miércoles, noviembre 9

Nadie me pregunto pero... o de Trump, la tolerancia y (por supuesto) Dominic.

   
 Nadie me preguntó y por lo tanto nadie está obligado a leerme, y mucho menos, estar de acuerdo conmigo. No soy ciudadano estadounidense -o americano como le gusta llamarse a ellos- o gringo como nos gusta a nosotros llamarlos. Pero tengo dos años y medio viviendo en este país lleno de contradicciones, lleno de riqueza y pobreza, lleno de conocimiento e ignorancia, de oportunidades y ostracismo. He conocido gente maravillosa y como dijo mi amiga Andrea en cierta forma he vivido en una burbuja que está en shock ante lo sucedido

     La moralidad y la política se besan en la más cruel de las aberraciones y el cristianismo que presume tener raíces profundas parece serque un tronco seco, lleno de gusanos y listo para ser derribado. Existen excepciones claras, buenas personas, buenos cristianos, inclusive buenas personas que votaron Trump.  Escribo sí, porque gano Trump en una demostración de que las cosas -oh sorpresa- andan mal en este mundo, pero no me sorprende, ni siquiera me indigna. ¿Cuándo fue la última vez que conocimos a un presidente exitoso? ¿Cuál fue la última elección en que sentimos que nuestro voto valía algo? Que ganara cualquier otro candidato no hubiera sido demasiado diferente, un político es un político, llámese Hillary Clinton, Donald Trump o Ricardo Martinelli, Varela, Maduro, Correa, etc. 
     
     Escribo porque he visto como personas a las cuales admiraba y/o respetaba se han puesto al lado de los supremacistas blanco, anti semitas y anti musulmanes, la iglesia y el kukuxklán con un candidato en común -cosas veredes- Escribo porque justificar decisiones políticas con excusas morales y un discurso que de gastado da vergüenza.

     Sin embargo, esta mañana leyendo las noticias, esa tóxica costumbre, debía tener una cara de preocupación, frustración, tristeza. Mi hijo, Dominic, con sus tres años se me acerco y me puso una mano en el hombro.

-Papá ¿Está feliz o está triste? ¿´tá nojadito?

-No, Dominic, estoy feliz.

-Hay que tar feliz papá…

     Y me dio un abrazo de aquellos que te borran rabias, sin sabores y secan lágrimas. Entonces me cayó de golpe, hay muy pocas cosas que puedo hacer para cambiar la mentalidad de otros, ni siquiera tengo un voto en este país. Sin embargo, tengo a Dominic y verlo crecer cada día me asusta, un mundo tan volcado al racismo, al odio al desprecio de la mujer, me asusta, me preocupa, pero puedo hacer lo que este dentro de mis manos para que el racismo, el sexismo, la xenofobia no se instalen en su corazón, porque crezca aceptando a todos, respetando a todos, siendo honesto y leal y obviamente me toca mi serle el ejemplo de que eso es posible; menuda labor.
     
El triunfo de Trump no es el fin del mundo. Pasaran cuatro años y probablemente se reelija, probablemente no, quizás sea un mal presidente, quizás sea uno bueno, quizás rescate la economía, quizás la termine de hundir. Pero para todos los que nos indignamos porque un tipo racista que menosprecia a las mujeres, que presume de sus abusos sexuales llegue a la presidencia la tarea sigue siendo la misma, ser nosotros la diferencia, modelar a las futuras generaciones y no creer ni por un segundo que el mal ha vencido sobre el bien. Se ha escogido un presidente no tu destino, un puesto político no debería determinar mi enfoque del mundo y si me permites decirlo, el tuyo tampoco.

Hace unos días conversaba con Hannah sobre un articulo que ella estaba leyendo, el escritor decía "Si somos realmente tolerantes, debemos tolerar su intolerancia, o por lo menos no condenar su libertad de expresarla, asi de ese modo podemos señalar su error" - Perry Nodelman. Si lo que nos ofende de Trump es su racismo, su intolerancia, su sexismo, su machismo cavernario, ¿no es esta la perfecta oportunidad para demostrarles que somos diferentes?


Ya sé que nadie me preguntó, pero necesitaba decirlo…

jueves, octubre 2

El extraño que vive conmigo...

"Hay veces en que la paternidad se siente como nada más que alimentar la boca que te muerde" - Peter De Vries

El extraño que vive en mi casa llegó hace catorce meses. Le llamo extraño pues aunque nos unen lazos inquebrantables, e indudables, y pese a todo el amor que me provoca, debo reconocer que apenas le voy conociendo, y él apenas me deja entrever en sus balbuceos inteligibles cuál es su temperamento, que colores prefiere y en veces parece que quisiera ser más zurdo que derecho, pero solo supongo, el extraño que vive conmigo no da demasiadas pistas.

