sábado, noviembre 13

De burros, orejas y problemas fronterizos.

En todas las tierras el sol sale al amanecer.
-George Herbert


A la mayoría de latinoamericanos nos gusta hablar con refranes. Casi tenemos uno aplicable para cada situación de la vida. Uno de los primeros que aprendí y que aun encuentro demasiadas ocasiones para utilizar es aquel que reza: El burro hablando de orejas. La idea es que una persona sin autoridad (moral o de cualquier tipo) critique, desacredite o hable mal de otra persona. Es decir, ¿quién es el burro para hablar de orejas?

Sin embargo al parecer estamos en una región de orejones indispuestos a callarse. Lo he visto de diferentes formas, he visto como competimos cual si fuéramos ratas no por ganar dignidad sino por quitarle la dignidad a las otras personas. El asunto no es quien esta mejor sino quien esta menos fregado. 

Nuestros países pequeñitos, apenas perceptibles en un mapa se destrozan a dentelladas por estupideces. No voy a aparentar ser un conocedor del asunto, en realidad no sé bien de que va el rollo con los limites de Costa Rica y Nicaragua. No sé que lado tiene la razón, quien robo a quién o como va a acabar todo el asunto. Lo que sí sé es que al final, cuando se acabe el asunto veremos a los presidentes de ambos países abrazarse, tomar una copa y decir que todo fue un malentendido. Seamos sinceros, una guerra es carisima y ninguno de nuestros países esta para eso. De modo que aquí no ha pasado nada.

Sin embargo lejos del ojo publico, lejos de los grandes discursos inflamatorios de Ortega o las resoluciones absurdas de la OEA nuestros hermanos nicaragüenses y nuestros hermanos ticos se destrozan en insultos, inflaman sus paupérrimas glorias personales y desacreditan  la de sus propios hermanos. Es horrible, grupos en Facebook con nombres como "Yo odio a Nicaragua" o "Yo odio a Costa Rica" con cientos de seguidores que se dedican a insultarse. Inclusive me tocó leer como en algunos lugares se regocijaban por la muerte de un nicaragüense, ladrón o no una muerte es una muerte. 

No sé quien tiene razón, pero sí sé que nada justifica que nos tratemos así. No nosotros, que tenemos la misma sangre corriendo por las venas: india, negra, blanca, asiática, en una amalgama indescifrable. No nosotros países que deberíamos ver como salimos juntos del atolladero. que nos hemos visto, queramos o no envueltos en la misma historia.

Sin embargo aquí se aplica otro refrán: Mal de muchos consuelo de tontos. Creemos, erróneamente, que si mi vecino esta peor que yo es ganancia. Es una tontería presumir  ser uno de los países más seguros en una de las zonas más inseguras del mundo, presumir  tener la economía más sobresaliente en una de las zonas más pobres del mundo, etc, ad nauseum. 

No es un problema tico o nicaragüense. Es también un problema guatemalteco, hondureño, beliceño, salvadoreño y panameño. Pues todos de una u otra forma caemos en esa estúpida manía de hablar de las orejas del vecino sin antes fijarnos en las nuestras. Aquí hay un problema de limites pero no los fronterizos que separan Costa Rica y Nicaragua, hay un problema de limites pues las cosas que nos unen que nos hacen ser iguales no son el color de mi pasaporte o de mi piel sino la dura realidad de ser un ser humano. 


Es triste ¿no?

Hermano contra hermano.
Hombre contra hombre.
En la danza mortífera;
de ser mejor que el otro;
aplastar, ganar, morder;
usar epítetos irrepetibles.
Regresar vacío, hueco;
torpe.
Y pensar que del barro
hemos venido y para allá
vamos todos.
Es triste ¿no?

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