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viernes, octubre 14

Los buses, sus historias, sus lecciones.

"Mejor ser ocasionalmente engañado, que perpetuamente receloso" -
B. C. Forbes

Viajar en autobús tiene sus ventajas. No es el lugar más cómodo, ni la forma más rápida de llegar a algún lado, pero ningún viaje en un automóvil por más lujoso que sea nos brinda la mitad de interacción humana, ningún viaje con los vidrios hasta arriba, la música a todo volumen y el aire acondicionado a tope nos da historias interesantes de las cuales formamos parte por cinco segundos o un par de horas. Ya he escrito en otras ocasiones historias sobre autobuses (Buses Musicales y Otra de Autobuses) pero creo que vale la pena hacerlo una vez más. 

Estaba a unas cuatro paradas de llegar a casa. La cabeza me zumbaba de esa extraña forma que lo hace cuando el sol es demasiado y el cuerpo exige un almuerzo que se ha ido atrasando. Ya saben cómo es eso. En la parada se sube un muchacho al bus, va con un bastón de ciegos y parece no ver nada. Me avergüenza decirlo pero mi primer instinto fue desconfiar. Soy una persona a la que le cuesta decir no para ayudar a alguien, eso me ha hecho llevarme un par de chascos y perder unos cuantos dólares. No obstante el muchacho se veía autentico, empezó a hablar no como quien se ha memorizado un guión con los clásicos clichés "hoy soy yo, mañana eres tú" etc. Tampoco pretendía hacernos creer que representaba a alguna mágica organización que salvaba niños, ancianos, drogadictos, perros, gatos y quien sabe cuántas cosas más. En un lenguaje bastante atropellado, quizá por los nervios, quizá por la falta de educación nos contó su historia: 

Tuvo un accidente de automóvil hace un par de años. Perdió la vista. Uno de sus ojos está dañado irreversiblemente mientras que el otro puede recuperarse con una operación que cuesta diecinueve mil dólares. No tiene esa cantidad de dinero, obviamente, no quiere perder la cita que tiene en el Seguro Social y decidió salir a la calle a pedir, a recoger diecinueve mil dólares. La forma de hablar y mi lado blandengue hicieron que quisiera ayudarlo, tampoco tengo diecinueve mil dólares pero podía darle algo. Aun así pensaba que al pobre muchacho no le iba a ir demasiado bien, las personas nos han enseñado a desconfiar de las personas y en una cultura como la panameña donde nadie quiere ser el Congo y todos quieren ser los más vivos queda muy poco lugar para el beneficio de la duda. 

Sin embargo para mi sorpresa y satisfacción, la gente reaccionó sacando monedas y billetes, el muchacho no veía de modo que tenían que tocarle la mano y entregárselo. Nunca había visto una reacción tan solidaria en el bus. 

Se bajó algunas paradas después. Iba solo. Quizá nunca sepa si llego a los diecinueve mil dólares, es más quizás nunca sepa si en realidad era un muchacho con necesidades o un increíble actor. Como sea me hizo bajarme aquella tarde con una sonrisa y esperanza en la personas que aun saben cuando confiar, que aun pueden sacar algo de sus bolsillos, aunque estoy seguro no les abunda y ayudar a quien pide ayuda. 

En estos tiempos de desconfianza y egoísmo ese tipo de historias te devuelven un poco de esperanza. Ese tipo de historias te hace sentir parte de una comunidad imperfecta pero noble. Ese tipo de historias son imposibles de vivir dentro de un automóvil de lujo con los vidrios arriba, la música a todo volumen y el aire acondicionado a tope. Ese tipo de historias te hacen sentir parte de la humanidad. O en todo caso, parte de Panamá.

jueves, octubre 6

Del tuit al hecho...

La acción es lo único que tiene valor. Soñar que se juega al tenis no es nada. Leer libros de tenis no es nada. Jugar al tenis es un gran placer.
André Maurois


¡Es una lastima! Las personas que tienen una solución
 para todo están en casa comentado en Internet. 
Ya sé que cada quien es libre de utilizar las redes sociales como le venga en gana. Total para eso son y si alguien quiere ir poniendo cuantos granos de arroz almorzó o cuantas veces estornudo antes de limpiarse la nariz es su problema ¿no? Pero permítanme hacer algunas anotaciones breves de este asunto de las redes sociales, en específico de los ya fastidiosos "pega esto en tu muro" 

Es un mal de facebook que cada vez toma más fuerza. Alguien se levanta con mala conciencia y decide poner algo como: 

¿sabes cuantos niños mueren de hambre en el mundo? Si te importa en realidad pega esto en tu muro por lo menos por una hora ¡para que los niños puedan comer! 

Y allí va la bandada de borregos a pegar en los muros, a saturarlos, a postearlo una y otra vez con la genuina intención de alimentar a los niños que pasan hambre, porque al parecer los niños de ahora comen letras e impulsos electrónicos. 

Hay que aceptarlo de vez en cuando sale uno que otro original como aquel que hablaba en cuanto a las diferencias ortográficas de hay y ay. Pero en su mayoría son frases huecas y sin sentido que no le quitan el hambre a nadie ni hacen nada por impedir que los niños sigan muriendo o las personas sigan enfermando de cáncer o siendo abusadas. Es cierto, hay un espacio para denunciar e informar pero no nos creamos la madre teresa de Calcuta solo por ir poniendo frases cursis en nuestro "wall" ¿se lo imaginan? A la madre Teresa posteando en su muro "si te interesan los pobres de Calcuta pega esto en tu muro" o a Ghandi: i quieres que se vayan los ingleses dile no a la violencia y pega esto en tu muro. 

Creo en el poder de las palabras, creo que algo bien dicho puede iniciar acciones que podrían cambiar el mundo. Lamentablemente cada vez nos hallamos más y más frente a un mundo de seguidores (followers) que se dedican a retuitear "las cosas buenas en vez de hacerlas. Que se dedican a pegar mensajes en el muro en contra del hambre o la violencia en vez de salir a la calle a hacer algo. De activistas copy and paste que se reproducen como virus informáticos. 

No hablo como quien esta fuera del hoyo sino como alguien que desde adentro busca una salida. Quizá después de todo internet nos ha dado mejores ideas y nos ha permitido conocer mundos. ¿por qué no salir a la calle a aplicarlo? 

Pega esto en tu muro si quieres menos palabras y más acciones, no, mejor salgamos a la calle a hacer algo.

miércoles, junio 8

Soy un tipo influenciable...

Cada uno muestra lo que es en los amigos que tiene.
Baltasar Gracián

De vez en cuando, cuando se puede, me gusta salir con Hannah a tomar un café. Ella toma un té para ser más exacto. Conversamos sobre el día, sobre la semana y a veces soñamos con nuestra vida en diez o veinte años. Hablamos de libros, tenemos nuestros autores favoritos, solemos escogerlos porque han marcado nuestra vida y nuestra forma de pensar. El otro día mientras el café se enfriaba y comentábamos sobre la “temporada de turistas” noté que otro tema constante en nuestras conversaciones son los amigos. Los del presente y los del pasado, los que vimos hace poco y a los que ya les perdimos la pista. Concluí (un poco sorprendido) que esas personas tuvieron igual o más influencia en mi vida que los libros leídos. 
Y es que es muy fácil andar diciendo por allí que he sido influenciado por C.S. Lewis, Chesterton, Dostovesky, Tolkien o Perez-Reverte. Es más hasta suena genial. Pero admitir que he sido influenciado por personas tan de carne y hueso como yo, llenos de falencias y errores pero que me enseñaron que mi óptica no lo es todo y el ancho mundo que se extiende más alla de lo visto, oído o palpado, no tiene tanto tinte intelectual. Pero es así. 

