Mostrando entradas con la etiqueta Conflicto. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Conflicto. Mostrar todas las entradas

miércoles, junio 1

De porque no creo en los ateos.

"Prefiero equivocarme creyendo en un Dios que no existe, que equivocarme no creyendo en un Dios que existe. Porque si después no hay nada, evidentemente nunca lo sabré, cuando me hunda en la nada eterna; pero si hay algo, si hay Alguien, tendré que dar cuenta de mi actitud de rechazo."
Blaise Pascal

Ya sé que el ateísmo está de moda al igual que la tolerancia. De modo que en este artículo probablemente me salte las dos vallas. No obstante confió en que todos aquellos ateos sepan perdonar y tolerar mi falta de fe en el ateísmo. también soy consciente de las prohibiciones en cuanto charlas sobre política y religión así que por favor: sepan tolerarme. 

Respeto muchísimo a los ateos con cinco dedos de frente. Aquellos que tienen argumentos tan buenos que definitivamente estremecen un poco tu mundo. Respeto a aquellos que genuinamente se han tomado el tiempo de leer, conocer y acercarse al Dios que intentan negar. Los respeto por su forma consecuente de pensar. Es decir respeto a los que tienen convicción y no lo hacen por moda. 

Pero seamos sinceros, hoy en día se ha levantado una serie de ateos de papelillo sin más argumentos que algunos tuits leídos por acá o por allá y sin más ideas que las extraídas de Wikipedia. Personas que dicen odiar a Dios ¿cómo pueden odiar algo que no existe? Y dan coces furiosas contra la iglesia y todos sus feligreses acusándolos de todo. Ateos de papelillo, insisto. 

Es imposible que defienda a la iglesia. Han actuado mal por muchísimos años y bien merecido se tienen la mala fama que se han labrado. Los católicos con los horribles casos de pederastia, los evangélicos con su complejo de ser perfectos, los adventistas con sus fines del mundo incumplidos, etc. La iglesia, reconozcámoslo ha fallado horriblemente en su papel de ser “representantes de Dios en la tierra”. No confundamos la cosa. 

Pero no podemos juzgar la idea por la ejecución. Chesterton dijo una vez: “Creo en el liberalismo, pero en una época de rosada inocencia también creía en los liberales” a mí la frase me ha fascinado pues creo que cala con perfección en lo que se puede decir de los cristianos hoy en día. Es difícil creer en ellos pero no por eso Dios deja de tener validez y sentido. Los ateos de papelillo sin embargo se dedican a despotricar en contra de la iglesia como si demostrar sus falencias anulara la existencia de Dios. Tenemos años de tener pésimos políticos y malísimos gobiernos pero muy pocos se cuestionan la validez de la democracia. Por ejemplo. Es más yo mismo puedo señalar un sinnúmero de errores de la iglesia y aun así creo en Dios. 

Tampoco la intención de este escrito es presentar defensa de Dios. Creo en Dios, sí, pero también creo que él puede defenderse muy bien. Mi intención más bien es apuntar a esa ola de ateos de mentira sin más argumentos que la rabia contra el sistema o contra la iglesia , contra algún grupo o por simple moda, para ser los más “cool”. Seamos serios por favor. 

No tardara uno en venir diciendo: -Si Dios existe ¿Por qué tanta maldad en el mundo?- bueno, esa es una de las preguntas difíciles, si lo aceptamos como un argumento valido aun así solo demostraría que no hay un Dios bueno dejando abierta la opción a un Dios malo o mejor aún a un Dios incomprensible para nosotros. Aunque hay mejores respuestas para esta hipótesis. 

En resumen lo que quiero decir es: Si van a creer o dejar de creer que sean por razones de peso más que una simple moda o un simple parloteo de loros. Que sea por convicciones. Tenía que sacarme esto del pecho, he estado leyendo demasiados tuits desatinados. 


Yo por mi parte creo en Dios. Pregúntame porque.

sábado, mayo 7

Sobre la muerte de Osama y el show mediático.

Estoy de acuerdo en que las sociedades decreten abolir la pena de muerte; pero que empiecen por abolirla los asesinos.
Jean Baptiste Alphonse Karr

Llámenme cínico, si quieren,  pero aquello de: "todo muerto es buena gente" nunca había sido tan real. Me he mordido los dedos por varios días para no escribir sobre el asunto pero después de escuchar todo tipo de versiones algunas disparatadas y otras bastante acertadas me decidí a dar mi punto de vista. Total como dice el presidente estamos en un país de total libertad de expresión y quiero sumar mis ideas a las de otros miles de twiteros, blogueros y facebokeros. 

Partamos de un hecho. No voy a defender la política de Bush o de Obama ni ha hacerme el loco ante las crueldades cometidas en la guerra de Afganistán e Iraq. Es cierto, ha sido cruel, ha sido inhumano y si pudiera compararse una cosa con otra quizá hasta peor que lo ocurrido el once de septiembre del fatídico año. Pero no hay punto de comparación pues una masacre no justifica a otra de modo que vamos tablas.

Aun así me he quedado boquiabierto al ver la reacción de muchas personas a los cuales les ha faltado poco para canonizar a Osama y decir que el pobre no merecía morir. Una victima del imperio. ¿Y cuando se muere  Bush? preguntan otros todavía más perdidos. Y es que de pronto Osama merecía una oportunidad de regeneración (para ser regenerado y perdonado es necesario estar arrepentido y no creo haber visto ni una pizca de eso en el señor Bin Laden)Merecía un juicio dicen otros. ¿Cómo se atreven a matarlo sin que un Juez le pegue al  mazito y diga: -Señor Bin Laden es hallado culpable de todos los cargos- y luego ¿qué? 

¿Recuerdan que Osama Bin Laden declaró la guerra a todos los infieles? Por si no lo sabían a menos que seas un árabe ultraortodoxo eres un infiel y la guerra también es contigo o contra ti, de modo que no estamos hablando de un criminal cualquiera, estamos hablando de una victima de la guerra donde todas las muertes son injustificables pero son parte de ella,  de modo que no sé cual es el afán de soltar las campanas al viento.

Y es que es ridículo, si se hiciera la misma bulla por cada niño que murió durante la guerra o por cada persona que muere siendo inocente porque a algún maleante le dio la gana, diría que nos hallamos ante un mundo ultra solidario que se preocupa de la muerte de cualquier persona. Sin embargo la gente muere todos los días sin realmente merecerlo y pasamos de largos, más preocupados por los sombreros que usaron en la boda real o por las veces que el Barcelona va a humillar al Real Madrid. Y de pronto muere uno de los hombres más malvados que con sangre fría planeó matar a miles de personas y cambiar la historia para siempre y todos brincan a defenderlo. Pura farándula. La única diferencia de este señor con cualquier otra victima es que le conocíamos la cara y tenía mayor proyección en los medios. 

Tampoco creo en aquellos que se golpean el pecho y dicen: ¡justicia divina!- ni siquiera es justicia humana, si acaso llega a ajusticiamiento. Tampoco es el fin del terrorismo ni nada por el estilo. Hittler murió hace años y el nazismo aun respira con fuerza. Ni mucho menos apruebo el salir a las calles a celebrar la muerte de una persona. Pero no nos distraigamos del punto. 

Osama era una persona malvada. Con la oportunidad de arrepentirse, sí, pero no lo hizo. Era un ser humano, sí, pero con una tendencia al mal terrible, merecía un juicio, probablemente, pero ya me imagino a los defensores de los derechos humanos pidiendo que lo pusieran en una celda a todo lujo con Jacuzzi, tv por cable y wifi.

Y es que al final no se puede justificar la guerra. No se puede justificar ni una sola muerte, todas son lamentables. Pero creo que peor que matar al señor Bin Laden era cruzarse de brazos y esperar a que estrellara todos los aviones que le placieran. O si no pregúntense, sinceramente, ¿Cómo hubieran reaccionado si la muerte de este señor ocurría el doce de septiembre del 2001?

 Por lo menos no seamos hipocritas.

miércoles, mayo 4

Paz mundial y otros logros de cuarto grado

"El juego de Paz Mundial se trata de aprender a vivir y trabajar cómodamente con la incertidumbre" -John Hunter

Ayer vi un video en TED de un maestro que se llama John Hunter.  El video y lo que él ha logrado con sus estudiantes me dejó inspirada y retada.  Él estaba hablando sobre un documental "World Peace and Other 4th Grade Achievements" (Paz mundial y otros logros de cuarto grado) que acaba de salir en cuanto a un juego de simulación política que él desarrolló.