Su léxico limitado a unas 6 palabras mal pronunciadas en dos idiomas y uno que otro sonido onomatopéyico no me permite saber si le gustan los libros o la música que le ponemos, he de suponer por la forma en que baila que un poco le agrada, aunque sea un poco. No sé si apoyará a los Yankees o solo por llevarme la contraria será un fan de los Red Sox, o a lo mejor pase de ese deporte tan aburrido o quizás, ay de mí, pase de todos los deportes y lo suyo sea otra cosa.

¿Le gustará Neruda? ¿O pensará que son imágenes inconexas para mentes aletargadas? ¿Algún día leerá a Tolkien? O dirá petulantemente ¿para qué leerlo? Allí están las películas. ¿Se enamorará un día y vendrá a contármelo con confianza? ¿Querrá ser escritor? ¿Le gustarán mis cuentos?

¿Permitirá que lo abrace con fuerza y le diga cuanto lo amo aun en presencia de sus amigos? ¿Aprenderá algún instrumento musical? ¿Aprenderá a bailar? ¿Cantará las canciones de Silvio?

El extraño que robó mi corazón hace catorce meses sigue revelándose de a poco, día a día, mientras corremos detrás de él por la casa, mientras le cambiamos sus pañales, mientras nos reímos con él o de él.

El extraño que vive conmigo acaba de despertarse y en vez de llorar está hablando solo, o lo que él cree es hablar…

Nunca había amado tanto a un extraño.

sábado, agosto 2

Dominic o a un año de ser papá.

Un hijo es una pregunta que le hacemos al destino.
José María Pemán

     
     Hace un año Dominic llegó a nuestras vidas. Lo hizo desde un principio con su estilo espontaneo sin llegar de la forma anticipada y sin pedir permiso, se instaló en nuestros corazones y los llenó de cabo a rabo a pesar de ser apenas una pequeña masa de carne cuya habilidades se limitaban a llorar o llorar a gritos.
Aprendí entonces que de nada servía toda la preparación previa, que se habían ido al garete todas aquellas promesas de mostrar neutralidad, mi hijo era lo máximo y ningún bebé era más hermoso que él, aunque para ser sinceros en aquel momento parecía más una ciruela pasa que un ser humano. 

    Aprendí que sí existe el amor a primer vista y que nada tiene que ver con el romanticismo o la cursilería porque puedo decir confiadamente que a Dominic le amé desde el primer momento que le vi. 

    Con Dominic la vida ha cambiado radicalmente, cuando pensamos en tres en vez de pensar en dos, cuando nuestros horarios se dividen entre "siestas" y cuando una "buena noche" significa solo tener que levantarse dos veces en la madrugada y cuando tus amigos hablan de fútbol y tú te mueres por mencionar que tu hijo ha empezado a decir balbuceos inciertos pero que sí se escucha de cierta forma pareciera que estuviera diciendo Papá.

    Aplaudes las cosas más tontas y te parecen grandes hazañas, te ríes de tonterías y sonríes, sonríes mucho, sólo porque si, porque la vida ha sido buena, porque Dios te ha bendecido y ha tenido misericordia.

    Y aprendes al final de todo que no sabes nada, que a pesar de los libros leídos, los consejos (pedidos o no) y toda esa cosa llamada internet que pretende enseñarte a como ser un buen padre; igual te vas a equivocar, igual vas a pensar que te hubiera gustado hacer cierta cosa de forma diferente y probablemente tu hijo resienta dos o tres cosas de aquella crianza, pero ahora tengo la certeza de que algún día Dominic me perdonará, cuando a él le toque ser papá y mire hacía atrás y vea lo poco que se sabe, lo mucho que se improvisa pero sobre todo lo infinitamente que se ama.

¡Feliz cumpleaños Dominic! Gracias por cambiar mi vida.

miércoles, julio 23

Hannah

Un hombre honrado no encontrará jamás una amiga mejor que su esposa.
Jean Jacques Rousseau


Hannah ha sido una parte importante de mi vida desde hace aproximadamente quince años. Nos conocimos cuando ambos eramos adolescentes llenos de más dudas que certezas y con ganas de cambiar el mundo, -a la inocencia- nos hicimos amigos escribiendo, estuvimos lejos por mucho tiempo, nos escribimos, nos enamoramos, nos escribimos, y desde hace cuatro años hemos estado juntos, tenemos a nuestro pequeño Dominic y aunque en su mayoría hemos cambiado el escribirnos por esas conversaciones cotidianas en que nos contamos el libro que leímos o aquella noticia que necesitamos comentar con alguien y aun asi de vez en cuando nos escribimos. 

Acabamos de mudarnos de país, con todo el impacto que eso puede causar y sin embargo al tener a Hannah cerca me siento en casa y eso es mucho más de lo que puedo pedir. 