Me di cuenta que han sido mis amigos quienes me han transmitido el gusto musical en muchos aspectos. Me han presentado nuevos autores y me han llevado por viajes hasta lugares en donde nunca he puesto un pie. Han sido mis amigos quienes me enseñaron a tolerar las diferencias y a disfrutarla, a esperar hasta conocer a una persona para poder determinar quién es. A apreciar que la opinión de otro es valiosa sólo por no ser la mía. 

Recuerdo por a un grupo de mis amigos en el seminario. Prácticamente eran mi familia y me enseñaron tantas cosas que ni haciendo esta entrada más larga de lo que ya es podría terminarlo. Jorge con su psicótico orden y al mismo tiempo infinita paciencia y lealtad. Daniel con sus gustos musicales extravagantes y la disposición de dar la mano si era necesario. Héctor con una paciencia casi inhumana y el carácter más dócil y correcto que he conocido (aun así lo saqué de quicio un par de veces). Joel con sus maneras enrevesadas de ver la vida y sus experiencias tan distintas a las mias. Y varios más de los que guardo genuinos y cariñosos recuerdos. Ninguno de ellos es perfecto, aunque más de uno se lo crea, la idea no es canonizarlos, pero cuando reviso mi vida encuentro que la han influido en gran manera y su presencia marco una diferencia en mi caminar. 

Han sido muchas las personas que me han influido. Ustedes saben quiénes son, seguramente tú también. Lo más probable es que nunca reconozca audiblemente mis influencias menos “intelectuales” pero quería que ustedes lo supieran. Con cada conversación que tenemos, con cada canción recomendada, cada discusión civilizada (o no) algo de ustedes queda en mi para bien o para mal. 

Que aun después de varias decenas de libros, autores renombrados y otras hierbas aromáticas, ustedes siguen siendo mi mayor influencia; se les agradece.

miércoles, junio 1

De porque no creo en los ateos.

"Prefiero equivocarme creyendo en un Dios que no existe, que equivocarme no creyendo en un Dios que existe. Porque si después no hay nada, evidentemente nunca lo sabré, cuando me hunda en la nada eterna; pero si hay algo, si hay Alguien, tendré que dar cuenta de mi actitud de rechazo."
Blaise Pascal

Ya sé que el ateísmo está de moda al igual que la tolerancia. De modo que en este artículo probablemente me salte las dos vallas. No obstante confió en que todos aquellos ateos sepan perdonar y tolerar mi falta de fe en el ateísmo. también soy consciente de las prohibiciones en cuanto charlas sobre política y religión así que por favor: sepan tolerarme. 

Respeto muchísimo a los ateos con cinco dedos de frente. Aquellos que tienen argumentos tan buenos que definitivamente estremecen un poco tu mundo. Respeto a aquellos que genuinamente se han tomado el tiempo de leer, conocer y acercarse al Dios que intentan negar. Los respeto por su forma consecuente de pensar. Es decir respeto a los que tienen convicción y no lo hacen por moda. 

Pero seamos sinceros, hoy en día se ha levantado una serie de ateos de papelillo sin más argumentos que algunos tuits leídos por acá o por allá y sin más ideas que las extraídas de Wikipedia. Personas que dicen odiar a Dios ¿cómo pueden odiar algo que no existe? Y dan coces furiosas contra la iglesia y todos sus feligreses acusándolos de todo. Ateos de papelillo, insisto. 

Es imposible que defienda a la iglesia. Han actuado mal por muchísimos años y bien merecido se tienen la mala fama que se han labrado. Los católicos con los horribles casos de pederastia, los evangélicos con su complejo de ser perfectos, los adventistas con sus fines del mundo incumplidos, etc. La iglesia, reconozcámoslo ha fallado horriblemente en su papel de ser “representantes de Dios en la tierra”. No confundamos la cosa. 

Pero no podemos juzgar la idea por la ejecución. Chesterton dijo una vez: “Creo en el liberalismo, pero en una época de rosada inocencia también creía en los liberales” a mí la frase me ha fascinado pues creo que cala con perfección en lo que se puede decir de los cristianos hoy en día. Es difícil creer en ellos pero no por eso Dios deja de tener validez y sentido. Los ateos de papelillo sin embargo se dedican a despotricar en contra de la iglesia como si demostrar sus falencias anulara la existencia de Dios. Tenemos años de tener pésimos políticos y malísimos gobiernos pero muy pocos se cuestionan la validez de la democracia. Por ejemplo. Es más yo mismo puedo señalar un sinnúmero de errores de la iglesia y aun así creo en Dios. 

Tampoco la intención de este escrito es presentar defensa de Dios. Creo en Dios, sí, pero también creo que él puede defenderse muy bien. Mi intención más bien es apuntar a esa ola de ateos de mentira sin más argumentos que la rabia contra el sistema o contra la iglesia , contra algún grupo o por simple moda, para ser los más “cool”. Seamos serios por favor. 

No tardara uno en venir diciendo: -Si Dios existe ¿Por qué tanta maldad en el mundo?- bueno, esa es una de las preguntas difíciles, si lo aceptamos como un argumento valido aun así solo demostraría que no hay un Dios bueno dejando abierta la opción a un Dios malo o mejor aún a un Dios incomprensible para nosotros. Aunque hay mejores respuestas para esta hipótesis. 

En resumen lo que quiero decir es: Si van a creer o dejar de creer que sean por razones de peso más que una simple moda o un simple parloteo de loros. Que sea por convicciones. Tenía que sacarme esto del pecho, he estado leyendo demasiados tuits desatinados. 


Yo por mi parte creo en Dios. Pregúntame porque.

miércoles, mayo 4

Una serie de eventos desafortunados.

"Optimista es una palabra que aquí se refiere a personas como Phil. Siempre viendo de forma esperanzadora y placentera los eventos recientes. Por ejemplo, si un lagarto le comiera el brazo izquierdo a un optimista este diría con voz serena y cargada de esperanza: Bueno, después de todo no es tan malo, es verdad que ya no tengo mi brazo izquierdo pero al menos nadie volverá a preguntarme si soy diestro o izquierdo. Sin embargo la mayoría de nosotros simplemente se dedicaría a gritar: ¡arrrg! ¡mi brazo! ¡mi brazo!"
Lemony Snicket "Una serie de eventos desafortunados"


Llevo un par de años leyendo "A serie of unfortunate events" la lectura se ha atrasado por dos motivos principales. Por un lado en Panamá no encontraba la serie completa por ningún lado por lo cual me tocaba pellizcar un libro por acá y otro por allá. Además los libros están en ingles, lamentablemente la traducción al español no es tan buena y es más difícil de conseguir, leer en ingles aun es para mi como regresar a primer grado , puedo entender pero voy lento y a veces me desconcentro. 