John Hunter es un músico, maestro, y diseñador de juegos que sueña con la armonía entre personas.  Él estudió religiones comparativas y filosofía mientras viajó por Japón, China, y la India.  Inspirado por la filosofía de Ghandi empezó a pensar en el papel que juega el maestro en crear más paz en el mundo.  

En su papel como maestro desarolló un juego que llamo "The World Peace Game" (El juego de paz mundial) en la cual en la cual los estudiantes hacen una simulación de todos los problemas del mundo e intentan resolverlos desarrollando su capacidad de pensar, colaborar, y comunicarse.  

Desde ayer que vi este video he estado pensando en este juego y me siento inspirada como maestra aunque al mismo tiempo, me di cuenta que desde que dejé la universidad he ido perdiendo mi idealismo.  Por un lado creo que es bueno pero por otro lado, creo que soñar con ideales nos da mucho por lo cual luchar y eso es bueno.   Muchas cosas muy buenas han ocurrido porque algunas personas no han dejado de creer en sus ideales.  Me encantaría poder hacer algo así con mis estudiantes en algún momento.

lunes, abril 25

Déspotas de bolsillo.

"Todo hombre lleva en sí un dictador y un anarquista."
Paul Ambroise Valéry

A veces me gustaría levantarme con buenas noticias. Abrir el periódico y enterarme de la ausencia de muertes durante el fin de semana o la increíble reacción positiva del presidente ante las criticas. De vez en cuando me gustaría solo leer buenas noticias o noticias tontas como aquella de la boda real o los muchos hijos que ha comprado Angelina Jolie. 


Pero vamos, cada mañana despierto en Panamá y me toca leer titulares sin esperanza. Muertos por acá y por allá, aumento de VIH entre niños que apenas están empezando a vivir, y sobre todo y repetitivamente: el señor presidente insistiendo en tomar las decisiones como le da la gana, prometiendo cosas sin pie ni cabeza, agrediendo a los que se le oponen y bueno, menos mal que no leo periódicos amarillistas.


Pero lo que quiero escribir, aunque ustedes no lo crean, es una breve excusa por el mal actuar del señor presidente. No, no estoy diciendo que sea aceptable su actuar, no estoy justificando el nombrar magistrado a quien le da la gana ni mucho menos su constante lengua suelta donde lo mismo dice una cosa o dice la otra pues hay cosas que ni que, tenga o no tenga razón. Sin embargo creo que muy pocas personas harían un mejor papel ocupando la presidencia.

Con eso no quiero decir que serian peores presidentes; serían idénticos. Y es que la manía de enloquecer con el poder no es exclusivo de las altas esferas. La mínima brusca de poder  parece ser suficiente para tornar en dictador al  más humilde. Y lo digo pues lo veo por todos lados, empezando por las escuelas donde los maestros dicen hacer las cosas por son ellos y punto. Ya recuerdo a un profesor de historia, un tal Arroba, solía decir barrabasadas y amenazarnos para luego señalar -Ustedes son el huevo, yo soy la piedra- es decir si nos arriesgábamos a estrellarnos contra él moríamos reventados. 

Me tocó verlo mientras estudiaba Teología cuando un profesor enfurecido, un tal Morales, me señaló que la ofensa cometida en su contra (escribir un breve articulo donde decía que las cosas podían mejorar) -No te lo perdona Dios ni te lo perdona nadie y mejor ni lleves clases conmigo-  le hice caso, de todas formas ya me había enseñado mucho con su reacción y no quería aprender nada más de él.

Me tocó verlo en la universidad de Panamá donde hay profesores, un tal Kenny, que te ponen una A a cambio de veinte dolares. Obviamente no todos los profesores son así, pero los hay, me tocó llevar clases con uno y adivinen que: saqué una C.  He podido verlo inclusive en foros de Internet donde los moderadores borran todo comentario con el cual no estén de acuerdo y expulsan a las personas que osen plantarle cara. Y al final lo justifican con: ¡Yo soy el moderador!

Y así pululando por todas nuestras calles déspotas de bolsillo. Expulsando espuma por la boca ante el mínimo atisbo de poder. Padres déspotas, hijos déspotas, hermanos déspotas, esposos y esposas déspotas, estudiantes, maestros, conductores, taxistas, cajeras, guardias de seguridad y escritores de blogs. Entonces ¿Por qué nos extraña que nuestro presidente sea déspota y autoritario?  ¿ Haríamos algo diferente de estar en su lugar? 

El problema no es exclusivo del presidente, es más bien una cuestión cultural, la oposición se queja y se revuelca ahora porque no son ellos quienes se acomodan y acomodan a los suyos. Y nosotros, sinceramente nosotros, los ciudadanos promedios que desde nuestras casas rabiamos al abrir las noticias que nos amargan aun más el café, también nos quejamos pues no es a un familiar nuestro o a nosotros mismos que nos llega el chance. ¿Quién fue el que dijo? "El oprimido sueña con llegar a ser opresor" creo que fue un brasileño, pero debió conocer la clase política panameña. 

No sera hasta que seamos justos en las pequeñas cosas que veamos justicia en Panamá. No sera hasta que estemos dispuestos a ceder nuestro lugar que veamos un Panamá más solidario. No sera hasta que empecemos a escuchar las voces de los demás y tomarla en cuenta que empezaremos a vivir una verdadera democracia, no esta burda imitación, mientras tanto podemos culpar a Martinelli, a Torrijos o a cualquier otro  que tenga la desgracia de ponerse la banda presidencial. Pero Panamá no esta en las manos de ellos sino en las nuestras. Déspotas de bolsillo pululando por todas las calles, por allí debe estar nuestro futuro presidente. 

El que este libre de pecados que tire la primera piedra. Yo no puedo. 

miércoles, abril 13

El fútbol es el opio de los pueblos.

"Tengo dos problemas para jugar al fútbol. Uno es la pierna izquierda. El otro es la pierna derecha."
Roberto Fontanarrosa

Ha de ser este clima futbolistico que se respira por todos lados lo que me lleva a escribir este post;  Ya saben: clasificación al mundial sub-17, al sub 20, semifinales de la champion league, cuatro clasicos (Real Madrid vs Barcelona) en menos de un mes etc. Es el tema del momento, quien no pueda hablar de ello se vera relegado a alguna esquina a comentar de otras cosas de menor importancia como literatura, economía o los problemas socio-políticos que atraviesa nuestro país. 

En fin, toda esta fiebre absurda, al menos desde mi punto de vista, ha invadido los medios de comunicación y las conversaciones en los pasillos, los buses y hasta las iglesias. Y vamos, no es que sea un viejo cascarrabias, claro que me gusta el fútbol, disfrutó igual que muchos de correr como loco detrás de un balón, disfruto de ver los juegos de la selección -esos más bien los sufro- y no tengo absolutamente nada en contra de que Juan de los palotes quiera apoyar al Madrid o al Barcelona, llorar por esas derrotas si le da la gana, o convulsionar de alegría si son victorias. En fin, que para gusto los colores y los equipos de fútbol.

Lo que realmente me pone mal y me saca de casillas (después de todo quizá sí sea un viejo cascarrabias) es ver como algunas personas, valiosas personas con talentos y habilidades, con ideas para brindar a la sociedad, con toda la capacidad del mundo para marcar una diferencia viven obsesionados por el asunto. Gritan a los cuatro vientos "Yo soy Culé" y no tienen ni la menor idea de lo que significa la palabrilla, que ni siquiera suena bien,  o llenan sus estados de redes sociales con "Hala Madrid" sin saber, ni querer saber, que significa el famoso "Hala". Consumismo tonto pues, a eso me refiero.

