sábado, octubre 2

Quiero escribir

"No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo" Oscar Wilde

Una de las ventajas de escribir en este blog, aparte de que es el único lugar donde puedo publicar, es que no tenemos un horario ni un límite de temas, palabras, frecuencia, ni ninguna otra cosa por el estilo. Prácticamente es un blog anárquico, aunque luego de cuatro años hemos podido aprender que siempre vamos a escribir más o menos de algunos asuntos puntuales: Teología, política, libros, películas y una que otra experiencia “extraña”.

Contrapunto nació más bien de una amistad y es por eso que resulta tan “falto de reglas” pues nació con la idea de ser una conversación entre amigos, entre personas que les gusta encontrarles quintas y sextas patas a cuantos mamíferos se crucen por su camino, porque era una forma de comunicarnos sin escribirnos largos correos. De vez en cuando hemos tenido amigos que cruzan y dejan su opinión, su escrito y por supuesto su huella.

Escribir es sin embargo una tarea mucho más exigente que sólo escribir de vez en cuando. Implica mucho más que cruzarse de brazos y esperar a que caiga un buen tema. A veces hay que escribir sin tema, a veces sin ganas y a veces sin ninguna de las dos cosas. De modo que hemos decidido hacer de Octubre un mes especial y experimental (para nosotros).

La meta es escribir algo cada día. Y quien sabe a lo mejor haga de este contrapunto un mejor blog o por lo menos más interesante. No sé si todas mis entradas irán aquí –Tengo otro blog que tengo mucho más descuidado y quizá sea momento de rescatarlo- pero por lo menos la intención esta de escribir más aun con menos ganas.

Gracias de antemano a todos los que se tomaran el tiempo de echarle un ojo (o dos) a todas las locuras que llenaran este espacio, a los que se detengan a comentar o a aquellos que simplemente lleguen por error aquí (buscando mejores cosas) y se queden un rato a leer.
Esta es la segunda entrada de octubre. Espero que al final haya treinta y uno. Ya veremos.

viernes, octubre 1

¿Por qué no vuelven a su país?

Hace unos días estuve almorzando en el trabajo y escuché mientras mis compañeras, ambas extranjeras de países latinoamericanos, tuvieron la siguiente conversación:

-Lo que pasa es que en Panamá no hay nada que hacer -dice una.
-Sí, en mi país -dijo la otra compadeciéndose- por lo menos habían bibliotecas dónde habían actividades para que los niños hicieran mientras uno leía, aquí sí he sufrido.
-¡Es verdad! -agregó la otra- es que en mi país las personas eran más cultas.  En todas partes habían plazas con cuenteros y diferentes tipos de eventos.  Aquí lo único que hay para hacer es comer e ir al cine.
-Lo que pasa -explicó- es que aquí las personas aquí no son muy cultas.  En mi país a la gente le gusta leer, pero aquí no es así.

Y no les voy a hacer sufrir el resto de esa conversación porque mientras ellas hablaban a mi se me ponía la cara roja de frustración.  Cada vez que escucho a personas de otro país hablando mal de Panamá me molesta.  Siempre pienso -¡Está bien!  Panamá no es un país perfecto, pero nadie te obligó a venir aquí.  ¿Porqué no regresas a tu Colombia, Venezuela, o Costa Rica si no te gusta aquí?  Si tu país es tan perfecto ¿porque no te quedaste allí?

El mismo día que mis compañeras se estaban quejando de Panamá, me encontré con un articulo Panamá, entre los buenos de la lista, en la revista Ellas de La Prensa.  No se imaginan lo feliz que me sentí al leer ese artículo.  Lo que pasa es que todos los años la revista Newsweek publica una lista de los mejores países para vivir en el mundo.  Compara la educación, la salud, la calidad de vida, la economía, y la situación política de diferentes países y con un sistema de puntuación decide cuales son los mejores países para vivir en el mundo.

Lo que resaltó Roxana Muñoz en su artículo fue el hecho que Panamá se encuentra en la posición numero tres de Latino América después de Chile y Costa Rica.  ¡Numero tres!  Entonces, no estamos tan mal que digamos.  La verdad es que yo no necesito una lista de países para poder encontrar las cosas que me gustan de Panamá, es un país hermoso, tiene muchas facilidades modernas y muchos lugares inexplorados, y lo mejor de todo es que tiene gente muy alegre y servicial.

Claro que hay muchas cosas que me gustaría mejorar de Panamá.  Yo no niego que a mi también me gustaría que tuviéramos más bibliotecas pero hay que reconocer que en Panamá aunque la gente no sea muy "culta" por lo menos es muy difícil encontrar a una persona aquí que no sabe leer.  Me gustaría que las personas fueran más conscientes de la necesidad de proteger el medio-ambiente pero, también se ha podido mantener y mejorar el Canal que depende en gran manera de recursos naturales para funcionar.  Hay cosas que mejorar ¿dónde no las hay? pero al mismo tiempo Panamá es un lugar increíble.

No me gusta cuando la gente viene a Panamá sólo para criticarla comparándola con "su país" que dejaron ¿porque era demasiado buena?   Pero supongo que esa es otra de las ventajas de Panamá, si quieres quejarte, eres libre de hacerlo. Creo que hay muchas cosas que celebrar en Panamá y una de las más importantes es que en Panamá hay gente que ve el potencial de este país y se queda aquí para dar lo mejor de ellos para intentar hacerlo cada vez más un país un poco mejor.  Y la gente que viene de otros lugares ¿porqué no se fijan en eso?  y si en realidad es TAN malo estar aquí ¿por qué no vuelven a su país?

Manual para ser un déspota.

Hay ciertos requisitos mínimos para alzarse con el poder político.  No soy un experto en el tema, pero digamos que me gusta observar y leer noticias por aquí, por allá, para darme una idea de cómo funcionan las cosas en este enrevesado mundo. Mis observaciones me han llevado a concluir que inclusive muchas veces los mismos políticos no saben mucho del tema y, al igual que yo, se dedican a escuchar por aquí, por allá para hacerse una idea de cómo se llega al poder. De allí pues nace este pequeño manual con el cual pienso hacerme del poder algún día, y lo pongo aquí para que si alguien más se decide pueda hacer correcto uso del mismo y tomar las riendas de su país.


Hay que tener imagen sobre todo. Eso de la educación es historia vieja, por favor, sino pregúntenselo a Lula da Silva, quien gobernó  Brasil por varios períodos sin siquiera haber terminado la educación primaria. Entonces, lo importante es la imagen, lo que se proyecta, lo que se dice, parecer inocente y buena gente.


Ayuda bastante tener un físico atractivo como el de Rafael Correa, pero si natura no quiso brindarnos ese beneficio, siempre se puede recurrir al Photoshop o algún programa parecido que nos haga el favor. Si aun así nuestra cara no nos favorece demasiado, siempre podemos acudir a la sonrisa beatificada con la cual aparentaremos no matar ni una mosca. Hay que prestar especial atención a que sólo sea apariencia, pues es necesario, si en realidad se quiere el poder, matar no sólo una mosca sino también uno que otro mamífero de mayor envergadura.


Identificarse con el pueblo es el “Non plus ultra” del asunto. Si usamos frases como, “Ahora el toca al pueblo”, o “los zapatos del pueblo”, será genial, que las personas nos piensen sus iguales, que crean que cada mañana, al igual que ellos, nos subimos en un atestado bus a las cinco de la mañana y que regresamos agotados, en el mismo transporte, a las ocho de la noche. Como decía, es cuestión de apariencias. Gritar que es el momento del cambio nunca falla, le funcionó a Obama, a Martinelli y quién sabe a cuantos más.


No está de más tener algunos buenos patrocinadores, pegar vallas con nuestra cara, sonrisa beatificada incluida, por toda la carretera hará que las personas se vayan siendo a la idea de que somos viejos conocidos. Es buena idea regalar gorras, llaveros, plumas, suéteres, pelotas de fútbol y cuanta locura se nos pase por la cabeza, las personas siempre están dispuestas a aceptar cuantos chécheres estemos dispuestos a endilgarles.


Una vez obtenido el poder, porque es imposible fallar si se aplica la formula anterior, hay que disfrutar de la popularidad recién obtenida, aprovechar las esperanzas que nos darán millones de personas y empezar a trabajar para sacarle el mayor beneficio posible al asunto. Al principio se nos tolerara cualquier tontería, se dirá que estamos calibrando, probando.