Hace poco más de quince años nos preguntamos y nos hacíamos la pregunta que se hacen todos los adolescentes: ¿qué sera de mí en diez años? ¿qué estaré haciendo? Han pasado más de diez años y la pregunta aun me atormenta, ¿donde estaré en diez años? ¿qué sera de mí? ¿habré alcanzado algunas de mis metas? ¿se habrán tornado en pesadillas mis sueños? La verdad es que no sé las respuestas y probablemente en diez años tenga más preguntas y menos respuestas, pero de una cosa estoy seguro, este donde este, estaré con Hannah y ella seguirá siendo mi mejor amiga.

lunes, abril 21

Sobre hacer catarsis y las elecciones del 4 de Mayo.

Escribir o reventar, no quedan más opciones, hacer catarsis, purgarse.

 La política me tiene podrido hasta los huesos, ver las caras sonrientes y "photoshopeadas" que nos observan en cada poste de luz, en cada esquina, ver las irrisorias banderas de los partidos políticos ondeando allí donde podrían haber mejores cosas y escuchar la bendita cantaleta de que ellos sí saben como mejorar este país, que ellos sí van a acabar con el crimen, con el "alto" costo de la vida, con la corrupción, el pecado y hasta la muerte. 

Y es que ¿qué tan estúpidos creen que somos? o será más exacto preguntar ¿qué tan estúpidos somos? ¿en serio convencen a alguien poniendo banderitas? ¿Sera que alguien va manejando y de repente ve una bandera política y piensa: ¡que hermosa bandera! le daré mi voto!? ¿Cuanto cuesta cada una de esas banderas? ¿quién las paga? ¿qué consigue con eso?

Estoy harto de tener que escoger al menos malo, ¿podría alguna vez votar por el mejor? Estoy harto de que se reelijan los mismos tipos con las mismas promesas y las mismas personas le vendan su voto por una gorra, una paila de arroz u obras inconclusas pagadas con nuestros impuestos, como si la obligación del gobierno no fuera hacer esas cosas.

Estoy harto de los políticos y de nosotros los ciudadanos, ¿qué fue primero? ¿El político corrupto o el ciudadano inconsciente que vota por moda, por rabia, por miedo? 

No sé que va a pasar el 4 de mayo en este país que cree estar comprando (a crédito) un puesto en el primer mundo, no sé quien va a ganar, no sé quien quiero que gane, pero quiero que esto termine ya, que desaparezcan las sonrisas hipócritas que me saludan cada mañana mientras avanzo en el pesado tráfico, que vuelvan a esconderse los ladrones en sus cuevas. No sé que va a pasar el 4 de mayo, pero me consuela saber que habrá un 5 de mayo.


lunes, octubre 21

Soy un mal papá.

"Cuando un hombre se da cuenta de que su padre tal vez tenía razón, normalmente tiene un hijo que cree que está equivocado." Anonimo

Ser papá es por mucho la experiencia más aleccionadora de toda mi vida, no solamente el descubrir que uno es capaz de amar inclusive más allá de lo que cree posible, aprender a apreciar el trabajo hecho por mis propios padre pero también aprender cosas más sencillas como cambiar pañales, hacer biberones, sacar gases, hacer gestos y voces, levantarse en la madrugada solo para checar que las cosas andan bien o dormirse de un tirón y levantarse a la mañana siguiente con un poco de mala conciencia por no ser de esos padres abnegados que dicen no pegar un ojo desde que nace el bebé. 

Y por allí va la cosa, después de haber leído, escuchado y visto a tantos padres, no puedo dejar de sentir que soy un mal papá, y es que no importa lo que haga, ni cuando lo haga o con que intenciones lo haga siempre habrá alguien con una opción diferente y por supuesto mejor que la tuya y son tantas las versiones y tantos los que tienen algo que opinar que no puedo más que concluir: soy un mal papá.

Soy un mal papá, porque dejo que el bebé llore o porque lo consuelo demasiado rápido, porque le doy de comer cada tres horas o porque le permito comer cada vez que quiera, porque el ritmo con que golpeo su espaldita para sacar los gases es demasiado rápido o demasiado lento o demasiado fuerte o débil, siempre depende de quien este opinando. 

Soy mal papá porque le pongo un chupon y luego porque no se lo pongo y porque dejo que se chupe la mano o porque le agarró la mano para impedir que se la lleve a la boca. Porque duerme siestas largas en el día y porque permito que Hannah se levante a darle pecho de madrugada. Porque cuelgo demasiadas fotos de él en las redes sociales o quizá son muy pocas, porque no le pongo a Mozart sino a Silvio Rodríguez y les preocupa que el niño salga izquierdoso. 