El fútbol es un deporte bueno como cualquier otro siempre y cuando se mantenga en esa categoría de deporte y no se convierta en otra cosa más peligrosa como una obsesión o el centro de una vida. O al menos no perdamos las dimensiones de lo que significa ganar en un juego que no tiene nada que ver con la vida real.
Por ejemplo: Hace unos días la selección de Guatemala clasificó por primera vez a un mundial sub-20 (y de cualquier otra categoría) la fiesta fue como se esperaba y estoy de acuerdo que se celebre, vamos, no es una cosa que sucede todos los días. Sin embargo el enfoque que le dieron los medios y las personas fue desde mi punto de vista un poco absurdo exagerado. Llegaron a decir que aquel pirrico triunfo en una cancha de fútbol era un alivio para la golpeada sociedad de Guatemala. Que era un remanso de paz en medio de todo la violencia, etc. ¿Puede creerlo? sí, yo sé que lo creen. ¿Cómo vamos a decir que ganarle a once muchachos en una cancha de fútbol es brindarle un alivio al país? y es que las cosas en su lugar: como logro deportivo ¡Genial! me quito el sombrero y aplaudo de pie. Pero nada más, es como dijo aquel viejo barbon sobre la religión, aquello de que era el opio de los pueblos, viendo las evidencias podemos aplicarle eso al fútbol. Y Guatemala es solo un ejemplo, hay que ver como al panameño se le olvida el alza de pasaje y todo cada vez que se siente a ver un clásico.

En fin, ustedes no tienen la obligación de estar de acuerdo conmigo. Sin embargo estoy convencido de que si pusiéramos la misma pasión a mejorar Panamá, la misma pasión con que gritamos los goles de equipos que están a miles de kilómetros de distancia y probablemente nunca veamos en persona, si derramáramos las mismas lagrimas por las cosas que van mal y rabiáramos cada vez que vemos una injusticia de la misma forma que lo hacemos cuando el arbitro pita en contra; tendríamos un país diferente o al menos una vida diferente. 

No esta mal ver fútbol, sentir pasión, seguir un equipo, lo malo es usarlo como opio y dejar de hacer lo que TENEMOS que hacer. 

martes, marzo 1

La minería y la libertad de expresión

Hoy en camino al trabajo estuve comentando con una amiga algunos de los incidentes que están ocurriendo en Panamá y al comentarlo con ella me siento más indignada.  Una señal de y una necesidad para un país democrático es la habilidad y el permiso de expresar opiniones sin persecución.  El gobierno no debe tener el poder de condenar a una persona sencillamente porque digan algo que no les guste.  También es señal de bienestar que los lideres tomen en cuenta las necesidades del país y no tomen decisiones solamente para sacar provecho.

Estuve leyendo algunos artículos de opinión sobre la situación que se está desarrollando en el país ahora mismo por el tema de la minería y me parecieron interesantes. Tony Henríquez en su artículo "De minería y finanza depredadora" lo tomó por el lado de explicar la situación del punto de vista ambiental:
"La minería a cielo abierto es una actividad industrial de alto impacto ambiental y cultural; es insostenible por definición, en la medida en que la explotación del recurso supone su agotamiento. Devasta la superficie, modifica severamente la morfología del terreno, apila y deja al descubierto grandes cantidades de material estéril, produce la destrucción de áreas cultivadas y de otros patrimonios superficiales, puede alterar cursos de aguas y formar grandes lagunas para el material descartado. Además, transforma radicalmente el entorno, perdiéndose la posible atracción escénica. 
Con tantas riquezas que dan y van a dar el Canal y el turismo (ambas actividades sostenibles) y por el tamaño de nuestro territorio, este país no debería incursionar en la minería si de verdad queremos conservar lo que tenemos."
En el artículo "La tierra es de todos" Roberto Quintero vuelve la mirada a cómo la reacción del gobierno ante las protestas demuestra un mal mucho más profundo y peligroso que el de la destrucción ambiental (que es peligrosa por su propia cuenta) que es la represión de la libre expresión de ideas:
"Protestar, manifestarse y opinar sobre el futuro de nuestra patria no es un crimen. Quienes se oponen a la minería no son enemigos a los que hay que hacerles la guerra, son panameños que entienden su responsabilidad en la construcción de un país y salen a las calles para hacer valer su opinión. ¿Los van a escuchar? Son nuestros hermanos y defienden esta tierra, sin importar si son chiricanos, veragüenses, indígenas ngäbe buglé o kunas, españoles o argentinos. 
Tampoco cierran las calles patrocinados por ningún partido político ni influenciado por extranjeros, basta de inventar fábulas para tapar las irresponsabilidades. La violencia que estamos viviendo hoy es el resultado de un gobierno autoritario que solo piensa con el bolsillo y no nos toma en cuenta a la hora de decidir el futuro de Panamá. Salgan de esa burbuja inflada de arrogancia y siéntense a pactar y dialogar por el bien de todos. Panamá se los agradecerá."
Estuve leyendo el resumen que publicó El Panamá America del Informe de SIP sobre situación de prensa en Panamá. El artículo empieza con la triste noticia que "En el último semestre la libertad de prensa se vio amenazada por acciones de instituciones del gobierno del presidente Ricardo Martinelli, así como del Órgano Judicial y el Ministerio Público." Luego, el artículo mencionó cada una de las "amenazas": la sentencia a la Corporación La Prensa por "daño moral", la detención del fotógrafo Mauricio Valenzuela, la detención por 19 días del periodista Carlos J. Nuñez, la retención en julio del año pasado del periodista Paco Gómez Nadal, la obstrucción por parte de la Policía Nacional de la cobertura de los disturbios en Changuinola, la citación de los periodistas Santiago Cumbrera y Álvaro Alvarado para pedirles que divulgaran sus fuentes de información, la condena de la directora de noticias de TVN Canal 2 Sabrina Bacal y el periodista Justino González y más tarde otra condena al periodista Rafael Antonio Ruiz, la detención del periodista José Oterno, y la lista sigue. Sigue hasta el día de ayer cuando el gobierno decidió deportar al periodista Paco Gomez Nadal por su participación en el tema de las minas.

¿Cuál será el futuro de un país con lideres que no pueden recibir ningún tipo de oposición o crítica?

lunes, diciembre 20

20 de Diciembre 1989: Prohibido recordar (sin reflexionar)

Jamas hubo una guerra buena o una paz mala.
Benjamin Franklin

Tendría yo cinco años y muy poca idea de lo que estaba ocurriendo en el mundo. Ese año había entrado a la escuela y me encontraba perceptiblemente decepcionado porque ese templo del saber el cual debía darme las llaves de la lectura y la escritura se había limitado a darme unas cuantas tontas tareas de rellenar frutas con bolitas de papel crespón o hacer círculos infinitamente aburridos. De modo que no es mi culpa si por aquel entonces no entendí nada de lo que estaba ocurriendo, si mi mente, que ya empezaba a mostrar signos del lavado cerebral escolar, no pudo percibir la magnitud de los hechos que se desarrollaban en todo el país. 

La invasión de Estados Unidos a Panamá ocurrió hace veintiún años. Los recuerdos que tengo al respecto son confusos, recuerdo aviones volando bajo, recuerdo tanquetas y soldados desfilar frente a la casa, recuerdo bolsas de comida para soldados las cuales eran divertidísimas pues nunca se sabía que tendrían adentro y recuerdo también la captura del “hombre fuerte de Panamá” un pobre tipo cansado y ojeroso que de fuerte no tenía nada. Recuerdo la indignación de algunos nacionalistas y el júbilo de otros. 

La verdad mucho de lo que he entendido con respecto a la invasión ha sido en retrospectiva. Muy a mi pesar nunca fui un niño genio y los mecanismos de la invasión y las razones por las cuales se llevo a cabo escapaba completamente de mi mente donde todas las personas se dividían en malos y buenos. Hoy sigo sin ser genio pero he podido entender que la invasión a Panamá es uno de esos hechos demasiado complejos como para tomar una postura inamovible. 

Mi parte nacionalista brinca indignada ante la idea de justificar la invasión, pero mi parte práctica y realista debe admitir que la invasión o alguna otra cosa grande debía ocurrir para encarrilar nuestro desenfrenado país. Imposible justificar las miles de muertes, aun no hay una cifra exacta y probablemente nunca la habrá de cuantos civiles murieron, imposibles justificar el abuso de poder y la destrucción para capturar a un hombre. Sin embargo tampoco se pueden justificar las muertes causadas por la dictadura o el abuso de poder por parte de Noriega. 