Como sea ahora tengo a mi disposición la serie completa y desde ayer retomé su lectura. Son trece libros, voy por el séptimo, escritos por Lemony Snicket. La historia nos habla sobre unos huerfanos herederos de una fortuna perseguidos por la ambición del terrible Conde Olaf. Los huérfanos sufriran una serie de eventos desafortunados   cada vez en aumento. Llenando al lector a momentos de muchísima conmiseración. 

La narrativa de la historia es buenísima y cargada de humor. Supuestamente es una serie de libros infantiles pero aborda temas que se prestan para las más profundas reflexiones para cualquier edad. Los huérfanos siempre huyendo del malvado conde Olaf pasaran página tras página en desgracia, de hecho todos los libros de la serie inician con una advertencia del escritor pidiendo al lector que abandone la lectura y busque otros libros más optimistas o con finales felices. No le hice caso y quede prendado de la serie.

Ayer conversando con Hannah sobre el libro pensaba en la mucha similitud que tiene la historia con la vida de cualquier persona. Todos podemos sentirnos a ratos envueltos en una serie de catastróficas desdichas, todo va de cabeza o peor. Sin embargo al igual que los huérfanos, nos pueden suceder cosas malas pero muy rara vez nos suceden las peores. Podemos quejarnos de el alza de la gasolina o de los nuevos impuestos, etc. Aun así seguimos desplazándonos en nuestros carros o pagando el celular, etc.Y ninguno de esos eventos por los cuales tanto nos quejamos tiene peso cuando lo ponemos a la luz de los asuntos realmente importantes.  

De modo que así, todos envueltos en nuestras serie de eventos desafortunados personales, podemos mirar al día siguiente y al siguiente con una sonrisa y sobre todo esperanza. Inclusive los libros a pesar de tanto hablar de infortunio y pretender ser contados de una manera pesimista acaban siendo una oda a la esperanza, a la perseverancia y a eso de a mal tiempo buena cara.

Los libros son buenos, al menos los seis que he leído. Si pueden échenle un ojo. 

sábado, noviembre 13

De burros, orejas y problemas fronterizos.

En todas las tierras el sol sale al amanecer.
-George Herbert


A la mayoría de latinoamericanos nos gusta hablar con refranes. Casi tenemos uno aplicable para cada situación de la vida. Uno de los primeros que aprendí y que aun encuentro demasiadas ocasiones para utilizar es aquel que reza: El burro hablando de orejas. La idea es que una persona sin autoridad (moral o de cualquier tipo) critique, desacredite o hable mal de otra persona. Es decir, ¿quién es el burro para hablar de orejas?

Sin embargo al parecer estamos en una región de orejones indispuestos a callarse. Lo he visto de diferentes formas, he visto como competimos cual si fuéramos ratas no por ganar dignidad sino por quitarle la dignidad a las otras personas. El asunto no es quien esta mejor sino quien esta menos fregado. 

Nuestros países pequeñitos, apenas perceptibles en un mapa se destrozan a dentelladas por estupideces. No voy a aparentar ser un conocedor del asunto, en realidad no sé bien de que va el rollo con los limites de Costa Rica y Nicaragua. No sé que lado tiene la razón, quien robo a quién o como va a acabar todo el asunto. Lo que sí sé es que al final, cuando se acabe el asunto veremos a los presidentes de ambos países abrazarse, tomar una copa y decir que todo fue un malentendido. Seamos sinceros, una guerra es carisima y ninguno de nuestros países esta para eso. De modo que aquí no ha pasado nada.

Sin embargo lejos del ojo publico, lejos de los grandes discursos inflamatorios de Ortega o las resoluciones absurdas de la OEA nuestros hermanos nicaragüenses y nuestros hermanos ticos se destrozan en insultos, inflaman sus paupérrimas glorias personales y desacreditan  la de sus propios hermanos. Es horrible, grupos en Facebook con nombres como "Yo odio a Nicaragua" o "Yo odio a Costa Rica" con cientos de seguidores que se dedican a insultarse. Inclusive me tocó leer como en algunos lugares se regocijaban por la muerte de un nicaragüense, ladrón o no una muerte es una muerte. 

No sé quien tiene razón, pero sí sé que nada justifica que nos tratemos así. No nosotros, que tenemos la misma sangre corriendo por las venas: india, negra, blanca, asiática, en una amalgama indescifrable. No nosotros países que deberíamos ver como salimos juntos del atolladero. que nos hemos visto, queramos o no envueltos en la misma historia.

Sin embargo aquí se aplica otro refrán: Mal de muchos consuelo de tontos. Creemos, erróneamente, que si mi vecino esta peor que yo es ganancia. Es una tontería presumir  ser uno de los países más seguros en una de las zonas más inseguras del mundo, presumir  tener la economía más sobresaliente en una de las zonas más pobres del mundo, etc, ad nauseum. 

No es un problema tico o nicaragüense. Es también un problema guatemalteco, hondureño, beliceño, salvadoreño y panameño. Pues todos de una u otra forma caemos en esa estúpida manía de hablar de las orejas del vecino sin antes fijarnos en las nuestras. Aquí hay un problema de limites pero no los fronterizos que separan Costa Rica y Nicaragua, hay un problema de limites pues las cosas que nos unen que nos hacen ser iguales no son el color de mi pasaporte o de mi piel sino la dura realidad de ser un ser humano. 


Es triste ¿no?

Hermano contra hermano.
Hombre contra hombre.
En la danza mortífera;
de ser mejor que el otro;
aplastar, ganar, morder;
usar epítetos irrepetibles.
Regresar vacío, hueco;
torpe.
Y pensar que del barro
hemos venido y para allá
vamos todos.
Es triste ¿no?

miércoles, noviembre 10

Mis apuntes de Geralt de Rivia o El peligro de ser legal pero no bueno.

Las leyes son inútiles para los buenos, porque los hombres de bien no las necesitan; y también para los malos, porque éstos no son mejores con ellas.
-Demonax

Hace unas semanas escribí sobre Geralt de Rivia comenté que estaba leyendo los libros sobre este personaje y que me parecían pesados pero productivos e interesantes. Esta mañana por fin terminé el octavo libro y aparte de esa sensación extraña de tristeza que da siempre que termina un buen libro, siento un poco de alivio de haber terminado. El último libro es bastante complicado, metafórico y tenso, no me gustó el final, sinceramente, pero la verdad el final es como la vida misma.

Geralt es un brujo. Pero no como Harry Potter con una bonita escuela y una varita para hacer encantamientos, es más bien un ser que ha sido alterado geneticamente para combatir  contra los monstruos que en aquel entonces eran tan comunes: dragones, manticoras, etc. En la trama además debe luchar para salvar el mundo pues, como siempre, hay seres malvados que desean aprovecharse del poder para hacer de las suyas. Sin embargo la trama deja esa sensación mediocre de: "se acabo con el malo, pero no se acabo con el mal" o la pregunta de ¿Cuantas maldades hay que hacer para acabar con el mal? 

