrospectiva. Muy a mi pesar nunca fui un niño genio y los mecanismos de la invasión y las razones por las cuales se llevo a cabo escapaba completamente de mi mente donde todas las personas se dividían en malos y buenos. Hoy sigo sin ser genio pero he podido entender que la invasión a Panamá es uno de esos hechos demasiado complejos como para tomar una postura inamovible. 

Mi parte nacionalista brinca indignada ante la idea de justificar la invasión, pero mi parte práctica y realista debe admitir que la invasión o alguna otra cosa grande debía ocurrir para encarrilar nuestro desenfrenado país. Imposible justificar las miles de muertes, aun no hay una cifra exacta y probablemente nunca la habrá de cuantos civiles murieron, imposibles justificar el abuso de poder y la destrucción para capturar a un hombre. Sin embargo tampoco se pueden justificar las muertes causadas por la dictadura o el abuso de poder por parte de Noriega. 

Y es allí donde uno debe poner un alto y más que intentar decidir si lo que ocurrió fue bueno o malo, si debió o no ser, tomar notas de las lecciones, apuntar, señalar, recordar e intentar que no vuelva a suceder. Que el poder corrompe que debemos pensar y no solamente dejarnos llevar los jingles bonitos durante la campaña o las gorritas que se regalan. Recordar que la democracia que vivimos, a pesar de lo maltrecha y herida que esta, no es producto de la casualidad sino que fue pagada a precio de vida y sangres de miles de panameños, por eso, por ellos debemos recordar el 20 de diciembre, por eso, por ellos la hora de ejercer el voto debe ser a conciencia, por eso por ellos es que está prohibido olvidar. Por eso, por ellos más que una fecha para despotricar contra los Estados Unidos, contra Noriega o contra quien sea es una fecha para recordar con solemnidad e intentar por todos los medios que nunca más vuelva a pasar.

martes, noviembre 2

Panamá en el Día de los Difuntos

Hoy se conmemora el Día de los Difuntos en Panamá. Cada 2 de noviembre las personas van a visitar las tumbas dónde descansan sus abuelos u otros familiares quienes se hayan ido al cielo. Muchos van y aprovechan esta oportunidad para limpiar y dejar algunas flores en memoria de su abuelo, abuela, padre, madre, hermano, hijo, o amigo que ya dejó esta vida.

En los medios de comunicación ya se anunció que el Alcalde de Panamá, dejó prohibida la venta de bebidas alcohólicas todo el día 2 de noviembre; tampoco se permitirán las fiestas bailables so pena de multa. Con la intención, seguramente de aumentar la seguridad en la ciudad y respetar las conmemoraciones solemnes que se llevarán a cabo este día.

Mientras pensaba en esta conmemoración, también pensaba en las celebraciones del mes de la patria. Uno se pudiera preguntar ¿por qué visitamos a los muertos si sabemos que ya no están con nosotros? De igual manera, uno se pudiera preguntar ¿por qué honramos la patria? Hoy en la Prensa Gaspar García de Paredes escribió el artículo “Pensando en noviembre…” en la cual reflexiona sobre la manera en la cual festejamos al país y se pregunta:
Si la patria fuera la “madre” que algunos dicen que es… ¿Estaría ella más interesada en decoraciones que en acciones? ¿Estaría ella más contenta de saber que recordamos su fecha o en ver que hacemos algo por ella?
Aquí se conmemora el Día de los Difuntos pero en Canadá es el Día de la Remembranza, el 11 de noviembre y en Estados Unidos el último lunes en mayo es el Día de la Memoria. Me parecen muy interesante los términos. Pues aquí, el Día de los Difuntos le da un tono un tanto pesimista a la muerte, es como si ya se acabó y ya. Pero, si se ve como un día para traer a la memoria a las personas que han dado sus vidas por el país y la libertad, se convierte en algo que sigue con vida, algo por lo cual uno también tiene algo de responsabilidad de proteger.