Y es allí donde uno debe poner un alto y más que intentar decidir si lo que ocurrió fue bueno o malo, si debió o no ser, tomar notas de las lecciones, apuntar, señalar, recordar e intentar que no vuelva a suceder. Que el poder corrompe que debemos pensar y no solamente dejarnos llevar los jingles bonitos durante la campaña o las gorritas que se regalan. Recordar que la democracia que vivimos, a pesar de lo maltrecha y herida que esta, no es producto de la casualidad sino que fue pagada a precio de vida y sangres de miles de panameños, por eso, por ellos debemos recordar el 20 de diciembre, por eso, por ellos la hora de ejercer el voto debe ser a conciencia, por eso por ellos es que está prohibido olvidar. Por eso, por ellos más que una fecha para despotricar contra los Estados Unidos, contra Noriega o contra quien sea es una fecha para recordar con solemnidad e intentar por todos los medios que nunca más vuelva a pasar.

sábado, noviembre 13

De burros, orejas y problemas fronterizos.

En todas las tierras el sol sale al amanecer.
-George Herbert


A la mayoría de latinoamericanos nos gusta hablar con refranes. Casi tenemos uno aplicable para cada situación de la vida. Uno de los primeros que aprendí y que aun encuentro demasiadas ocasiones para utilizar es aquel que reza: El burro hablando de orejas. La idea es que una persona sin autoridad (moral o de cualquier tipo) critique, desacredite o hable mal de otra persona. Es decir, ¿quién es el burro para hablar de orejas?

Sin embargo al parecer estamos en una región de orejones indispuestos a callarse. Lo he visto de diferentes formas, he visto como competimos cual si fuéramos ratas no por ganar dignidad sino por quitarle la dignidad a las otras personas. El asunto no es quien esta mejor sino quien esta menos fregado. 

Nuestros países pequeñitos, apenas perceptibles en un mapa se destrozan a dentelladas por estupideces. No voy a aparentar ser un conocedor del asunto, en realidad no sé bien de que va el rollo con los limites de Costa Rica y Nicaragua. No sé que lado tiene la razón, quien robo a quién o como va a acabar todo el asunto. Lo que sí sé es que al final, cuando se acabe el asunto veremos a los presidentes de ambos países abrazarse, tomar una copa y decir que todo fue un malentendido. Seamos sinceros, una guerra es carisima y ninguno de nuestros países esta para eso. De modo que aquí no ha pasado nada.

Sin embargo lejos del ojo publico, lejos de los grandes discursos inflamatorios de Ortega o las resoluciones absurdas de la OEA nuestros hermanos nicaragüenses y nuestros hermanos ticos se destrozan en insultos, inflaman sus paupérrimas glorias personales y desacreditan  la de sus propios hermanos. Es horrible, grupos en Facebook con nombres como "Yo odio a Nicaragua" o "Yo odio a Costa Rica" con cientos de seguidores que se dedican a insultarse. Inclusive me tocó leer como en algunos lugares se regocijaban por la muerte de un nicaragüense, ladrón o no una muerte es una muerte. 

No sé quien tiene razón, pero sí sé que nada justifica que nos tratemos así. No nosotros, que tenemos la misma sangre corriendo por las venas: india, negra, blanca, asiática, en una amalgama indescifrable. No nosotros países que deberíamos ver como salimos juntos del atolladero. que nos hemos visto, queramos o no envueltos en la misma historia.

Sin embargo aquí se aplica otro refrán: Mal de muchos consuelo de tontos. Creemos, erróneamente, que si mi vecino esta peor que yo es ganancia. Es una tontería presumir  ser uno de los países más seguros en una de las zonas más inseguras del mundo, presumir  tener la economía más sobresaliente en una de las zonas más pobres del mundo, etc, ad nauseum. 

No es un problema tico o nicaragüense. Es también un problema guatemalteco, hondureño, beliceño, salvadoreño y panameño. Pues todos de una u otra forma caemos en esa estúpida manía de hablar de las orejas del vecino sin antes fijarnos en las nuestras. Aquí hay un problema de limites pero no los fronterizos que separan Costa Rica y Nicaragua, hay un problema de limites pues las cosas que nos unen que nos hacen ser iguales no son el color de mi pasaporte o de mi piel sino la dura realidad de ser un ser humano. 


Es triste ¿no?

Hermano contra hermano.
Hombre contra hombre.
En la danza mortífera;
de ser mejor que el otro;
aplastar, ganar, morder;
usar epítetos irrepetibles.
Regresar vacío, hueco;
torpe.
Y pensar que del barro
hemos venido y para allá
vamos todos.
Es triste ¿no?

viernes, noviembre 12

Así son las cosas aquí.

Benevolencia no quiere decir tolerancia de lo ruin, o conformidad con lo inepto, sino voluntad de bien.
-Antonio Machado


Hace algunos años un profesor, quizá una de las personas que más me ha retado y marcado,  me hablaba sobre las razones por las cuales los cambios no ocurrían; decía que los cambios eran en primer lugar una cuestión de actitud, de saber que las cosas pueden funcionar de otra manera. -Por cada soñador que ve una solución a los problemas hay diez conformistas que ven problemas en la solución- de ese modo explicaba él la mediocridad, la dejadez y todas esas características que nos mantienen en el atolladero.


El problema es darse por vencido. Ya sé que muchas veces es muy poco lo que se consigue con una lucha fiera. Al menos de vez en cuando se consigue tranquilidad de conciencia y paz con uno mismo. La fatalidad es decir con conformismo: "así son las cosas aquí" esa frase que abre una dimensión especial para que el mal siga imperando y el potencial se diluya en nada.

Por eso me indigna y me deja un sabor muy amargo en la boca escuchar al presidente de la nación decir que las cosas están fregadas y así se van a quedar. Decir que los corruptos están allí y van a robar de todas maneras. Un hombre que hizo del cambio un eslogan de su campaña, que ilusionó a muchísimos panameños se da cuenta, de pronto, que el cambio es imposible, que las cosas en Panamá son así y así se van a quedar. 

Ya ni siquiera me da tristeza. Mejor pienso en aquellas cosas que sí puedo cambiar. Tal vez las cosas sean así aquí pero eso no significa que deban ser así para siempre. 

miércoles, noviembre 10

Mis apuntes de Geralt de Rivia o El peligro de ser legal pero no bueno.

Las leyes son inútiles para los buenos, porque los hombres de bien no las necesitan; y también para los malos, porque éstos no son mejores con ellas.
-Demonax

Hace unas semanas escribí sobre Geralt de Rivia comenté que estaba leyendo los libros sobre este personaje y que me parecían pesados pero productivos e interesantes. Esta mañana por fin terminé el octavo libro y aparte de esa sensación extraña de tristeza que da siempre que termina un buen libro, siento un poco de alivio de haber terminado. El último libro es bastante complicado, metafórico y tenso, no me gustó el final, sinceramente, pero la verdad el final es como la vida misma.

Geralt es un brujo. Pero no como Harry Potter con una bonita escuela y una varita para hacer encantamientos, es más bien un ser que ha sido alterado geneticamente para combatir  contra los monstruos que en aquel entonces eran tan comunes: dragones, manticoras, etc. En la trama además debe luchar para salvar el mundo pues, como siempre, hay seres malvados que desean aprovecharse del poder para hacer de las suyas. Sin embargo la trama deja esa sensación mediocre de: "se acabo con el malo, pero no se acabo con el mal" o la pregunta de ¿Cuantas maldades hay que hacer para acabar con el mal? 

Pues los héroes, buenos y todo, con un causa justa por la cual luchar, se ven respaldando acciones barbaras y crueles con la premisa de "hay que salvar al mundo". Todos hemos pasado por eso o ¿no recuerdan los primeros bombardeos a Afganistán? todos aplaudimos, todos estuvimos de acuerdo y ahora no sabemos donde meter la cara.

Geralt en uno de sus últimos discursos habla sobre retirarse de su profesión. Habla que su misión había perdido sentido, que no era más necesario:
-La razón de la existencia- el brujo no sonrió- y la razón de la presencia de los brujos se han visto socavadas, pues la lucha entre el bien y el mal tiene lugar ahora en otro campo de batalla y se desarrolla de un modo completamente diferente. El mal ha dejado de ser caótico. Ha dejado de ser una fuerza ciega y desenfrenada, a la que debía enfrentarse un brujo... Hoy en día el mal gobierna basándose en las leyes, porque las leyes están a su servicio. Actúa en consonancia con los tratados de paz que se han firmado, porque, si se piensa, unos tratados que permiten...
Y así un libro que es de fantasía nos lleva a pensar en como lo "legal" también puede ser una forma de hacer el mal. Cosas como estas nuevas leyes que permiten la destrucción de nuestro medio ambiente, nadie va a decir que es ilegal, pues la ley lo avala, pero ¿quién puede decir que no es malo? 