Pues los héroes, buenos y todo, con un causa justa por la cual luchar, se ven respaldando acciones barbaras y crueles con la premisa de "hay que salvar al mundo". Todos hemos pasado por eso o ¿no recuerdan los primeros bombardeos a Afganistán? todos aplaudimos, todos estuvimos de acuerdo y ahora no sabemos donde meter la cara.

Geralt en uno de sus últimos discursos habla sobre retirarse de su profesión. Habla que su misión había perdido sentido, que no era más necesario:
-La razón de la existencia- el brujo no sonrió- y la razón de la presencia de los brujos se han visto socavadas, pues la lucha entre el bien y el mal tiene lugar ahora en otro campo de batalla y se desarrolla de un modo completamente diferente. El mal ha dejado de ser caótico. Ha dejado de ser una fuerza ciega y desenfrenada, a la que debía enfrentarse un brujo... Hoy en día el mal gobierna basándose en las leyes, porque las leyes están a su servicio. Actúa en consonancia con los tratados de paz que se han firmado, porque, si se piensa, unos tratados que permiten...
Y así un libro que es de fantasía nos lleva a pensar en como lo "legal" también puede ser una forma de hacer el mal. Cosas como estas nuevas leyes que permiten la destrucción de nuestro medio ambiente, nadie va a decir que es ilegal, pues la ley lo avala, pero ¿quién puede decir que no es malo? 

El problema de nuestra sociedad, de nuestro gobierno, de nuestro sistema "democrático" radica en que basamos nuestras decisiones morales en las leyes, sin embargo, las leyes, como bien nos dejo claro Geralt de Rivia puede ser también un nido fértil para hacer el mal. Nuestra premisa principal, nuestro norte no debe ser solamente "ser legales" nuestra misión debe ser: "ser buenos" y eso, eso es muchísimo más difícil. 

lunes, noviembre 8

Sonríe aunque sólo sea una sonrisa triste, porque más triste que la sonrisa triste, es la tristeza de no saber sonreír

La amabilidad es como una almohadilla, que aunque no tenga nada por dentro, por lo menos amortigua los embates de la vida.
Arthur Schopenhauer


Muchas veces no nos damos cuenta de la increíble influencia que tenemos sobre las personas. No sé si a ustedes le ha pasado pero muchas veces el hecho de una simple sonrisa inesperada puede hacernos el día, no somos conscientes de cuanta influencia tenemos en las personas que nos rodeamos. Una actitud correcta, una sonrisa en su lugar pueden cambiar vidas.

Por cierto este corto hizo mi día y aun me esta haciendo sonreír, espero que haga algo similar por ustedes y más aun nos apresemos para ponerlo en practica. Gracias comadre por mostrarme el vídeo. =)


miércoles, noviembre 3

3 de noviembre de 1903: Adiós Colombia.

Historia es, desde luego exactamente lo que se escribió, pero ignoramos si es lo que sucedió.
Enrique Jardiel Poncela


Toda historia tiene dos lados, es una verdad conocida y reconocida. Nuestra historia patria no es la excepción. Hace algunos años caminando por las vitrinas de las librerías guatemaltecas, me topé con un título que inmediatamente captó mi atención: Adiós Panamá, 1903: el año que perdimos Panamá. Leer el nombre de tu país en la portada de un libro cuando estas fuera de él te obliga a comprarlo inmediatamente, eso hice. 

El libro fue innovador para mi perspectiva. Por muchos años en la escuela se nos enseñó sobre la gesta heroica que llevo a Panamá a separarse de Colombia a pesar de los intentos de los malvados colombianos por mantenernos atados a su nación, nos contaron que no nos atendían, que se olvidaban de nosotros y solamente aparecían para cobrar los impuestos. Obviamente era más que justificado el separarnos de ese “perversa” hermana nación. 

Sin embargo leer la historia desde la perspectiva de los colombianos es otra cosa. Hablan de intrigas internacionales, de ambición los Estados Unidos por construir un canal interoceánico, de injusticias internacionales y de dolor por un miembro amputado. 

El libro salió para el centenario de la separación y aun había palabras de lamento y queja por la forma en que se dieron los hechos. Y es que estoy absolutamente contento de ser panameño, sin embargo habrá que admitir que nuestra historia es por decir lo mínimo algo borrosa, mucho nos hemos jactado sobre nuestra separación sin disparar ni un solo tiro, sin embargo habrá que admitir que se dispararon millones de dólares y se utilizó la intimidación. 

No es por demeritar los hechos ocurridos el 3 de Noviembre de 1903, año en que nos convertimos en la soberana republica de Panamá. Sin embargo siempre es bueno recordar que la historia tiene dos lados, que no todo es como lo cuentan los libros de texto y que somos medidos con exactamente la misma vara que medimos aun cuando ni siquiera nos percatamos. 

107 años después de aquellos borrosos hechos podemos celebrar, no el hecho de habernos separado de unos crueles seres, pues los colombianos nunca fueron tales, sino la oportunidad que tenemos de ser un país independiente, una nación joven que lentamente sigue forjando su futuro. Ojala que dentro de ciento siete año más el porvenir haya dejado de ser una palabra para los eslóganes de campaña política y sea una realidad y podamos ver hacía nuestra historia con la frente en alto porque hemos justificado nuestra razón de ser un país, nuestra razón de ser Panamá.

viernes, octubre 22

De la vida y mis compañeros de viaje.

El recuerdo del mal pasado es alegre.
-Cicerón 

¿No les ha pasado? que justo cuando termina un periodo en la vida que creíamos desastroso e inútil nos damos cuenta que ha sido un tiempo de provecho, de lecciones, de momentos irrepetibles que nos dejaran grabados para siempre. La mala costumbre que tenemos como seres humanos de siempre estar mirando dos o tres años adelante nos hace perder la magia del ahora, la alegría del aquí. ¿Cuantas buenas amistades desperdiciamos pensando que siempre estarán allí que son prescindibles? hasta que un día faltan y como buenos humanos tardía y estúpidamente reaccionamos y nos damos cuenta que por más oscuro que haya sido ese momento, había algo que disfrutar justo allí, justo entonces. 


Me gustaría decir que he aprendido a amar el desarrollo de mi vida donde este y como este. Sin embargo, sinceramente aun estoy aprendiendo y luchando porque mi aquí y mi ahora sean mi mejor momento. Cuando vuelvo la mirada hacía los días que han pasado, recuerdo momentos y personas que quiza no aproveche de la mejor manera y me sorprendo a mi mismo añorando momentos y lugares que me juré no añorar jamás. Lo interesante es que no se añora por los lugares en si o por los momentos sino por las personas que estuvieron allí, los que te tendieron la mano, los de la palmadita en la espalda o el ¡Animo! protocolario. Y de pronto algo embona, algo cobra sentido.


Esta vida con sus altibajos, preciosa a su dura y cruda manera fue hecha para vivir en comunidad. No somos anacoretas por más que nos gustaría algunas veces y son precisamente esas personas, nuestros compañeros de viaje, los que con mayor tino pueden hacernos disfrutar el aquí, el ahora. Esos hermanos que hemos ido adoptando a lo largo del camino y a quienes, lamentablemente no llegamos a apreciar bien sino en retrospectiva. Es duro quedarse con las gracias, los te quiero, los "has sido de mucha ayuda" o los "ha sido bueno contar contigo" y me declaró culpable de tener una gran cuenta en contra, pendiente, esperanzado de algún día poder pagarla, algunas la he pagado de manera electrónica pero deja un extraño sabor. 