Luego cuando la gente se dé cuenta de que aquello de la campaña no va en serio y que somos  uno más de esos políticos que se manufacturan en serie en alguna fábrica de mala muerte, sin control de calidad.    Entonces tendremos que aprender a pedir perdón, a decir que nos han malinterpretado, y que cuando dijimos no, queríamos decir sí y viceversa, que nuestras intenciones son nobles y los medios de comunicación crueles conspiradores.


Eso sí, a veces hay que tener el valor suficiente para despotricar frente a las cámaras, para mostrar ira, descontento, frustración, para retar a los diferentes sectores del país, porque no deben olvidarse que nosotros somos los que mandamos, que ellos nos eligieron y ahora nos deben aguantar. Rafael Correa nos da un excelente ejemplo cuando declaró en la reciente crisis con la policía que, si querían destruir Ecuador lo destruirían, pero él no iba a dar un paso atrás.  Total, lo que importa no es el país sino el poder, ese es el punto ¿no?


Hay que saber aglutinar poder, de a poquitos agarrar más y más toma de decisiones, meter una manito en la justicia, otra en las finanzas, unos cuantos deditos en los procesos electorales y estar atentos para no prestar atención a nada de lo que nos digan.


En medio de ese ir y venir, acabara nuestro período. Si hemos sido buenos, habremos conseguido, a través de un referéndum o una reforma directa a la constitución,  lanzarnos a las próximas reelecciones.  Entonces habrá que reiniciar en el punto uno viendo como arreglamos la alicaída imagen y aparentamos ser buenas gentes, incomprendidos y, sobre todo, con ganas de cambiar, ahora sí, el país. Téngalo por seguro, lo más probable es que las personas no se den cuenta del juego hasta dos o tres periodos después: miren a Chávez.


Aún debo observar más esos complicados malabares cantinflescos que hacen nuestros políticos para decir que no querían decir lo que dijeron cuando dijeron lo que no debían decir pero fueron mal interpretados por los  malditos medios de comunicación que se la tienen velada. Lo importante es siempre tener a quién echarle la culpa.


En fin, estos son mis limitados conocimientos con los que algún día tomaré el poder y seré un político como todos los demás.  Es lo que le gusta a la gente; como dicen en el “marketing”, fidelidad de marca.  Mientras tanto sigo ampliando mi manual y quedándome admirado de lo mucho que aún me falta por aprender. Lo que me alivia es saber que tengo los mejores maestros. 

miércoles, septiembre 29

Convicciones, Tolerancia y Perez-Reverte.


"Un amigo me preguntaba porqué no construíamos ahora catedrales como las góticas famosas, y le dije: "Los hombres de aquellos tiempos tenían convicciones; nosotros, los modernos, no tenemos más que opiniones, y para elevar una catedral gótica se necesita algo más que una opinión". Heinrich Heine
Los mejores amigos son aquellos que te dejan marcas que sobreviven el tiempo o la distancia. Por ende son buenísimos amigos aquellos que te recomiendan algún autor que termina acompañándote por el resto de tu vida o al menos un buen par de años. Uno de estos hace algunos años me presentó a Arturo Perez-Reverte un escritor español que tiene la particularidad de no tener pelos en la lengua, ni en los dedos, y de escribir con tanta libertad que él mismo dice sorprenderle que se lo permitan. Conocí a Reverte en sus novelas del Capitan Alatriste, de a poco me fui introduciendo en sus escritos; ensayos y novelas históricas o los desaforados gritos que lanza cada domingo desde “El Semanal” en España donde según sus propias palabras el país ibérico, y el resto del mundo, se están yendo a “tomar por saco”.



Su personalidad directa y sin demasiadas trabas en los dedos para escribir lo que está pensando ha hecho que se convierta en uno de mis escritores favoritos. Hace apenas algunos días me regalaron su última compilación de escritos “Cuando éramos honrados mercenarios” y está de más decir que he pasado agradables horas oyendo sus opiniones sobre política, religión, tolerancia o viceversa.


Hay muchísimos escritos que vale la pena mencionar y debatir largamente, o por lo menos dedicarles una sencilla entrada en algún blog pseudo-intelectual, sin embargo quiero hacer énfasis en uno que ha quedado repicando en mi cabeza. El escrito se titula: “Porque van a ganar los malos” y aunque estoy casi seguro que Don Arturo Pérez-Reverte no estaría de acuerdo con mi interpretación igual voy a hacerla.


En este mini-ensayo Reverte hace un análisis de las dos más grandes cosmovisiones en que se divide el mundo: Oriente y Occidente. A riesgo de sonar prejuicioso, a Reverte realmente le importa muy poco sonar así o asa, el periodista nos dice que los orientales son los malos. Basa su argumento en los extremos islamitas, en la represión de las ideas, en el uso obligatorio de la burka o en la lapidación por adulterio. Habla sobre las constantes amenazas que nacen de estos pueblos con la premisa de que los infieles, o sea usted y yo, deben morir.


Señala luego que al final van a ganar ellos y se van a apoderar del mundo, echándonos a todos al mar e implantando el reino de Ala en este mundo. Debo aclarar que mi postura en cuanto a lo que ocurre en el medio oriente no es pro-nadie. Me parece que tanto Israel como los árabes son países egoístas, hambrientos de poder y a quienes no les tiembla el pulso para cortar, matar, descuartizar o hacer cuanta barbarie consideren necesaria para imponer sus ideas.


Volviendo al punto, Reverte señala la gran diferencia entre los medio-orientales y nosotros los occidentales es que ellos tienen valor para decir lo que piensan, tienen convicciones y se mantienen firmes en ellas, no les va a temblar el pulso porque dos o tres gatos se quejen de injusticia, de hecho no les tiembla el pulso ni cuando las Naciones Unidas lo hace. En cambio nosotros por la desesperación de caer bien, por el apuro de ser populares y recibir calificaciones positivas como personas tolerantes y maduras acabamos cediendo a todo y permitiendo que se nos pisoteé el nombre, las creencias y el honor.


Estamos en un mundo donde tener cualquier convicción es sinónimo de “radicalidad” o fanatismo, un mundo donde tener la cabeza vacía es la opción popular y donde debemos aprender a bailar al ritmo que nos toquen, quien lo toque y como lo quiera tocar. Nos olvidamos que la idea no es ceder ante todo sino mas bien respetar a todos y sus ideas. Nos olvidamos que el punto no es dejar de discutir sino hacerlo con civilización. No es dejar de tener convicciones sino saber respetar las de otros.


En algún punto trocaron los significados de las palabras y “tolerancia” la cambiaron por estupidez, por ser cabezas huecas y dejar que otros nos digan lo que está bien y mal sin más argumentos. Reverte concluye su escrito diciendo que al final por eso van a ganar los extremistas. Tal vez no ganen, tal vez las cosas sigan como por ahora un rato más. Lo único seguro es que mientras nuestro mundo occidental se mueve cada vez más a tragarse las convicciones y las ideas propias para aceptar lo que dos o tres sujetos populares tienen que decirnos. Al final no vamos a necesitar que nadie nos empuje al mar, bastara con que alguna artista en minifalda y más operaciones que años se tire al mar para ver a cientos de jóvenes idiotizados imitándola y quien sabe a lo mejor allí vayamos hasta alguno de nosotros, no sería de extrañar.