El problema de nuestra sociedad, de nuestro gobierno, de nuestro sistema "democrático" radica en que basamos nuestras decisiones morales en las leyes, sin embargo, las leyes, como bien nos dejo claro Geralt de Rivia puede ser también un nido fértil para hacer el mal. Nuestra premisa principal, nuestro norte no debe ser solamente "ser legales" nuestra misión debe ser: "ser buenos" y eso, eso es muchísimo más difícil. 

sábado, noviembre 6

Si yo pudiera hablar con el presidente.

Muchas son las cosas que pasan en Panamá y uno se siente impotente. Es en esos momentos cuando a uno le gustaría tener acceso hasta las altas esferas y decir unas cuantas cosas sobre lo que esta sucediendo. O tal vez que el presidente en un rato de ocio, si es que tiene, navegando por Internet se topara con este escrito donde podría decirle lo que que estoy pensando y lo que mucho me temo. 

La Real Academia de la Lengua Española define civismo como:  "Celo por las instituciones e intereses de la patria." al mismo tiempo celo es definido como: "Cuidado, diligencia, esmero que alguien poner por hacer algo." De modo que sentimos celo por aquellas cosas que realmente amamos, nuestra familia, nuestra casa, nuestra pareja, nuestro perro y en más de una ocasión nuestro país. 

El civismo no es algo que puede entrar con imposiciones o a la fuerza. Nadie te puede obligar a amar nada, puedes aparentar que lo amas, puedes fingir sentirte identificado o hasta disimular pasión, pero obligarte a sentirlo; nadie.

En días pasados por razones de las fiestas patrias, el presidente Ricardo Martinelli lanzó una fuerte critica contra los colegios privados que no salían a desfilar. Les llamó "yeyesitos" (fresas, niños bien, etc) y dijo que iba a obligarlos a desfilar. Como estamos acostumbrados a este tipo de gobierno de "simón dice" inmediatamente el sumiso ministerio de educación inició la reglamentación que obligara a todos los estudiantes a desfilar para, según sus propias palabras, "incentivar el civismo entre los estudiantes”.

En primer lugar y sin faltarle el respeto al señor presidente, él es el menos indicado para hablar de yeyesitos. Uno de los hombres más ricos de Panamá, aun antes de ser presidente, por lo cual estoy casi seguro que ninguno de sus hijos piso jamás una escuela publica, de modo que llamar "yeyesitos" a los muchachos que tienen la fortuna de recibir una educación privada, es irónico además de intentar calzarse unos zapatos que, sinceramente, no le quedan. 

Segundo, ¿se imaginan cuanto demoraría un desfile si desfilan todos los colegios? ¿se imaginan el gran deterioro que causaría a la calidad, ya caída, de los desfiles? Sería una locura.

Tercero, El civismo no se enseña con extorsión o con obligaciones. Esos muchachos y colegios que se vean obligados a desfilar no sentirán orgullo, no sentirán  felicidad de desfilar por el país, sentirán presión y chantaje y esos son dos elementos que ha nadie le gustan, con el tiempo asociaran una cosa con la otra; civismo con obligación.

Cuarto, el ministerio de educación tiene cosas más importantes que hacer, ponerse a reglamentar desfiles que ocurren una vez al año es una absoluta perdida de tiempo, deberíamos mejorar la calidad de estudios -y de estudiantes- deberíamos salir de ese sótano de vergüenza con una de las peores educaciones en latino américa, deberíamos ver que hacemos cuando de nuestros estudiantes solamente el 12% esta rindiendo lo que se espera. Esas cosas, creo yo, son mucho más importantes que si se desfila o no.

El civismo no se enseña con imposiciones, se enseña con el ejemplo. Se enseña al respetar los símbolos patrios no sólo en noviembre, también el resto del año, se enseña al cuidar nuestros recursos naturales, no venderlos a la primera minería con tal de obtener unos cuantos billetes, se enseña siendo respetuoso al hablar y dirigirse inclusive a aquellas personas que consideramos "enemigos" 

Señor presidente, usted más que nadie tiene el privilegio y la responsabilidad de enseñar civismo, enseñarnos a amar Panamá, a sentir celo por nuestras instituciones, a sentirnos orgullosos de ser panameños, pero eso es algo que no se consigue con palabrerías o golpes de fuerza. Se consigue si empezamos a lavar los trapos sucios en casa, si en realidad perseguimos la corrupción y no nos consolamos con decir que todos los países son corruptos, si respetamos la democracia y la constitución que son los principales pilares de nuestra nación.  
Los desfiles no enseñan patriotismo ni civismo; solamente reflejan el que ya tenemos. 

viernes, noviembre 5

Sobre el patriotismo.

Patriotismo es tu convencimiento de que este país es superior a todos los demás porque tú naciste en él.
-George Bernard Shaw


Para estas fechas en Panamá la gente suele vestirse de patria, literalmente. Los carros portan banderitas, los almacenes se pintan de rojo, azul y blanco y no faltan aquellas personas que hasta su ropa es color patriótica. Los colegios salen a desfilar y hasta algunas instituciones lo hacen. Aunque en muchos casos ni siquiera recuerdan la razón exacta por la cual se desfila o se dan los días feriados.

Me gusta el patriotismo sano, la idea de que me siento orgulloso de mi país no porque sea mejor que el tuyo o porque sea el mejor del mundo sino porque simplemente es el mio. No es el mejor del mundo, tiene cientos de problemas, un gobierno que se hace bolas y nos deshace los nervios con cada alocada decisión que toma, una violencia que a pesar de no tener los indices de las naciones vecinas va cada vez en aumento. En fin Panamá es un país imperfecto como cualquier otro pero es mi Panamá. 

Detesto el patriotismo servil y ciego, el que vive comparando las abundancias personales con las miserias ajenas, el que cree en la grandeza que depende de humillar a los vecinos, el que a ojos cerrados declara "el vino es amargo pero es nuestro vino" o simplemente cierra los ojos ante las cosas que están ocurriendo. Los que salen de sus países a conocer otros lugares y en vez de disfrutar de la variedad, de la idiosincrasia, cultura y paisajes de otros lugares viven con la frase de "en mi país..." haciendo comparaciones inútiles y vanas. 

Hace algunos años llevé a unas personas de un país centroamericano a conocer el Canal de Panamá. En realidad después de verlo un par de veces uno no esta tan maravillado con el asunto, pero estoy acostumbrado a que la gente quede más bien sorprendida de lo grande que es, etc. Sin embargo estas personas no dejaron de comparar el canal con algún charco o quebrada e insistieron en burlarse. Yo sonreía a medias pero en el fondo me sentía molesto por el asunto. Sin embargo fue una oportunidad de analizarme y darme cuenta la cantidad de veces que uno viaja con la marcada intención de comprobar que los otros lugares del mundo son peores que el nuestro. Lo más triste es que lo hacemos entre nosotros, entre hermanos latinoamericanos pues tenemos la mala manía de pensar que todo lo que viene de los Estados Unidos o Europa es por descontado mejor. 

Creo que le verdadero patriotismo radica en reconocer el balance que hace a mi país ser mi país. No es su perfección, no son sólo las cosas buenas, son también aquellas cosas que nos molestan e inclusive la que nos avergüenzan. He leído varios artículos que remarcan el hecho de hacer las cosas bien por el país todo el año no sólo en estas fechas que el fervor patriótico nos revuelca. Más aun podríamos ver que debemos hacer las cosas bien por el mundo. Pues más allá de si soy de Noruega o Panamá, de Chile o Guatemala, pertenezco a este mundo y más allá del color de mi piel o mis ingresos percapita debería sentir que cada uno de los seres de este mundo son mi prójimos, mis hermanos y que soy tan responsable de ellos como lo soy de mi propia persona.

