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martes, agosto 7

Como se logran las metas

Hace aproximadamente unas 12 semanas yo no podía correr ni 10 minutos sin quedarme sin aliento, con dolor en las piernas, y mucha frustración.  Patético, quizás, pero era la realidad.  Estaba en pésimas condiciones.  Tenía meses -¿años?- diciendo --Voy a empezar a correr. Voy a empezar a hacer ejercicio-- Y nunca lo hacía o salía una vez me esforzaba demasiado y quedaba exhausta de todas maneras y sin ganas de repetirlo nunca.  

Siento como si estuviera escribiendo alguna propaganda para algún producto -- pero no, aunque ni yo lo pueda creer, el domingo pasado pude correr mi primera carrera de 5 kilómetros.  ¡Corrí!  No caminé en ningún momento y pude terminarlo (cansada) pero lo terminé.  Fue una sensación increíble.

Lo más increíble de todo es que no es algo que logré tomándome alguna pastilla mágica.  Fue resultado de cambios pequeños pero constantes que mantuve a lo largo de las últimas 12 semanas, además del apoyo de mi amigo (coach) Ángel y mi esposo Ariel quienes corrieron conmigo a mi paso de tortuga y no dejaban que me desanimara. 

Considero que lo que he aprendido en esto son las siguientes cosas, para lograr las metas hay que:
  • empezar de una manera pequeña (no intentar hacer demasiado en muy poco tiempo).
  • pedir ayuda, conseguir quien te apoye y te mantenga comprometido/a con tu meta.
  • reconocer que eres tú el que tiene que hacer el cambio, por mucho que te apoyen, tu tienes que levantarte a correr o a hacer la cosa que te hayas propuesto nadie lo puede hacer por ti.
Espero poder mantener el buen hábito y así la energía para correr y ser una persona más saludable y balanceada este año (otra meta que voy logrando de a poquito).

domingo, junio 26

Yo, el malo.

El tipo más noble de hombre tiene una mente amplia y sin prejuicios. El hombre inferior es prejuiciado y carece de una mente amplia.
Confucio

Soy malo e inconsecuente. No es una novedad pero algunos días lo noto más claro, me golpea en la cara y acabo sangrando palabras cargadas de reproche, culpa y promesas de cambio. Hoy por ejemplo es uno de esos días. 

Me gusta despotricar contra las personas llenas de prejuicios y me jacto de no tenerlos. Días como hoy me dicen lo contrario. Como he escrito en otras ocasiones vivo en un campamento. De vez en cuando llegan pequeños grupos a jugar fútbol. No los conozco de nada. Son vecinos del área, muchachos, niños y hasta algunos señores que corren detrás del balón. Insisto, no los conozco, apenas si los veo al pasar por la salida. Aun así en mi cabeza tenía una completa idea de quienes eran, que hacían y lo peligroso que podía significar entrar en contacto con ellos. No sé de donde salían esas ideas, pero estaba convencido eran verídicas y fundamentadas. 

Ya saben por dónde va cayendo la historia. Hoy vinieron unos amigos a casa y propusieron jugar fútbol con ellos. Yo tenía mis reservas pero en realidad eran más mis deseos de jugar y correr. Nos acercamos a pedir “play” inmediatamente nos aceptaron. Bromearon con nosotros, jugaron limpio, sonrieron, y a pesar que les ganamos todas las veces no pusieron mala cara ni se tornaron violentos o vengativos. 

Y mientras corría y pateaba un balón pensaba: -soy un tipo prejuicioso, ni siquiera me doy cuenta de ello pero juzgó a la gente sin conocerla- me sentía avergonzado pues solo fue necesario un leve acercamiento para descubrir que los monstruos pintados por mi cabeza no eran solo muchachos disfrutando de hacer deportes, no que sean perfectos pero ¿Quién lo es? 

Me alejé con la conciencia dándome golpecitos y los dedos ardiendo pues debía escribir esta mea culpa, pues por personas como yo el mundo ha sufrido guerras y desigualdades, por personas como yo han muerto miles. 

Soy un tipo malo y prejuicioso. –Aunque espero haber aprendido la lección- mi único consuelo es que no hay más personas como yo. ¿Verdad?

miércoles, abril 13

El fútbol es el opio de los pueblos.