¿Qué quisieran nuestros familiares y amigos difuntos que hiciéramos por ellos? ¿Sencillamente limpiar sus tumbas y dejarles algunas flores? ¿Cómo podemos recordar a nuestros seres queridos de una manera que deje un impacto en esta vida que seguimos viviendo? Me gusta la reflexión de Gaspar en la que dice:
¿Y cómo servimos a la patria? Sencillo, haciendo lo que hacemos de la mejor forma posible; cultivando el orgullo de hacer las cosas cada nuevo día mejor de cómo lo hicimos el anterior; esforzándonos porque nuestra vida tenga un impacto positivo en nuestro entorno (en el hogar, en el trabajo, en la comunidad, etc.); procurando el bienestar colectivo y no solo el individual; aportando, contribuyendo, produciendo, desarrollándonos profesional y personalmente, siendo el modelo que deseamos que otros imiten...Todo esto y más, todos los días –no sólo cuando el calendario nos recuerda que es un día patrio.
Tampoco deberíamos recordar los ejemplos de nuestros ante-pasados sólo en el Día de los Difuntos, creo que el principio es igual. Debemos honrar a las personas que vinieron antes de nosotros, todos los días. Creo que a su manera el Día de los Difuntos tiene un significado importante y honrar (recordar sobre todo) a nuestros padres y abuelos es algo que nos da identidad y perspectiva en nuestras vidas.

martes, julio 7

rompiendo el silencio


[Mi silencio no se debe a nada. Bueno, miento. Mi silencio se debe a tantas cosas que no puedo escoger una como “la culpable”. Iba a decir que me falta material para escribir pero eso es, una vez más, mentira. Tengo un exceso de material. Iba a decir que me falta tiempo pero eso tampoco es muy cierto, el tiempo existe para usarse como a uno le parece y resulta que no la he utilizado para escribir aquí. Me iba a disculpar por no escribir pero, después me di cuenta que tal vez nadie iba a leer esto, no es que en realidad alguien note mi ausencia en este mundo cibernético. Así que resulta que la disculpa es para mi ego. ]

Así que sin orden en especial, algunas de las cosas que he estado pensando, leyendo, y viviendo en estos días…

Estoy leyendo un libro ahora mismo que se llama Rilke y Andreas-Salomé: Una Historia de Amor en Cartas. Me encanta. Como resultado de leer este libro me he sentado a escribirles cartas a algunos de mis amigos. Hay pocas cosas tan especiales como recibir una carta, escrita con la mano propia de una persona que quieres. Creo que escribir cartas es un arte literario. Existen ensayos, novelas, poesía, etc. pero creo que las cartas son una categoría literaria diferente a todas las demás. Bueno, eso es lo que yo pienso.

He estado pensando en la naturaleza de la “fe”, de donde proviene y como se consigue. Es extraño, es como si las personas que la consiguen son aquellas que tienen fe que se puede tener fe. Es un misterio.

También he estado pensando que la “hospitalidad” es un acto espiritual. La “hospitalidad” se define como; “acogida y asistencia a los necesitados” y el “recibimiento afectuoso que se hace a los visitantes.” Para mi, invitar a alguien a comer, a conversar, a descansar en mi presencia o en mi hogar es uno de las cosas mas bonitas en la vida.

Se dice que “Se llama hospitalidad al acto de dar hospedaje a peregrinos, menesterosos y desvalidos, recogiéndolos y prestándoles la debida asistencia en sus necesidades…La hospitalidad se consideraba entre los antiguos como la mayor de las virtudes y era un deber ejercerla con los extranjeros, viajeros y desconocidos…en el Occidente ha pasado a ser un ejercicio oneroso, debido a la abundancia de relaciones y a la multiplicidad de viajeros. “

Creo que es cierto, la hospitalidad no existe como antes, si vamos a comer bien vamos a un restaurante, si queremos un ambiente relajante vamos a un resorte, se nos ha olvidado como crear espacios hospitalarios en nuestro diario vivir. No se, lo sigo pensando…

Aunque vivo en una ciudad repleta de arte y cultura siento que puedo disfrutar de muy poco de todo lo que se ofrece aquí. Pienso aprovechar mas de lo que se ofrece aquí… eso incluye explorar mis nuevos intereses en cosas tan varias como el Capoeria de Brasil y comida exótica. En realidad, creo que la “cultura” es tan amplio incluye tantas cosas como la música y el baile, la comida, las artes visuales, el cine, los idiomas, la literatura y poesía… me siento asombrada a la variedad de culturas que pudiera explorar sin irme de esta ciudad.

He descubierto mucha musica recientemente. En los últimos meses he estado disfrutando de la música ‘acústica/indie’ que es un fenómeno muy –no se como describirlo—es bonito. A mi me gusta. Pero, hay mucha mas “cultura” que me gustaría explorar y disfrutar... y quizás compartir aquí.

