martes, mayo 12

La corrupción y mi espejo.

"Cada uno de nosotros sólo será justo en la medida en que haga lo que le corresponde."
Sócrates

Vivimos tiempos difíciles. No es una novedad, ni noticia de última hora pero este mundo va cuesta abajo. Vivimos días en que no se puede confiar en nadie, donde tu mano izquierda no sabe lo que hace la derecha pues lo más probable una de las dos está por traicionar a la otra. Tiempos en que palabras como moralidad, lealtad y fidelidad aparecen solamente en los diccionarios y eso si a los sabios de la Real Academia de la lengua Española no les da por quitarlas de allí, pues no tardara mucho en descubrirse que todas ellas han caído en desuso. Tiempos donde la belleza vale más que la inteligencia, la popularidad más que el honor y el dinero más que la vida de cualquier persona. Tiempos en que la gente buena, pese a ser más, ha optado por cruzarse de brazos y ver como los malos, pocos pero efectivos, se comen pedazo a pedazo lo poco que nos queda de humanidad.

El mundo ha venido en caída franca desde hace mucho. Algunos datan el inicio de la caída cuando una mujer come aquel histórico fruto prohibido y lo da a comer a su marido. No soy un amargado, al menos no creo serlo. Suelo disfrutar de la vida con sus placeres más triviales y suelo agradecer cada poco tiempo a Dios por la oportunidad de estar aquí en esta esfera dando vueltas alrededor del sol. Pero hay ciertas cosas que hacen saltar una chispa en mi cabeza, me hacen reaccionar.

Como es el caso del abogado Rodrigo Rosenberg (Q.E.P.D) . Este hombre era posiblemente el último justo sobre la tierra. No creo que fuera santo, ni siquiera perfecto. Sin embargo tenía un claro sentido de que no podía cruzarse de brazos, de que no podía permitir que su país (Guatemala) siguiera en manos de personas de la peor calaña. Y pese a que sabía lo que le esperaba decidió tomar el riesgo e ir en pos de la justicia y no de la comodidad personal. (Al final están los videos para que puedan ver la noticia)

Y ¿Qué hay de nosotros? Me pregunto constantemente. ¿Qué hay de mí? ¿Qué hago yo? No a macro escala, pues no todos estamos en la posición de poder enfrentarnos a las autoridades corruptas como lo hizo este abogado. Pero ¿Qué de aquellos pequeños actos de injusticia? ¿Qué de mis personalizados y consentidos actos de corrupción? ¿Qué de aquellos “pequeños deslices” que no le hacen mal a nadie?

La próxima vez que al hojear un periódico, sientas una ola de indignación por lo mal que anda el mundo, por lo corrupto de tu gobierno o por cualquier otra de las razones que nos podemos indignar. Querrás saber quién es el responsable. Los teólogos descarrilados culparan a Dios, los políticos al gobierno de turno, el gobierno al sistema global y así la culpa pasara de mano en mano sin que nadie la reconozca como propia. Por eso la próxima vez que te lo preguntes, párate frente a un espejo y veras al responsable. O pasa por mi casa y señálame a mí también pues también tengo culpa.

Las palabras de Rodrigo Rosenberg deben ser oídas con atención. ¿Qué estamos dispuestos a hacer nosotros por la moralidad? ¿Por la justicia? O es que simplemente nos cruzaremos de brazos eternamente esperando que alguien haga algo. Alguien eres tú, alguien soy yo. ¿Qué vamos a hacer?

Ariel

Video 1

Video 2

2 comentarios:

  1. Diana de Munguiamayo 12, 2009 7:13 a. m.

    Si causa indignacion la muerte del Abogado Rosenberg, pero la pregunta latente es la que hiciste tu al final. Que voy a hacer? solo quedarme con los brazos cruzados indignada?, no quiero eso para Guatemala.. no quiero hacer eso..

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  2. Tu reflexión está muy bien enfocada, porque precisamente por no prestarle atención a las pequeñas acciones es que la moral o los principios éticos de la sociedad se van deteriorando. Hay muchas vidas que han sido sacrificadas en Guatemala, muchas como secuela de sus propias decisiones y muchas otras inocentemente. ¡Ojalá que el sacrificio del licenciado Rosenberg inicie un movimiento que genere un cambio verdadero en Guate.

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