lunes, octubre 11

Comunidades locales

Hoy estuve pensando en todas las personas que tienen que viajar 2, 3, 4 horas para llegar al trabajo todos los días.  Esto lo he sentido de una manera más personal desde que regresé a Panamá.  Viviendo en otros lugares demoraba aproximadamente 20 minutos para ir y venir del trabajo.  Ahora, de ida (cuando está más pesado el trafico) demoro unos 45-50 minutos y de regreso de 30-40.  La verdad que para Panamá, eso no es tanto tiempo para esperar en trafico.  Obviamente, hay personas que esperan menos aunque la mayoría de los Panameños esperan mucho más.

En estos días estuve leyendo un articulo sobre como están intentando crear la "marca Panamá" y algo que mencionaron en el artículo es que para alcanzar un mercado "global" hay que ser "local".  Creo que en muchas cosas esto es cierto.  Para hacer cambios grandes, hay que tener una relación estrecha con la comunidad en la que vives.  Esto es difícil en la ciudad de Panamá donde la mayoría de las personas pasan más tiempo en el tráfico que en sus casas.  Esto crea una desigualdad de oportunidades para las comunidades donde la mayoría de sus miembros no pueden invertir tiempo en ellas.  

Me parece que sería bueno que buscáramos maneras de crear comunidades más locales.  Que se crearan oportunidades de trabajo en más lugares del país para que las personas pudieran vivir más cerca a sus espacios de trabajo.  Siempre van a haber razones para tener que viajar distancias para trabajar o estudiar, pero para el bien de desarrollo, se debería de intentar crear comunidades más locales.

O tal vez solamente no tengo ganas de despertarme a las 5:15 mañana en la mañana...

Gracias por las gracias.

Cuando bebas agua, recuerda la fuente.
proverbio Chino

Creo que soy una persona agradecida. Cuando voy a la tienda de la esquina y el chinito me entrega las compras digo: Gracias. Al bajarme del autobús doy las gracias. Cuando el mesero lleva la comida o la cuenta. En fin me considero un ser agradecido. Sin embargo en los últimos días he descubierto nuevas formas de mostrar gratitud. 

Hannah es de esas personas a las cuales les gusta escribir en todas las formas. Quiero decir; a mí me fascina escribir cuentos o este blog por ejemplo, de vez en cuando correos o cartas pero a Hannah le gusta escribir todo el tiempo, aunque sea copiar trozos de algún otro texto. También le encanta escribir notas de agradecimiento. 

El fin de semana nos pusimos de acuerdo para empezar a escribir una larga lista de notas de agradecimiento a las personas que nos acompañaron en la boda. Yo no era la persona más entusiasmada pues me imaginaba copiando una y otra vez el mismo mensaje de agradecimiento. Hasta me dolían las manos de sólo pensarlo. 

Sin embargo una vez empezamos a trabajar , recordamos a cada una de las personas, las formas en que han sido especiales con nosotros, cuanto nos han mostrado su amor y cuanto le amamos. Recordamos aun a más personas que no pudieron estar con nosotros pero a lo que podíamos agradecer tantas cosas y lo que pensaba iba a ser una tarde tediosa se convirtió en una bonita experiencia de recordar y dar gracias. De darnos cuenta cuan especial es tener personas que te amen. Escribimos varias notas y algunas aun quedan pendientes. Agradecimos a muchas personas pero aún nos faltan muchas más. Pensé que sería una buena idea escribir una entrada de agradecimiento, a tantas personas que probablemente nunca les haya escrito una nota pero que han hecho tantas cosas por mí, por mi familia, por Hannah. Escribir un post de manera sincera pues he aprendido que escribir es también una hermosa manera de dar las gracias.

domingo, octubre 10

Bienvenidos a la cultura futbolística

La violencia es el último recurso del incompetente.
-Isaac Asimov

    
     Es triste lo que ocurrió el pasado viernes en el estadio de fútbol Romel Fernandez. Ya he dejado plasmado en otras ocasiones que soy un fiel seguidor de la selección de Panamá y que siempre procuro, por lo menos, estar al tanto de los resultados en sus partidos. El viernes se jugaba un amistoso contra El Salvador. La idea de los amistosos es que ambos equipos de buena voluntad juegan para ayudarse a pulir carencias, probar jugadores y entretener un rato al público.

     Con el partido versus El Salvador había un poco de picante de trasfondo, un poco de revanchismo y rencilla. Las pasadas eliminatorias mundialistas “la selecta”, nombre con el que se conoce a el equipo de El Salvador, eliminó a Panamá en un juego que dejó muchísimos sinsabores y cosas que decir. Se habló del árbitro, de la agresividad de los fanáticos salvadoreños que se dedicaron a tirar botellas y algunas otras cosas bastantes desagradables dentro de la cancha. Como sea Panamá quedo eliminado y la herida ha sangrado inclusive hasta hoy en día.

    Cuando se anunció que el amistoso se daría, los medios de comunicación ni lerdos ni perezosos soltaron las campanas al aire, hablaron de revancha, de venganza, de tomar lo que era nuestro, etc, en pocas palabras le calentaron la cabeza al fanático panameño. En los foros de fútbol la cosa era peor se escribían largos post invitando a la gente a hacer “inolvidable” aquella noche para los salvadoreños, como si ganar un pírrico amistoso cambiara la historia.

     En junio del 2008 la selección de El Salvador eliminó a Panamá; algunas personas entonces hablaron de falta de “cultura futbolística” porque cuando El Salvador había visitado Panamá la gente se había limitado a ver el partido, a gritar los goles y a cantar una que otra consigna. La cultura futbolística, según estos personajes, consiste en tener salvajes en las gradas arrojando botellas, orines, atacando a los fanáticos rivales, silbando los himnos nacionales y haciendo del estadio una mini Gomorra. En resumen lo que ocurrió en el Cuscatlán. Si eso incidió o no en el resultado no me interesa ni es el punto aquí.

     El punto es que el viernes en la tarde quisimos alcanzar la excelencia en “cultura futbolística” cuando pretendíamos cobrarnos un juego que ya paso y será imposible repetir. Se “confundieron” con el Himno de El Salvador, dos veces, cuando el portero de la selecta salió con una fractura en el maxilar, los cultos fanáticos panameños se dedicaron a arrojarles cosas, además en la cancha todo era provocación y mala saña.

    Si eso es cultura futbolística, felicidades, lo próximo será tener nuestras propias barras bravas como en Argentina o Inglaterra, así como el primer mundo, celebraremos sin duda cuando las rivalidades entre clubes empiecen a cobrar vida y nos llenaremos de orgullo cuando agredamos a una persona por el simple hecho de pertenecer a otra nacionalidad y apoyar a otro equipo.

Si eso es cultura futbolística, prefiero ser un ignorante.

sábado, octubre 9

La Evolución de Calpurnia Tate

Es triste cuando no puedes leer lo que “quieres” por estar muy ocupado haciendo o leyendo otras cosas.  En los últimos meses me he encontrado en esta triste situación.  Es tan grave que me he tomado dos meses en leer el libro La Evolución de Calpurnia Tate, un libro juvenil que en una buena época de lectura lo hubiera podido leer en menos de una semana porque no es tan larga.  De todas maneras, hoy es uno de esos buenos días cuando terminas de leer un libro (aun sí has demorado demasiado tiempo para terminarlo).

La Evolución de Calpurnia Tate es un buen libro juvenil, tiene una buena trama.  La verdad es que me identifico con el personaje principal Calpurnia, una niña que está descubriendo quien es.  Le gusta leer y por medio de una nueva amistad con su abuelo descubre el fascinante mundo de la ciencia.  Ella decide que quiere ir a la universidad y convertirse en científica, algo muy inusual al final del siglo 19.  Sin embargo, su mamá quiere convertirla en una señorita presentable que sepa cocinar, bordar, y ser una buena esposa.

Me identifico un poco con esa tensión de que a veces lo que a uno le interesa no encaja con lo esperado en el ambiente en el que te encuentras.  Es una prueba que muchos tenemos que pasar en la vida.  Me acuerdo cuando estaba intentando entrar en la universidad.  Por momentos sentía que iba a ser imposible y eso en un ambiente que no pensaba que era malo que yo fuera. Después de haber ido a la universidad, me he enfrentado con la dificultad de lograr otras metas.  He ido y hecho distintas cosas aunque algunas personas me desanimaron y no pensaron que yo los podía hacer.

Creo que toda la vida va a ser así.  Siempre van a haber personas que creen que es muy difícil o inapropiado lo que quieres lograr.  Creo que es sumamente importante perseguir los sueños cuando uno está convencido de que son buenos.  Y no importa que si como Calpurnia dudes, es bueno tener sueños y trazar la manera de lograrlos. 