jueves, septiembre 23

Un mundo Feliz


"Si después de la tormenta vienen tales calmas, ojalá los vientos soplen hasta despertar la muerte" Willian Shakespeare
Hay libros que se leen en soledad y en soledad se sacan las conclusiones, se apuntan las lecciones, se cierra el libro y se da por terminada su lectura. Otros en cambio te obligan a hablar, a comentar, a pensar y simplemente se niega a que su lectura termine con las páginas. “Un mundo feliz” (Brave New World) de Aldous Huxley es de estos últimos.
Un libro extrañamente profético, fue escrito en 1931, con el reto de ponernos a pensar en donde está y hacía donde va nuestra sociedad. El libro habla sobre una sociedad futurista donde todo es perfecto, donde la felicidad es la máxima y todos los dolores y percances que puede tener una vida normal han sido suprimidos, a excepción de en algunas reservas de “salvajes”, es una sociedad que ha sido condicionada desde pequeños para ser felices y nada más.
Los niños ya no nacen sino que son “decantados” y son creados con las características necesarias para que sean felices según el rol que ejercerán en la vida, por ejemplo a los niños que harán trabajos manuales les enseñan a odiar los libros y la reflexión. En fin es una sociedad aterradora en la cual no se atisba ni la más mínima gota de dolor, rencor o sobresalto.
La trama del libro es bastante buena y atractiva aunque su fuerte pasa más por lo filosófico y sociológico del asunto. El pensar que una sociedad sin dolores, sin enfermedades, sin vejez, sin problemas, sería una sociedad perfecta, es lo más común. Huxley sin embargo nos dibuja como sería esta y nos enseña que el dolor y la falta de control de las situaciones que nos afectan nos hacen más humanos y más conscientes de nuestro rol en esta tierra.
Una de las conversaciones de los personajes nos enseña que el dolor y el sufrimiento también son derechos inalienables de ser seres humanos.
-Es que a mí me gustan los inconvenientes.
-A nosotros no- dijo el interventor- preferimos hacer las cosas con comodidad.
-Pues yo no quiero comodidad. Yo quiero a Dios, quiero poesía, quiero peligro real, libertad, bondad, pecado.
-En suma- dijo Mustafa Mond- Usted reclama el derecho de ser desgraciado.
-Muy bien, de acuerdo- dijo el salvaje en tono de reto-. Reclamo el derecho de ser un desgraciado.
-Sin hablar del derecho a envejecer, a volverse feo e impotente, a tener sífilis y cáncer, a pasar hambre, ser piojoso, a vivir con el temor constante de lo que pueda ocurrir mañana; el derecho en fin, a ser un hombre atormentado.
Siguió un largo silencio.
-Reclamo todos esos derechos- concluyó el salvaje.
Mustafa Mond se encogió de hombros.
-Están a su disposición- dijo.
Pocas veces solemos pensar en la incertidumbre y en nuestra fragilidad como seres humanos como un derecho. El poder estar respirando ahora mientras tecleo estas palabras y  la posibilidad que al instante siguiente mi vida pueda terminar, no me hace menos valioso, mi fragilidad como ser humano por el contrario me hace más valioso pues a pesar de todas las miles de cosas que atentan contra mi vida aun estoy aquí y eso no puede ser producto de la casualidad ni de la buena suerte.
La paz que sigue a la tormenta siempre es mejor que la paz ininterrumpida. La vida sin sobresaltos no sería vida. Ojala pueda aprender a apreciar y ver siempre la vida y sus vicisitudes de esa forma y recordar, que la idea de un mundo feliz puede ser mucho más aterrador de lo que parece.

lunes, septiembre 20

Otra de Buses.


"Toma las cosas por el lado bueno" Thomas Jefferson

Hace algunas semanas escribí sobre la triste realidad de nuestro transporte público. Sin embargo me tocó aprender hace apenas unos días que inclusive en la peor de las crisis y situaciones se puede sacar algo bueno e interesante y en más de una ocasión vamos a necesitar que alguien nos preste su cosmovisión para ver lo bueno donde solo veíamos lo malo.

Viajaba yo en uno de esos buses semi-destartalados donde el olor a gasolina y el constante traqueteo de su carrocería son parte no negociable del viaje. Por supuesto había uno que otro chico que insistía en demostrarnos sus excelentes gustos musicales y una que otra conversación.

Lo confieso: me gusta escuchar las conversaciones en los buses. Los comentarios políticos a veces desatinados a veces acertados, los problemas que tiene el tipo que va sentado cinco puestos adelante y suda copiosamente mientras le cuenta a su compañero de asiento como es que el carro tiene cinco meses en el taller y aun no saben lo que anda mal. Las bravuconadas de algún chico intentando impresionar a la chica de turno o simplemente las preguntas que le hace un niño, harto de curiosidad, al papá sobre el funcionamiento de los barcos, del puente, del bus, del mundo.

Hace unos días moviéndome de un punto a otro, escuche de casualidad la conversación que un hombre tenía con su vecina quizá, no sé exactamente quién era. Le comentaba sobre su reciente experiencia en los Estados Unidos de Norteamérica, le decía que había estado viajando por diferentes estados algunos más fríos que otros, algunos más calientes que el mismísimo Panamá a pleno medio día, grandes, pequeños, turísticos y no, había tardado más o menos tres años en aquella aventura y hace algunos meses por fin había regresado a Panamá.

-Tú no vas a creer lo que más yo extrañaba allá- dijo el sujeto con esa manía que tenemos los panameños de derrochar pronombres donde sí van y donde no.

-¿Qué?- preguntó la mujer después de una breve pausa en la que pensé que si ella no se lo preguntaba se lo iba a preguntar yo.

-No me vas a creer- insistió el tipo haciendo aun más grande el misterio. –Extrañaba los buses- dijo finalmente –extrañaba la cercanía de la gente, extrañaba que la gente me mirara, ¡allá la gente ni te mira! Todos van en su mundo- y empezó a contarle sobre cómo le tocaba viajar por horas en las rapidísimas “High way” sin un alma con quien conversar. Como al subirse a un autobús o al metro nadie se volteaba a verlo y nadie le importaba.

-Aquí la gente te mira- decía- te habla, hasta los vendedores; no me vas a creer pero apenas llegué al aeropuerto le di mis maletas a la familia y me subí en un bus, es que uno no sabe lo que es estar sólo hasta que estas sólo entre un montón de gente-

Siguieron conversando sobre muchísimas cosas que él había aprendido en su viaje. Yo me bajé unas cuantas paradas después y al bajar di un gracias sincero al chofer que me respondió con un “cómo no” sincero también. Me bajé feliz de tener por algunos minutos la cosmovisión de otra persona que veía los buses como una oportunidad de contacto humano, esos mismos buses de los que tanto nos quejamos.

Después de eso veo los buses de una manera diferente. Siguen siendo incómodos, siguen provocándome dolor de cabeza y nauseas cuando llueve y hay que cerrar ventanas, pero también son como una gran sala donde nos sentamos panameños y extranjeros, grandes y chicos, a contar nuestras experiencias, a pasar nuestra vida de un punto a otro y a veces a escuchar conversaciones que nos recuerdan que las cosas no son tan malas como parecen y que aun en la más oscura de las situaciones si miras bien encontraras razones para sonreír.

jueves, septiembre 16

Yo también leí Twilight

"La mejor defensa contra la mala literatura es una experiencia plena de la buena; así como para protegerse de los bribones es mucho más eficaz intimar realmente con personas honestas que desconfiar por principio de todo el mundo." C.S. Lewis

Hay diversas razones para evitar un tema. Una de esas razones podría ser escaso conocimiento en cuanto al tópico, otra podría ser falta de valor para asumir las consecuencias de tener una postura, pereza de escribir al respecto o simplemente creer que es un tema gastado del cual no vale la pena decir nada más pues las posturas están tomadas y los candados asegurados.

Una brutal combinación de todas me ha llevado a aplazar y aplazar este escrito. Pero sí, aunque me avergüenza decirlo yo también leí la saga de Crepúsculo (Twilight), casi completa. Y desde entonces vengo mordiéndome la lengua (y/o los dedos) por comentar lo que pienso sobre ella. No es que me avergüence el haber perdido horas de lectura –no creo que haya horas invertidas en la lectura que sean perdida- pues cuando uno tiene sueño opiáceos de llegar a escribir, todo lo que lee le sirve para aprender lo que se debe y lo que no se debe hacer en el oficio. Sin embargo tampoco es un orgullo anexar esta rara colección a los libros que he leído.

Además que tengo esa manía de llevar la contraria de señalar que no todo es tan blanco y negro como parece, de intentar sacarle algo bueno al asunto. Lamentablemente Twilight no tiene un colmillo que lo salve. Pese a mis intentos de salir como paladín acusando a aquellos que señalan sin leer o conocer, lamentó profundamente haberme visto envuelto en ese tórrido romance entre un mutante chupa sangre y una adolescente absolutamente falta de convicciones que divide su corazón entre un hombre lobo y un vampiro.

Y vamos aclarando algunas cosas: no digo esto por envidia. No envidio a la autora que se ha asegurado la vida, al menos en el sentido monetario, vendiéndole ilusiones a las chicas que ahora sueñan con encontrarse con su vampiro –colmillos incluidos- y tampoco envidió a Edward Cullen (personaje principal de la serie) un hombre con esas características sólo existe en las caricaturas, las películas, o las novelas rosas de monstruos. Yo pese a mis defectos soy un ser real.