En resumen quiero decir que la vida es buena aun con aquellas cosas desagradables. Y que son las personas que nos acompañaran a lo largo del viaje quienes, si les permitimos, nos darán perspectiva y una mano cuando puedan. En resumen quiero agradecer a mis compañeros de viaje, los de ahora, los de antes, los de los ratos de ocio y los de los momentos duros, los serios y los relajados, los que me retaron y los que me hicieron sentir amado, a los que no pude entender y a los que aun no entiendo, los que me hicieron rabiar y los que me hicieron sentir valioso, los que me ayudaron aun sin darse cuenta y los que me ayudaron con toda la intención. 


Hoy no estaba muy seguro sobre que escribir, pero encontré entres mis notas un pseudo poema que escribí hace un par de años y me hizo pensar en todos mis compañeros de viaje. Si tú eres uno de ellos, Gracias.


(Para los amigos de los días oscuros y los soleados)

Aquellos días sí tuvieron luz pues tú la traías.

Yo, que jamás imagine añorar aquellos días,
me descubro de pronto deseando secretamente que vuelvan.

Y volver a pelear juntos aquellas batallas,
derrotar dragones, rescatar princesas.

Y reír una vez más de las mismas bromas,
tan gastadas pero tan frescas.
Llorar juntos por lluvia
y consolarnos con la idea del sol de mañana.

Fueron días oscuros, el sol salía sólo si quería.
Sin embargo, hubo luz, pues tú la traías.

lunes, octubre 18

Personajes principales de nuestras propias historias.

El sábado inicio el taller literario. Fue una experiencia más que interesante, estar rodeado de personas que aman la literatura, que disfrutan con ella o que simplemente quieren conocerla un poco más. Tenía mis reservas en cuanto a como se iba desarrollar el asunto pero fue ameno e instructivo. 

Como en cualquier salón de clases pronto aparecieron las personas que siempre tienen algo que decir, los más callados, los que por alguna extraña razón creen saber más que el profesor, etc. Sin embargo el ambiente era bueno y las expectativas altas. Una de las primeras cosas que hicimos fue crear una breve reseña de nosotros, nuestros gustos, valores, habilidades, debilidades, etc. 

Luego, el expositor paso a explicarnos como los personajes de nuestras historias estaban hechos de las mismas partes que cualquier ser humano. Eso me llevo a pensar en las novelas en que vivimos cada uno de nosotros. Hay personas que parecen vivir en un constante melodrama donde todo sale mal. Tengo amigos cuya historia bien podría ser un capitulo de cuentos de la cripta y amigas que podrían escribir guiones enteros de tele-culebrones. 

Pensaba en el hecho comprobado de ser un personaje de mi historia. De tener "complicaciones" y "nudos" en mi vida que a veces me gustaría esquivar, de tener "giros inesperados" que sinceramente a veces caen mal. Pensaba en la cantidad de  historias en las cuales soy  un personaje secundario y de cuantas más un simple extra. Pensaba en los roles que tienen mis amigos, mis conocidos y mis no tan conocidos en mi novela. 

Pensaba en que la única razón que los libros sean tan atractivos es porque nos cuentan las historias de las vidas que quisiéramos vivir, sin embargo nada como nuestra historia con todos sus recovecos, redundancias y puntos débiles, melodramas, románticas, acción o una absurda mezcla de todas. Definitivamente nada como la vida real.

sábado, octubre 16

Navidad empieza en Octubre.

Siendo niños éramos agradecidos con los que nos llenaban los calcetines por Navidad. ¿Por qué no agradecíamos a Dios que llenara nuestros calcentines con nuestros pies?
-G.K. Chesterton

    Aunque apenas estamos en Octubre, ya los comerciantes se disputan los clientes para las fiestas navideñas, cada vez es más temprano, uno de estos años empezaran sus ventas en Enero. Lo curioso del caso es que hace algunos años como vendedores honrados promocionaban sus productos convenciendo a los padres sobre los juguetes que debían comprar a sus hijos. Aquello no era tan malo pues se está tratando con personas adultas que deberían tener criterio propio y decidir con conciencia si lo compran o no. 

Durante la semana en el periódico han venido catálogos de juguetes. Para que “desde ya veas lo que quieres y se lo pidas a papá” de modo que ahora los comerciantes se dirigen directamente a los muchachitos para que hagan sus exigencias de fin de año. Los catálogos vienen acompañados de calcomanías que los niños pueden pegar en las diversas páginas con frases como: ¡Es mío!, ¡Este me lo va a comprar mi abuelita! ¡Aquí está el que me van a comprar! Etc. 

Y es que hace algunos años se nos enseñaba que los regalos eran exactamente eso, un obsequio que nacía de la buena voluntad de la persona que nos lo diera. Jamás eran una obligación ni una exigencia. Podíamos decir lo que queríamos pero eso no significaba que lo recibiríamos. Claro, en aquel entonces la publicidad también nos bombardeaba pero de una manera más decente, pienso yo, pues el enfoque era hacia los padres. 

Y si bien es cierto no es lo más importante, una parte bonita de esta época es precisamente el regalar. El ver a los niños con sus bicicletas, patines, carritos o cuantos chécheres le hayan comprado. Pero la exigencia y malcriadez con que los niños y jovencitos hoy en día exigen las dadivas da mucho que pensar. 

Me ha tocado ver a padres endeudándose con tal de darles a sus hijos lo que le han pedido. Yo recuerdo mis navidades de una manera diferente y especial. En casa nunca sobraba el dinero, pero siempre recibimos algo especial y bonito. No siempre era lo que hubiéramos pedido en nuestro egoísmo infantil, pero no tengo ningún trauma por eso, es más tengo lindos recuerdos de aquella época y de las diversas formas en que nos sorprendieron mis padres. 

Creo que algo se pierde cuando los niños exigen los regalos cual si se tratara de un derecho inalienable de la vida. Igual nos pasa a nosotros con la vida. Me quejaba al recibir cada catalogo con sus stickers de exigencia. Cuanto nos parecemos a niños malcriados. Una vez más las bendiciones se convierten en cosas comunes y perdemos la oportunidad de dar gracias pues creemos que lo que recibimos por gracia no es más que una simple obligación.

viernes, octubre 15

Lo que aprendí de Terry Jones

El amor al prójimo no conoce límites ideológicos ni confesionales
Martin Niemoeller


Hace unas semanas atrás Terry Jones dio un brinco a la popularidad cuando anunció la quema de ejemplares del Coran. Desde luego los cristianos vimos con mala cara aquello, sobre todo porque nos ponía en entredicho; -luego van a pensar que todos somos así de extremistas e intolerantes- y todos repudiamos al unisono aquella acción tonta y sin razón. 


Un ejemplo de cosmovisión errada.
Me gustaría decir que Jones es un caso aislado, una excepción de la regla o algo por el estilo, lamentablemente no es así. Quizá no siempre con la misma intensidad o cobertura de los medios, pero ocurre constantemente. Nos hemos convertido en pequeños Terry Jones, con un odio visceral por ciertos grupos y eso esta muy lejos de la idea de Dios cuando nos pidió amar al prójimo. 