Me gustó el libro de Calpurnia y me hizo pensar algunas metas que tengo aún y porque quiero seguir haciéndolas realidad.  A corto plazo una meta que creo que puedo lograr es dedicarle más tiempo a la lectura.  Si lo logro, dentro de poco verán alguna reflexión sobre algún otro libro.  Deseen me suerte.

viernes, octubre 8

Doscientas entradas después...

Lo peor es cuando has terminado un capítulo y la máquina de escribir no aplaude.
-Orson Welles


Ayer, llegamos a doscientas entradas. Doscientas entradas después podemos ver como hemos envejecido; en algunos casos para bien en otros para mal, doscientas entradas después a veces da un poco de vergüenza mirar los archivos y ver lo que opinamos sobre x asunto o la redacción que utilizamos en aquel párrafo.

Doscientas entradas después contrapunto sigue siendo un dialogo de amigos donde se han escuchado muchas voces: Joel, Mariqui, Isaura, Hannah,  Ariel y algunos más. Doscientas entradas después seguimos intentando hacer de la quinta pata del gato nuestra premisa y del inconformismo nuestra bandera. Doscientas entradas despues aunque no tenemos un eslogan que nos defina bien podría ser: “las cosas podrían ser mejores” y es que ese aire de aparente pesimismo no es más que la carga por la impotencia de poder hacer muy poco para cambiar el rumbo de este mundo.

Doscientas entradas después seguimos intentando saber exactamente que significa tener un blog, seguimos intentando descifrar si realmente podemos hacerlo y por supuesto seguimos soñando con escribir, con plasmar nuestras ideas en la pantalla y hacerlo de una manera atractiva. Doscientas entradas después aun no estamos seguros de haberlo conseguido.

Doscientas entradas después han cambiado nuestras prioridades, nuestras vidas, nuestros pesos y estados civiles. Doscientas entradas después aun nos cuestan encontrar la disciplina para escribir algo todos los días o al menos todas las semanas. Doscientas entradas después aun nos alegran cada comentario, cada palabra de ánimo o de oposición cada voz que se levanta reaccionando a lo que hemos escrito pues al fin y al cabo es lo que queremos lograr.

Doscientas entradas después queremos escribir otras doscientas.

jueves, octubre 7

Educadora por accidente

Por cada persona que quiere enseñar, hay, aproximadamente, treinta personas que no quieren aprender.
-Walter C. Sellar

Hace un par de años me convertí, por accidente, en una educadora. Por mucho tiempo había soñado en ser escritora, periodista, teóloga, o quizás dirigente comunitario pero, había ignorado por completo las oportunidades presentadas dentro del campo de la educación. No puedo decir si era ignorancia o si lo estaba evitando por algunos prejuicios que he formado al ver que a veces el sistema educativo en vez de formar personas pensantes con mentes críticas, desarrolla personas que saben leer sin pensar y escribir (tal vez) sin reflexionar. Eso no me gustaba y no quería quedar atrapada dentro de ese sistema. 

Y ahora que estoy aquí, hay algunas cosas que no me gustan del mundo de la educación básica. Me parece que por conseguir notas muchas veces se asignan muchos trabajos pequeños y sin sentido. Siempre estoy intentando pensar en la mejor manera de dar trabajos que tengan sentido y realmente enseñen algo útil. Otra cosa que no me gusta es que muchas veces los estudiantes ven las materias que damos como una prueba a pasar no como algo placentero como yo creo que debería ser. Eso mata el gozo muchas veces de enseñar las cosas que me apasionan. 

Aun me parece atractiva la idea de ser (algún día) escritora, teóloga, o tal vez profesora en la universidad; sin embargo, por ahora me encuentro como educadora dentro del mundo de la primaria y secundaria y estoy descubriendo muchas cosas que me gustan de este mundo. La principal es que al enseñar yo aprendo MUCHISIMO, es imposible intentar enseñar bien sin aprender mucho más que los estudiantes. Eso me sirve muchísimo si me quedo en el mundo de la educación o si decido seguir otros caminos después, porque el conocimiento no me hará daño. 

También me he encontrado con muchos maestros muy creativos y retadores, ellos son de los que atrapan la mente de sus estudiantes y los impulsan a pensar. Esto me inspira muchísimo. Otra cosa que estoy descubriendo es que me encanta el contacto humano y el impacto individual que se tiene como educador. Creo que siempre sueño (como escritor, teólogo, o profesor) en tener un impacto en las vidas de personas en particular y cuando uno es educador eso ocurre aun cuando no puedas ver los resultados finales. 

Así que, por ahora, estoy contenta de ser educadora y me da mucha curiosidad saber dónde me va a llevar este camino que empecé a caminar de una manera tan "accidental".

¡Que lindo es ser presidente! II

-Las promesas son olvidadas por los príncipes, nunca por el pueblo.
Giuseppe Mazzini


Hace un año, seis meses y tres días escribí “Que lindo es ser presidente” Aun recuerdo el ambiente que me llevó a escribir sobre eso, se respiraba esperanza por un lado y duda y temor por el otro, algunos consideraron que, por fin, se había acabado la era de los “huesos viejos” en la política, que por fin venía el “cambio” porque un hombre que caminaba en los “zapatos del pueblo” prometía que era el turno del pueblo. Yo escribí con resquemor, con deseos de estar equivocado con la esperanza de no tener razón y estar hoy escribiendo una fe de erratas, una sincera disculpa y felicitación al hombre que había demostrado ser quien prometió. 

Sin embargo esta es de las veces en que pesa decir que se tenía razón. No es novedad, no se le puede pedir peras a un olmo, no se le puede pedir a un político que sea honesto o a un hombre que solucione los problemas de este alicaído mundo. De modo que decir que estoy decepcionado sería mentira, digamos que ya me lo esperaba. Sin embargo no puedo evitar sentir otras cosas como frustración y temor de lo que está ocurriendo y lo que aun van a ocurrir. 

No me gusta como mi Panamá se tambalea herida de muerte ante la prepotencia de nuestros gobernantes, la impunidad de los corruptos y nuestra indiferencia. Y es que al final la culpa la tenemos todos. Sin embargo poco puede hacerse ante la arrogancia de nuestro gobierno, ante el orgullo de nuestro señor presidente que ha decidido aplicar las técnicas que le han hecho millonario y hacer de nosotros, sus ciudadanos, unos empleados más. 

Ya no importa que se echa al tinaco de la basura: bienes, leyes, reputaciones, carreras enteras, profesiones, vidas, la constitución y la democracia misma. Bajo un errado concepto de gobernar en el cual el toma las decisiones aun en contra del clamor popular y donde confunde sus funciones de presidente con las de un monarca. 

Es cierto que en todos lados se cuecen habas y muchas veces la falta de educación de la oposición y de nuestros periodistas hace que las cosas se salgan de orden y en vez de criticar e informar se dedican a insultar. Sin embargo también es cierto que el gobierno ha demostrado tener la piel demasiado sensible cada vez que se le señalan los errores. En fin el tema da para muchísimo más, quizá en otro momento toque las otras perspectivas. Hoy sólo quiero desahogarme aquí, plasmar en este blog el mal sabor de boca que tengo y dejar flotando en el ciberespacio esta incomodidad que me carcome y no sé como liberar

miércoles, octubre 6

Lo que aprendí de Geralt de Rivia

Lo maravilloso de la guerra es que cada jefe de asesinos hace bendecir sus banderas e invocar solemnemente a Dios antes de lanzarse a exterminar a su prójimo. Voltaire


No es ninguna novedad que me encanta la fantasía. Desde hace algunos meses he estado leyendo la saga de Geralt de Rivia. Un serie bastante pesada para decir lo menos y que a pesar de ser fantasía y ficción total, deja un gran espacio para la reflexión. Su contenido llega a ser tan denso que no me extraña en lo más mínimo que Hollywood no haya hecho una mediocre pelicula de este pseudo heroe.

Resumamos, Geralt es un cazador de monstruos en un mundo anterior al nuestro. Tiene capacidades sobrenaturales que son productos de una mutación a la que se ve sometido desde pequeño, estas en cierta manera marcan su destino. Una vez que se convierte en un "cazador de monstruos" también se convierte en un infrahumano. La trama envuelve critica a la política, a la religión, a nuestra doble moral y a la relajada ética que tienen los científicos a la hora de jugar con las vidas humanas. Es una historia bastante completa que no recomendaría a cualquiera y que sin embargo si es leída de la manera correcta y con la adecuada reflexión se pueden extraer reflexiones bastante serias y pertinentes.

El personaje se debate constantemente entre el bien y el mal. A pesar de ser un fenómeno mutante es mucho más honrado y respetuoso de lo que significa la vida que las personas "normales" y buenas que luchan por el "bien" sin importarle lo que se cruce en su camino. Es decir muchas veces por el afan de hacer el bien se termina haciendo el mal. Malas acciones hechas con buenas intenciones. Lo más curioso es que mientras uno lee se encuentra deseando que el héroe realice las acciones malas que probablemente llevaran a un resolución más fácil del conflicto. Sin embargo Geralt de Rivia toma las decisiones correctas y nos pega una bofetada moral que pocas veces creeríamos recibir de un cazador de monstruos.