En los eventos de la actualidad tengo que confesar que estoy asombrada con la cantidad de personas sin hogar aquí en esta ciudad, tambien estoy viendo asombrada y triste los sucesos en Honduras y en la China, me rompe el corazón saber que siguen muriendo muchas personas inocentes por guerras y sida en África e intento no ser indiferente a las tensiones en Irán, Iraq, Pakistan, e Israel…es posible ser un ciudadano del mundo?

lunes, febrero 16

Si la muerte pisa mi huerto...

El día estaba un poco más soleado de lo normal. El llanto de los familiares y el sol inclemente hacían de aquello una escena bastante tétrica. -Demasiado irreal- me dije a mi mismo. -o demasiado real- corregí al pensar que esto era la vida misma y no una tonta película.

Caminaba al lado de mi amigo y le abrazaba pues como era lógico debía tener el corazón en mil pedazos, su padre había muerto y le acompañábamos en su dolor. ( ¿en verdad?) Al empezar a descender la loma que nos llevaría hasta el lugar donde depositarían el ataúd, el ambiente empezó a llenarse de conversaciones triviales:

-Estas sandalias las conseguí en X y están a medio precio...
-¿Vamos a verla en el cine o esperamos el dvd?
-a Carlitos le va de lo más bien en la escuela...

-¡Que irreverentes!- quise reaccionar hipocritamente, pero pronto me dí cuenta que yo mismo tenía planeado con exactitud lo que haría al salir del entierro y lo que haría al día siguiente y hasta una semana después. "la muerte no puede detener a la vida" pensé. "La vida es una fuerza demasiado grande para que la muerte la detenga" Observé un momento a mi amigo que ahora se hallaba un poco más tranquilo y caminaba arrastrando los pasos y con los ojos fijos en el suelo. Para él su mundo estaba detenido, su vida estaba detenida, acababa de perder a su padre y cualquier palabra que pudiera decirle era inútil, la muerte había detenido su vida al menos por un tiempo.

Mi vista empezó a leer las diferentes lapidas y a hacer los consabidos cálculos matemáticos para saber la edad de los fallecidos. Veinte, ochenta, cincuenta años todos buenos padres o buenos hijos (al menos eso decía la lapida) reposando a tres metros bajo tierra. Imaginé entonces el día del entierro de cada uno de ellos, el llanto, la desesperación, el dolor, el "mundo detenido" y sin embargo estoy (casi) seguro que la vida también ha seguido para sus familiares, para sus amigos, para todos aquellos que lloraron su partida o vieron su mundo detenerse por su muerte.

Empecé las trilladas reflexiones sobre "la muerte como parte de la vida" y pensar insistentemente "él esta mejor". Me despedí de mi amigo con un abrazo y un "sabes que cuentas conmigo, cualquier cosa llámame" y me detuve en las cavilaciones de lo que sera algún día, pero todavía no es, en lo que ocurrirá el día que la muerte llegue hasta mi. Es cierto, yo tengo una esperanza mucho más grande y a pesar del respeto que le tengo, la muerte no me causa temor. Aun así la muerte siempre me pone a pensar y provoca en mi textos como este, sin sentido practico y sin moraleja, solo plasmando las confusiones de mi alma.

Ariel

jueves, marzo 20

Derecho, obligación o privilegio.

“La vida es un derecho no una obligación” Mar adentro
“Apaga la luz y después apaga la luz” William Shakespeare “Otelo”