Lo digo porque es parte de mi problema, porque yo lo vivo y lo siento. No soporto, por ejemplo, ver a los muchachos andar embutidos en esos pantaloncitos que tanto debate han generado sobre como le hacen para entrar allí. Me causa tristeza verlos comportarse como borregos, tiendo entonces a hablar mal a despotricar en contra de ellos y muy pocas veces, sino es nunca, he hecho algo por demostrarles que Dios les ama a pesar de aquel pantalón o aquella moda.

El discurso puede sonar simplista pero no lo es. El amaos los unos a los otros se ha tornado en juzgaos los unos a los otros, poned estándares los unos a los otros, sospechad los unos de los otros y así ad infinitum, no nos damos cuenta que con nuestras actitudes anti lo que sea nos convertimos en pequeños Terry Jones que quizá no quemamos el Coran, pero soltamos palabras incendiarias y quemamos, constantemente, con nuestros comentarios y nuestras criticas al prójimo que fuimos llamados a amar. 

Cuando escuché la noticia de Jones, sentí vergüenza, pero no por él, la sentí porque me vi reflejado en él en diferentes aspectos, porque es mucho más fácil odiar, que amar, ser radicales para rechazar que ser radicales para amar. Puedo estar equivocado, pero así lo siento y así lo pienso

jueves, octubre 14

Inconformidad y letras.

Las personas debemos el progreso a los insatisfechos.
-Aldous Huxley


Desde que Mario Vargas Llosa ganó el premio Nobel, esta hasta en la sopa. No me molesta el asunto pues en realidad Don Mario llevaba años mereciendo ese premio que tiene más prestigio que credibilidad. Desde que es un ganador del Nobel, he tenido la oportunidad de leer varias entrevistas, repasar discursos y frases poderosas extraídas de sus libros. Leyendo un artículo que escribió Jorge Ramos al respecto, me encontré con un fragmento de su discurso al ganar el premio de novela Rómulo Gallegos en 1967, figúrense desde cuando anda escribiendo el hombre, dijo: “la literatura es fuego, es una forma de insurrección permanente… todo escritor es un descontento” la frase no pudo pasarme desapercibida y se ancló en mi cabeza. 

Una cosa es querer escribir y otra, muy diferente, ser un escritor con cada una de las letras que conforman esa palabra (por allí he conocido un par de escriores y dos o tres escitores) Yo, obviamente, me encuentro en la primera categoría, deseando escribir, buscando la forma e inventando excusas para hacerlo. Sin embargo de tener razón Vargas Llosa tengo algo de escritor; el descontento. 

Soy de esas personas extrañas y mezquinas a las que nada parece satisfacer. Hace algunas semanas con unos amigos durante un juego de mesa alguien sugirió que una buena palabra para describir mi personalidad era exigente, para mi sorpresa una segunda persona lo apoyó y pronto todos estuvieron de acuerdo que definitivamente “exigente” debía ir ligado a mi nombre. La cosa me molestó y me hizo pensar un rato. ¿Exigente yo? 

Creo que a lo que se referían, espero, es a mi constante manía de llevar la contraria, de empujar, de no conformarme con los puntos preestablecidos y de aparentar tener convicciones inamovibles y profundos dogmas. Eso puede interpretarse como exigencia si cuando una persona aparenta estar absolutamente convencida de algo yo salgó con dos o tres argumentos para rebatirlos, los argumentos no siempre son buenos, pero sin excepción son bastante incómodos. Sin embargo a la hora de la hora, soy un ser cobarde, inseguro, dudando de todo y poniendo en tela de juicio lo que para otras personas son profundas convicciones. No siempre me gusta ser así. 

A veces me gustar no ser descontento con el mundo, con el gobierno, con la sociedad o que al menos no me importara tanto, que no me preocupara lo que ocurre en el Tibet o en Chile, no querer, estúpidamente, cambiar el mundo y hacerlo un mejor lugar. No es que sea un completo amargado, disfruto de la vida como es y me encanta estar vivo en el 2010 en Panamá, en el planeta tierra, en este universo. 

No obstante leer que Vargas Llosa habla de los escritores como seres “descontentos” me hace sentir un poco satisfecho, una de esas medias sonrisas –mitad orgullo, mitad vergüenza- asoma por mi rostro. No soy un escritor pero al menos en algo me parezco a ellos; soy un descontento.

lunes, octubre 11

Gracias por las gracias.

Cuando bebas agua, recuerda la fuente.
proverbio Chino

Creo que soy una persona agradecida. Cuando voy a la tienda de la esquina y el chinito me entrega las compras digo: Gracias. Al bajarme del autobús doy las gracias. Cuando el mesero lleva la comida o la cuenta. En fin me considero un ser agradecido. Sin embargo en los últimos días he descubierto nuevas formas de mostrar gratitud. 

Hannah es de esas personas a las cuales les gusta escribir en todas las formas. Quiero decir; a mí me fascina escribir cuentos o este blog por ejemplo, de vez en cuando correos o cartas pero a Hannah le gusta escribir todo el tiempo, aunque sea copiar trozos de algún otro texto. También le encanta escribir notas de agradecimiento. 

El fin de semana nos pusimos de acuerdo para empezar a escribir una larga lista de notas de agradecimiento a las personas que nos acompañaron en la boda. Yo no era la persona más entusiasmada pues me imaginaba copiando una y otra vez el mismo mensaje de agradecimiento. Hasta me dolían las manos de sólo pensarlo. 

Sin embargo una vez empezamos a trabajar , recordamos a cada una de las personas, las formas en que han sido especiales con nosotros, cuanto nos han mostrado su amor y cuanto le amamos. Recordamos aun a más personas que no pudieron estar con nosotros pero a lo que podíamos agradecer tantas cosas y lo que pensaba iba a ser una tarde tediosa se convirtió en una bonita experiencia de recordar y dar gracias. De darnos cuenta cuan especial es tener personas que te amen. Escribimos varias notas y algunas aun quedan pendientes. Agradecimos a muchas personas pero aún nos faltan muchas más. Pensé que sería una buena idea escribir una entrada de agradecimiento, a tantas personas que probablemente nunca les haya escrito una nota pero que han hecho tantas cosas por mí, por mi familia, por Hannah. Escribir un post de manera sincera pues he aprendido que escribir es también una hermosa manera de dar las gracias.

jueves, octubre 7

¡Que lindo es ser presidente! II

-Las promesas son olvidadas por los príncipes, nunca por el pueblo.
Giuseppe Mazzini


Hace un año, seis meses y tres días escribí “Que lindo es ser presidente” Aun recuerdo el ambiente que me llevó a escribir sobre eso, se respiraba esperanza por un lado y duda y temor por el otro, algunos consideraron que, por fin, se había acabado la era de los “huesos viejos” en la política, que por fin venía el “cambio” porque un hombre que caminaba en los “zapatos del pueblo” prometía que era el turno del pueblo. Yo escribí con resquemor, con deseos de estar equivocado con la esperanza de no tener razón y estar hoy escribiendo una fe de erratas, una sincera disculpa y felicitación al hombre que había demostrado ser quien prometió. 