Celebremos a Panamá, recordemos nuestra historia, pero labremos también un  futuro en el cual no tengamos que celebrar dentro de algunos años guerras o muertes.

miércoles, octubre 6

Lo que aprendí de Geralt de Rivia

Lo maravilloso de la guerra es que cada jefe de asesinos hace bendecir sus banderas e invocar solemnemente a Dios antes de lanzarse a exterminar a su prójimo. Voltaire


No es ninguna novedad que me encanta la fantasía. Desde hace algunos meses he estado leyendo la saga de Geralt de Rivia. Un serie bastante pesada para decir lo menos y que a pesar de ser fantasía y ficción total, deja un gran espacio para la reflexión. Su contenido llega a ser tan denso que no me extraña en lo más mínimo que Hollywood no haya hecho una mediocre pelicula de este pseudo heroe.

Resumamos, Geralt es un cazador de monstruos en un mundo anterior al nuestro. Tiene capacidades sobrenaturales que son productos de una mutación a la que se ve sometido desde pequeño, estas en cierta manera marcan su destino. Una vez que se convierte en un "cazador de monstruos" también se convierte en un infrahumano. La trama envuelve critica a la política, a la religión, a nuestra doble moral y a la relajada ética que tienen los científicos a la hora de jugar con las vidas humanas. Es una historia bastante completa que no recomendaría a cualquiera y que sin embargo si es leída de la manera correcta y con la adecuada reflexión se pueden extraer reflexiones bastante serias y pertinentes.

El personaje se debate constantemente entre el bien y el mal. A pesar de ser un fenómeno mutante es mucho más honrado y respetuoso de lo que significa la vida que las personas "normales" y buenas que luchan por el "bien" sin importarle lo que se cruce en su camino. Es decir muchas veces por el afan de hacer el bien se termina haciendo el mal. Malas acciones hechas con buenas intenciones. Lo más curioso es que mientras uno lee se encuentra deseando que el héroe realice las acciones malas que probablemente llevaran a un resolución más fácil del conflicto. Sin embargo Geralt de Rivia toma las decisiones correctas y nos pega una bofetada moral que pocas veces creeríamos recibir de un cazador de monstruos.

No sé si la intención del escritor era ponernos trampas morales en las cuales viéramos cuan bajo podíamos caer o cuantas malas acciones podíamos aprobar bajo la premisa de: "es la única solución" en una ocasión en la cual se le pide a Geralt matar a una mujer para evitar mayores males ocurre el siguiente dialogo:
-Geralt -dijo Stregobor-, cuando escuchábamos a Eltibaldo muchos de nosotros teníamos dudas. Pero decidimos escoger el mal menor. Ahora soy yo el que te pide una elección similar.
-El mal es el mal, Stregobor- afirmó serio el brujo mientras se levantaba-. Menor, mayor, mediano, es igual, las proporciones son convenidas y las fronteras son borrosas. No soy un santo ermitaño, no siempre he obrado bien. Pero si tengo que elegir entre un mal y otro, prefiero no elegir en absoluto.

Me hizo pensar en la cantidad de veces en que vemos la resolución de los problemas de nuestros países con la desaparición de X grupo. O a quien no se la ha pasado por la cabeza el fusilar a todos los mareros y maleantes, o soltarle una bomba a las cárceles donde a fuego lento se cocinan más y peores maleantes que los que alguna vez entraron. Y de pronto uno se encuentra lleno de pensamientos genocidas. Y hasta damos por sentado que Dios esta de nuestro lado, que nos apoyaría en la decisión, de pronto se nos olvida que la misericordia nos alcanza a nosotros mismos para vivir hoy. Me pregunto si no habrá empezado de ese modo Hittler, pensando que la solución era acabar con ese grupo de personas.

Quizá sea hora de ser realmente buenas personas y no ser solamente buenos con aquellos que lo son de una u otra manera con nosotros. Quizá sea hora de no escoger entre los males menores sino escoger el bien de una vez por todas. Los libros de Geralt de Rivia nos dejan esa sensación extraña, parecen decirnos: Sí, el mundo es injusto pero tú puedes ser justo en las pequeñas cosas que te rodean. Aunque eso te haga quedar como un bicho raro, un infrahumano, un mutante. No sé, esas lecciones me quedan grabadas pero podría estar equivocado, al fin y al cabo se trata de un cuento de fantasía cuyo personaje es un cazador de monstruos. Quizá el autor sólo quería entretenernos un rato.

jueves, septiembre 23

Un mundo Feliz


"Si después de la tormenta vienen tales calmas, ojalá los vientos soplen hasta despertar la muerte" Willian Shakespeare
Hay libros que se leen en soledad y en soledad se sacan las conclusiones, se apuntan las lecciones, se cierra el libro y se da por terminada su lectura. Otros en cambio te obligan a hablar, a comentar, a pensar y simplemente se niega a que su lectura termine con las páginas. “Un mundo feliz” (Brave New World) de Aldous Huxley es de estos últimos.
Un libro extrañamente profético, fue escrito en 1931, con el reto de ponernos a pensar en donde está y hacía donde va nuestra sociedad. El libro habla sobre una sociedad futurista donde todo es perfecto, donde la felicidad es la máxima y todos los dolores y percances que puede tener una vida normal han sido suprimidos, a excepción de en algunas reservas de “salvajes”, es una sociedad que ha sido condicionada desde pequeños para ser felices y nada más.
Los niños ya no nacen sino que son “decantados” y son creados con las características necesarias para que sean felices según el rol que ejercerán en la vida, por ejemplo a los niños que harán trabajos manuales les enseñan a odiar los libros y la reflexión. En fin es una sociedad aterradora en la cual no se atisba ni la más mínima gota de dolor, rencor o sobresalto.
La trama del libro es bastante buena y atractiva aunque su fuerte pasa más por lo filosófico y sociológico del asunto. El pensar que una sociedad sin dolores, sin enfermedades, sin vejez, sin problemas, sería una sociedad perfecta, es lo más común. Huxley sin embargo nos dibuja como sería esta y nos enseña que el dolor y la falta de control de las situaciones que nos afectan nos hacen más humanos y más conscientes de nuestro rol en esta tierra.
Una de las conversaciones de los personajes nos enseña que el dolor y el sufrimiento también son derechos inalienables de ser seres humanos.
-Es que a mí me gustan los inconvenientes.
-A nosotros no- dijo el interventor- preferimos hacer las cosas con comodidad.
-Pues yo no quiero comodidad. Yo quiero a Dios, quiero poesía, quiero peligro real, libertad, bondad, pecado.
-En suma- dijo Mustafa Mond- Usted reclama el derecho de ser desgraciado.
-Muy bien, de acuerdo- dijo el salvaje en tono de reto-. Reclamo el derecho de ser un desgraciado.
-Sin hablar del derecho a envejecer, a volverse feo e impotente, a tener sífilis y cáncer, a pasar hambre, ser piojoso, a vivir con el temor constante de lo que pueda ocurrir mañana; el derecho en fin, a ser un hombre atormentado.
Siguió un largo silencio.
-Reclamo todos esos derechos- concluyó el salvaje.
Mustafa Mond se encogió de hombros.
-Están a su disposición- dijo.
Pocas veces solemos pensar en la incertidumbre y en nuestra fragilidad como seres humanos como un derecho. El poder estar respirando ahora mientras tecleo estas palabras y  la posibilidad que al instante siguiente mi vida pueda terminar, no me hace menos valioso, mi fragilidad como ser humano por el contrario me hace más valioso pues a pesar de todas las miles de cosas que atentan contra mi vida aun estoy aquí y eso no puede ser producto de la casualidad ni de la buena suerte.
La paz que sigue a la tormenta siempre es mejor que la paz ininterrumpida. La vida sin sobresaltos no sería vida. Ojala pueda aprender a apreciar y ver siempre la vida y sus vicisitudes de esa forma y recordar, que la idea de un mundo feliz puede ser mucho más aterrador de lo que parece.

sábado, septiembre 11

Buses musicales.

Es extraordinario lo potente que es la mala música. Noel Coward


Quien haya viajado en autobús por la ciudad (o hacía la ciudad) de Panamá, sabe que el mote de “diablos rojos” no es en vano, ni una exageración. El clima de Panamá tan famoso por su inconsecuencia ayuda a la percepción de viajar en pequeñas “calderas infernales”.