No sé si la intención del escritor era ponernos trampas morales en las cuales viéramos cuan bajo podíamos caer o cuantas malas acciones podíamos aprobar bajo la premisa de: "es la única solución" en una ocasión en la cual se le pide a Geralt matar a una mujer para evitar mayores males ocurre el siguiente dialogo:
-Geralt -dijo Stregobor-, cuando escuchábamos a Eltibaldo muchos de nosotros teníamos dudas. Pero decidimos escoger el mal menor. Ahora soy yo el que te pide una elección similar.
-El mal es el mal, Stregobor- afirmó serio el brujo mientras se levantaba-. Menor, mayor, mediano, es igual, las proporciones son convenidas y las fronteras son borrosas. No soy un santo ermitaño, no siempre he obrado bien. Pero si tengo que elegir entre un mal y otro, prefiero no elegir en absoluto.

Me hizo pensar en la cantidad de veces en que vemos la resolución de los problemas de nuestros países con la desaparición de X grupo. O a quien no se la ha pasado por la cabeza el fusilar a todos los mareros y maleantes, o soltarle una bomba a las cárceles donde a fuego lento se cocinan más y peores maleantes que los que alguna vez entraron. Y de pronto uno se encuentra lleno de pensamientos genocidas. Y hasta damos por sentado que Dios esta de nuestro lado, que nos apoyaría en la decisión, de pronto se nos olvida que la misericordia nos alcanza a nosotros mismos para vivir hoy. Me pregunto si no habrá empezado de ese modo Hittler, pensando que la solución era acabar con ese grupo de personas.

Quizá sea hora de ser realmente buenas personas y no ser solamente buenos con aquellos que lo son de una u otra manera con nosotros. Quizá sea hora de no escoger entre los males menores sino escoger el bien de una vez por todas. Los libros de Geralt de Rivia nos dejan esa sensación extraña, parecen decirnos: Sí, el mundo es injusto pero tú puedes ser justo en las pequeñas cosas que te rodean. Aunque eso te haga quedar como un bicho raro, un infrahumano, un mutante. No sé, esas lecciones me quedan grabadas pero podría estar equivocado, al fin y al cabo se trata de un cuento de fantasía cuyo personaje es un cazador de monstruos. Quizá el autor sólo quería entretenernos un rato.

El peligro de volver ordinarias las cosas extraordinarias


El avión es solamente una maquina, pero qué invento tan maravilloso, qué magnífico instrumento de análisis: nos descubre la verdadera faz de la Tierra. 
-Antoine de Saint-Exupery

Yo paso por el Canal de Panama todos los días en camino a mi trabajo. Todos los días llego a las esclusas de Pedro Miguel y como allí se atrasan todos los carros por el ferrocarril, yo aprovecho para mirar los buques que pasan por el canal. Siempre intento ver el nombre del buque e intentar discernir de qué país es. ¡Es impresionante!

Hace un par de días mientras estaba casi parada allí me puse a pensar en el hecho de que el Canal de Panamá es considerada con una de las maravillas del mundo moderno ¡y yo lo puedo ver todos los días! ¡Que afortunada soy! Es increíble lo fácil que las cosas impresionantes que están a nuestro alrededor se pueden volver algo ordinario, parte del escenario, aun cosas tan impresionantes como el Canal de Panamá.

Eso me hizo pensar en como era vivir en Washington, DC. La verdad es que allí hay muchos edificios y cosas que son iconos en el mundo ahora mismo y personas vienen de todos los países del mundo para ver el Capitolio, los monumentos, y los museos en DC. Pero, la verdad es que cuando uno vive allí muchas personas dejan de sorprenderse cuando pasan por el Capitolio o la Casa Blanca todos los días, era TAN ordinario. Muchas veces yo salía y pensaba -¡que increíble que yo vivo aquí en esta ciudad llena de personas tan poderosas y de lugares tan históricos! Creo que todos los lugares tienen cosas así, vistas, monumentos, calles, montañas, etc. que son realmente asombrosas y que al pasar el tiempo se nos puede perder el asombro. 

Deberíamos cuidarnos de no dejar que nos pase eso. La vida es MUCHO más bonita cuando aun nos dejamos sorprender por las cosas extraordinarias que tenemos o están en el lugar dónde vivimos. Si vives en la ciudad de Vancouver nunca debes de dejar de maravillarte con las tres montañas que rodean la ciudad, si vives en Washington debes recordar lo impresionante que es esa ciudad y lo que se ha vivido allí, y si vives en la ciudad de Panamá, nunca debes de dejar de levantar la vista cuando cruces el Puente de las Américas para ver la hermosa mezcla de ciudad, bosque, y mar. Y si vives en otra ciudad debes abrir los ojos para ver esas cosas extraordinarias que quizás se te han vuelto ordinarias, porque esas son las cosas son las que le dan color a la vida y hay que apreciarlas.

martes, octubre 5

Una de nosotros.

Una mujer puede cambiar la trayectoria vital de un hombre.
Severo Ochoa 

Toda mi vida he estado rodeado de mujeres. Tengo cuatro hermanas, una madre y como trescientas mil tías, primas, amigas de mis hermanas, amigas de mis amigos, compañeras de escuela (donde el sexo femenino era una mayoría aplastante) y así cualquiera pensaría que soy un experto en mujeres. Sin embargo nada de eso me preparó para lo que sería vivir con mi chica. 

Es una experiencia de lo más especial vivir mi vida al lado de Hannah, ayer pensaba en lo mucho que significa que hayamos decidido compartir nuestra vida, el espacio que estemos en esta tierra. Pero al mismo tiempo no se puede negar que somos muy diferentes y no pasa un día sin que me sorprenda. 

Por ejemplo: Hannah es súper ordenada. Los que me conocen harán filas para comentar cuan desordenado soy yo y se sorprenderían de lo mucho que me ha tocado aprender y cambiar en estos pocos meses. No me estoy quejando en lo absoluto, me gusta pensar en el hecho de que estoy aprendiendo a ser el compañero de Hannah y como pese a nuestras diferencias seguimos siendo los mejores amigos.Y así un montón de detalles que al final hacen una vida. Sé que Hannah también ha tenido que adaptarse a muchas de mis manías y perspectivas, pero aun así es divertido conocernos un poco más. 

Igual seguiré aprendiendo y dándome cuenta que todo lo que creí saber hasta ahora sirve de muy poco y en los peores casos de nada. Pero feliz, porque no creo que exista algo mejor que aprender a amar a través de las pequeñas cosas a la persona que amas. 

lunes, octubre 4

Donde viven los monstruos

Quien con monstruos lucha cuide de convertirse a su vez en monstruo.
-Friedrich Nietzsche

A mi me gusta la buena literatura infantil porque creo que aparte de divertir muchas veces enseñan verdades profundas sobre la condición humana.  Me gustan las historias, pueden ser sencillas, que enseñan verdades sobre la experiencia humana con las que me puedo identificar.   

Uno de esos libros es Where the Wild Thigs Are por Maurice Sendak es un libro corto de apenas 10 lineas de palabras.  El libro te deja MUCHO a la imaginación.  Las ilustraciones son muy buenas y te hacen sentir más de lo que las palabras te dicen.  Cuando yo leía el libro siempre me imaginaba porqué el niño parece que lo enviaron al cuarto sin cenar, ¿qué maldad habrá hecho para que lo castigaran?  y después en algo en un lugar entre la realidad y el sueño el niño viaja a donde viven "the wild things" y esa experiencia lo hace aprender algunas cosas sobre el mismo.  Pero, por tener tan pocas palabras es muy fácil sentir que esa experiencia que él tiene es muy bonita y divertida, la verdad es que nunca me lo había imaginado como algo muy desagradable.

El fin de semana pasado vi la película Donde Viven los Monstruos basada en el libro de Maurice Sendak.  Yo había escuchado hablar de la película y más que nada había escuchado quejas de que la película era muy pesada y no era algo para niños.  Al ver la película, me dio un sentimiento muy diferente que leer el libro pero creo que es una buena interpretación del libro y sinceramente me gustó.

Lo que pasa es que el niño es como un monstruo en su casa y su viaje a donde viven los monstruos se convierte en una oportunidad de enfrentarse con elementos complejos de su propia personalidad y la de sus seres más queridos.  Él se enfrenta con su propio egoísmo, como sus acciones pudieran lastimar a las personas que más ama, y aun los "adultos" muchas veces no saben como resolver los problemas en los que están.  Es una historia en la que un niño aprende sobre la vida y la verdad es que es una película triste pero deja mucho que pensar.