Mi escrito nace más bien de la indignación. Del ver a las chicas deformar sus expectativas y sus deseos por una novela que no vale el papel en la cual está impresa, de ver a chicos queriendo parecer vampiros para resultarle atractivo a las chicas, de imaginar como el pobre Dracula ha de revolcarse en su tumba ante la idea de que lo han hecho un chico Emo con tendencias suicidas y de que ahora las mujeres en vez de gritar al verlo salen corriendo a tirarse en sus brazos; a eso se le llama devaluación.

En fin yo leí los libros, conocí a los personajes y sinceramente aun no entiendo como pueden hacer un montón de películas con tan poco material, con tan poca historia. Otros libros mucho mejor llevados como “Una serie de eventos desafortunados” son resumidos todos en una triste película, hay que ver cómo es que andamos de cabeza.

En fin si algo rescatable hay del boom de estos vampiros es que chicas que en su vida han pisado una librería se acercan para hojear el libro y quien sabe hasta comprarlo, ojala que de esa lectura básica y triste pasen a mejores cosas, quién sabe, Víctor Hugo, Dostovesky o inclusive Harry Potter que al lado de esta serie de novelas bien podría ser candidato al nobel de literatura.

En fin, así lo veo yo, quien sabe podría estar equivocado.

sábado, septiembre 11

Buses musicales.

Es extraordinario lo potente que es la mala música. Noel Coward


Quien haya viajado en autobús por la ciudad (o hacía la ciudad) de Panamá, sabe que el mote de “diablos rojos” no es en vano, ni una exageración. El clima de Panamá tan famoso por su inconsecuencia ayuda a la percepción de viajar en pequeñas “calderas infernales”.

El sol puede subir las temperaturas a niveles exagerados. Por suerte la brisa que entra con fuerza por las ventanas ayuda a sobrellevar el calor y la modorra que este conlleva. Algunas veces, sin embargo, llueve y entonces hay que cerrar ventanas y rogar a Dios porque los olores de personas cocinándose a fuego lento, la terrible humedad y el aire que empieza a viciarse, no nos cause un desmayo. Hay que rogar además, por si acaso, que las ruedas del bus aguanten.

Es terrible, ya lo sé, pero ¿qué se le va a hacer? Es la forma que uno tiene para moverse. Es cierto que es una vergüenza para un país como Panamá tener este ridículo sistema de transporte pero es lo que tenemos y mientras llega “el cambio” aprovechamos.

De modo que no escribo esto para quejarme del calor, o del mal estado de los buses, ni siquiera voy a quejarme de los tranques interminables. En cambio quiero quejarme un poco, porque soy así, de los pasajeros que día a día se desplazan utilizando estos medios de transporte.

Puedo quejarme de varias cosas: la basura que arrojan por la ventana o los asientos del bus rayados y rotos -¿qué no pueden llevar un libro para leer mientras viajan?- sin embargo tampoco voy a tocar esos temas. Hoy voy a quejarme específicamente de los celulares.

Ese aparatito del infierno ya hacía suficiente mal interrumpiendo conversaciones importantes o sirviendo como excusa para los maleducados. Entonces a algún ser maléfico se le ocurrió la genial idea de ponerle altoparlantes y música y allá van. Uno puede subirse en un autobús e ir escuchando un remix de regueton, bachata, salsa o cuanta locura se pueda imaginar. Me imagino que el altoparlante debe tener una que otra aplicación práctica sin embargo para mi, y estoy seguro que para varias personas más, se ha convertido en una molestia extra de viajar en autobús.

¿Soy intolerante? No lo creo, cada uno tiene derecho a escuchar la música que le venga en gana así como yo tengo derecho de pensar que no se puede estar muy bien de la mollera si se escucha cierto tipo de letras y melodías. Es más no tengo absolutamente nada en contra de que se coloquen sus audífonos y se intoxiquen hasta la saciedad. Pero lo que no tolero es que me obliguen a mí también a escuchar sus canciones, que todo el bus tenga que enterarse que ellos son los más “cool” porque escuchan al cantante del momento.

Cuando empecé a escribir esta entrada, hace algunos días, pensaba en que era posible que esta moda de usar la ropa apretada cortaba la circulación de la sangre y probablemente los jóvenes no podían pensar bien pues no les llegaba suficiente oxigeno al cerebro así que, vamos, estaban casi justificados. Sin embargo ayer me topé con un señor que bien podía ser mi padre o el padre de mi padre, con su celular y la bendita musiquita dale que te dale. ¡No hay derecho!

Pensaba en soluciones. Pensaba en que debería prohibirse ir con esos altoparlantes por allí. ¿se imaginan ustedes la reacción? ¡No hay derecho! ¡Intolerancia! ¡Tenemos derecho a escuchar la música que queramos! (¿cómo no? También tienen derecho a hacernos el viaje más miserable a todos los que no compartimos su selecto gusto musical) En fin aquello de que el respeto al derecho ajeno es la paz ha perdido sus dimensiones, de pronto el derecho ajeno incluye el fastidiarnos. No sé, No sé, solo quería desahogarme un rato, de todas maneras por más que me queje no van a cambiar las cosas. Más bien estoy pensando comprar un celular con “speakers” porque ¡me van a escuchar!

lunes, septiembre 6

Los libros son mi hogar.

Los libros no se han hecho para servir de adorno: sin embargo, nada hay que embellezca tanto como ellos en el interior del hogar.Harriet Beecher Stowe


Las mudanzas no son mi pasatiempo favorito. De niño recuerdo las pocas veces que nos mudamos. Lo único emocionante era pegar gritos en la habitación recién vaciada y escuchar como el eco repetía todo. Aparte de eso todo era guardar, limpiar y después desempacar; tedioso.

El último mes me ha tocado, por diversas razones, mudarme unas tres veces. Eso de empacar, guardar y limpiar sigue siendo igual de tedioso, lamentablemente eso de pegar gritos y escuchar el eco en la habitación vacía ha perdido mucha gracia, tanta que ya ni siquiera lo intento (pensándolo bien quizá sea yo el que ha perdido gracia).

Como sea, las constantes mudanzas han tenido sus dosis de aventura y la emoción de estar empezando una vida diferente. Sin embargo lo más emocionante ha sido el abrir cajas y cajas llenas de libros. Empezar a ordenarlos, pensar donde irían y que orden seguirían, encontrar libros que leí hace un buen tiempo y comentarle algo a Hannah al respecto, encontrar libros que aun no he leído, pasar sus páginas de prisa e imaginar las de cosas que tienen por contarme, las de cosas que vamos a vivir juntos.

La casa empieza tomar forma, aun hay libros amontonados por todos lados pero eso solo me hace sonreír. No puedo concebir una mejor manera de empezar mi vida con Hannah que rodeados de libros leídos y por leer. No puedo imaginar un mejor lugar para llamar hogar que una casa llena de libros.

martes, agosto 31

Algo esta sucediendo en Panamá.


Ante ciertos libros, uno se pregunta: ¿quién los leerá? Y ante ciertas personas uno se pregunta: ¿qué leerán? Y al fin, libros y personas se encuentran. André Gide
El domingo concluyó la feria del libro de Panamá. Por primera vez se hace de manera anual y vaya que es una buena noticia para aquellos que tenemos que buscar y rebuscar para encontrar buenos libros. Podría decir algunas cosas que pudieron ser mejores, los precios por ejemplo, pero creo que es suficientemente bueno que durante cuatro días Panamá tenga una feria donde lo más importante son los libros y la palabra escrita.

Fui tres días y las tres veces regrese con una sonrisa de oreja a oreja, de esas que luego de un rato hace que te duelan los músculos de la cara. –Algo está pasando en Panamá- me decía Hannah con una sonrisa similar o quizá mucho más grande que la mía.

Y en definitiva habría que ser ciego para no darse cuenta de que los esfuerzos titánicos que han hecho otras personas antes que nosotros porque Panamá tenga un lugar en el mundo de los libros o viceversa.