El sol puede subir las temperaturas a niveles exagerados. Por suerte la brisa que entra con fuerza por las ventanas ayuda a sobrellevar el calor y la modorra que este conlleva. Algunas veces, sin embargo, llueve y entonces hay que cerrar ventanas y rogar a Dios porque los olores de personas cocinándose a fuego lento, la terrible humedad y el aire que empieza a viciarse, no nos cause un desmayo. Hay que rogar además, por si acaso, que las ruedas del bus aguanten.

Es terrible, ya lo sé, pero ¿qué se le va a hacer? Es la forma que uno tiene para moverse. Es cierto que es una vergüenza para un país como Panamá tener este ridículo sistema de transporte pero es lo que tenemos y mientras llega “el cambio” aprovechamos.

De modo que no escribo esto para quejarme del calor, o del mal estado de los buses, ni siquiera voy a quejarme de los tranques interminables. En cambio quiero quejarme un poco, porque soy así, de los pasajeros que día a día se desplazan utilizando estos medios de transporte.

Puedo quejarme de varias cosas: la basura que arrojan por la ventana o los asientos del bus rayados y rotos -¿qué no pueden llevar un libro para leer mientras viajan?- sin embargo tampoco voy a tocar esos temas. Hoy voy a quejarme específicamente de los celulares.

Ese aparatito del infierno ya hacía suficiente mal interrumpiendo conversaciones importantes o sirviendo como excusa para los maleducados. Entonces a algún ser maléfico se le ocurrió la genial idea de ponerle altoparlantes y música y allá van. Uno puede subirse en un autobús e ir escuchando un remix de regueton, bachata, salsa o cuanta locura se pueda imaginar. Me imagino que el altoparlante debe tener una que otra aplicación práctica sin embargo para mi, y estoy seguro que para varias personas más, se ha convertido en una molestia extra de viajar en autobús.

¿Soy intolerante? No lo creo, cada uno tiene derecho a escuchar la música que le venga en gana así como yo tengo derecho de pensar que no se puede estar muy bien de la mollera si se escucha cierto tipo de letras y melodías. Es más no tengo absolutamente nada en contra de que se coloquen sus audífonos y se intoxiquen hasta la saciedad. Pero lo que no tolero es que me obliguen a mí también a escuchar sus canciones, que todo el bus tenga que enterarse que ellos son los más “cool” porque escuchan al cantante del momento.

Cuando empecé a escribir esta entrada, hace algunos días, pensaba en que era posible que esta moda de usar la ropa apretada cortaba la circulación de la sangre y probablemente los jóvenes no podían pensar bien pues no les llegaba suficiente oxigeno al cerebro así que, vamos, estaban casi justificados. Sin embargo ayer me topé con un señor que bien podía ser mi padre o el padre de mi padre, con su celular y la bendita musiquita dale que te dale. ¡No hay derecho!

Pensaba en soluciones. Pensaba en que debería prohibirse ir con esos altoparlantes por allí. ¿se imaginan ustedes la reacción? ¡No hay derecho! ¡Intolerancia! ¡Tenemos derecho a escuchar la música que queramos! (¿cómo no? También tienen derecho a hacernos el viaje más miserable a todos los que no compartimos su selecto gusto musical) En fin aquello de que el respeto al derecho ajeno es la paz ha perdido sus dimensiones, de pronto el derecho ajeno incluye el fastidiarnos. No sé, No sé, solo quería desahogarme un rato, de todas maneras por más que me queje no van a cambiar las cosas. Más bien estoy pensando comprar un celular con “speakers” porque ¡me van a escuchar!

lunes, junio 21

Héroes que han vencido a nadie hasta hoy...

A menudo los héroes son desconocidos.

Benjamín Disraeli

Los héroes deben ganar. Esa es la premisa. Los perdedores nunca reciben medallas o recompensa alguna. Inmediatamente pasan a un segundo plano, al olvido; y de allí rara vez regresan. Conciliar heroicidad con victoria nunca ha sido algo extraño.

En los tiempos que corren es peligroso adherir lo uno a lo otro. Los héroes son cada vez más reducidos. Los héroes que hacen lo correcto aun menos. Cada vez es más fácil quedar indignado ante las atrocidades que hacen nuestros políticos, las depravaciones de nuestra sociedad y las tonterías de los medios de comunicación. ¡No hay remedio! Y el pesimismo pasa de ser premisa a ser estilo de vida. La mediocridad y el conformismo se instalan en la sala de nuestra casa justo al lado de nosotros en el sillón donde veremos las noticias y nos limitaremos a mover la cabeza negativamente.

Cada vez es más común ver en nuestros países la desesperanza y la falta de credibilidad en los gobernantes. El abstencionismo omnipresente en las elecciones “democráticas” de nuestros países demuestra nuestra incredulidad en los pequeños actos. -¿de qué sirve un voto?- solemos excusarnos cuando preferimos no salir a las urnas.

Hemos dejado de creer en los pequeños actos que marcan diferencias. Preferimos esperar hasta tener grandes oportunidades, grandes cualidades o grandes poderes para poder hacer algo. Esperamos ver al héroe que se levante con poder y cambie toda la situación en un tris tras.

Escuchando canciones me topé con una frase genial en la canción de Fernando Delgadillo titulada “el gigante” (no sé si la autoría es de él pero al menos él la canta): Traigo en la maleta indios, carabelas, barrios y sudor, sangre como ríos, héroes que han vencido a nadie hasta hoy.

Encontrarse con la frase de “héroes que han vencido a nadie hasta hoy” puede parecer contradictorio. Un héroe no siempre gana. Es la realidad. La persona que se atreve a levantar su voz contra un sistema corrupto y sufre las consecuencias. Las personas que escriben en los periódicos y terminan presos, (como en Venezuela). Aquellos valientes que murieron luchando por la independencia de nuestros países. Ellos, a pesar de no ganar son también héroes.

Ser héroe no significa vencer. Significa hacer lo correcto y estar dispuesto a sufrir las consecuencias que eso pueda conllevar.

martes, mayo 11

Aplicaciones reales de una película de Ficción.


Voy un poco atrasado. Han pasado ya varios meses desde el aclamado estreno de la película Avatar. Una película que cambió para siempre la manera de hacer películas, al menos eso dicen, a mi no me consta.

Ganó tres Oscares de la academia, premio poco fiable pero muy prestigioso, y ganó aplausos y
vítores por cada lugar que pasó. Leí inclusive de algunos locos, nunca falta uno, que se mataron deprimidos al ver un planeta tan hermoso como el que nos muestra la película. Cinco meses después por fin he podido ver la película. Debo admitir que quería verla desde que estrenó pero por diversas razones pospuse el momento.

Ayer empecé a verla con la intención de echarle un vistazo nada más. Craso error, me sentó y me dejó enganchado hasta que pude saber cual era el final de los Navis y su planeta Pandora. Con esto quiero decir que la trama es genial, el argumento entretenido y para aquellos que gustan de la ficción, fantasías descabelladas y un mensaje entre lineas es realmente una grand slam.

El mensaje es claro, y de hecho trillado pero no por eso menos real, el ser humano esta acabando con los recursos naturales sin ponerle freno a su ambición. Se extrae petroleo sin importar que se destruye y cuanto arruinamos de la naturaleza. El golfo de México tañe ahora mismo como advertencia de lo que ocurre cuando el hombre sólo piensa en el vil metálico.

La película también tiene claros y fuertes ribetes políticos. Los malos de la película son "marines" que invaden, bombardean, matan, queman bajo las ordenes de ambiciosos empresarios que quieren explotar los recursos del planeta. ¿Coincidencia con la realidad? Dudo mucho que se trate del algo fortuito. De hecho en tramos la película recuerda imágenes y vídeos que se han visto de Afganistan, Irak, etc.

Es fácil ver el tema desde esa perspectiva, echarle la culpa al poderoso que abusa. Llámese Estados Unidos, China, Unión Europea o Hugo Chavez. Es fácil señalar errores como los del Golfo de México (mea culpa) y mirar con desagrado a los ambiciosos empresarios que no descansaran hasta talar el último árbol para construir el último mall.

Sin embargo hay otra vuelta de tuerca en el tema. El de las pequeñas cosas, los pequeños actos. Los pequeños actos de despotismo y abuso de poder, esos que se practican en la casa, en la calle, en la escuela y que nunca ocupan primeras planas o son noticia a nivel mundial Están los pequeños actos de quemar basura, como y cuando no se debe, tirar el papel a la calle, (un papel más un papel menos) pequeños actos que realizamos todos y sumados resultan siendo la razón de que nuestro mundo esté como está.