La experiencia de ver la película fue muy diferente a la que me imaginaba cuando yo leía el libro de Sendak pero al mismo tiempo, al verlo lo sentí bien, como que esa es una interpretación verdadera del libro (tal vez no la única) y me dejó pensando en eso mismo, que muchas veces los adultos nos comportamos así, como niños en nuestro egoísmo, nuestros temperamentos volátiles, y en la manera que tratamos a las personas que amamos.  

Gracias por la vida

Aquí muere otro día. En el cual he tenido ojos, oídos, manos. Y el inmenso mundo a mi alrededor; Y mañana comenzará otro. ¿Por qué se me permiten dos? G.K.Chesterton

He estado pensando todo el día en que iba a escribir hoy. Tenía varias opciones y algunas me llamaban más que otras. Sin embargo durante la mañana mi computadora se murió (no es grave y en unos días debe estar en circulación de nuevo) y ustedes saben esa sensación de impotencia, de rabia, de perder las cosas que uno ha guardado allí o escrito con el sudor de sus dedos. Pensé entonces escribir sobre eso y quejarme un poco de las computadoras y lo inútiles que son cuando una piecita se descompone. Pensé escribir a una oda a los lapices de grafito que nunca tienen virus ni se les quema el cargador o se les desconfigura el sistema operativo.En fin pensaba escribir una entrada tan egoísta y materialista como lo soy yo aun sin darme cuenta. Una conversación en la tarde cambió mi manera de ver la avería de mi computadora y de paso cambió también este escrito.

Una de las ventajas que tenemos en el lugar donde vivimos (Hannah y yo) es una refrescante piscina. Y aquellos que conocen lo terrible que puede llegar a ser el calor de Panamá sabrán cuan especial resulta tener una de estas  cerca. El punto es que decidimos nadar hoy en la tarde antes de cenar y allá fuimos. Iríamos por la décimo segunda vuelta cuando se acercó hasta la puerta de la piscina un muchacho. Saludó con un escueto buenas tardes y luego se inclinó hasta el piso como orando. Hannah y yo nos miramos y nos preguntamos quien era y qué querría. Se presentó, dijo ser  hermano de un muchacho que he conocido por un tiempo y me dijo que necesitaba hablar conmigo pero que no podía hacerlo delante de mi esposa sino sólo conmigo.Obviamente me sentí un poco nervioso pero salí del agua y le acompañé hasta afuera.
-Estoy drogado- empezó, creo que no pudo escoger peores palabras para empezar, sin embargo no le di importancia al asunto y me decidí a escucharlo esperando que en cualquier momento me pidiera dinero o algo más. 

Sin embargo en vez de eso me contó lo mal que se sentía por haber recaído en las drogas, lo solo que estaba y lo mucho que temía que su familia ya no le quisiera porque había recaído. Al escucharlo, las palabras se me amontonaban en la garganta y no sabía por donde empezar. Me contó que hace apenas unas semanas le habían matado un primo y que temía le buscaran a él también. Mientras hablaba metió su mano derecha en el bolsillo y extrajo tres "carrizos" de cocaína.Tal vez no me crean, pero era la primera vez que veía algo de cocaína frente a mi. Pensé que él quería tomarla en ese instante y le hice la advertencia de no hacerlo allí delante de mi. Él me dijo: -No, voy a tirarla- y sin decir más se levantó y los tiró en una pequeña quebrada que pasaba detrás de nosotros. 

Me habló de sus sueños, sus miedos, sus frustraciones. Tiene veintiún años y esta atado al vicio de las drogas,  tiene veintiún años y piensa que su vida acabo. Le animé a seguir adelante y le envié donde una persona que realmente podía ayudarle. Su nombre y su historia se ha quedado dándome vueltas en la cabeza. Y al comparar sus problemas con los míos me doy cuenta cuan ridículo soy.  

Vivo, bueno lo más probable es que usted también, así que reinicio; Vivimos llorando por pequeños problemitas, somos como niños que lloran por horas porque se rompió su juguete favorito, el cual ni siquiera recordaran tres días después. Se me daño el carro o se quemó mi computadora y mi mundo se viene abajo. No nos damos cuenta de lo mucho que tenemos aun cuando perdimos un poco. 

Mi vida es rica y esta llena de bendiciones. No tengo todo lo que quisiera pero tengo todo lo que necesito y muchísimas cosas más. Yo que pensaba quejarme de mi computadora y termine agradeciendo a Dios por mi vida.

domingo, octubre 3

¿Yo también quiero escribir?


Creo que a todos nos ha pasado alguna vez que lo que más queremos (o creemos querer) se nos vuelve distante, difícil, o hasta desagradable.  Eso para algunos es suficiente motivo para dejar de perseguirlo. Según he observado -abandonar los sueños, por difíciles que sean, puede resultar en una frustración que dura toda la vida.  Uno queda con esa sensación que –pudo haber hecho algo más, si hubiera seguido intentándolo.

Así que, para evitar ese tipo de frustraciones duraderas, yo sigo persiguiendo el sueño efímero, que a veces siento que se me escapa del todo, el de escribir.  Contrapunto siempre ha sido más que nada una larga conversación entre amigos.  En algún momento, aunque no ha perdido se naturaleza de conversación, también se ha convertido en el espacio en que nuestras ideas y sueños de escribir toman forma y esperan llegar a algo más.

En honor a nuestros sueños duraderos (y a la necesidad, a veces, de hacer las cosas por obligación) hemos decidido que vamos a escribir algo todos los días en octubre (en Contrapunto o mi otro blog).  Es un reto mucho más difícil de lo que pareciera. ¡Es increíble como se pueden acabar las ideas y la inspiración en los momentos menos deseados!  Pero, hemos aprendido de personas más sabias que a veces, hay que escribir aunque no lo sintamos.

La verdad es que hoy he sentido esa falta de creatividad (más que nada porque estoy escribiendo pruebas de unidad y planes de lección para la escuela y eso puede resultar en un tipo de escritura muy aburrido) y estoy escribiendo esto porque es algo que nos propusimos, no porque tenga muchas ganas de hacerlo ahora mismo.  Así que, espero poder lograr la meta y no arrepentirme cuando lleguemos a eso del diecisiete de octubre y me encuentre completamente sin inspiración.  Porque en realidad, sí quiero escribir (creo).

Chocolat


Hoy pude ver por segunda vez la película “Chocolat” no es de aquellas películas que yo escogería pero por recomendación de Hannah la vi la primera vez. La película es suficientemente buena como para mantenerte pegado a tu asiento por las dos horas que dura. Su trama es interesante y no deja de estar cargada de duras lecciones.

A un pueblo  de Francia caracterizado por su “tranquilidad” llega una mujer para abrir una chocolatería, por si fuera poco lo abre en periodo de Cuaresma, periodo durante el cual la obligación de los habitantes es guardar un estricto ayuno de cosas placenteras, como el chocolate.

La revolución que causara esta mujer llevara a los habitantes del pueblo a analizar sus vidas y las motivaciones que tienen en ellas. Se darán cuenta que su vida está más marcada por aquellas cosas que dejan de hacer que por las cosas que hacen.

Esta última lección se ha quedado en mi cabeza. Cuán fácil es vivir lleno de prohibiciones y prejuicios y cuán difícil es en cambio vivir una vida a favor del prójimo, por ejemplo. Creo que como seres humanos nos sentimos mucho más cómodos cuando las reglas del juego son absolutamente claras.

Lamentablemente las reglas de la vida no son tan claras como quisiéramos y aunque hay cosas que obviamente son malas, hay muchísimas otras que podemos estar perdiendo por perjuicios. O podemos vivir simplemente dejando de hacer cosas en vez de pensar en las que podemos hacer.
Intentar dar más detalles sería arruinar la película. Sólo quiero terminar citando las palabras de un personaje de la película que resume perfectamente el mensaje de la película y lo que quería transmitir en esta entrada.

"No estoy seguro sobre qué debe tratarse mi sermón. ¿Quiero hablar del milagro de la transformación divina de nuestro Señor?
A decir verdad, no. No quiero hablar de Su divinidad. Prefiero hablar de Su humanidad. Me refiero a cómo vivió su vida terrenal, su bondad, su tolerancia.
Escuchen. Esto es lo que pienso. Creo que no podemos medir nuestra bondad por lo que no hacemos por lo que nos negamos, lo que resistimos y a quién excluimos. Creo que debemos medir nuestra bondad por lo que aceptamos, lo que creemos y a quien incluimos."



sábado, octubre 2

Si estas allí, disfrutalo


Los viajes sirven para conocer las costumbres de los distintos pueblos y para despojarse del prejuicio de que sólo es la propia patria se puede vivir de la manera a que uno está acostumbrado.  René Descartes

Estuve reflexionando un poco en mi crítica de las personas que se la pasan comparando a Panamá con sus países y creo que debo una explicación.  Mi reacción no viene sin fundamento, la verdad es que he vivido en muchos lugares y he tenido que adaptarme muchas veces a lugares que no siempre he disfrutado al 100%..  Creo que por eso, puedo escribir con un poco de autoridad en el tema de disfrutar los lugares dónde nos encontramos (además esto puede ser como un tipo de auto-regaño por mis pasadas quejas en otros lugares).