"Tengo dos problemas para jugar al fútbol. Uno es la pierna izquierda. El otro es la pierna derecha."
Roberto Fontanarrosa

Ha de ser este clima futbolistico que se respira por todos lados lo que me lleva a escribir este post;  Ya saben: clasificación al mundial sub-17, al sub 20, semifinales de la champion league, cuatro clasicos (Real Madrid vs Barcelona) en menos de un mes etc. Es el tema del momento, quien no pueda hablar de ello se vera relegado a alguna esquina a comentar de otras cosas de menor importancia como literatura, economía o los problemas socio-políticos que atraviesa nuestro país. 

En fin, toda esta fiebre absurda, al menos desde mi punto de vista, ha invadido los medios de comunicación y las conversaciones en los pasillos, los buses y hasta las iglesias. Y vamos, no es que sea un viejo cascarrabias, claro que me gusta el fútbol, disfrutó igual que muchos de correr como loco detrás de un balón, disfruto de ver los juegos de la selección -esos más bien los sufro- y no tengo absolutamente nada en contra de que Juan de los palotes quiera apoyar al Madrid o al Barcelona, llorar por esas derrotas si le da la gana, o convulsionar de alegría si son victorias. En fin, que para gusto los colores y los equipos de fútbol.

Lo que realmente me pone mal y me saca de casillas (después de todo quizá sí sea un viejo cascarrabias) es ver como algunas personas, valiosas personas con talentos y habilidades, con ideas para brindar a la sociedad, con toda la capacidad del mundo para marcar una diferencia viven obsesionados por el asunto. Gritan a los cuatro vientos "Yo soy Culé" y no tienen ni la menor idea de lo que significa la palabrilla, que ni siquiera suena bien,  o llenan sus estados de redes sociales con "Hala Madrid" sin saber, ni querer saber, que significa el famoso "Hala". Consumismo tonto pues, a eso me refiero.

El fútbol es un deporte bueno como cualquier otro siempre y cuando se mantenga en esa categoría de deporte y no se convierta en otra cosa más peligrosa como una obsesión o el centro de una vida. O al menos no perdamos las dimensiones de lo que significa ganar en un juego que no tiene nada que ver con la vida real.
Por ejemplo: Hace unos días la selección de Guatemala clasificó por primera vez a un mundial sub-20 (y de cualquier otra categoría) la fiesta fue como se esperaba y estoy de acuerdo que se celebre, vamos, no es una cosa que sucede todos los días. Sin embargo el enfoque que le dieron los medios y las personas fue desde mi punto de vista un poco absurdo exagerado. Llegaron a decir que aquel pirrico triunfo en una cancha de fútbol era un alivio para la golpeada sociedad de Guatemala. Que era un remanso de paz en medio de todo la violencia, etc. ¿Puede creerlo? sí, yo sé que lo creen. ¿Cómo vamos a decir que ganarle a once muchachos en una cancha de fútbol es brindarle un alivio al país? y es que las cosas en su lugar: como logro deportivo ¡Genial! me quito el sombrero y aplaudo de pie. Pero nada más, es como dijo aquel viejo barbon sobre la religión, aquello de que era el opio de los pueblos, viendo las evidencias podemos aplicarle eso al fútbol. Y Guatemala es solo un ejemplo, hay que ver como al panameño se le olvida el alza de pasaje y todo cada vez que se siente a ver un clásico.

En fin, ustedes no tienen la obligación de estar de acuerdo conmigo. Sin embargo estoy convencido de que si pusiéramos la misma pasión a mejorar Panamá, la misma pasión con que gritamos los goles de equipos que están a miles de kilómetros de distancia y probablemente nunca veamos en persona, si derramáramos las mismas lagrimas por las cosas que van mal y rabiáramos cada vez que vemos una injusticia de la misma forma que lo hacemos cuando el arbitro pita en contra; tendríamos un país diferente o al menos una vida diferente. 

No esta mal ver fútbol, sentir pasión, seguir un equipo, lo malo es usarlo como opio y dejar de hacer lo que TENEMOS que hacer. 

domingo, octubre 10

Bienvenidos a la cultura futbolística

La violencia es el último recurso del incompetente.
-Isaac Asimov

    
     Es triste lo que ocurrió el pasado viernes en el estadio de fútbol Romel Fernandez. Ya he dejado plasmado en otras ocasiones que soy un fiel seguidor de la selección de Panamá y que siempre procuro, por lo menos, estar al tanto de los resultados en sus partidos. El viernes se jugaba un amistoso contra El Salvador. La idea de los amistosos es que ambos equipos de buena voluntad juegan para ayudarse a pulir carencias, probar jugadores y entretener un rato al público.