Nos encontramos con escritores que orgullosos ofrecían sus autógrafos a quienes estuvieran interesados en sus libros. Al pasar a su lado no podías dejar de sentir un remix de emociones, emoción, porque en Panamá se está escribiendo cada vez más (La prensa de hoy dice que dos libros por día) un poco de envidia, porque ya quisiera uno haber concluido una obra y poder ofrecerla y esperanza pues algún día quizá algo de lo que uno escribe tendrá un lugar allí.

Nos encontramos con gente joven queriendo enfocar el periodismo de una nueva manera, ya era hora que algo así se hiciera en Panamá, con chicos que llegaban atraídos por la novedad u obligados por la escuela pero de todas maneras allí viendo cientos y cientos de libros que quizá por una portada interesante o por alguna película vista previamente le introduzca en el mundo de las letras, nunca se sabe.

Nos encontramos amigos, conocidos, escritores, periodistas, políticos, actores, presentadores todos interesados de una u otra forma en los libros. Algo está pasando en Panamá, es algo bueno, y definitivamente va depender de nosotros poder sacarle el mayor provecho a esta ola de cultura y amor por los libros que de poco empieza a tomar fuerza.

Algo está sucediendo en Panamá. Tiene que ver con los libros, con la palabra escrita, con la reflexión y eso, sinceramente, me hace feliz.

Ariel

sábado, agosto 28

La inspiración de los libros

Yo soy tan feliz cuando estoy rodeada de libros y de personas que aman los libros.  Me encanta la creatividad y las personas que saben apreciar lo bello en las cosas sencillas.  Por eso creo que me encantan los libros.  Me encantan las cosas hermosas y sencillas, un paisaje antes de que va a llover, un paisaje después de que ha llovido, una comida bien hecha y bien presentada, una canción bien escrita.  Es el conjunto de cosas sencillas que hace que lo que hagamos día tras día tenga sentido.  Una sonrisa de un niño, una caricia de quien te ama, lo pequeño, lo sencillo.

Hace poco regresé a Panamá.  Me casé, empecé a trabajar como profesora de español, todo muy rápido.  En medio del remolino que ha sido empezar nuestra vida aquí en Panamá, he ido descubriendo algunas cosas que me tienen muy emocionada.  Son cosas pequeñas.  Un café donde puedo ir a leer, tomarme un té, y conversar.  La vista cuando se cruza el puente de las Americas o el puente Centenario (las dos vistas me emocionan).  Tener estudiantes a los cuales voy a intentar transmitir el amor por la lectura durante todo un año escolar.  El bosque, la playa...

Esta semana he podido ir a la Feria Internacional del Libro.  Yo estaba tan emocionada por este evento e ir y ver a tantas personas por lo menos interesadas en curiosear los libros en la Feria tambièn me ha hecho sentir más feliz.  Creo que algo está pasando en Panamá.  En nuestro país que no se conoce por su amor a la literatura está naciendo una generación o por lo menos una sub-cultura más representativa que sí disfruta del arte de los libros, los cuentos, la narrativa... es bonito.
 
Creo que la lectura puede cambiar a las personas de una buena manera.  Abre tu mente a pensar de una manera más abierta y también de una manera más critica.  Creo que te da la oportunidad de ver cosas que no habías visto antes en las personas que te rodean y te inspira a ser algo más y de hacer algo más con tu vida.  Otra cosa que me hizo sentir muy feliz fue escuchar del grupo de personas que han trabajado por empezar a escribir El Guayacán.  Me encanta porque es una revista que tiene la intención de hacer periodismo de otro tipo, que promueva la literatura, la cultura, el pensar... 

Estoy regresando a Panamá en un momento oportuno.  Creo que hay muchas cosas emocionantes que están naciendo y estoy ansiosa por unirme a todo esto que está ocurriendo para que Panamá pueda convertirse en un lugar dónde se disfruta de la lectura, de la narrativa, y que se usa la escritura para promover el pensamiento critico.  ¡Qué momento para estar aquí!  Me siento inspirada.

martes, agosto 24

Estos tiempos de desesperanza...

Si no peleas para acabar con la corrupción y la podredumbre, acabarás formando parte de ella
Se los juro. Me he sentado más de tres veces en este mismo lugar, con la pantalla en blanco y el cursor parpadeando sediento de palabras. He estrujado hasta el limite mi cerebro y mis pocas habilidades literarias intentando escribir algo coherente. Algo sobre lo mucho que apestan las cosas políticas, sobre injusticias, sobre abuso de poder. En resumen escribir un poco sobre las muchas cosas que de a poco, pero sin descanso, amenazan con destruir Panamá; mi Panamá.

No he podido escribir nada porque las ideas se me nublan con sentimientos humanos (e inútiles) porque no quiero ser tachado de extremista o calificado simplemente de "oposición", adjetivo que en algún momento fue valioso pero que hoy en Panamá no vale nada, no quiero entrar tampoco en el eterno debate de aquellos que ven la política cual si se tratara de un partido de fútbol que dura cinco años. Apoyan al candidato por el cual votaron sin ver si lo que hace es correcto, incorrecto o tan siquiera tiene alguna similitud con aquellas cosas que prometió a los cuatro vientos en la campaña. ¿cuando aprenderemos que la política no es un juego de fútbol? -de ser así hace ratos vamos perdiendo todos, y por goleada.

Panamá se deshace lenta y dolorosamente para aquellos que lo notamos. Ayer leía en un periódico como la carrera de filosofía estaba a punto de desaparecer en Panamá. Pensé que aquello tiene sentido pues de todas maneras a los panameños no nos gusta pensar. Me duele y me desespera todo lo que esta ocurriendo y siento la terrible impotencia de solo poder teclear palabras en un blog. Y mientras tanto me duele Panamá y nada cambia.

Lo bueno es que siempre hay voces y personas dispuestas a decir algo. A opinar, a jugarse el pellejo, y en los tiempos que corren eso es más que una metáfora, como por ejemplo Paco Gómez Nadal un periodista español radicado en Panamá que escribe en La Prensa. Sus escritos siempre van directo a los problemas y lo hace con arte y gracia.

Precisamente hoy que leía el periódico y sentía esa ola de podredumbre, desesperación e impotencia. Leí un articulo de él. Aunque disto bastante de estar completamente de acuerdo con él, debo decir que su articulo me ha hecho tomar aire, respirar, sentirme tranquilo y esperanzado que quizá, después de todo, a pesar de tanto corrupto y tanto loco, aun hay esperanza para Panamá.

No pensaba escribir tanto, solo quería dejar el escrito, pero quizá con un poco de contexto sera más claro de donde viene mi frustración. Se los dejo, léanlo, sean de Panamá o no, pues creo que todos nuestros países latinoamericanos tienes cayos que pisar. prensa.com Panamá - Opinión

Ariel



martes, agosto 3

De banquetes, bodas, fe de erratas y mea culpas

Nunca es tarde para el arrepentimiento y la reparación. Charles Dickens

Quienes me conocen de manera cercana (o casi) me habrán escuchado en más de una ocasión criticar y vociferar contra las pomposas ceremonias de cualquier tipo. También podrán dar fe sobre las miles de cosas que hablé y dije en cuanto a las bodas. Comentaran, con absoluta certeza y razón, que solamente he ido a tres bodas por voluntad propia. Dirán, entre otras cosas, que siempre dije que no eran más que pérdida de tiempo, dinero y hasta de un poco de dignidad. Entiéndanme por favor es fácil ver los toros desde la barrera y desde allí despotricar contra ellos.

Pero la vida es como es y fue diseñada para que las palabras que soltamos hoy sean nuestro alimento de mañana, es decir para que nos traguemos todas aquellas cosas que decimos sin mucha reflexión. Yo, me he dado un banquete y me gustaría compartir con ustedes algo de eso.

Escribo una semana y dos días después de mi boda. Me casé con mi mejor amiga, con mi confidente y con la persona que mejor me conoce, eso lo hemos confirmado aun más en estos días que llevamos juntos. Y debo decir que contrario a todo lo que pensaba que iba a ser, la ceremonia, se convirtió en uno de los momentos más hermosos de mi vida.

El poder compartir delante de amigos y familiares que amo a Hannah y quiero hacer todo por hacerla feliz. El compartir la fe mutua de que nuestro compromiso es delante de Dios, el poder ser abrazado y felicitado por buenos amigos hizo que todo fuera absolutamente diferente.