Yo pasé mis años universitarios en Canadá y descubrí que muchas veces mis amigos canadienses sufrían de un tipo de bajo-autoestima nacional pues decían que no tenían identidad propia por vivir bajo la sombra de los Estados Unidos.  Entonces, yo me dedicaba a encontrar y comentarles todas las cosas únicas y buenas que eran especiales en Canadá: los postres Nanaimo, el "putíne" de Quebec, la receptividad a lo internacional en ciudades como Montreal, Toronto, y Vancouver, la libertad en el sistema político, la educación bilingue, entre muchas cosas más.  Y aunque yo extrañaba Panamá, por ese ejercicio empezaba a ver y disfrutar lo bonito de Canadá.

Justo cuando sentía que mis amigos canadienses empezaban a ver las cosas de una manera más optimista, me encontraba con algún amigo estadounidense que viviendo en Canadá sentía la gran culpa de ser de los Estados Unidos.  Era difícil sentirse orgulloso de ser estadounidense viviendo en un país tan pacifico y benéfico como Canadá tan recientemente después del 11 de septiembre.  Entonces, cambiaba el tono de mi canción y me encontraba hablando de todas las características buenas de los Estados Unidos, es un país creativo, ingenioso, que a pesar de sus faltas en decisiones internacionales sigue siendo un país lleno de personas muy trabajadoras y generosas, etc. etc.

Cuando llegué a Vancouver pasó algo más; me encontré rodeada de otros estudiantes internacionales que en su mayoría eran Asiáticos.  Y me encontré comparando mi país, no con Canadá donde vivía, sino con Japón, Korea, China, y Tailandia de dónde venían mis compañeros.  Ellos se la pasaban añorando sus países y como ellos eran la mayoría, cuando hacíamos "comida de casa" hacíamos arroz de grano corto, sopa de tofu, kimchi, y tantas otras comidas que seguían siendo nuevas y exóticas para mi.  Muchas veces yo pensaba en lo raro que eran nuestras opiniones de lo que era un "buen arroz" y después de todo no dejé de amar lo Panameño pero sencillamente desarrollé unos nuevos gustos por la cultura y comida Asiática.

Cuando me gradué, regresé a los Estados Unidos por unos años y viví en el Oeste un tiempo y después en el Este dónde me encontré con personas que extrañaban el Norte o el Sur, la costa Pacífica, o la gran ciudad de Nueva York... siempre había algo mejor en otro lugar.  En medio de todo esto tomé una decisión importante:  no importa donde vivo, quiero apreciar ese lugar aunque tenga que trabajar para buscarle el lado bueno.  No creo que se pueda decir realmente que hay un lugar mejor que otra, porque todo los lugares son diferentes y todos pueden llegar a llenar un espacio diferente en nuestros corazones.  

Y a final de cuentas, lo que nos hace amar o extrañar un lugar son las personas que dejamos atrás más que cualquiera otra cosa.  Muchas veces uno descubre lo que tenía cuando lo deja y creo que eso me ha pasado a mi todas las veces que me he ido de un lugar, cosa que me hace querer disfrutar aun más el lugar donde estoy ahora mismo.

Quiero escribir

"No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo" Oscar Wilde

Una de las ventajas de escribir en este blog, aparte de que es el único lugar donde puedo publicar, es que no tenemos un horario ni un límite de temas, palabras, frecuencia, ni ninguna otra cosa por el estilo. Prácticamente es un blog anárquico, aunque luego de cuatro años hemos podido aprender que siempre vamos a escribir más o menos de algunos asuntos puntuales: Teología, política, libros, películas y una que otra experiencia “extraña”.

Contrapunto nació más bien de una amistad y es por eso que resulta tan “falto de reglas” pues nació con la idea de ser una conversación entre amigos, entre personas que les gusta encontrarles quintas y sextas patas a cuantos mamíferos se crucen por su camino, porque era una forma de comunicarnos sin escribirnos largos correos. De vez en cuando hemos tenido amigos que cruzan y dejan su opinión, su escrito y por supuesto su huella.

Escribir es sin embargo una tarea mucho más exigente que sólo escribir de vez en cuando. Implica mucho más que cruzarse de brazos y esperar a que caiga un buen tema. A veces hay que escribir sin tema, a veces sin ganas y a veces sin ninguna de las dos cosas. De modo que hemos decidido hacer de Octubre un mes especial y experimental (para nosotros).

La meta es escribir algo cada día. Y quien sabe a lo mejor haga de este contrapunto un mejor blog o por lo menos más interesante. No sé si todas mis entradas irán aquí –Tengo otro blog que tengo mucho más descuidado y quizá sea momento de rescatarlo- pero por lo menos la intención esta de escribir más aun con menos ganas.

Gracias de antemano a todos los que se tomaran el tiempo de echarle un ojo (o dos) a todas las locuras que llenaran este espacio, a los que se detengan a comentar o a aquellos que simplemente lleguen por error aquí (buscando mejores cosas) y se queden un rato a leer.
Esta es la segunda entrada de octubre. Espero que al final haya treinta y uno. Ya veremos.

viernes, octubre 1

¿Por qué no vuelven a su país?

Hace unos días estuve almorzando en el trabajo y escuché mientras mis compañeras, ambas extranjeras de países latinoamericanos, tuvieron la siguiente conversación:

-Lo que pasa es que en Panamá no hay nada que hacer -dice una.
-Sí, en mi país -dijo la otra compadeciéndose- por lo menos habían bibliotecas dónde habían actividades para que los niños hicieran mientras uno leía, aquí sí he sufrido.
-¡Es verdad! -agregó la otra- es que en mi país las personas eran más cultas.  En todas partes habían plazas con cuenteros y diferentes tipos de eventos.  Aquí lo único que hay para hacer es comer e ir al cine.
-Lo que pasa -explicó- es que aquí las personas aquí no son muy cultas.  En mi país a la gente le gusta leer, pero aquí no es así.

Y no les voy a hacer sufrir el resto de esa conversación porque mientras ellas hablaban a mi se me ponía la cara roja de frustración.  Cada vez que escucho a personas de otro país hablando mal de Panamá me molesta.  Siempre pienso -¡Está bien!  Panamá no es un país perfecto, pero nadie te obligó a venir aquí.  ¿Porqué no regresas a tu Colombia, Venezuela, o Costa Rica si no te gusta aquí?  Si tu país es tan perfecto ¿porque no te quedaste allí?

El mismo día que mis compañeras se estaban quejando de Panamá, me encontré con un articulo Panamá, entre los buenos de la lista, en la revista Ellas de La Prensa.  No se imaginan lo feliz que me sentí al leer ese artículo.  Lo que pasa es que todos los años la revista Newsweek publica una lista de los mejores países para vivir en el mundo.  Compara la educación, la salud, la calidad de vida, la economía, y la situación política de diferentes países y con un sistema de puntuación decide cuales son los mejores países para vivir en el mundo.

Lo que resaltó Roxana Muñoz en su artículo fue el hecho que Panamá se encuentra en la posición numero tres de Latino América después de Chile y Costa Rica.  ¡Numero tres!  Entonces, no estamos tan mal que digamos.  La verdad es que yo no necesito una lista de países para poder encontrar las cosas que me gustan de Panamá, es un país hermoso, tiene muchas facilidades modernas y muchos lugares inexplorados, y lo mejor de todo es que tiene gente muy alegre y servicial.

Claro que hay muchas cosas que me gustaría mejorar de Panamá.  Yo no niego que a mi también me gustaría que tuviéramos más bibliotecas pero hay que reconocer que en Panamá aunque la gente no sea muy "culta" por lo menos es muy difícil encontrar a una persona aquí que no sabe leer.  Me gustaría que las personas fueran más conscientes de la necesidad de proteger el medio-ambiente pero, también se ha podido mantener y mejorar el Canal que depende en gran manera de recursos naturales para funcionar.  Hay cosas que mejorar ¿dónde no las hay? pero al mismo tiempo Panamá es un lugar increíble.

No me gusta cuando la gente viene a Panamá sólo para criticarla comparándola con "su país" que dejaron ¿porque era demasiado buena?   Pero supongo que esa es otra de las ventajas de Panamá, si quieres quejarte, eres libre de hacerlo. Creo que hay muchas cosas que celebrar en Panamá y una de las más importantes es que en Panamá hay gente que ve el potencial de este país y se queda aquí para dar lo mejor de ellos para intentar hacerlo cada vez más un país un poco mejor.  Y la gente que viene de otros lugares ¿porqué no se fijan en eso?  y si en realidad es TAN malo estar aquí ¿por qué no vuelven a su país?