     Con el partido versus El Salvador había un poco de picante de trasfondo, un poco de revanchismo y rencilla. Las pasadas eliminatorias mundialistas “la selecta”, nombre con el que se conoce a el equipo de El Salvador, eliminó a Panamá en un juego que dejó muchísimos sinsabores y cosas que decir. Se habló del árbitro, de la agresividad de los fanáticos salvadoreños que se dedicaron a tirar botellas y algunas otras cosas bastantes desagradables dentro de la cancha. Como sea Panamá quedo eliminado y la herida ha sangrado inclusive hasta hoy en día.

    Cuando se anunció que el amistoso se daría, los medios de comunicación ni lerdos ni perezosos soltaron las campanas al aire, hablaron de revancha, de venganza, de tomar lo que era nuestro, etc, en pocas palabras le calentaron la cabeza al fanático panameño. En los foros de fútbol la cosa era peor se escribían largos post invitando a la gente a hacer “inolvidable” aquella noche para los salvadoreños, como si ganar un pírrico amistoso cambiara la historia.

     En junio del 2008 la selección de El Salvador eliminó a Panamá; algunas personas entonces hablaron de falta de “cultura futbolística” porque cuando El Salvador había visitado Panamá la gente se había limitado a ver el partido, a gritar los goles y a cantar una que otra consigna. La cultura futbolística, según estos personajes, consiste en tener salvajes en las gradas arrojando botellas, orines, atacando a los fanáticos rivales, silbando los himnos nacionales y haciendo del estadio una mini Gomorra. En resumen lo que ocurrió en el Cuscatlán. Si eso incidió o no en el resultado no me interesa ni es el punto aquí.

     El punto es que el viernes en la tarde quisimos alcanzar la excelencia en “cultura futbolística” cuando pretendíamos cobrarnos un juego que ya paso y será imposible repetir. Se “confundieron” con el Himno de El Salvador, dos veces, cuando el portero de la selecta salió con una fractura en el maxilar, los cultos fanáticos panameños se dedicaron a arrojarles cosas, además en la cancha todo era provocación y mala saña.

    Si eso es cultura futbolística, felicidades, lo próximo será tener nuestras propias barras bravas como en Argentina o Inglaterra, así como el primer mundo, celebraremos sin duda cuando las rivalidades entre clubes empiecen a cobrar vida y nos llenaremos de orgullo cuando agredamos a una persona por el simple hecho de pertenecer a otra nacionalidad y apoyar a otro equipo.

Si eso es cultura futbolística, prefiero ser un ignorante.

viernes, octubre 10

"La era del fútbol"


Mezclar fútbol y literatura no es tan extraño en estos días. Pero mezclar filosofía, sociología, política y fútbol si resulta un poco más exótico. Hace unos días terminé la lectura de "La era del fútbol". Este libro, escrito por un intelectual argentino, se encarga de desnudar al completo las falencias de nuestra sociedad a través de una pelota golpeada por 22 sujetos en pantalones cortos.

El fútbol es más que un deporte señala, es un espejo de nuestra sociedad. A pesar de que en un principio la declaración me pareció bastante exagerada, con la lectura del libro fui descubriendo aspectos que si bien es cierto están al descubierto para todos, muy pocas son las personas que se detienen a reflexionar en cuanto a ello.

Sebrelli apunta de manera directa, la relajación de la moral de la sociedad. Durante 90 minutos, los valores morales se suspenden y lo único importa es ganar, no importa si esto se consigue engañando al arbitro, o golpeando al rival. El autor apunto como muchas veces nos encontramos a nosotros mismos deseando que nuestro equipo no se castigado por alguna jugada ilegal, y muchas veces hasta justificandolo. ¿Doble moral? ¿Relativismo? Se podría decir que es solamente un juego, de no ser que vemos los mismos males en nuestros gobiernos, pueblos, universidades, países y el mundo entero.

El autor hace una importante analogía entre fútbol y religión. Señala como el fútbol esta lleno de elementos místicos similares a los de las antiguas religiones paganas. Un templo, un estadio, dioses o semi-dioses, jugadores llamados dioses, ritos y cánticos, el canto de las barras en los estadios, rituales y superstición, amuletos. La similitud es sorprendente, quizás demasiado sorprendente como para se pasada por alto.