La Eutanasia ha sido un tema polémico sobre todo en los últimos años. La discusión sobre el derecho o falta del mismo que tiene una persona para terminar con su vida se ha convertido de repente en un difícil dilema ético.
La mayoría de los países tienen sanciones concretas para aquellos que atentan contra su vida. Sin embargo la eutanasia viene a alterar un poco (sino las reglas) la percepción en cuanto a este complicado punto. (De hecho solo hay dos países en el mundo que contemplan entre sus leyes la eutanasia: Holanda y Bélgica, en ambos casos tienen estrictos reglamentos sobre como debe ser el procedimiento de petición e inclusive de la muerte misma.) Si tomamos a la ligera una posición en cuanto a este aspecto se puede dictar que la eutanasia es un acto tan condenable como el suicidio.
Sin embargo en esta vida son muy pocas las cosas en la tomar una posición a la ligera es lo más sensato. Una persona que opta por la eutanasia esta optando por acortar su vida que de por si ya ha sido acortada por alguna enfermedad terminal o que lo disminuye físicamente o intelectualmente. Es fácil decir que es lo correcto y que no, cuando se ven los toros desde el graderio. Se puede sin duda señalar que una persona cuadraplejica debe luchar por su vida y disfrutarla de la manera en que pueda, aunque su vida se limite a mover la cara y el cuello. Se puede decir sin duda que la cruz de otra persona no es tan pesada, mientras no la cargue uno mismo.
Viéndolo a simple vista (enfermiza costumbre de simplificar) se tiene dos opciones: o se esta de acuerdo con la eutanasia o se esta en contra. Sería buena tercera opción, sin embargo no concibo vislumbrar en el horizonte cual podría ser esta opción. Mis principios cristianos y mi confianza en un Dios soberano me dan una perspectiva de la vida que espero sea suficientemente fuerte aun si en un momento la eutanasia llega a ser una opción viable en mi vida. Sin embargo no todos son cristianos y no tienen la misma óptica vida. ¿Los juzgo bajo mis principios? Me parece injusto. ¿Lo tolero sin más? No me parece correcto.
Estar conciente que ningún caso es igual que el otro, que no hay manera que desde mi palco de espectador yo pueda tomar decisiones en cuanto a lo correcto e incorrecto en las vidas es lo que me queda. No puedo jugar a ser Dios (nadie puede hacerlo) “la vida es un derecho no una obligación” compartía este pensamiento con mi madre antes de sentarme a escribir ella me contesto con esta sabias palabras “la vida es un privilegio…”
Eterno misterio, alejada sabiduría… ¿Qué piensas tú?

domingo, diciembre 2

La muerte.

La muerte ha sido un tema recurrente en mis últimos días. Cuando hace unos segundo decidí sentarme a escribir, pensaba hacerlo sobre otro tema, menos complicado. Sin embargo unos cuantos párrafos me hicieron regresar al tema que se ha estado planteando una y otra vez delante de mi: La muerte.
Hace algún tiempo conversaba sinceramente (de corazón a corazón) con una amiga sobre la muerte y lo que significaba para nosotros. Esa misma tarde realice mi rutina de recorrer las escasas librerías y tuve entre mis manos con toda la intención de comprarlo un libro de José Saramago titulado: Las intermitencias de la muerte. Y a lo largo de estos últimos días de una u otra manera la muerte aparece en mi vida. Lo que obviamente me ha llevado a pensar en mi manera de verla.
No le temo a la muerte es definitivo. Pensar en mi desaparición (física) de esta tierra no me aterra en lo más mínimo. Quizás el dolor o el sufrimiento me causan algunos resquemores pero el dejar de existir no me espanta. Tampoco es que lo desee, me siento muy bien ocupando este cuerpo flaco y ultimamente algo enfermo pero que no deja de ser cómodo. Al punto que quiero llegar es que la muerte en si (si llega a ocurrir) no me preocupa cuando se trata de mi muerte.
Sin embargo al hablar de la muerte de alguien a quién yo quiera es otra historia, el solo hecho de dejar deslizar la idea por mis pensamientos es dolorosa. pero entonces ¿A qué se debe que tema su muerte y no la mía? puedo considerar varias opciones: Egoísmo puro quizás, es decir mi muerte no significa un dolor para mí ni algo con lo cual deba lidiar; muerto no siento, no sufro (espero) en cambio el sobrevivir a la separación es lo doloroso. Una vez más eso puede ser un acto egoísta, lloro y sufro porque esa persona ya no esta conmigo aquí en la tierra aunque eso signifique que se encuentra mejor. Lloro y sufro no por la otra persona, lo hago por mi, porque he sido lastimado, porque de pronto me siento desamparado, porque he perdido algo. O quizás lloro porque me doy cuenta de que en algún momento me tocara a mi.
No sé creo que la muerte puede ser vista de muchas formas y por lo tanto tomada de la misma manera. Hay quienes prefieren ni siquiera tocar el tema. Creo que la muerte es parte de la vida, y que como tal hay que respetarla más no temerla y saber que si bien es cierto nos duele perder a alguien cercano, al morir queda en mejores manos que las nuestras.
Solo quería pensar un rato sobre la muerte. ¿Qué piensas tú?