Manual para ser un déspota.

Hay ciertos requisitos mínimos para alzarse con el poder político.  No soy un experto en el tema, pero digamos que me gusta observar y leer noticias por aquí, por allá, para darme una idea de cómo funcionan las cosas en este enrevesado mundo. Mis observaciones me han llevado a concluir que inclusive muchas veces los mismos políticos no saben mucho del tema y, al igual que yo, se dedican a escuchar por aquí, por allá para hacerse una idea de cómo se llega al poder. De allí pues nace este pequeño manual con el cual pienso hacerme del poder algún día, y lo pongo aquí para que si alguien más se decide pueda hacer correcto uso del mismo y tomar las riendas de su país.


Hay que tener imagen sobre todo. Eso de la educación es historia vieja, por favor, sino pregúntenselo a Lula da Silva, quien gobernó  Brasil por varios períodos sin siquiera haber terminado la educación primaria. Entonces, lo importante es la imagen, lo que se proyecta, lo que se dice, parecer inocente y buena gente.


Ayuda bastante tener un físico atractivo como el de Rafael Correa, pero si natura no quiso brindarnos ese beneficio, siempre se puede recurrir al Photoshop o algún programa parecido que nos haga el favor. Si aun así nuestra cara no nos favorece demasiado, siempre podemos acudir a la sonrisa beatificada con la cual aparentaremos no matar ni una mosca. Hay que prestar especial atención a que sólo sea apariencia, pues es necesario, si en realidad se quiere el poder, matar no sólo una mosca sino también uno que otro mamífero de mayor envergadura.


Identificarse con el pueblo es el “Non plus ultra” del asunto. Si usamos frases como, “Ahora el toca al pueblo”, o “los zapatos del pueblo”, será genial, que las personas nos piensen sus iguales, que crean que cada mañana, al igual que ellos, nos subimos en un atestado bus a las cinco de la mañana y que regresamos agotados, en el mismo transporte, a las ocho de la noche. Como decía, es cuestión de apariencias. Gritar que es el momento del cambio nunca falla, le funcionó a Obama, a Martinelli y quién sabe a cuantos más.


No está de más tener algunos buenos patrocinadores, pegar vallas con nuestra cara, sonrisa beatificada incluida, por toda la carretera hará que las personas se vayan siendo a la idea de que somos viejos conocidos. Es buena idea regalar gorras, llaveros, plumas, suéteres, pelotas de fútbol y cuanta locura se nos pase por la cabeza, las personas siempre están dispuestas a aceptar cuantos chécheres estemos dispuestos a endilgarles.


Una vez obtenido el poder, porque es imposible fallar si se aplica la formula anterior, hay que disfrutar de la popularidad recién obtenida, aprovechar las esperanzas que nos darán millones de personas y empezar a trabajar para sacarle el mayor beneficio posible al asunto. Al principio se nos tolerara cualquier tontería, se dirá que estamos calibrando, probando.


Luego cuando la gente se dé cuenta de que aquello de la campaña no va en serio y que somos  uno más de esos políticos que se manufacturan en serie en alguna fábrica de mala muerte, sin control de calidad.    Entonces tendremos que aprender a pedir perdón, a decir que nos han malinterpretado, y que cuando dijimos no, queríamos decir sí y viceversa, que nuestras intenciones son nobles y los medios de comunicación crueles conspiradores.


Eso sí, a veces hay que tener el valor suficiente para despotricar frente a las cámaras, para mostrar ira, descontento, frustración, para retar a los diferentes sectores del país, porque no deben olvidarse que nosotros somos los que mandamos, que ellos nos eligieron y ahora nos deben aguantar. Rafael Correa nos da un excelente ejemplo cuando declaró en la reciente crisis con la policía que, si querían destruir Ecuador lo destruirían, pero él no iba a dar un paso atrás.  Total, lo que importa no es el país sino el poder, ese es el punto ¿no?


Hay que saber aglutinar poder, de a poquitos agarrar más y más toma de decisiones, meter una manito en la justicia, otra en las finanzas, unos cuantos deditos en los procesos electorales y estar atentos para no prestar atención a nada de lo que nos digan.


En medio de ese ir y venir, acabara nuestro período. Si hemos sido buenos, habremos conseguido, a través de un referéndum o una reforma directa a la constitución,  lanzarnos a las próximas reelecciones.  Entonces habrá que reiniciar en el punto uno viendo como arreglamos la alicaída imagen y aparentamos ser buenas gentes, incomprendidos y, sobre todo, con ganas de cambiar, ahora sí, el país. Téngalo por seguro, lo más probable es que las personas no se den cuenta del juego hasta dos o tres periodos después: miren a Chávez.


Aún debo observar más esos complicados malabares cantinflescos que hacen nuestros políticos para decir que no querían decir lo que dijeron cuando dijeron lo que no debían decir pero fueron mal interpretados por los  malditos medios de comunicación que se la tienen velada. Lo importante es siempre tener a quién echarle la culpa.


En fin, estos son mis limitados conocimientos con los que algún día tomaré el poder y seré un político como todos los demás.  Es lo que le gusta a la gente; como dicen en el “marketing”, fidelidad de marca.  Mientras tanto sigo ampliando mi manual y quedándome admirado de lo mucho que aún me falta por aprender. Lo que me alivia es saber que tengo los mejores maestros. 

miércoles, septiembre 29

Convicciones, Tolerancia y Perez-Reverte.


"Un amigo me preguntaba porqué no construíamos ahora catedrales como las góticas famosas, y le dije: "Los hombres de aquellos tiempos tenían convicciones; nosotros, los modernos, no tenemos más que opiniones, y para elevar una catedral gótica se necesita algo más que una opinión". Heinrich Heine
Los mejores amigos son aquellos que te dejan marcas que sobreviven el tiempo o la distancia. Por ende son buenísimos amigos aquellos que te recomiendan algún autor que termina acompañándote por el resto de tu vida o al menos un buen par de años. Uno de estos hace algunos años me presentó a Arturo Perez-Reverte un escritor español que tiene la particularidad de no tener pelos en la lengua, ni en los dedos, y de escribir con tanta libertad que él mismo dice sorprenderle que se lo permitan. Conocí a Reverte en sus novelas del Capitan Alatriste, de a poco me fui introduciendo en sus escritos; ensayos y novelas históricas o los desaforados gritos que lanza cada domingo desde “El Semanal” en España donde según sus propias palabras el país ibérico, y el resto del mundo, se están yendo a “tomar por saco”.



Su personalidad directa y sin demasiadas trabas en los dedos para escribir lo que está pensando ha hecho que se convierta en uno de mis escritores favoritos. Hace apenas algunos días me regalaron su última compilación de escritos “Cuando éramos honrados mercenarios” y está de más decir que he pasado agradables horas oyendo sus opiniones sobre política, religión, tolerancia o viceversa.


Hay muchísimos escritos que vale la pena mencionar y debatir largamente, o por lo menos dedicarles una sencilla entrada en algún blog pseudo-intelectual, sin embargo quiero hacer énfasis en uno que ha quedado repicando en mi cabeza. El escrito se titula: “Porque van a ganar los malos” y aunque estoy casi seguro que Don Arturo Pérez-Reverte no estaría de acuerdo con mi interpretación igual voy a hacerla.


En este mini-ensayo Reverte hace un análisis de las dos más grandes cosmovisiones en que se divide el mundo: Oriente y Occidente. A riesgo de sonar prejuicioso, a Reverte realmente le importa muy poco sonar así o asa, el periodista nos dice que los orientales son los malos. Basa su argumento en los extremos islamitas, en la represión de las ideas, en el uso obligatorio de la burka o en la lapidación por adulterio. Habla sobre las constantes amenazas que nacen de estos pueblos con la premisa de que los infieles, o sea usted y yo, deben morir.


Señala luego que al final van a ganar ellos y se van a apoderar del mundo, echándonos a todos al mar e implantando el reino de Ala en este mundo. Debo aclarar que mi postura en cuanto a lo que ocurre en el medio oriente no es pro-nadie. Me parece que tanto Israel como los árabes son países egoístas, hambrientos de poder y a quienes no les tiembla el pulso para cortar, matar, descuartizar o hacer cuanta barbarie consideren necesaria para imponer sus ideas.


Volviendo al punto, Reverte señala la gran diferencia entre los medio-orientales y nosotros los occidentales es que ellos tienen valor para decir lo que piensan, tienen convicciones y se mantienen firmes en ellas, no les va a temblar el pulso porque dos o tres gatos se quejen de injusticia, de hecho no les tiembla el pulso ni cuando las Naciones Unidas lo hace. En cambio nosotros por la desesperación de caer bien, por el apuro de ser populares y recibir calificaciones positivas como personas tolerantes y maduras acabamos cediendo a todo y permitiendo que se nos pisoteé el nombre, las creencias y el honor.