Sebrelli concluye que el fútbol puede desaparecer en cualquier momento como lo hizo el circo romano o las olimpiadas en su momento. Sin embargo también apunta que podría quedarse para siempre sumiendo a las personas en una dependecia enfermiza. El autor dice: "No importa si no lees, o si no sabes nada de política, lo que queremos saber es si vas a Boca o a River" Aquellos que nos movemos en círculos seculares y cotidianos (sobre todo los varones, aunque ahora las chicas no escapan de esa realidad) sabemos que si no sabemos el resultado de los juegos del fin de semana, no tendremos tema de conversación para el lunes por la mañana (ni el martes, ni el miércoles).

Juan José apunta además: "Se alegará que estamos exagerando, que al fin se trata tan sólo de un entretenimiento inocente, pero no lo es: por una mera diversión nadie desea la muerte del adversario, y en algunos casos aun lo mata, ni se suicida, ni muere de un infarto, ni cae en depresión a causa de la derrota -todo lo cual suele ocurrir con bastante frecuencia- si en algún momento otros entretenimientos inocentes como el ping-pong o la filatelia adquirieran las características de obsesión colectiva que tiene el fútbol, habría que señalarlos también como gérmenes totalitarios"

Luego de leer un libro así, cualquier fanático o simpatizante del fútbol deberá evaluarse. Si bien es cierto, nunca he deseado matar a alguien o siquiera pensado en suicidarme por un juego, habrá que admitir que a ratos le he dado muchisima más importancia que la que tiene. No he llorado, pero he estado al borde de las lágrimas. No creo que hay que descartar el fútbol, pero si habrá que tomarlo con pinzas como todo en esta vida.

Conclusiones no puedo dar. yo mismo estoy asimilando tantos golpes en las 346 paginas que abarca el libro. Que leas el libro es lo más acertado que puedas decir y que tú mismo saques tu conclusión sobre esta "era del fútbol" que estamos viviendo.

Ariel

martes, septiembre 2

"volverán..."

Volverán.
los increíbles juegos olímpicos que acaban de pasar volverán. parece casi imposible que se puedan repetir unos juegos como los que acaban de pasar. parece imposible que se vuelva a repetir tal cosa: un increíble y (casi) perfecto show de apertura, records rotos e incluso un movimiento social que no se nos debe olvidar (a nadie se le escapará la cuestión del Tibet o la máscara que se le puso a la sociedad china frente al mundo).
pero volverá. vendrán otros juegos, por cierto. quizá pasen cuatro, ocho o doce años, pero al final veremos cómo se repite la mágia olímpica. otro Phelps, otro(s) Usain(es) Bolt(s), otro Nadal, otro deportista cualquiera que nos dejará con la boca abierta, con los pelos de punta y con la piel de gallina, justo - justo - cuando nadie se lo espere; y lo hará con los ojos cerrados. no soy profeta, pero recuerda: lo imbatible, batido; lo inrompible, roto; lo inalcanzable, otra vez alcanzado.
y es que esa es la vida. se nos recuerda que siempre se puede mejorar, se nos presenta una meta y con ella, la esperanza de alcanzarla y mejorarla. y así es ¿qué nos enseña la historia? que los "mejores que los mejores" vendrán y nos volverán a hacer vibrar ante la televisión.
porque nada es inalcanzable.
asi que no desesperes: volverán.

viernes, agosto 29

las olimpiadas, la practica, y la improvisación

Este año en las limpiadas los Chinos ganaron 100 medallas con 51 medallas de oro y los Estados Unidos ganaron 110 con 36 medallas de oro. La China tuvo una representación impresionante. En los Estados Unidos, como de costumbre, se concentraron en sus deportes favoritos y sus atletas más impresionantes. Este año sin duda fue Michael Phelps. Ganó más medallas de oro en un evento Olímpico que cualquiera otra persona en la historia. Fue increible.

Después de cada evento celebró con animo como si fuera su primera medalla de oro --con la excepción del los 200m mariposa. Al terminar ese evento no tuvo la expresión de alegría y emoción que tuvo en cada uno de los otros eventos. Tengo que confesar que cuando lo vi pensé... "Ah mira, el oro no satisface están allí compitiendo para ganar y aun cuando ganan no se sienten feliz." Pero, después escuché lo que le había pasado a Michael en esa carrera.
Lo que pasó fue que al empezar a nadar se le llenaron las gafas con agua. A la mitad de la carrera ya no podía ver nada. Sólo contaba las brazadas y aun así ganó y rompió el récord mundial. ¡Sabiendo eso no me sorprendió que no tuviera una expresión alegre! Estaba algo irritado con sus gafas y además no tenía idea de si estaba adelante o no. El pensaba que había perdido porque no pudo competir como él esperaba.