Vale aclarar que tampoco fue una boda tradicional en muchos sentidos, Hannah y yo la hicimos a nuestro gusto y medida casi en todos los aspectos. Y disfrutamos todo. Y aunque hicieron falta algunas personas, ustedes saben quiénes son, fue especial poder compartir con aquellas cercanas que nos aman y se regocijan en nuestro amor.

En resumen debo tragarme todas mis palabras y admitir que una boda puede ser uno de los momentos más hermosos y especiales de la vida. Estoy seguro que ahora siendo un hombre casado mi historial de bodas se ampliara, mi esposa no comparte mi apatía por estos eventos, y quien sabe a lo mejor pueda seguir aprendiendo de estos pomposos eventos que acaban de adquirir una nueva dimensión para mí.

Como dicen por allí no es malo estar equivocado, lo malo es no corregir. Considéreseme corregido por favor.

viernes, julio 2

Otra de amor...

 
Faltan veintidós días. Me siento feliz. Quiero disfrutar cada momento y al mismo tiempo quiero que el tiempo pase rápido. En unos días voy a volver a ver Ariel quien es mi amigo más fiel, me confidente más atento, mi compañero más paciente, y mi inspiración más fuerte.

No tengo que repetirlo, pero vale la pena decir que es un poco complicada nuestra historia. Pero, a pesar de todo lo que pasó y todo lo que no pasó, algo que me hace sonreír cada vez que lo pienso es la manera que Ariel me ha inspirado a seguir haciendo cosas que había soñado pero nadie a mi alrededor compartía o deseaba. Nada me hace más feliz que cuando me siento a conversar con Ariel y nos damos cuenta de que hemos seguido en una dirección especifica a veces apoyados solamente en saber que por lo menos una persona en el mundo cree que podemos hacer eso que soñamos.

Y no es tanto el éxito que nos atrae --aunque obviamente si se hace algo bien se desearía algo de reconocimiento por lo mismo-- pero el compartir el amor por algo. Y creo que eso es algo que me emociona tanto al pensar que vamos a poder compartir nuestras vidas juntos. Ahora tendré a mi mejor amigo a mi lado para decirme que siga aun cuando todo parezca deshacerse y yo podré decirle lo mismo a Ariel. Estoy tan feliz no porque creo que será fácil estar casados, sino porque sé que la vida está llena de complicaciones y dificultades y prefiero pasarlas junto a mi mejor amigo que aparte.
Estoy tan feliz.

lunes, junio 28

Una de amor...

Amar no es mirarse el uno al otro; es mirar juntos en la misma dirección.

Antoine de Saint-Exupery (1900-1944) Escritor francés.

Faltan veintisiete días. Tengo una mezcla de sensaciones, nervios alegría, expectativa. En resumen soy feliz, no encuentro otra palabra para describir esta mezcolanza. En veintisiete días voy a casarme con la que ha sido (y es) mi amiga, mi confidente, mi consejera, mi asesora, mi porrista y mi colega.

Nuestra historia es complicada y bonita al mismo tiempo. Con largos periodos de silencio y periodos de cercanía total a pesar de la distancia. Este blog nació como una manera de estar juntos, de poder compartir, de poder escribir sobre nuestras inquietudes, nuestros temores, nuestras dudas y nuestras certezas.

Estos días de estar preparando todo, de estar esperando a Hannah, de planear detalles, y de sentir que los días se estiran más de lo debido, incumpliendo reglas fundamentales de tiempo y espacio. Me tranquiliza sin embargo la certeza de saber que estaremos juntos para siempre.

Si debo escoger una palabra para definir nuestra relación esa sería amistad. Hemos sido amigos por muchísimo tiempo (desde hace doce años) cuando ha sido fácil y cuando ha sido difícil, cuando hemos estado cerca y (la mayoría del tiempo) cuando hemos estado lejos. Nos ha permitido conocernos y respetarnos a pesar de nuestras diferencias. Y estoy seguro seguiremos siendo amigos para siempre.

Debo escribir sobre esto pues es lo que me llena y es lo que tengo en la cabeza. Y el escribir para mi es la manera de sacar todo, de aclararme, de decir que soy feliz. Este blog nació como una forma de acortar distancias. Creo que después de todo cumplido su objetivo.

Fotografía: Debora Vargas Ramirez

lunes, junio 21

Héroes que han vencido a nadie hasta hoy...

A menudo los héroes son desconocidos.

Benjamín Disraeli

Los héroes deben ganar. Esa es la premisa. Los perdedores nunca reciben medallas o recompensa alguna. Inmediatamente pasan a un segundo plano, al olvido; y de allí rara vez regresan. Conciliar heroicidad con victoria nunca ha sido algo extraño.

En los tiempos que corren es peligroso adherir lo uno a lo otro. Los héroes son cada vez más reducidos. Los héroes que hacen lo correcto aun menos. Cada vez es más fácil quedar indignado ante las atrocidades que hacen nuestros políticos, las depravaciones de nuestra sociedad y las tonterías de los medios de comunicación. ¡No hay remedio! Y el pesimismo pasa de ser premisa a ser estilo de vida. La mediocridad y el conformismo se instalan en la sala de nuestra casa justo al lado de nosotros en el sillón donde veremos las noticias y nos limitaremos a mover la cabeza negativamente.

Cada vez es más común ver en nuestros países la desesperanza y la falta de credibilidad en los gobernantes. El abstencionismo omnipresente en las elecciones “democráticas” de nuestros países demuestra nuestra incredulidad en los pequeños actos. -¿de qué sirve un voto?- solemos excusarnos cuando preferimos no salir a las urnas.

Hemos dejado de creer en los pequeños actos que marcan diferencias. Preferimos esperar hasta tener grandes oportunidades, grandes cualidades o grandes poderes para poder hacer algo. Esperamos ver al héroe que se levante con poder y cambie toda la situación en un tris tras.

Escuchando canciones me topé con una frase genial en la canción de Fernando Delgadillo titulada “el gigante” (no sé si la autoría es de él pero al menos él la canta): Traigo en la maleta indios, carabelas, barrios y sudor, sangre como ríos, héroes que han vencido a nadie hasta hoy.

Encontrarse con la frase de “héroes que han vencido a nadie hasta hoy” puede parecer contradictorio. Un héroe no siempre gana. Es la realidad. La persona que se atreve a levantar su voz contra un sistema corrupto y sufre las consecuencias. Las personas que escriben en los periódicos y terminan presos, (como en Venezuela). Aquellos valientes que murieron luchando por la independencia de nuestros países. Ellos, a pesar de no ganar son también héroes.

Ser héroe no significa vencer. Significa hacer lo correcto y estar dispuesto a sufrir las consecuencias que eso pueda conllevar.

domingo, junio 20

Aprendiendo a jugar

Hace poco vi un documental sobre Fito Páez, en el que Cecilia Roth -su esposa, hasta donde sé- decía de él: "Se toma la vida tan en serio y tan en broma como hay que tomársela". Y la frase se quedó conmigo.

A veces pienso en lo mucho que me cuesta hacer o seguir las bromas en mi vida diaria, aunque las disfruto muchísimo y me dan la dosis de risa necesaria para irla pasando a pesar de la existencia -no la vida-, esa que no me gusta tanto. Un poco callada y seria al principio, voy sacando mi sentido del humor a cuentagotas, cuando empieza a haber confianza y certeza de que la persona en efecto disfruta el ingenio, ciertas referencias, un poco de humor negro por aquí y un poco de inocencia por allá.

Es precisamente en el sentido del humor donde más se aprecian las diferencias entre una persona y otra, entre nacionalidades y culturas. Hay tantos tipos de sentido del humor como de historias, y de risas. Por eso creo que la frase de Cecilia Roth es tan acertada, porque más allá de tomarse en serio lo que hay que tomarse en serio y bromear con todo el resto, es necesario encontrar en cada uno esa forma especial, única, de tomarle el pelo a la existencia. Esto da salud, y hace que se alargue la vida de verdad.

miércoles, junio 16

Ya va siendo hora

Estaba viendo que la última vez que escribí en este blog fue el año pasado. El tiempo pasa, a veces demasiado lento, a veces demasiado rápido. Es un bicho que anda y anda, como decía La Maga. Y que de paso se va de las manos, como me sucede con cuanto zancudo se cruza en mi camino, para suerte del animal y para vergüenza mía.