Estamos en un mundo donde tener cualquier convicción es sinónimo de “radicalidad” o fanatismo, un mundo donde tener la cabeza vacía es la opción popular y donde debemos aprender a bailar al ritmo que nos toquen, quien lo toque y como lo quiera tocar. Nos olvidamos que la idea no es ceder ante todo sino mas bien respetar a todos y sus ideas. Nos olvidamos que el punto no es dejar de discutir sino hacerlo con civilización. No es dejar de tener convicciones sino saber respetar las de otros.


En algún punto trocaron los significados de las palabras y “tolerancia” la cambiaron por estupidez, por ser cabezas huecas y dejar que otros nos digan lo que está bien y mal sin más argumentos. Reverte concluye su escrito diciendo que al final por eso van a ganar los extremistas. Tal vez no ganen, tal vez las cosas sigan como por ahora un rato más. Lo único seguro es que mientras nuestro mundo occidental se mueve cada vez más a tragarse las convicciones y las ideas propias para aceptar lo que dos o tres sujetos populares tienen que decirnos. Al final no vamos a necesitar que nadie nos empuje al mar, bastara con que alguna artista en minifalda y más operaciones que años se tire al mar para ver a cientos de jóvenes idiotizados imitándola y quien sabe a lo mejor allí vayamos hasta alguno de nosotros, no sería de extrañar.

jueves, septiembre 23

Un mundo Feliz


"Si después de la tormenta vienen tales calmas, ojalá los vientos soplen hasta despertar la muerte" Willian Shakespeare
Hay libros que se leen en soledad y en soledad se sacan las conclusiones, se apuntan las lecciones, se cierra el libro y se da por terminada su lectura. Otros en cambio te obligan a hablar, a comentar, a pensar y simplemente se niega a que su lectura termine con las páginas. “Un mundo feliz” (Brave New World) de Aldous Huxley es de estos últimos.
Un libro extrañamente profético, fue escrito en 1931, con el reto de ponernos a pensar en donde está y hacía donde va nuestra sociedad. El libro habla sobre una sociedad futurista donde todo es perfecto, donde la felicidad es la máxima y todos los dolores y percances que puede tener una vida normal han sido suprimidos, a excepción de en algunas reservas de “salvajes”, es una sociedad que ha sido condicionada desde pequeños para ser felices y nada más.
Los niños ya no nacen sino que son “decantados” y son creados con las características necesarias para que sean felices según el rol que ejercerán en la vida, por ejemplo a los niños que harán trabajos manuales les enseñan a odiar los libros y la reflexión. En fin es una sociedad aterradora en la cual no se atisba ni la más mínima gota de dolor, rencor o sobresalto.
La trama del libro es bastante buena y atractiva aunque su fuerte pasa más por lo filosófico y sociológico del asunto. El pensar que una sociedad sin dolores, sin enfermedades, sin vejez, sin problemas, sería una sociedad perfecta, es lo más común. Huxley sin embargo nos dibuja como sería esta y nos enseña que el dolor y la falta de control de las situaciones que nos afectan nos hacen más humanos y más conscientes de nuestro rol en esta tierra.
Una de las conversaciones de los personajes nos enseña que el dolor y el sufrimiento también son derechos inalienables de ser seres humanos.
-Es que a mí me gustan los inconvenientes.
-A nosotros no- dijo el interventor- preferimos hacer las cosas con comodidad.
-Pues yo no quiero comodidad. Yo quiero a Dios, quiero poesía, quiero peligro real, libertad, bondad, pecado.
-En suma- dijo Mustafa Mond- Usted reclama el derecho de ser desgraciado.
-Muy bien, de acuerdo- dijo el salvaje en tono de reto-. Reclamo el derecho de ser un desgraciado.
-Sin hablar del derecho a envejecer, a volverse feo e impotente, a tener sífilis y cáncer, a pasar hambre, ser piojoso, a vivir con el temor constante de lo que pueda ocurrir mañana; el derecho en fin, a ser un hombre atormentado.
Siguió un largo silencio.
-Reclamo todos esos derechos- concluyó el salvaje.
Mustafa Mond se encogió de hombros.
-Están a su disposición- dijo.
Pocas veces solemos pensar en la incertidumbre y en nuestra fragilidad como seres humanos como un derecho. El poder estar respirando ahora mientras tecleo estas palabras y  la posibilidad que al instante siguiente mi vida pueda terminar, no me hace menos valioso, mi fragilidad como ser humano por el contrario me hace más valioso pues a pesar de todas las miles de cosas que atentan contra mi vida aun estoy aquí y eso no puede ser producto de la casualidad ni de la buena suerte.
La paz que sigue a la tormenta siempre es mejor que la paz ininterrumpida. La vida sin sobresaltos no sería vida. Ojala pueda aprender a apreciar y ver siempre la vida y sus vicisitudes de esa forma y recordar, que la idea de un mundo feliz puede ser mucho más aterrador de lo que parece.

lunes, septiembre 20

Otra de Buses.


"Toma las cosas por el lado bueno" Thomas Jefferson

Hace algunas semanas escribí sobre la triste realidad de nuestro transporte público. Sin embargo me tocó aprender hace apenas unos días que inclusive en la peor de las crisis y situaciones se puede sacar algo bueno e interesante y en más de una ocasión vamos a necesitar que alguien nos preste su cosmovisión para ver lo bueno donde solo veíamos lo malo.

Viajaba yo en uno de esos buses semi-destartalados donde el olor a gasolina y el constante traqueteo de su carrocería son parte no negociable del viaje. Por supuesto había uno que otro chico que insistía en demostrarnos sus excelentes gustos musicales y una que otra conversación.

Lo confieso: me gusta escuchar las conversaciones en los buses. Los comentarios políticos a veces desatinados a veces acertados, los problemas que tiene el tipo que va sentado cinco puestos adelante y suda copiosamente mientras le cuenta a su compañero de asiento como es que el carro tiene cinco meses en el taller y aun no saben lo que anda mal. Las bravuconadas de algún chico intentando impresionar a la chica de turno o simplemente las preguntas que le hace un niño, harto de curiosidad, al papá sobre el funcionamiento de los barcos, del puente, del bus, del mundo.

Hace unos días moviéndome de un punto a otro, escuche de casualidad la conversación que un hombre tenía con su vecina quizá, no sé exactamente quién era. Le comentaba sobre su reciente experiencia en los Estados Unidos de Norteamérica, le decía que había estado viajando por diferentes estados algunos más fríos que otros, algunos más calientes que el mismísimo Panamá a pleno medio día, grandes, pequeños, turísticos y no, había tardado más o menos tres años en aquella aventura y hace algunos meses por fin había regresado a Panamá.

-Tú no vas a creer lo que más yo extrañaba allá- dijo el sujeto con esa manía que tenemos los panameños de derrochar pronombres donde sí van y donde no.

-¿Qué?- preguntó la mujer después de una breve pausa en la que pensé que si ella no se lo preguntaba se lo iba a preguntar yo.

-No me vas a creer- insistió el tipo haciendo aun más grande el misterio. –Extrañaba los buses- dijo finalmente –extrañaba la cercanía de la gente, extrañaba que la gente me mirara, ¡allá la gente ni te mira! Todos van en su mundo- y empezó a contarle sobre cómo le tocaba viajar por horas en las rapidísimas “High way” sin un alma con quien conversar. Como al subirse a un autobús o al metro nadie se volteaba a verlo y nadie le importaba.

-Aquí la gente te mira- decía- te habla, hasta los vendedores; no me vas a creer pero apenas llegué al aeropuerto le di mis maletas a la familia y me subí en un bus, es que uno no sabe lo que es estar sólo hasta que estas sólo entre un montón de gente-

Siguieron conversando sobre muchísimas cosas que él había aprendido en su viaje. Yo me bajé unas cuantas paradas después y al bajar di un gracias sincero al chofer que me respondió con un “cómo no” sincero también. Me bajé feliz de tener por algunos minutos la cosmovisión de otra persona que veía los buses como una oportunidad de contacto humano, esos mismos buses de los que tanto nos quejamos.

Después de eso veo los buses de una manera diferente. Siguen siendo incómodos, siguen provocándome dolor de cabeza y nauseas cuando llueve y hay que cerrar ventanas, pero también son como una gran sala donde nos sentamos panameños y extranjeros, grandes y chicos, a contar nuestras experiencias, a pasar nuestra vida de un punto a otro y a veces a escuchar conversaciones que nos recuerdan que las cosas no son tan malas como parecen y que aun en la más oscura de las situaciones si miras bien encontraras razones para sonreír.

jueves, septiembre 16

Yo también leí Twilight

"La mejor defensa contra la mala literatura es una experiencia plena de la buena; así como para protegerse de los bribones es mucho más eficaz intimar realmente con personas honestas que desconfiar por principio de todo el mundo." C.S. Lewis

Hay diversas razones para evitar un tema. Una de esas razones podría ser escaso conocimiento en cuanto al tópico, otra podría ser falta de valor para asumir las consecuencias de tener una postura, pereza de escribir al respecto o simplemente creer que es un tema gastado del cual no vale la pena decir nada más pues las posturas están tomadas y los candados asegurados.