No creo que es para todos intentar ganar el oro en las olimpiadas. Y sinceramente creo que alguien como Michael compite para ganar sí, pero no tanto por la vanidad de ganar pero por la satisfacción de hacer algo muy, muy bien. El tiene una cantidad increíble de medallas de oro pero dice él que nunca las ha visto todas en un sólo lugar. Creo que el deporte es usado como una ilustración para los negocios, la vida espiritual, etc. porque es un ejemplo tan tangible de que sólo con practica se puede tener éxito en lo que nos proponemos hacer. Hay momentos en los cuales se nos nubla na visión y sólo por haber practicado y practicado podemos hacer lo que tenemos que hacer para tener éxito.

Es cierto que hay mucha vanidad en el mundo del deporte --en toda disciplina hay personas que están allí para buscar la atención de otros y las personas quienes quieren dedicarse a hacer, crear, producir algo bueno de lo cual se pueden sentir orgullosos. Creo que la ética es así también. Tenemos que practicar hacer lo correcto cuando todo es fácil así como debería ser. Porque los momentos de crisis son como el momento cuando las gafas para nadar se llenan de agua y tenemos que hacer lo que hemos practicado aun cuando no podemos ver nada.

jueves, agosto 28

Salto de un soñador.


Pensé que de escribir algo sobre estas olimpiadas sería algo así como una critica a la vanidad de nuestra cultura que mueve millones para tener 15 días de juegos que no producen absolutamente nada. Pensé criticar como el mundo entero se hace de la vista gorda ante los abusos del sistema comunista de china, con el único fin de aplaudir a unos atletas que si bien es cierto tienen sus méritos, no deberían hacernos olvidar las injusticias mayores.

Sin embargo voy a cambiar de postura, porque yo también me emocioné y grité, cuando un panameño consiguió el primer oro olímpico de Panamá. Pienso que en el fondo puede haber un balance correcto entre recordar aquellas cosas que están en el mundo y por otro lado echar todo eso a un lado y competir como hermanos, sin bombas, sin uzis, sin racismo. Si bien es cierto el famoso "espíritu olímpico" se ve empañado por drogas, racismo, trampas, etc. La idea utópica es bonita y porque no aplaudirla.

El logro de Saladino por otro lado, tienes dimensiones especiales, no tanto por haber ganado un oro después de 60 años que Panamá no tenía ninguna medalla. El merito esta en que lo hizo en salto largo, en un país donde ahora todos sabemos las reglas de ese deporte, pero gracias a él. Lo hizo apostando todo a su sueño, ya me imagino la cantidad de gente que le habrá llamado loco por escoger "salto largo" estando el béisbol y el fútbol. Ya puedo escuchar la cantidad de amigos que le recomendaron mejor sacar alguna carrera productiva en la universidad en vez de irse a Brasil al centro de alto rendimiento para entrenar.

Unos cuantos años después Saladino es la persona más aclamada en Panamá. Estoy seguro que quizás nunca imagino que iba a ser campeón mundial y olímpico, pero siempre creyó en su sueño. Así estamos algunos soñadores con la sonrisa en el rostro, sí, por la medalla, sí por escuchar el himno en las olimpiadas. Pero sobre todo por saber que los sueños si existen y que se alcanzan trabajando.

Saladino nos dejo mucho orgullo sí, pero también una lección importante si quieres saltar toma todo el impulso que necesitas, pero haz lo.

Ariel

viernes, agosto 22

Medalla de plata...

Quedan pocos días para que terminen las Olimpiadas de Beijing (o Pekín) 2008. ¡Vivimos momentos emocionantes! Siempre me he cuestionado la manera en la que las personas paralizamos toda actividad para mirar un evento deportivo. Las Olimpiadas no fueron la excepción, y es así como el viernes 15 de agosto, todo el Ecuador se paralizó para observar la carrera de marcha en la que competía nuestro héroe nacional, Jefferson Pérez. Este llegó a ser el personaje más ilustre de mi país en la última década, nuestro único medallista olímpico, el que nos dio más oro y más satisfacciones que ningún otro.

