martes, noviembre 2

Sin zapatos.

No pido riquezas, ni esperanzas, ni amor, ni un amigo que me comprenda; todo lo que pido es el cielo sobre mí y un camino a mis pies.
-Robert Louis Stevenson 


Me encanta andar sin zapatos. Quizá sea una de las mayores frustraciones de mi madre; jamás consiguió que me calzara un par de zapatos, zapatillas o siquiera chancletas. Aun hoy en día lo primero que hago al llegar a casa es mandar a volar los zapatos y calzarme la deliciosa falta de zapatos, sentir el frío del piso contrastando con el calor del ambiente o la simple liberación de su opresión.
 Para algunas personas es un poco mal educado andar por allí sin zapatos, otros piensan que es demasiado peligroso pues ven en el suelo un sin numero de amenazas a la integridad de sus pies; exageran. No sé cual es la magia que hay en tener los pies "pelados" como dice mi mamá, pero sé que es de esas cosas que inclusive pueden forjar amistades, tengo un par de amigos con los cuales lo único que tengo en común es practicamente que los zapatos nos parecen una medida de presión y privación de libertad.

Es hermoso poder vivir en un país donde andar descalzo es placentero, donde el clima te permite disfrutarlo al cien por ciento. Pensaba en que cosa podrías escribir hoy, Hannah dijo -Escribe sobre estar descalzo- la idea me pareció demasiado simple pero al final eso es; andar descalzo es lo más simple de este mundo. Nunca me había puesto a pensar en eso, de esta forma, una de mis cosas favoritas en este mundo es estar descalzo.

1 comentario:

  1. Me encanto esta entrada. Y en algunas cositas me sentí identificada.

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