Sin embargo esta es de las veces en que pesa decir que se tenía razón. No es novedad, no se le puede pedir peras a un olmo, no se le puede pedir a un político que sea honesto o a un hombre que solucione los problemas de este alicaído mundo. De modo que decir que estoy decepcionado sería mentira, digamos que ya me lo esperaba. Sin embargo no puedo evitar sentir otras cosas como frustración y temor de lo que está ocurriendo y lo que aun van a ocurrir. 

No me gusta como mi Panamá se tambalea herida de muerte ante la prepotencia de nuestros gobernantes, la impunidad de los corruptos y nuestra indiferencia. Y es que al final la culpa la tenemos todos. Sin embargo poco puede hacerse ante la arrogancia de nuestro gobierno, ante el orgullo de nuestro señor presidente que ha decidido aplicar las técnicas que le han hecho millonario y hacer de nosotros, sus ciudadanos, unos empleados más. 

Ya no importa que se echa al tinaco de la basura: bienes, leyes, reputaciones, carreras enteras, profesiones, vidas, la constitución y la democracia misma. Bajo un errado concepto de gobernar en el cual el toma las decisiones aun en contra del clamor popular y donde confunde sus funciones de presidente con las de un monarca. 

Es cierto que en todos lados se cuecen habas y muchas veces la falta de educación de la oposición y de nuestros periodistas hace que las cosas se salgan de orden y en vez de criticar e informar se dedican a insultar. Sin embargo también es cierto que el gobierno ha demostrado tener la piel demasiado sensible cada vez que se le señalan los errores. En fin el tema da para muchísimo más, quizá en otro momento toque las otras perspectivas. Hoy sólo quiero desahogarme aquí, plasmar en este blog el mal sabor de boca que tengo y dejar flotando en el ciberespacio esta incomodidad que me carcome y no sé como liberar

lunes, septiembre 20

Otra de Buses.


"Toma las cosas por el lado bueno" Thomas Jefferson

Hace algunas semanas escribí sobre la triste realidad de nuestro transporte público. Sin embargo me tocó aprender hace apenas unos días que inclusive en la peor de las crisis y situaciones se puede sacar algo bueno e interesante y en más de una ocasión vamos a necesitar que alguien nos preste su cosmovisión para ver lo bueno donde solo veíamos lo malo.

Viajaba yo en uno de esos buses semi-destartalados donde el olor a gasolina y el constante traqueteo de su carrocería son parte no negociable del viaje. Por supuesto había uno que otro chico que insistía en demostrarnos sus excelentes gustos musicales y una que otra conversación.

Lo confieso: me gusta escuchar las conversaciones en los buses. Los comentarios políticos a veces desatinados a veces acertados, los problemas que tiene el tipo que va sentado cinco puestos adelante y suda copiosamente mientras le cuenta a su compañero de asiento como es que el carro tiene cinco meses en el taller y aun no saben lo que anda mal. Las bravuconadas de algún chico intentando impresionar a la chica de turno o simplemente las preguntas que le hace un niño, harto de curiosidad, al papá sobre el funcionamiento de los barcos, del puente, del bus, del mundo.

Hace unos días moviéndome de un punto a otro, escuche de casualidad la conversación que un hombre tenía con su vecina quizá, no sé exactamente quién era. Le comentaba sobre su reciente experiencia en los Estados Unidos de Norteamérica, le decía que había estado viajando por diferentes estados algunos más fríos que otros, algunos más calientes que el mismísimo Panamá a pleno medio día, grandes, pequeños, turísticos y no, había tardado más o menos tres años en aquella aventura y hace algunos meses por fin había regresado a Panamá.

-Tú no vas a creer lo que más yo extrañaba allá- dijo el sujeto con esa manía que tenemos los panameños de derrochar pronombres donde sí van y donde no.

-¿Qué?- preguntó la mujer después de una breve pausa en la que pensé que si ella no se lo preguntaba se lo iba a preguntar yo.

-No me vas a creer- insistió el tipo haciendo aun más grande el misterio. –Extrañaba los buses- dijo finalmente –extrañaba la cercanía de la gente, extrañaba que la gente me mirara, ¡allá la gente ni te mira! Todos van en su mundo- y empezó a contarle sobre cómo le tocaba viajar por horas en las rapidísimas “High way” sin un alma con quien conversar. Como al subirse a un autobús o al metro nadie se volteaba a verlo y nadie le importaba.

-Aquí la gente te mira- decía- te habla, hasta los vendedores; no me vas a creer pero apenas llegué al aeropuerto le di mis maletas a la familia y me subí en un bus, es que uno no sabe lo que es estar sólo hasta que estas sólo entre un montón de gente-

Siguieron conversando sobre muchísimas cosas que él había aprendido en su viaje. Yo me bajé unas cuantas paradas después y al bajar di un gracias sincero al chofer que me respondió con un “cómo no” sincero también. Me bajé feliz de tener por algunos minutos la cosmovisión de otra persona que veía los buses como una oportunidad de contacto humano, esos mismos buses de los que tanto nos quejamos.

Después de eso veo los buses de una manera diferente. Siguen siendo incómodos, siguen provocándome dolor de cabeza y nauseas cuando llueve y hay que cerrar ventanas, pero también son como una gran sala donde nos sentamos panameños y extranjeros, grandes y chicos, a contar nuestras experiencias, a pasar nuestra vida de un punto a otro y a veces a escuchar conversaciones que nos recuerdan que las cosas no son tan malas como parecen y que aun en la más oscura de las situaciones si miras bien encontraras razones para sonreír.

sábado, septiembre 11

Buses musicales.

Es extraordinario lo potente que es la mala música. Noel Coward


Quien haya viajado en autobús por la ciudad (o hacía la ciudad) de Panamá, sabe que el mote de “diablos rojos” no es en vano, ni una exageración. El clima de Panamá tan famoso por su inconsecuencia ayuda a la percepción de viajar en pequeñas “calderas infernales”.

El sol puede subir las temperaturas a niveles exagerados. Por suerte la brisa que entra con fuerza por las ventanas ayuda a sobrellevar el calor y la modorra que este conlleva. Algunas veces, sin embargo, llueve y entonces hay que cerrar ventanas y rogar a Dios porque los olores de personas cocinándose a fuego lento, la terrible humedad y el aire que empieza a viciarse, no nos cause un desmayo. Hay que rogar además, por si acaso, que las ruedas del bus aguanten.

Es terrible, ya lo sé, pero ¿qué se le va a hacer? Es la forma que uno tiene para moverse. Es cierto que es una vergüenza para un país como Panamá tener este ridículo sistema de transporte pero es lo que tenemos y mientras llega “el cambio” aprovechamos.

De modo que no escribo esto para quejarme del calor, o del mal estado de los buses, ni siquiera voy a quejarme de los tranques interminables. En cambio quiero quejarme un poco, porque soy así, de los pasajeros que día a día se desplazan utilizando estos medios de transporte.

Puedo quejarme de varias cosas: la basura que arrojan por la ventana o los asientos del bus rayados y rotos -¿qué no pueden llevar un libro para leer mientras viajan?- sin embargo tampoco voy a tocar esos temas. Hoy voy a quejarme específicamente de los celulares.