En las Olimpiadas de Atlanta de 1996, nuestro héroe ganó la medalla de oro en un deporte que ni siquiera sabíamos que existía: marcha. Nadie daba un arroz por un país como Ecuador, en nada... Es más, para el momento de la premiación ni siquiera tenían preparado el Himno Nacional, ¡quién lo hubiera pensado! Jefferson Pérez nos enseñó que los ecuatorianos podemos sorprender al mundo. Eso nos dio identidad como pueblo e hizo que nos demos cuenta del valor y del potencial que tenemos.

Estas Olimpiadas eran la despedida oficial del mejor deportista que el Ecuador ha tenido, y todos esperábamos otra medalla de oro. Nadie pensó jamás que observar la carrera de 20 km en marcha pudiera ser tan emocionante. Jefferson despuntaba, luego se perdía entre la multitud, más adelante estaba tercero, para ocupar el séptimo lugar después de 20 segundos. Al fin, Jefferson no nos defraudó, dejó atrás a los favoritos y se posicionó en el primer lugar hasta que... bueno, hasta que un ruso 14 años más joven, mucho más alto y con unas zancadas increíbles logró tomar una ventaja de nada menos que 14 segundos. Solamente ganamos la medalla de plata. ¡Qué decepción!

Debían ver la expresión de nuestros rostros... Parecía como si Jefferson hubiese llegado en último lugar, como si hubiese sido descalificado por faltas, o como si se hubiese rendido a la mitad. Por fin, alguien dijo por ahí: "Chicos, ¡la medalla de plata no está mal!" Y tiene razón, pero...

Me puse a analizar nuevamente el comportamiento humano (es uno de mis pasatiempos). Nos encantan los primeros lugares, todo lo demás decepciona. En nuestro corazón anida la envidia, "sí, plata está bien, pero queríamos el oro". Estas olimpiadas, los ecuatorianos no sentimos identidad como pueblo, ya no sentimos que valemos... "es que no fue medalla de oro". Nos falta contentamiento (ojo, esto no es resignación) con las cosas buenas que tenemos.

Me pregunto, ¿nos comportamos de la misma manera con Dios? La respuesta sonó en mi cabeza, es un rotundo sí. En lugar de sentirnos afortunados por todas las bendiciones que recibimos de Él, le reclamamos porque no nos ha dado tal o cual cosa, que el otro sí tiene. Nuestra iglesia ha crecido, sí, gracias Señor, pero la de pastor Fulano creció más, necesito conocer su estrategia (aunque no sea bíblica). Yo tengo estos dones, pero quiero el don que tiene mi hermano... En fin, la lista es larga.

¿Por qué no podemos tener un corazón contento y agradecido para con Dios? Creo que es porque pensamos que nuestro valor e identidad se basan en nuestros logros y posesiones, en lugar de cimentarse en el amor de Dios y la obra de Cristo. Las Olimpiadas de Beijing 2008 me hicieron dar cuenta de eso.

viernes, julio 4

Dos motivos para llorar

Hace dos semanas, ocurrió en Panamá un hecho que la prensa no dudo en calificar de tragedia. La selección nacional de fútbol, en la que tantas esperanzas se habían puestos, resulto eliminada cuando menos se pensaba. Todas las portadas de los periódicos al día siguiente hablaron al respecto, la radio, la televisión. Las personas no comentaban otra cosa que no fuera la onda tristeza que sentían por el resultado de ese juego.

Quienes me conocen, saben que soy un fiel fanático del fútbol, más aun si se trata de la selección nacional, así que también me sentía descorazonado, desanimado, abrumado por la derrota inesperada. Así que no voy a excluirme del problema del que voy a hablar a continuación.

El mismo día que en las diferentes publicaciones aparecía en primera plana la cara del "culpable de la eliminación" y los medios se dedicaban a justificar una derrota humillante, en segunda plana de la mayoría de los periódicos, apareció otra noticia que sí tenia matices de desgracia y sin embargo paso completamente desapercibida.

Se hizo un estudio a nivel de latinoamericana sobre nivel de educación. Panamá, nuestro flamante país del cual nos sentimos tan orgullosos por su pujante economía, su famoso canal, y nuestro crisol de razas, marcaba en los últimos lugares (al lado de Guatemala, El Salvador, República Dominicana y otros) Matemáticas, Español y Ciencias no era exactamente la especialidad de nuestros estudiantes, quizás si les hicieran un examen en cuanto a quién tuvo la culpa de la eliminación de Panamá, todos saldríamos altamente sobresalientes.