Leía un blog de Lauri García Dueñas sobre lo que se siente llegar a los treinta. Tengo 27, lo que me hace estar más cerca de los 30 que de los 20, lo cual a veces me gusta, o me asusta, dependiendo del caso y del momento. Y sentí mi pellejo en esas páginas. Mi sangre, y las entrañas que me he ido sacando y se han ido quedando en el camino cuando he intentado vivir la vida, cuando he querido entenderla, y quizás lo más sabio, escribirla.

Sinceramente me dan asco los insectos, pero muchas veces creo que vivir es precisamente eso: un proceso de descascaramiento continuo, a veces voluntario, a veces forzado por lo que eufemísticamente llamamos circunstancia. Al pobre Oliveira le reventaba. Y yo, con mi vocación de cronopia a veces solapada en un trabajo de 7 a 5 y holidays gringos y responsabilidades y todos los etceteras que caen pesadamente en mi a veces maltrecha soltería, no soy muy diferente que digamos, aunque no tenga 40, ni haya pasado años de mi vida vagando en París.

Veo a mis amigas casarse, tener hijos, o por lo menos estar al lado de alguien con quien planean pasar el resto de sus vidas, y me alegro por ellas, y converso con sus hombres, y cargo a sus niños, y después de todo eso pienso en lo lejos que eso está de mí, o en lo cerca que podría estar sin que me dé cuenta. No sé. Quién sabe, a lo mejor ni lo encuentre en este camino a veces plano y a veces tortuoso por el que camino todos los días despojándome de una piel que me protege y que me pesa.

Pienso en la libertad que siento que perdí cuando regresé, porque al irme y a pesar de ser extranjera, en el lado de allá era más fácil encontrar almas errantes, poéticas, idealistas, a veces antormentadas pero también asombrosamente libres como la mía. No fumo, bebo mi par de cervezas sin remordimientos, disfruto el humor negro más que antes. Como dice Lauri, cambio de ocurrencias, mas no de ideas. Y siempre supe, en el fondo, que no encajaría fácilente, mucho menos aquí. Mi rebelión fue de ideas, y en ese camino se cruzaron las letras para agarrarme con sus garras afiladas y no abandonarme nunca.

Pero a veces no me reconozco, y me asusto. De repente se me duermen las letras, y dejo de leer -de comer- y decido que quizás el dolor el mundo es demasiado grande para mis aletas pequeñas que no terminan de salir, y que bastante tengo con mi propio infiernillo personal. Y de pronto me estremezco, logro adivinar detrás de la cortina la sombra de esa oruga retorciéndose, a veces con una foto, a veces con un libro, o con una historia, la tele o lo que sea. Y siento que llego a casa.

"Hay lugares de los que nunca se vuelve", escribió Pérez-Reverte en El Pintor de Batallas. Hay lugares a los que nunca volvemos también, aunque a veces nos duela, o nos consuele.

Cuando era pequeña decía que los 25 era la mejor edad para casarse, y los 27 para tener hijos. Hoy tengo 27 y bueno, las ocurrencias cambian con uno o con las circunstancias, no se sabe, como el problema del huevo y la gallina. En fin... Después dije que no valía la pena casarse, y que quería ser una académica exitosa y dedicarme a viajar por el mundo. No he viajado por el mundo ni mucho menos estoy en la academia, pero tengo un par de entradillas en mi diario de viajes. Y el sueño de la academia no ha muerto del todo.

Con Don Paquito decidí que no había nada más satisfactorio, casi sublime, que vivir para escribir, pero pronto me di cuenta de que no es lo mismo vivir para escribir que escribir para vivir. Nunca ejercí el periodismo, pero no lo descarto. No vivo para escribir, ni escribo para vivir, pero la literatura sigue siendo mi vida. Lo que hace latir mi corazón todos los días, y lo que me gustaría estar haciendo en el preciso momento en que venga a llevarme la encapuchada, que no debe ser tan mala al fin de cuentas.

Y más o menos por ese entonces vi que no valía la pena vivir si se hacía para satisfacer las expectativas de los que nunca pagarán un recibo tuyo ni se pondrán tus zapatos. Es desgastante, y la vida es demasiado corta. Aún con los etcéteras bajo los que vivo todos los días, en medio de todo ese lodo que amenaza con estancarme el vuelo, viene la escritura como un cuchillo y va abriendome, y va sacándome la piel muerta de encima, y va liberando mis alitas para que las empiece a agitar cada vez más rápido, y cuando menos piense ¡zás! En vez de caminar estoy volando.

"Para qué quiero piernas si tengo alas para volar", dijo Frida. Y yo agregaría "para qué quiero respuestas?". Ya cerca de los 30, una de las pocas certezas que tengo -son pocas las certezas que podemos acumular en esta vida- es que no existen las respuestas correctas, que nuestro destino es morirnos con las preguntas con las que nacimos y con las que fuimos acumulando a lo largo del camino. Entonces, ¿de qué sirve vivir buscando siempre las respuestas? Así que creo que ese es el mejor -quizá el único- propósito de año nuevo que puedo repetir hasta que deje de respirar: que la incertidumbre y el misterio también tienen su gracia.

martes, junio 8

¿Qué nos hace pertenecer?

Me gusta ir a lugares donde hay mucha gente para leer. Me gusta leer y también me gusta ver a la gente. No sólo me gusta ver pero también me gusta escuchar las conversaciones de los demás. Supongo que si lo vemos por un lado es muy mala educación pero, en realidad es fascinante.
El domingo fui a pasar la tarde leyendo (y leí un libro buenisimo que todos deberían leer) y habían unas dos chicas que se sentaron cerca de mi. Tuvieron una conversación tan interesante que pasaba unos minutos leyendo y unos minutos escuchando. 
Las chicas hablaron de todo, de sus ex-novios –y en ese momento no presté mucha atención- pero después se pusieron a conversar sobre sus experiencias en otros países. Parece que una era de Vietnam y la otra, Americana, había vivido un tiempo en la China. Las dos tenían cierta conexión con la China. 
Después, una hizo el comentario que se había convertido al Judaísmo y la otra dijo que había crecido como Católica pero ya no creía en eso. Se pusieron a hablar de porqué creían o no y hablaron del lugar que ocupaba en su vida la “religión”. 
Me pareció interesante porque uno de los temas era el de “pertenecer”. Ellas hablaron de que les parecía que para muchos la “religión” es un lugar para pertenecer. Se reúnen para poder compartir algo en común con otros y darles una sensación de pertenencia. Y creo que es algo un poco cierto. 
Una de las chicas dijo, “Ahora las personas no tienen razón por la cual reunirse con otros y no pertenecen a nada, las personas están más desconectadas ahora que antes.” Y es cierto, muchas personas se reúnen por otras cosas, deportes, arte, trabajo, etc pero es interesante porque me parece que ninguno de esos vínculos crea la unidad casi como “familia” como la que se crea en una comunidad formada alrededor de la fe. 
Es interesante, y me ha dejado pensando en las comunidades que formamos alrededor de diferentes cosas y cuales son las que se convierten casi en familia y porqué será.

martes, mayo 25

Absolutamente LOST


Ayer terminó Lost. Hace algunos meses conversando con Hannah al respecto de lo mucho que me gustaba esta serie le decía: -¡Debes verla! ¡Es buenísima! Ella me respondió con una mezcla de humor y seriedad: -¿Mejoraría mi calidad de vida?- Pregunta que me pareció graciosa y bastante fuera de lugar pues soy (era) un convencido de que no todo lo que hacemos necesariamente debe mejorar tu calidad de vida –Entiéndase calidad de vida en un sentido integro: espiritual, emocional, intelectual, etc. – Hay cosas que se hace simplemente por placer o por matar el tiempo (como si hubiera suficiente para estar asesinando el poco que tenemos) Si me volviera a repetir la pregunta hoy, tendría una respuesta para ella. –No-

Y es que pasaron seis años y ciento quince capítulos para quedar como el titulo de la serie: absolutamente perdido. Me refugié en la excusa de lo mucho que me fascinan las historias. Cortas, largas, de amor o de ficción, de suspenso o de miedo, las historias me encantan porque me cuentan algo, porque me transportan y me hacen ver la vida desde otras perspectivas. Sin embargo creo que no todas las historias valen la pena o al menos no todas merecen que se les dedique la misma cantidad de tiempo. De haber invertido todo aquel tiempo en la lectura de algunos buenos libros, seguramente ahora tendría muchísimas más historias y un mejor sabor de boca.