Ese aparatito del infierno ya hacía suficiente mal interrumpiendo conversaciones importantes o sirviendo como excusa para los maleducados. Entonces a algún ser maléfico se le ocurrió la genial idea de ponerle altoparlantes y música y allá van. Uno puede subirse en un autobús e ir escuchando un remix de regueton, bachata, salsa o cuanta locura se pueda imaginar. Me imagino que el altoparlante debe tener una que otra aplicación práctica sin embargo para mi, y estoy seguro que para varias personas más, se ha convertido en una molestia extra de viajar en autobús.

¿Soy intolerante? No lo creo, cada uno tiene derecho a escuchar la música que le venga en gana así como yo tengo derecho de pensar que no se puede estar muy bien de la mollera si se escucha cierto tipo de letras y melodías. Es más no tengo absolutamente nada en contra de que se coloquen sus audífonos y se intoxiquen hasta la saciedad. Pero lo que no tolero es que me obliguen a mí también a escuchar sus canciones, que todo el bus tenga que enterarse que ellos son los más “cool” porque escuchan al cantante del momento.

Cuando empecé a escribir esta entrada, hace algunos días, pensaba en que era posible que esta moda de usar la ropa apretada cortaba la circulación de la sangre y probablemente los jóvenes no podían pensar bien pues no les llegaba suficiente oxigeno al cerebro así que, vamos, estaban casi justificados. Sin embargo ayer me topé con un señor que bien podía ser mi padre o el padre de mi padre, con su celular y la bendita musiquita dale que te dale. ¡No hay derecho!

Pensaba en soluciones. Pensaba en que debería prohibirse ir con esos altoparlantes por allí. ¿se imaginan ustedes la reacción? ¡No hay derecho! ¡Intolerancia! ¡Tenemos derecho a escuchar la música que queramos! (¿cómo no? También tienen derecho a hacernos el viaje más miserable a todos los que no compartimos su selecto gusto musical) En fin aquello de que el respeto al derecho ajeno es la paz ha perdido sus dimensiones, de pronto el derecho ajeno incluye el fastidiarnos. No sé, No sé, solo quería desahogarme un rato, de todas maneras por más que me queje no van a cambiar las cosas. Más bien estoy pensando comprar un celular con “speakers” porque ¡me van a escuchar!

martes, agosto 3

De banquetes, bodas, fe de erratas y mea culpas

Nunca es tarde para el arrepentimiento y la reparación. Charles Dickens

Quienes me conocen de manera cercana (o casi) me habrán escuchado en más de una ocasión criticar y vociferar contra las pomposas ceremonias de cualquier tipo. También podrán dar fe sobre las miles de cosas que hablé y dije en cuanto a las bodas. Comentaran, con absoluta certeza y razón, que solamente he ido a tres bodas por voluntad propia. Dirán, entre otras cosas, que siempre dije que no eran más que pérdida de tiempo, dinero y hasta de un poco de dignidad. Entiéndanme por favor es fácil ver los toros desde la barrera y desde allí despotricar contra ellos.

Pero la vida es como es y fue diseñada para que las palabras que soltamos hoy sean nuestro alimento de mañana, es decir para que nos traguemos todas aquellas cosas que decimos sin mucha reflexión. Yo, me he dado un banquete y me gustaría compartir con ustedes algo de eso.

Escribo una semana y dos días después de mi boda. Me casé con mi mejor amiga, con mi confidente y con la persona que mejor me conoce, eso lo hemos confirmado aun más en estos días que llevamos juntos. Y debo decir que contrario a todo lo que pensaba que iba a ser, la ceremonia, se convirtió en uno de los momentos más hermosos de mi vida.

El poder compartir delante de amigos y familiares que amo a Hannah y quiero hacer todo por hacerla feliz. El compartir la fe mutua de que nuestro compromiso es delante de Dios, el poder ser abrazado y felicitado por buenos amigos hizo que todo fuera absolutamente diferente.

Vale aclarar que tampoco fue una boda tradicional en muchos sentidos, Hannah y yo la hicimos a nuestro gusto y medida casi en todos los aspectos. Y disfrutamos todo. Y aunque hicieron falta algunas personas, ustedes saben quiénes son, fue especial poder compartir con aquellas cercanas que nos aman y se regocijan en nuestro amor.

En resumen debo tragarme todas mis palabras y admitir que una boda puede ser uno de los momentos más hermosos y especiales de la vida. Estoy seguro que ahora siendo un hombre casado mi historial de bodas se ampliara, mi esposa no comparte mi apatía por estos eventos, y quien sabe a lo mejor pueda seguir aprendiendo de estos pomposos eventos que acaban de adquirir una nueva dimensión para mí.

Como dicen por allí no es malo estar equivocado, lo malo es no corregir. Considéreseme corregido por favor.

lunes, junio 21

Héroes que han vencido a nadie hasta hoy...

A menudo los héroes son desconocidos.

Benjamín Disraeli

Los héroes deben ganar. Esa es la premisa. Los perdedores nunca reciben medallas o recompensa alguna. Inmediatamente pasan a un segundo plano, al olvido; y de allí rara vez regresan. Conciliar heroicidad con victoria nunca ha sido algo extraño.

En los tiempos que corren es peligroso adherir lo uno a lo otro. Los héroes son cada vez más reducidos. Los héroes que hacen lo correcto aun menos. Cada vez es más fácil quedar indignado ante las atrocidades que hacen nuestros políticos, las depravaciones de nuestra sociedad y las tonterías de los medios de comunicación. ¡No hay remedio! Y el pesimismo pasa de ser premisa a ser estilo de vida. La mediocridad y el conformismo se instalan en la sala de nuestra casa justo al lado de nosotros en el sillón donde veremos las noticias y nos limitaremos a mover la cabeza negativamente.

Cada vez es más común ver en nuestros países la desesperanza y la falta de credibilidad en los gobernantes. El abstencionismo omnipresente en las elecciones “democráticas” de nuestros países demuestra nuestra incredulidad en los pequeños actos. -¿de qué sirve un voto?- solemos excusarnos cuando preferimos no salir a las urnas.

Hemos dejado de creer en los pequeños actos que marcan diferencias. Preferimos esperar hasta tener grandes oportunidades, grandes cualidades o grandes poderes para poder hacer algo. Esperamos ver al héroe que se levante con poder y cambie toda la situación en un tris tras.

Escuchando canciones me topé con una frase genial en la canción de Fernando Delgadillo titulada “el gigante” (no sé si la autoría es de él pero al menos él la canta): Traigo en la maleta indios, carabelas, barrios y sudor, sangre como ríos, héroes que han vencido a nadie hasta hoy.

Encontrarse con la frase de “héroes que han vencido a nadie hasta hoy” puede parecer contradictorio. Un héroe no siempre gana. Es la realidad. La persona que se atreve a levantar su voz contra un sistema corrupto y sufre las consecuencias. Las personas que escriben en los periódicos y terminan presos, (como en Venezuela). Aquellos valientes que murieron luchando por la independencia de nuestros países. Ellos, a pesar de no ganar son también héroes.

Ser héroe no significa vencer. Significa hacer lo correcto y estar dispuesto a sufrir las consecuencias que eso pueda conllevar.