Curiosamente, marcando en punta con calificaciones sobresalientes, esta la pequeña, bloqueada y socialista isla de Cuba, lo cual me hace poner las cosas en perspectiva. Mientras Panamá nada (o aparenta hacerlo) en la abundancia, nuestra futuras generaciones crecen sin saber un pepino de Español, Matemática o Ciencias. Cuba por su lado, víctima de un bloqueo (injusto y arbitrario) da al Cesar lo que es del Cesar y sabe que su futuro pende de lo mucho o lo poco que sepan las generaciones que un día tendrán en sus manos al país.

Me descorazona también pensar que nuestro país se sume en el conformismo, que somos tan triviales como para ignorar semejante realidad y llorar sin pudor por nuestra selección de fútbol,
Creo absolutamente en le hecho de que Panamá es un país de oportunidades, de que es el país del momento para la inversión, y que de seguir la taza de crecimiento que lleva hasta ahora, vendrá un futuro esplendoroso. Sin embargo ¿En manos de quien quedara? Si nuestros estudiantes no saben ni leer, ni sumar o explicar tan siquiera que es la clorofila.

Estamos criando un montón de ignorantes (por no decir burros) que lo único que saben es gritar y salir a la calle a tirar piedras en contra de la autoridad. ¿Para que los estamos preparando? Al parecer, viendo los últimos acontecimientos para lo único que serán útiles sera para técnicos de fútbol (al parecer no se requiere demasiada inteligencia)

Panamá tiene un motivo de peso para llorar, pero más que eso para actuar.

jueves, junio 28

Fútbol, goles y un poco de ideas...


Soy un aficionado de los deportes. Creo que eso no es ninguna novedad para aquellos que me conocen. No creo que sea malo ser seguidor de algún deporte o disfrutar de las hazañas que pueden conseguir algunos atletas. Inclusive estoy plenamente convencido de que la disciplina que tienen estos hombres y mujeres para conseguir el éxito en lo que hacen es increíble y de admirar.
Sin embargo hay una pequeña campana repicando en el fondo de mi cabeza. Hace poco transcurrió la Copa de Oro (Competencia de Fútbol, donde participan los países Centroamericanos, Caribeños y de Norteamerica)y como todas las ocasiones medio país (Panamá) se paralizo en una fiebre de "patriotismo" el mundo se detenía cada vez que la selección jugaba y un pequeño balón que corría de un lado a otro de la cancha hacía reír o llorar a un país entero (al final, lloramos más de lo que reímos). Yo he seguido, desde hace mucho a la selección nacional de fútbol así que también estaba al tanto de lo que ocurría y reí y lloré por momentos.
Entonces, empezó a repicar la campana. Nuestra sociedad esta saturada de "trivialismo" (no sé si la palabra existe pero se entiende) donde hombres con la habilidad única de pegarle a un balón son admirados u odiados en base a lo que hagan o dejen de hacer dentro de la cancha. Fuera de ella nos importa muy poco quienes sean o que hallan hecho. "Lo importante es lo que dan por la patria"
Me detuve a pensar específicamente en la selección de Panamá, dentro de ella hay borrachos, asesinos, ex-presidiarios, portadores de armas ilegales etc. Que lavan su cara ante la sociedad por el simple hecho de saber pegarle a esa bendita bolita. Ojo, con esto no quiero rechazar o despreciar a los borrachos etc, pero sí es necesario condenar sus actos: "Ama al pecador, aborrece al pecado". El punto aquí termina en el hecho de que somos capaces de hacernos, los ciegos y los sordos por un deporte, alabamos el físico, la apariencia y pensamos que podemos hacer lo mismo con nuestras vidas. Puedo tener mi vida llena de cosas desagradables a incorrectas, lo único que debo hacer, es encontrar una manera de pagarle a la sociedad: artistas, deportistas, políticos, modelos... humanos que creen que con una careta pueden tapar lo que llevan por dentro. Personas que pensamos que untando nos el perfume más caro, cubriremos la pestilencia de nuestros actos podridos.
No es más el fútbol, es mala nuestra trivialidad...
No es malo el arte, lo malo es cuando se usa para ocultar lo corrupto...
Ariel