William Shakespeare

En Panamá era día de duelo nacional y para nosotros un día de estar juntos, de desayunar con más calma, de conversar mientras nos tomamos el té, de tomar una siesta en la tarde, de ver a las iguanas comer mango y a las ardillas pasar corriendo entre los arboles. Conversamos de todo, sacamos lustre a viejos sueños y quitamos las telarañas a algunas ideas precozmente oxidadas.
Hablamos de libros, soñamos de libros y plasmamos en improvisadas hojas sueños escritos en tímidos trazos. Hablamos de contagiar a otros con esa plaga que nos carcome y no nos deja tranquilo, hablamos de infestar a todo el mundo, de compartir nuestros libros, de hacerlos leer, de no darles noches tranquilas sino cansadas madrugadas con el abrumador dilema si dormirse de una vez o leer “una página más”. Hablamos de hablar y soñamos con seguir soñando.
La lluvia cesó por ratos quizá solo recordándonos que muy pronto estará aquí todos los días. Pero hoy no importaba todo lo que necesitábamos estaba aquí al alcance de nuestras manos con los libros y los sueños, con las esperanzas y los temores y con la absoluta certeza de que no importa cuanto llueva, mañana o quizá pasado saldrá el sol.
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