Y es que no voy a despotricar contra las series televisivas. Sería un hipócrita. Pero definitivamente puedo ascender dos, tres o hasta cuatro escalones más a los libros sobre estas historias estiradas y cambiadas con el transcurso de los años para subir ratings. Un libro es más genuino, más integro, más honesto, menos interesado.

Tampoco voy a ir soltando pestes contra la serie y sus creadores. Por momentos me hicieron admirarles genuinamente, envidiarles y preguntarme: ¿De dónde sacan tantas buenas ideas? ¿Aprendí algo? Aprendí muchísimas cosas, uno de los aspectos que me agradaba de la serie era sus constantes “Dilemas” morales, teológicos, filosóficos y la manera en que la serie te obligaba a pensar y ver las cosas desde otra óptica. Aprendí también que las mejores historias vienen en pequeños bultos de papel encerrado en dos tapas de cartón, donde el final, sea bueno o malo, lo podremos saber en un par de semanas o meses y no tener que esperar seis años para llevarnos un chasco.

La sensación me durara un tiempo. Sin embargo las conclusiones han sido buenas, he aprendido. Por ahora regreso a mis libros que una vez me han demostrado que no hay nada como ellos.

viernes, mayo 14

Apartehid religioso (la otra parte)


Tenemos bastante religión para odiarnos unos a otros, pero no la bastante para amarnos.
Jonathan Swift


Después de haber escrito aquello de Apartheid sexual, fueron diversas las opiniones que recibí, algunos estuvieron de acuerdo conmigo otros me dijeron: tienes razón pero…
Otros simplemente estuvieron en desacuerdo conmigo y algunos más me trataron de poco tolerante. Total; nada nuevo. No voy a entrar en aquel tema de nuevo, por lo menos no ahora, sin embargo me gustaría escribir sobre algo similar.

Vivimos en un mundo con libertad de culto. Lo cual la genial y siempre actualizada Wikipedia define como: es un derecho fundamental que se refiere a la opción de cada ser humano de elegir libremente su religión, de no elegir ninguna (irreligión), o de no creer o validar la existencia de un Dios (ateísmo y agnosticismo) y poder ejercer dicha creencia públicamente, sin ser víctima de opresión, discriminación o intento de cambiarla

En pocas y breves palabras puedo creer lo que sea y dejar de creer lo que quiera también. Lo cual más que válido es inclusive lógico pues no podemos forzar a nadie a cambiar de convicciones o creencias. Respetar las creencias de los demás suele ser un tema bastante delicado, pues algunas veces es difícil establecer límites de donde empiezan mis derechos y donde empiezan los de mi vecino.

Como cristianos tenemos extrañas maneras de reaccionar ante esta realidad. Somos en realidad una religión (nunca me ha gustado tratar el cristianismo como “una religión” pero habrá que admitir que nos comportamos de esa forma) poco tolerante e inclusive amenazadora. Señalamos a diestra y siniestra. A los borrachos, a los drogadictos, a los homosexuales y a los fornicarios, a los corruptos, los mentirosos e inclusive a los otros grupos religiosos.

No quiero ser mal interpretado. Creo en el cristianismo. Soy cristiano. Pero es ese mismo hecho, el de ser cristiano, el que me ha llevado a analizar la forma en la que hacemos las cosas y el por que de ellas. Creo que una cosa es señalar las cosas que están mal, llamar al pecado por su nombre y reaccionar con la justa indignación cuando las cosas se hacen de manera incorrecta.

Creo por otro lado que no hemos sabido cómo hacerlo a través de siglos y parecemos el personaje de la nariz respingona que mira a todos por debajo del hombro y se cree absolutamente mejor que todos. Y señalamos, demandamos e inclusive algunas veces ofendemos a nuestro prójimo en el afán desesperado de erradicar el pecado. Misión a la que por cierto no hemos sido llamados.

Además hemos desarrollado cierto delirio de persecución en el cual vemos una amenaza detrás de cada esquina. Y así en vez de aprovechar la libertad de culto, situación que habría encantado a los primeros cristianos, nos afanamos en encontrar complots, desprecios e intimidaciones donde no las hay. Desde las reacciones extremas a libros como Harry Potter o El código Da Vinci pasando por aquellas protestas donde se insulta y se manda al infierno a la humanidad.

No creo tampoco que debamos ser tontos y recibir con brazos abiertos cualquier corriente, sin embargo creo que es deber fundamental examinarlo todo y retener lo bueno. Que no podemos censurar basándonos en lo que dijo alguien más. Y no podemos ser hipócritas de señalar la paja en el ojo ajeno si ver nuestras propias vigas. No podemos censurar las conductas "inmorales" cuando nosotros mismos nos recreamos en ella en la televisión o en el internet.

No creo que nuestra función sea simplemente censurar sin usar el intelecto. Me suena más algo aquello de poner la otra mejilla, de caminar la milla extra y amar al prójimo. No me excluyo del problema, bien sé que soy parte de él, Tampoco tengo soluciones, tengo un par de ideas pero serían largas de escribir en este blog, solo tengo la certeza de que hay algo más y de que algunas cosas las estamos haciendo mal. Solo tenía esto rondando en la cabeza y debía desembocar en algún lugar.

martes, mayo 11

Aplicaciones reales de una película de Ficción.


Voy un poco atrasado. Han pasado ya varios meses desde el aclamado estreno de la película Avatar. Una película que cambió para siempre la manera de hacer películas, al menos eso dicen, a mi no me consta.

Ganó tres Oscares de la academia, premio poco fiable pero muy prestigioso, y ganó aplausos y
vítores por cada lugar que pasó. Leí inclusive de algunos locos, nunca falta uno, que se mataron deprimidos al ver un planeta tan hermoso como el que nos muestra la película. Cinco meses después por fin he podido ver la película. Debo admitir que quería verla desde que estrenó pero por diversas razones pospuse el momento.

Ayer empecé a verla con la intención de echarle un vistazo nada más. Craso error, me sentó y me dejó enganchado hasta que pude saber cual era el final de los Navis y su planeta Pandora. Con esto quiero decir que la trama es genial, el argumento entretenido y para aquellos que gustan de la ficción, fantasías descabelladas y un mensaje entre lineas es realmente una grand slam.

El mensaje es claro, y de hecho trillado pero no por eso menos real, el ser humano esta acabando con los recursos naturales sin ponerle freno a su ambición. Se extrae petroleo sin importar que se destruye y cuanto arruinamos de la naturaleza. El golfo de México tañe ahora mismo como advertencia de lo que ocurre cuando el hombre sólo piensa en el vil metálico.

La película también tiene claros y fuertes ribetes políticos. Los malos de la película son "marines" que invaden, bombardean, matan, queman bajo las ordenes de ambiciosos empresarios que quieren explotar los recursos del planeta. ¿Coincidencia con la realidad? Dudo mucho que se trate del algo fortuito. De hecho en tramos la película recuerda imágenes y vídeos que se han visto de Afganistan, Irak, etc.

Es fácil ver el tema desde esa perspectiva, echarle la culpa al poderoso que abusa. Llámese Estados Unidos, China, Unión Europea o Hugo Chavez. Es fácil señalar errores como los del Golfo de México (mea culpa) y mirar con desagrado a los ambiciosos empresarios que no descansaran hasta talar el último árbol para construir el último mall.

Sin embargo hay otra vuelta de tuerca en el tema. El de las pequeñas cosas, los pequeños actos. Los pequeños actos de despotismo y abuso de poder, esos que se practican en la casa, en la calle, en la escuela y que nunca ocupan primeras planas o son noticia a nivel mundial Están los pequeños actos de quemar basura, como y cuando no se debe, tirar el papel a la calle, (un papel más un papel menos) pequeños actos que realizamos todos y sumados resultan siendo la razón de que nuestro mundo esté como está.

Obviamente también están los pequeños actos positivos. Ceder mi lugar, dar la gracias al dependiente (sí, aunque sea su trabajo atenderme) sonreír, disculpar a aquel que por accidente se paro sobre mi pie, plantar un árbol, echar mi basura en su lugar, etc.

La película no es solo una denuncia contra el ejercito de U.S.A. y los empresarios inescrupulosos. Es una denuncia a nuestro propio egoísmo y orgullo, contra nuestra falta de escrúpulos y contra nuestra falta de consideración a nuestro prójimo. Por lo menos así lo entendí yo.

Ariel