Soy mal papá porque tengo dos gatos y permito que se acerquen hasta el niño ¿es que no he leído nada de la toxoplasmosis? O porque le dejo estar solo en el pañal sin camisa ¡se va a resfriar! ¿es qué no se enteran del calor que hace en Panamá?

Igual sé, muy bien, que muchos de los consejos son bien intencionados, aun cuando caigan fastidiosos luego de un rato, supongo que no soy el primero que pasa por eso, ni tampoco seré el último, además supongo que alguna vez yo también creí ser omnisciente en cuanto a los bebés y sus necesidades. 

Tener un bebé, ¡cosa fácil! Lástima que yo sea un mal papá.

viernes, septiembre 6

Soy mamá

“Cada mañana cuando me levanto me digo a mi mismo
que tengo que hacer algo
para darle a Sara una vida en un mundo mejor

Cada mañana cuando me hago una promesa
ser mejor persona, respetar esta tierra,
para que los niños vivan en un mundo mejor.”
“Niña Sara” - Jarabe de Palo


Hace un mes empecé una nueva aventura que durará el resto de mi vida.  Hace un mes empecé a aprender cómo ser mamá.  Ha sido un mes tan especial y agotador, sin embargo, nunca imaginé que cuando llegara este momento me sentiría tan a gusto.  Esto me sorprendió muchísimo. Dejame explicar por qué.

Hannah y Dominic
Digamos que nunca he sido esa chica que se enamora de cada bebé que se encuentra.  Soy de esas que le da miedo cargar un bebé recién nacido porque creo que se me va a romper.  Mi primer trabajo después de graduarme de la universidad fue algo así como un chiste irónico en el que me tocaba visitar mamás con bebés de 0-3 años y en cada visita me tocaba hablar con la mamá en cuanto al desarrollo de su bebé y jugar con el bebé.  Me tocaba cargar los bebés.

La densidad de las sinapsis a través del tiempo.
En ese trabajo me mandaron a varias conferencias en cuanto al desarrollo del los niños a esa edad.  Aprendí muchas cosas en cuanto al cerebro y sobre todo la importancia de esos primeros tres años.  Aprendí suficiente como para saber que no quería tener un bebé por MUCHO tiempo, me parecía una responsabilidad demasiado grande.  Al mismo tiempo, cuando me encontraba en hogares donde los bebés estaban sufriendo por la negligencia de sus padres, me rompía el corazón y en esos momentos pensé que tal vez algún día podría ser una buena mamá.  Lo que necesitaban esos niños, no eran cosas caras o inaccesibles, necesitaban amor y atención.

Ahora, años después, soy mamá.  Es increíble.  Me siento sumamente insegura (¿qué tal si no puedo hacer que deje de llorar cuando salimos de compras?) pero también me siento como si hubiera llegado en el momento más perfecto de mi vida.  Aunque no lo sabía antes, estaba lista para ser mamá. En estos días que estoy en casa haciendo lo que hace toda mamá de un recién nacido: comer, cambiar pañales, dormir, etc. he aprovechado el tiempo para leer un poco (bastante) en cuanto al desarrollo de mi bebé, todos los días estoy buscando las señales que está cada vez más consciente de lo que está pasando a su alrededor, y también he aprovechado para ver documentales, películas, y otras cosas que no siempre tenía tiempo de ver en mi rutina pre-bebé.  

Hoy, vi un documental sumamente interesante basado en el libro Freakonomics, el documental lleva el mismo nombre que el libro y cuentan una variedad de situaciones en las que la economía presenta una versión totalmente distinta a la realidad que las personas creen popularmente.  En uno de los segmentos, habla sobre ser padres y el mercado de la “estimulación temprana”. (Creo que los bebé deben ser estimulados, pero tal vez no sean tan necesarios todos los aparatos o cursos que se han desarrollado en torno a la "estimulación temprana".)


En resumen, dicen que todos los programas especiales, las clases para bebés no rinden un efecto significativo en el desarrollo del bebé, o por lo menos estos bebés no se muestran “más desarrollados” que otros bebes con los cuales los papás interactúan, les muestran cariño, etc. Estas cosas pueden ayudar (o no) en algunos casos, pero no son una determinante para el éxito de un niño.  

En el segmento dicen algo que me pareció sumamente interesante.  Dijeron que en realidad lo que va a afectar si eres un buen papá o no, son todas las decisiones que has tomado antes de ser papá. Me sentí aliviada, como si todo aquello que "no estoy haciendo" no es tan importante como todo lo que sí estoy haciendo, porque después de todo eso resulta ser más importante.  Así que, aunque soy novata, inexperta, y con mucho por aprender… tal vez sencillamente el querer ser una buena mamá es el primer paso para ser una buena mamá.