Una brutal combinación de todas me ha llevado a aplazar y aplazar este escrito. Pero sí, aunque me avergüenza decirlo yo también leí la saga de Crepúsculo (Twilight), casi completa. Y desde entonces vengo mordiéndome la lengua (y/o los dedos) por comentar lo que pienso sobre ella. No es que me avergüence el haber perdido horas de lectura –no creo que haya horas invertidas en la lectura que sean perdida- pues cuando uno tiene sueño opiáceos de llegar a escribir, todo lo que lee le sirve para aprender lo que se debe y lo que no se debe hacer en el oficio. Sin embargo tampoco es un orgullo anexar esta rara colección a los libros que he leído.

Además que tengo esa manía de llevar la contraria de señalar que no todo es tan blanco y negro como parece, de intentar sacarle algo bueno al asunto. Lamentablemente Twilight no tiene un colmillo que lo salve. Pese a mis intentos de salir como paladín acusando a aquellos que señalan sin leer o conocer, lamentó profundamente haberme visto envuelto en ese tórrido romance entre un mutante chupa sangre y una adolescente absolutamente falta de convicciones que divide su corazón entre un hombre lobo y un vampiro.

Y vamos aclarando algunas cosas: no digo esto por envidia. No envidio a la autora que se ha asegurado la vida, al menos en el sentido monetario, vendiéndole ilusiones a las chicas que ahora sueñan con encontrarse con su vampiro –colmillos incluidos- y tampoco envidió a Edward Cullen (personaje principal de la serie) un hombre con esas características sólo existe en las caricaturas, las películas, o las novelas rosas de monstruos. Yo pese a mis defectos soy un ser real.

Mi escrito nace más bien de la indignación. Del ver a las chicas deformar sus expectativas y sus deseos por una novela que no vale el papel en la cual está impresa, de ver a chicos queriendo parecer vampiros para resultarle atractivo a las chicas, de imaginar como el pobre Dracula ha de revolcarse en su tumba ante la idea de que lo han hecho un chico Emo con tendencias suicidas y de que ahora las mujeres en vez de gritar al verlo salen corriendo a tirarse en sus brazos; a eso se le llama devaluación.

En fin yo leí los libros, conocí a los personajes y sinceramente aun no entiendo como pueden hacer un montón de películas con tan poco material, con tan poca historia. Otros libros mucho mejor llevados como “Una serie de eventos desafortunados” son resumidos todos en una triste película, hay que ver cómo es que andamos de cabeza.

En fin si algo rescatable hay del boom de estos vampiros es que chicas que en su vida han pisado una librería se acercan para hojear el libro y quien sabe hasta comprarlo, ojala que de esa lectura básica y triste pasen a mejores cosas, quién sabe, Víctor Hugo, Dostovesky o inclusive Harry Potter que al lado de esta serie de novelas bien podría ser candidato al nobel de literatura.

En fin, así lo veo yo, quien sabe podría estar equivocado.

sábado, septiembre 11

Buses musicales.

Es extraordinario lo potente que es la mala música. Noel Coward


Quien haya viajado en autobús por la ciudad (o hacía la ciudad) de Panamá, sabe que el mote de “diablos rojos” no es en vano, ni una exageración. El clima de Panamá tan famoso por su inconsecuencia ayuda a la percepción de viajar en pequeñas “calderas infernales”.

El sol puede subir las temperaturas a niveles exagerados. Por suerte la brisa que entra con fuerza por las ventanas ayuda a sobrellevar el calor y la modorra que este conlleva. Algunas veces, sin embargo, llueve y entonces hay que cerrar ventanas y rogar a Dios porque los olores de personas cocinándose a fuego lento, la terrible humedad y el aire que empieza a viciarse, no nos cause un desmayo. Hay que rogar además, por si acaso, que las ruedas del bus aguanten.

Es terrible, ya lo sé, pero ¿qué se le va a hacer? Es la forma que uno tiene para moverse. Es cierto que es una vergüenza para un país como Panamá tener este ridículo sistema de transporte pero es lo que tenemos y mientras llega “el cambio” aprovechamos.

De modo que no escribo esto para quejarme del calor, o del mal estado de los buses, ni siquiera voy a quejarme de los tranques interminables. En cambio quiero quejarme un poco, porque soy así, de los pasajeros que día a día se desplazan utilizando estos medios de transporte.

Puedo quejarme de varias cosas: la basura que arrojan por la ventana o los asientos del bus rayados y rotos -¿qué no pueden llevar un libro para leer mientras viajan?- sin embargo tampoco voy a tocar esos temas. Hoy voy a quejarme específicamente de los celulares.

Ese aparatito del infierno ya hacía suficiente mal interrumpiendo conversaciones importantes o sirviendo como excusa para los maleducados. Entonces a algún ser maléfico se le ocurrió la genial idea de ponerle altoparlantes y música y allá van. Uno puede subirse en un autobús e ir escuchando un remix de regueton, bachata, salsa o cuanta locura se pueda imaginar. Me imagino que el altoparlante debe tener una que otra aplicación práctica sin embargo para mi, y estoy seguro que para varias personas más, se ha convertido en una molestia extra de viajar en autobús.

¿Soy intolerante? No lo creo, cada uno tiene derecho a escuchar la música que le venga en gana así como yo tengo derecho de pensar que no se puede estar muy bien de la mollera si se escucha cierto tipo de letras y melodías. Es más no tengo absolutamente nada en contra de que se coloquen sus audífonos y se intoxiquen hasta la saciedad. Pero lo que no tolero es que me obliguen a mí también a escuchar sus canciones, que todo el bus tenga que enterarse que ellos son los más “cool” porque escuchan al cantante del momento.

Cuando empecé a escribir esta entrada, hace algunos días, pensaba en que era posible que esta moda de usar la ropa apretada cortaba la circulación de la sangre y probablemente los jóvenes no podían pensar bien pues no les llegaba suficiente oxigeno al cerebro así que, vamos, estaban casi justificados. Sin embargo ayer me topé con un señor que bien podía ser mi padre o el padre de mi padre, con su celular y la bendita musiquita dale que te dale. ¡No hay derecho!

Pensaba en soluciones. Pensaba en que debería prohibirse ir con esos altoparlantes por allí. ¿se imaginan ustedes la reacción? ¡No hay derecho! ¡Intolerancia! ¡Tenemos derecho a escuchar la música que queramos! (¿cómo no? También tienen derecho a hacernos el viaje más miserable a todos los que no compartimos su selecto gusto musical) En fin aquello de que el respeto al derecho ajeno es la paz ha perdido sus dimensiones, de pronto el derecho ajeno incluye el fastidiarnos. No sé, No sé, solo quería desahogarme un rato, de todas maneras por más que me queje no van a cambiar las cosas. Más bien estoy pensando comprar un celular con “speakers” porque ¡me van a escuchar!

lunes, septiembre 6

Los libros son mi hogar.

Los libros no se han hecho para servir de adorno: sin embargo, nada hay que embellezca tanto como ellos en el interior del hogar.Harriet Beecher Stowe


Las mudanzas no son mi pasatiempo favorito. De niño recuerdo las pocas veces que nos mudamos. Lo único emocionante era pegar gritos en la habitación recién vaciada y escuchar como el eco repetía todo. Aparte de eso todo era guardar, limpiar y después desempacar; tedioso.

El último mes me ha tocado, por diversas razones, mudarme unas tres veces. Eso de empacar, guardar y limpiar sigue siendo igual de tedioso, lamentablemente eso de pegar gritos y escuchar el eco en la habitación vacía ha perdido mucha gracia, tanta que ya ni siquiera lo intento (pensándolo bien quizá sea yo el que ha perdido gracia).

Como sea, las constantes mudanzas han tenido sus dosis de aventura y la emoción de estar empezando una vida diferente. Sin embargo lo más emocionante ha sido el abrir cajas y cajas llenas de libros. Empezar a ordenarlos, pensar donde irían y que orden seguirían, encontrar libros que leí hace un buen tiempo y comentarle algo a Hannah al respecto, encontrar libros que aun no he leído, pasar sus páginas de prisa e imaginar las de cosas que tienen por contarme, las de cosas que vamos a vivir juntos.

La casa empieza tomar forma, aun hay libros amontonados por todos lados pero eso solo me hace sonreír. No puedo concebir una mejor manera de empezar mi vida con Hannah que rodeados de libros leídos y por leer. No puedo imaginar un mejor lugar para llamar hogar que una casa llena de libros.