Obviamente también están los pequeños actos positivos. Ceder mi lugar, dar la gracias al dependiente (sí, aunque sea su trabajo atenderme) sonreír, disculpar a aquel que por accidente se paro sobre mi pie, plantar un árbol, echar mi basura en su lugar, etc.

La película no es solo una denuncia contra el ejercito de U.S.A. y los empresarios inescrupulosos. Es una denuncia a nuestro propio egoísmo y orgullo, contra nuestra falta de escrúpulos y contra nuestra falta de consideración a nuestro prójimo. Por lo menos así lo entendí yo.

Ariel

viernes, marzo 5

Sector 9

Bien, al parecer es semana de películas en Contrapunto. Y es que he tenido la oportunidad de ver otra película que me ha hecho reflexionar muchísimo. Y es que desde hace semanas tenía intenciones de ver "Sector 9" me llamaba la atención el formato de la película pseudo documental y al mismo tiempo el tema que tocaban: estereotipos y racismo.

La película enfocada en un grupo de "refugiados alienigenas" varados en el planeta tierra sin esperanza de regresar a casa, demuestra como reaccionamos con aversión ante lo desconocido y como muchisimas veces los medios de comunicación juegan un rol de envenenamiento de la conciencia de la sociedad y cuan egoístas somos para ayudar a aquellos que realmente son menos favorecidos que nosotros. De hecho la película empieza dándonos una impresión de los extraterrestres desde la óptica de los medios de comunicación: revoltosos, violentos, sucios y muy peligrosos.

Sin embargo conforme transcurre el argumento y el enfoque deja de ser el de los medios de comunicación deja de ser el principal para tornarse más ¿personal? se empieza a ver ciertos factores que hacen más compresible las reacciones y los comportamientos de estos seres de otro planeta. Además que el argumento parece repetir una y otra vez que estos refugiados no están allí por lujo sino por necesidad.

Obviamente es una dura metáfora para nuestra sociedad. Y he de reconocer como muchas veces me he formado impresiones y conceptos sobre las personas sin tan siquiera conocerles, o he dejado que los medios de comunicación sean quienes me digan en realidad como es tal o cual grupo étnico creando prejuicios y estereotipos, procuro en lo posible escapar de ellos pero viendo la película pude verme un poco reflejado.

Es cien por ciento ficción así que si no te gustan ese tipo de películas, no sé si vale la pena que te gastes dos horas de tu vida en ella, por otro lado si te gustan ese tipo de pelis, la vas a disfrutar. Tiene ademas unos cuantos tramos un poco sangrientos que también hay que tomar en cuenta a la hora de verla.

Sin embargo la campanada a dejar a un lado los prejuicios y vernos como lo que somos (todos seres humanos) es grande, en estos tiempos en que el mundo tiembla, literalmente, y se hace necesario contar con todos nuestros prójimos no importando el color de su piel o su clase social. Tiempos en que el "amar a tu prójimo como a ti mismo" toma un gran significado.

lunes, febrero 8

Si yo fuera presidente...


Exhorto pues ante todo que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en autoridad, para que podamos vivir una vida tranquila y sosegada con toda piedad y dignidad. La Biblia
La politica es (y probablemente siempre lo sea) un tema en auge. La corrupción nunca deja de indignarnos y jamás deja de sorprendernos como aquel honrado candidato que prometió dejar hasta el pellejo por sacar nuestro país adelante, se convierte de pronto en un corrupto político más.
La historia esta marcada de autoridades abusando del poder, de pobres siendo subyugados, ricos enriqueciéndose, políticos engañando, en resumen nada nuevo bajo el sol.

En cierta manera me sorprende que me sorprenda. Sin embargo estos últimos días, la diaria frustración de abrir el periódico y leer que las noticias de hoy son las mismas de ayer pero más desalentadoras (ya sé, ya sé, es que ando pesimista) se ha convertido en una pregunta que me repica y me tortura. ¿Qué haría yo en el lugar de ellos?

No soy un amante de la política, pero debo admitir que de vez en cuando el tema me apasiona. Y que aunque no me gusta admitirlo leo bastante en cuanto al asunto y tengo una opinión bastante formada y algunas veces bastante terca. En más de una ocasión me he encontrado criticando las acciones tomadas por algún político con la expresión: ¡Si yo fuera presidente...! y luego doy un largo discurso sobre que acciones hubiera tomado yo en una situación similar.

Llámenme lento pero apenas ayer reflexionando en el asunto, me di cuenta de cuan fácil es ver los toros desde la barrera y decir las increíbles cosas que haríamos sin tuviéramos el poder y la toma de decisiones de nuestros gobernantes. Probablemente en el corazón de ellos se albergó alguna vez un honesto y sincero: ¡si yo fuera presidente...! No pienso defender a la clase política, nunca he sido muy buen abogado del diablo, pero siempre me hace pensar el hecho de que es facil criticar los errores publicos, los que salen en el periódico, de aquellos que se habla por horas en programas de "análisis" sin embargo los pequeños, los que nadie ve, los que no representan "perdidas millonarias para el país" son faciles de ignorar y pasar por alto.

¡Si yo fuera presidente...! no creo que jamás llegue a serlo, pero al menos toda la vida que tenga en esta tierra seré Ariel, ¿qué voy a hacer con lo que me corresponde? con las pequeñas o grandes decisiones. Definitivamente creo que los presidentes están en una posición de mayor responsabilidad y que como tales merecen ser examinados y evaluados, pero también son seres humanos con defectos y aciertos, es facil poner los ojos en los políticos y olvidarnos de que un porcentaje de como anda este mundo tiene que ver con mis decisiones.

Bien dice aquel refran: Cada pueblo tiene el gobernante que merece...
Ariel

lunes, enero 25

Soy un viejo


No me cuesta mucho admitirlo y a los hechos me remito; me estoy volviendo viejo. O por lo menos ya no encajo de la misma manera en la vorágine y el corre corre desenfrenado en que se halla este mundo. Aun no soy de aquellos que se sienta con nostalgia a decir que mis tiempo eran mejores que estos (pues bien sé que mis tiempos tenían sus bemoles, además que considero que estos también son mis tiempos) pero definitivamente cada vez entiendo menos este mundo lo cual podría ser tan bueno como malo.

La razón de que admita mi vejez y me haya decidido a no discutir nunca más cuando alguien me llame viejo o anticuado proviene de mi reciente experiencia en un campamento de chicos (y chicas) de doce a quince años. Donde he podido palpar por mi mismo como los conceptos de moda, masculinidad, valor, caballerosidad y feminidad han dado paso a algo completamente diferente y es que ya nada es lo que era. Nunca fui una chica adolescente, pero sí que fui un chico y recuerdo aquellos años como algo genial, divertido y muy diferente a lo que es hoy en día.

Ya sé cuan anticuado puedo sonar, cuan fuera de onda y todo lo demás, por eso lo dijo sin miedo ni tapujos: me estoy volviendo viejo. por lo cual me propongo sin vergüenza hacer cosas correspondientes a mi edad, como leer un libro o practicar algún deporte, usar pantalones holgados y permitirme estar fuera de la moda, quizás no estaré en onda pero estaré tranquilo con mi conciencia, y eso ya es bastante.

Por eso tomando en cuenta lo dicho anteriormente, resuelvo que: nunca Usaré pantalones tan apretados que me haga parecer que en lugar de piernas me apoyo en dos chorizos con los cuales me las ingenio para caminar, no me "sacaré" las cejas por más que digan que da un tono "sexy", no dejaré que mis uñas crezcan más de lo necesario para rascarme (que es para eso que sirven)y mucho menos me preocupare si una o dos se quiebran en un juego de fútbol, no dejare que sean los demás quienes decidan por lo bueno y lo malo, no sera mi medida del éxito la aceptación del mundo y por último pero quizás más importante: Tendré valores inamovibles e inquebrantables que ni las muchas modas o las muchas presiones puedan cambiar, mi accionar se basara más en una reflexión que en un impulso y viviré al día, sí, pero teniendo en cuenta la eternidad.

En fin , no me hagan caso, como ven soy un viejo. Debo estar sufriendo demencia senil.

Ariel